Share

Capítulo 5: El reencuentro

Author: Berayen Ramos
last update publish date: 2026-10-07 04:40:37

Mi corazón dio un vuelco cuando lo vi entrar.

Habían pasado tantos años desde la última vez que nos vimos. Yo sabía que, tarde o temprano, me lo encontraría, pero jamás me preparé para ese momento.

Y por fin lo tenía justo frente a mí.

El mismo niño que alguna vez conocí.

Negué con la cabeza para alejar los recuerdos del pasado y volví a centrar mi mirada en él.

Tenía que admitirlo: era un hombre condenadamente guapo. Me ruboricé un poco, pero cuando vi que comenzaba a acercarse a mí, empecé a temblar.

Intenté tranquilizarme lo más que pude.

—Mírame —me dijo.

Levanté lentamente la cabeza porque, literalmente, tenía frente a mí a un hombre de casi dos metros.

Fijé mi mirada en sus ojos grises. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, hasta que Gabriel habló.

—Hijo, por fin llegas —dijo alegremente.

Aiden se acercó a él y le dio un abrazo.

—Hola, padre. ¿Se puede saber qué está pasando aquí?

—Nada, hijo. Es solo que hay empleados incompetentes que no saben hacer su trabajo. Solo mira cómo me ha dejado esta tonta.

Mantuve la cabeza gacha y los puños apretados, tratando de aguantarme las ganas de responderle a ese imbécil. Pero la verdad era que me resultaba imposible quedarme callada.

—Lo siento mucho, señor. No fue mi intención ensuciarlo. Es solo que me empujaron y, sin poder evitarlo, derramé la bebida encima de usted.

—No me interesan tus absurdas disculpas. Coge tus cosas y lárgate de mi casa —dijo Gabriel.

Estaba a punto de girarme cuando escuché una voz.

—Alto. Tú no te irás de aquí.

Me detuve y lo miré.

—A partir de ahora, no solo trabajarás por esta noche. Serás parte del personal —dijo Aiden.

Me giré sorprendida. Pensé que iba a apoyar a su padre, pero me había equivocado.

A Gabriel no le gustó nada aquella idea.

—¿Estás loco, Aiden? ¿Cómo vamos a tener a una sirvienta que no sirve para nada?

—Ya escuchaste, padre. Ella se queda.

Permanecí con la cabeza gacha, tratando de ocultar la sonrisa que amenazaba con aparecer en mi rostro.

El primer paso ya estaba hecho.

Y todo gracias a Aiden.

Lo vi acercarse hacia mí.

—¿Cómo te llamas?

Intentando controlar mis nervios, respondí:

—A… Amelia —tartamudeé.

—Muy bien, Amelia. Bienvenida a tu nuevo trabajo.

Asentí con una sonrisa.

—Bueno, que siga la fiesta entonces —dijo Aiden.

Volvieron a poner la música y todos los invitados siguieron con lo suyo, como si no hubiese pasado nada.

Estaba a punto de irme hacia la cocina cuando Aiden me detuvo del brazo.

Lo miré sorprendida.

—Señor, ¿qué hace? ¿Necesita que le sirva algo?

—No. Es más, me gustaría acompañarte a mostrarte las habitaciones para que no vuelvas a tener otro problema con mi padre. Acompáñame.

Lo seguí con las piernas temblorosas.

Subimos las escaleras y, la verdad, estaba muy nerviosa.

De repente, Aiden se detuvo en seco.

—¿Por qué te noto tan nerviosa? —preguntó.

Le respondí lo primero que se me vino a la mente.

—Es que, después de todo lo que acaba de pasar ahí abajo con su padre, estoy muy nerviosa.

Me observó de pies a cabeza y sentí cómo volvía a ruborizarme.

Él era así.

Un hombre difícil.

Y un cobarde traidor.

Eso pensé.

—Muy bien, Amelia. Estas son las habitaciones.

Presté atención detenidamente, pero a la vez me desconcentraba tenerlo tan cerca. Me ponía demasiado nerviosa.

Seguimos avanzando hasta que me llevó al jardín de su casa.

Era muy hermoso, pero no le llegaba ni de cerca a mi antiguo jardín.

—Y bueno, ese fue todo el tour por mi casa. Pero también quiero mostrarte algo que tiene mucho valor para mí y al que no dejo entrar a cualquiera. Así que acompáñame.

Lo seguí hasta llegar a la parte de atrás de la casa.

Lo que vi me dejó sin palabras.

Sentí un pinchazo de nostalgia.

—Este es mi lugar favorito. Aquí vengo a encontrar paz y a pensar.

Había un banco con una fuente en el centro y rosales por todas partes.

Mis ojos se humedecieron y una lágrima rebelde resbaló por mi mejilla. Rápidamente la aparté antes de que él pudiera verla.

Aquel lugar se parecía mucho al diseño del sitio donde Aiden y yo nos sentábamos cuando éramos niños.

Él se distrajo un momento y aproveché para respirar profundamente antes de romper a llorar ahí mismo.

—Es muy hermoso este lugar, señor Moreau.

—Por favor, dime Aiden solamente.

Fingiendo indignación, respondí:

—No, señor. Yo no puedo llamarlo por su nombre. Usted es el jefe y yo soy la empleada.

Entonces dijo algo que me sorprendió.

—Como soy el jefe, te ordeno que me llames Aiden.

Asentí inmediatamente.

—Como usted diga.

Lo miré detenidamente. Él se giró y se quedó observando hacia la nada.

Sentí su mirada sobre mí y mis piernas no podían quedarse quietas de tanto temblar. Para disimular, hablé.

—Aiden.

Él se giró hacia mí y sonrió.

—¿Viste? No era tan difícil llamarme por mi nombre.

Su mirada dejaba claro que había conseguido exactamente lo que quería.

—Dime, ¿ibas a decirme algo? —preguntó.

—Sí. Quiero hacerle una pregunta.

—Está bien. Soy todo oídos.

Tragué saliva antes de hablar.

—Si este lugar es tan importante para ti y no dejas que nadie más venga a esta zona del jardín, ¿por qué me lo muestras a mí?

Bajó la mirada y comenzó a jugar con el pie sobre el césped.

Después se acercó a mí hasta quedar frente a frente.

Me tensé y me puse todavía más nerviosa.

—Te lo muestro, Amelia, porque me inspiras confianza. Y aún no entiendo por qué, si apenas llevamos unos minutos de conocernos. Pero algo me decía que tenía que mostrártelo.

Tragué saliva.

Jamás me esperé que dijera algo así.

Pero lo que dijo a continuación hizo que se me helara la sangre.

—Tus ojos. Son de un verde cristalino impresionante. Pareciera que tuvieras dos espejos en ellos porque puedo ver hasta mi reflejo. La única persona que tenía los ojos así fue alguien muy importante para mí y que no he podido olvidar.

Vi nostalgia y un poco de tristeza en sus ojos.

Me apresuré a preguntarle:

—¿Qui… quién era esa persona, si se puede saber? —tartamudeé.

Negó inmediatamente y me dio la espalda.

—No era nadie. Olvida lo que te dije, ¿vale?

Me sentí un poco decepcionada porque pensé que iba a decir mi nombre.

—Vamos adentro —dijo—. Está haciendo un poco de frío.

Entramos nuevamente a la casa.

La música seguía sonando y los invitados continuaban conversando como si nada hubiese pasado.

Estaba a punto de irme hacia la cocina cuando escuché la voz de Aiden detrás de mí.

—Amelia.

Me giré inmediatamente.

Lo vi acercarse hacia mí. Esta vez estaba muy serio, pero también parecía tener curiosidad.

—Sí, Aiden.

—Quería preguntarte si tú y yo nos hemos conocido en algún lugar. No sé por qué, pero siento algo especial hacia ti. Y tus ojos… tus ojos me recuerdan a una niña que conocí.

Pude ver nostalgia en su mirada.

Me tensé inmediatamente.

Tenía miedo de que me descubriera.

Sabía que algún día le contaría a todo el mundo quién era realmente, pero si quería que mi mentira durara hasta haber logrado mi objetivo, tenía que seguir actuando como la empleada sumisa que necesitaba desesperadamente el trabajo.

—No, Aiden. No creo que nos conozcamos.

—Pero es que tu mirada me dice…

Lo corté de inmediato.

—No creo ser la única chica con los ojos verdes cristalinos.

—He conocido a chicas con ojos verdes, pero los tuyos son muy diferentes.

Comencé a desesperarme, pero no dije nada.

Me observó por última vez y finalmente habló.

—Está bien, Amelia. Tengo que volver con los invitados. Han llegado unos amigos y tengo que recibirlos.

Asentí rápidamente.

—Claro que sí.

Aiden comenzó a alejarse, pero después de unos cuantos pasos volvió a girarse.

—Nos vemos después. Tenemos que hablar sobre tu trabajo.

—Como usted diga.

Cuando lo perdí de vista, solté el aire que había estado reteniendo.

Por un momento pensé que me había reconocido.

Pero era imposible.

Porque para él, Liora había muerto hacía años.

Me giré y me dirigí hacia la cocina, pero antes de llegar escuché unos murmullos.

Me acerqué con cuidado.

Y eran nada más y nada menos que Gabriel y Raphael.

Me escondí detrás de una columna para escuchar lo que estaban hablando.

—Hoy tiene que ser, Raphael. Hoy ese tipo y su familia tienen que morir.

—Así será, Gabriel. Ya está todo listo para caerles de sorpresa. Solo falta que des la orden y mañana se terminará el problema.

Vi cómo ambos estrechaban sus manos y reían cínicamente, como si arrebatarles la vida a los demás fuese algo completamente normal.

Tenía que averiguar quién era esa persona que planeaban matar.

Tenía que advertirle.

Pero si lo hacía, podían sospechar de mí. Estaba más que claro que Gabriel ya no me tenía simpatía después de que aquella estúpida pelinegra me empujara y yo terminara derramándole todo el champán encima.

Tenía hasta mañana para averiguar ese nombre.

Me retiré rápidamente hacia la cocina.

Al entrar, vi a Aiden comiendo unos bocadillos.

Cuando me vio entrar, se limpió rápidamente la boca y me habló.

—Amelia, te estaba buscando para conversar sobre el empleo. Pero mientras lo hacía tuve una charla con mi mayordomo. Me habló de ti y dijo que eres una mujer inteligente.

—Yo ya trabajo aquí de mesera, Aiden.

—Lo sé —respondió—, pero quiero ofrecerte un trabajo mejor.

—¿Cuál? —pregunté.

—Quiero que seas mi asistente. Necesito una y tú eres una chica inteligente. Me gustaría que trabajaras en la empresa.

—¿Y por qué yo? —pregunté, intentando que mi voz sonara tranquila.

Aiden se quedó mirándome durante unos segundos.

—No lo sé exactamente. Supongo que tengo un buen presentimiento contigo.

Tragué saliva.

Si él supiera quién era realmente, probablemente no tendría ese mismo presentimiento.

—Acepto —respondí finalmente.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Perfecto. Entonces mañana comenzarás.

Asentí mientras él se alejaba.

Lo observé hasta perderlo de vista y respiré profundamente.

Había entrado a aquella casa como una simple mesera.

Y ahora tenía exactamente lo que necesitaba.

Acceso a la familia Moreau.

Pero había algo que no podía sacar de mi cabeza.

Mañana alguien iba a morir.

Y yo tenía que descubrir quién era antes de que fuera demasiado tarde.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • La Heredera Del Imperio Caido: Mi Asistente Vino a Vengarse   Capítulo 7

    POV AidenVeo a Amelia salir de mi oficina después de decirle que no confíe demasiado rápido en las personas de aquí.Cuando cerró la puerta, su perfume a vainilla se quedó por toda mi oficina.Me recosté en mi silla, cerré los ojos y respiré profundamente ese perfume.Su nombre vino a mi cabeza.Amelia.Lo dije en un susurroCuando la vi en la mansión siendo atacada por mi padre, me llamó mucho la atención y no sé por qué.Por eso me acerqué a ver qué sucedía, pero, en realidad, lo que quería era verla de cerca.Es una mujer exageradamente hermosa, y sus ojos…Sus ojos me recordaron a mi pequeña Liora, la niña que fue mi amiga durante mi infancia.Recuerdo que me quedé observándola durante un largo rato.No sé por qué, pero sentí una conexión muy fuerte con ella, una conexión que jamás había sentido con ninguna otra mujer.Las mujeres que han pasado por mi vida han sido solo distracciones, algo pasajero, líos de una sola noche.Pero con Amelia es diferente, y entiendo el porqué.Yo j

  • La Heredera Del Imperio Caido: Mi Asistente Vino a Vengarse   Capítulo 6: Primer día en la empresa

    Después de lo sucedido la noche anterior, hoy me preparo para mi primer día de trabajo como asistente de Aiden. Tengo que admitir que estoy un poco nerviosa. Jamás me imaginé llegar hasta la empresa. Mi objetivo era permanecer en la casa, pero la verdad es que trabajar aquí me viene mucho mejor, ya que puedo descubrir quién es ese tipo al que Gabriel quiere quitar de su camino y observar de cerca cómo trabaja y qué es lo que trama.Elegí un atuendo sencillo, pero elegante. Me puse una blusa blanca de cuello alto y la metí dentro de unos pantalones negros de vestir. Encima me coloqué un blazer negro de corte impecable.Completé el conjunto con unos tacones negros de punta fina y un pequeño bolso del mismo color. Recogí mi cabello con cuidado, dejando algunos mechones rubios sueltos alrededor de mi rostro.No quería llevar nada demasiado llamativo. Era mi primer día en Moreau Industries y quería parecer una empleada más.Me miré una última vez en el espejo antes de salir.Por fuera, par

  • La Heredera Del Imperio Caido: Mi Asistente Vino a Vengarse   Capítulo 5: El reencuentro

    Mi corazón dio un vuelco cuando lo vi entrar.Habían pasado tantos años desde la última vez que nos vimos. Yo sabía que, tarde o temprano, me lo encontraría, pero jamás me preparé para ese momento.Y por fin lo tenía justo frente a mí.El mismo niño que alguna vez conocí.Negué con la cabeza para alejar los recuerdos del pasado y volví a centrar mi mirada en él.Tenía que admitirlo: era un hombre condenadamente guapo. Me ruboricé un poco, pero cuando vi que comenzaba a acercarse a mí, empecé a temblar.Intenté tranquilizarme lo más que pude.—Mírame —me dijo.Levanté lentamente la cabeza porque, literalmente, tenía frente a mí a un hombre de casi dos metros.Fijé mi mirada en sus ojos grises. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, hasta que Gabriel habló.—Hijo, por fin llegas —dijo alegremente.Aiden se acercó a él y le dio un abrazo.—Hola, padre. ¿Se puede saber qué está pasando aquí?—Nada, hijo. Es solo que hay empleados incompetentes que no saben hacer su trabajo.

  • La Heredera Del Imperio Caido: Mi Asistente Vino a Vengarse   Capítulo 4: El día esperado

    POV: LioraVi personas vestidas con trajes elegantes y vestidos costosos. A simple vista, podía reconocer que muchos de ellos eran personas importantes.Por un instante, recordé a mi madre organizando eventos como aquel. Recuerdo haberla visto sonreír mientras caminaba entre los invitados, orgullosa de todo lo que había construido.Sonreí con tristeza.A lo lejos, vi a una chica vestida igual que yo. En un dos por tres la chica se acercó a mí.—¿Eres nueva?Yo solo me limité a asentir.—Ven conmigo. Ya te están esperando.La seguí.Y por fin llegué hasta el salón de la mansión. Lo conocía muy bien, pero tenía que fingir que no. Me quedé unos segundos mirando todo detenidamente. Era increíble cómo, robando lo que no era tuyo, podías llegar a tener una casa así.—¿Qué haces ahí parada? Sígueme —me dijo la chica, devolviéndome a la realidad.Entonces empecé a caminar otra vez detrás de ella. Me llevó a una habitación que claramente era matrimonial.Así que aquí duermen los honorables señ

  • La Heredera Del Imperio Caido: Mi Asistente Vino a Vengarse   Capítulo 3: El informe

    POV: LioraYa habían pasado dos semanas desde que perdí mi trabajo en el bar. Dos semanas enteras en las que me dediqué a afinar cada detalle de mi siguiente movimiento.Mi nana me esperaba en la cocina con el lunch en la mano, tan cariñosa como siempre.—Adiós, Nana. Ya tengo que irme a trabajar —le dije esbozando una sonrisa tranquila.—Adiós, mi niña. Que Dios te bendiga y te acompañe siempre.—Amén, Nanita.Me despedí de ella con un beso en la mejilla y un abrazo apretado. Salí de casa y me alejé a paso rápido hasta la esquina, donde mi taxi ya me esperaba para llevarme a mi casa secreta.Nana no sabía nada de lo que estaba haciendo. No sabía que había perdido el empleo ni que me preparaba para una misión peligrosa, y prefería que continuara en la ignorancia. Algún día le contaría la verdad porque merecía saberlo, pero aún no era el momento adecuado.El taxi me dejó justo frente a la fachada de mi casa secreta. Saqué la llave, abrí la puerta con sigilo y entré.Ese era el momento

  • La Heredera Del Imperio Caido: Mi Asistente Vino a Vengarse   Capítulo 2: Quince años después

    POV: LioraEscuché a mi nana tocar la puerta y llamarme con su voz suave.—Mi niña, ¿ya estás despierta?Abrí lentamente los ojos y me reincorporé en la cama, todavía adormilada. Me levanté, caminé hasta la puerta con el cabello desordenado y la abrí. La vi recostada en el marco de madera, con los brazos cruzados sobre el delantal y una sonrisa radiante.—Buenos días, mi niña hermosa. ¿Qué tal has amanecido? —preguntó.Al verla, me abalancé hacia ella y le di un beso en la mejilla junto a un gran abrazo.—Muy bien, nanita. ¿Y tú?—Perfectamente bien, mi niña. He venido a avisarte que el desayuno ya está listo. Te espero abajo.—Muchas gracias, nanita. En un momento bajo.Cerré la puerta y me dirigí al baño. Dejé mi cabello rizado tal como estaba, me puse unos pantalones deportivos, una camiseta de tirantes y mis pantuflas antes de bajar al comedor.Encontré a mi nana sentada esperándome. Me senté a su lado, hicimos nuestra oración de siempre y comenzamos a desayunar. Sobre la mesa hab

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status