Compartir

Capítulo 3 El Rey del Oeste

Autor: Noemy Ruiz
last update Fecha de publicación: 2026-08-21 00:40:59

Había imaginado que un Rey Alfa tendría que parecer distinto.

Más viejo, quizá.

Uno de esos hombres de los relatos que permanecían sentados mientras los demás se movían por ellos.

Nick no se parecía en nada.

Lo vi por primera vez desde el extremo del gran salón.

Era alto. Lo bastante para destacar incluso entre sus guerreros. Llevaba el cabello oscuro algo desordenado después del viaje y una capa negra sujeta sobre un hombro. No tenía corona.

No la necesitaba.

La gente se apartaba antes de que llegara.

Yo sostenía una jarra de vino con las dos manos.

—No mires tanto —murmuró una criada a mi lado.

Bajé los ojos.

Tenía razón.

No tenía ninguna razón para observarlo.

Elya sí.

Apareció junto a la mesa principal con su vestido azul y las piezas de plata brillando entre el cabello.

—Majestad.

Nick inclinó ligeramente la cabeza.

—Elya.

Ella sonrió.

Él fue correcto.

Nada más.

No debería haberme importado.

Me coloqué junto a una columna esperando la señal para servir.

Podía escuchar conversaciones sobre rutas comerciales, madera, cosechas y una frontera del norte que llevaba semanas causando problemas.

Después noté algo.

Una mirada.

Levanté los ojos.

Nick estaba observándome.

El aire se quedó atrapado demasiado arriba en mi pecho.

Aparté la vista.

Seguramente miraba a alguien detrás.

—Serafine.

La voz del Alfa me hizo dar un pequeño respingo.

—El vino.

Me acerqué.

Nick estaba sentado a su derecha.

Elya, a pocos lugares de distancia.

Incliné la jarra.

Una gota cayó junto al borde de la copa.

El Alfa agarró mi muñeca.

—¿Qué te ocurre hoy?

El dolor de los dedos quemados me subió por el brazo.

—Nada.

—Entonces sirve como es debido.

Su mano apretó.

Tragué.

Elya sonreía.

Volví a inclinar la jarra.

—Basta.

La palabra no fue fuerte.

No necesitó serlo.

La mano desapareció de mi muñeca.

Nick miraba al Alfa.

—Solo estaba corrigiendo a una sirvienta.

—La he visto servir. No necesitaba que la sujetaras.

El salón quedó tan quieto que escuché un tronco romperse dentro del fuego.

El Alfa sonrió.

No había alegría en ello.

—Serafine ha crecido aquí. A veces necesita que le recuerden sus obligaciones.

Nick bajó los ojos hacia mi muñeca.

Las marcas de los dedos empezaban a aparecer.

Después me miró a la cara.

Nuestros ojos se encontraron.

Algo cambió en su expresión.

Fue tan rápido que no habría sabido explicarlo.

Sus pupilas parecieron ensancharse.

Durante un instante sentí que me observaba como si hubiese encontrado algo que no esperaba ver allí.

Después sus ojos descendieron.

Hasta mi boca.

Volvieron a subir.

El calor me llenó las mejillas.

No entendí por qué.

Elya sí pareció comprender algo.

Había dejado de sonreír.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Nick.

Miré al Alfa antes de contestar.

La mandíbula del Rey se tensó.

—Serafine.

—Serafine qué.

Mis dedos se cerraron alrededor de la jarra.

—No tengo apellido.

—¿Familia?

Negué.

—Me encontraron frente a las puertas cuando era un bebé.

El Alfa apoyó una mano sobre la mesa.

—Eso no tiene importancia para nuestra cena.

Nick siguió mirándome.

—Yo decidiré qué tiene importancia cuando pregunto.

El silencio se volvió insoportable.

Quería marcharme.

Esconderme en las cocinas.

Hacer algo que supiera hacer.

El Alfa habló.

—Puedes retirarte.

Di un paso atrás.

La jarra resbaló.

Una mano sujetó mi muñeca antes de que pudiera caer.

Nick.

Esta vez el contacto no dolió.

Sus dedos rodeaban mi piel sin apretar.

Su pulgar quedó justo sobre el interior de mi muñeca.

Mi respiración cambió.

Fue pequeño.

Ridículo.

Pero él lo notó.

Sus ojos bajaron hacia el lugar donde me tocaba.

Después regresaron a los míos.

Tardó un segundo más de lo necesario en soltarme.

—Ten cuidado.

Su voz había cambiado.

Más baja.

—Sí.

Me alejé.

Sentía el pulso exactamente donde había estado su pulgar.

Al llegar a la puerta cometí el error de mirar atrás.

Nick seguía observándome.

No a Elya.

No al Alfa.

A mí.

Y junto a él, la hija del Beta me miraba con una expresión que nunca le había visto antes.

No era burla.

Era algo mucho peor.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • La Loba Plateada, Elegida por Selene   Capítulo 170 Restos en la taza

    Kael pidió verme al tercer día.No Nick.Kael.Eso fue lo que me hizo levantarme.Estaba intentando recogerme el cabello cuando Ariadne entró.Me miró.Después miró el vestido.—¿Vas a salir?—Hasta el despacho de Nick.—Eso son unos treinta metros.—No arruines mi gran regreso.Ariadne levantó las manos.—Perdón.Treinta metros heroicos.—Gracias.Me ayudó con el cabello sin hacer comentarios.Cuando salimos al corredor sentí todas las miradas aunque probablemente la mitad fueran inventadas.Dos criadas bajaron los ojos.Un guardia me saludó.Nadie dijo nada.Eso ayudó.Nick estaba en su despacho con Kael y Elira.Lo primero que pensé fue:Algo ocurre.Nick se levantó.—Hola.—Hola.No vino hacia mí.Esperó.Yo fui hasta la silla.—¿Qué pasa?Kael cerró la puerta.—Tenemos los resultados de la taza.Mi cuerpo quedó frío.La taza.La había olvidado y no.Era una de esas cosas que permanecían detrás de todos los pensamientos.—¿Qué encontraron?Elira tomó un pequeño recipiente.Dentro

  • La Loba Plateada, Elegida por Selene   Capítulo 169 La habitación cerrada

    No salí de la habitación durante dos días.No porque nadie me lo impidiera.Eso era importante.La puerta no estaba cerrada con llave.No había guardias delante.Nick no había dado ninguna orden.Podía levantarme, vestirme y atravesar los corredores cuando quisiera.Simplemente no quería.El mundo seguía funcionando al otro lado de las paredes y eso me parecía casi ofensivo.Escuchaba carros entrando al patio.Criadas hablando en el corredor.Campanas marcando comidas.Una vez oí reír a alguien.Aquello fue lo peor.No porque no tuvieran derecho.Porque me recordó que para todos los demás el día seguía teniendo mañana, tarde y noche.Para mí solo existía antes y después.Antes había dos latidos.Después no.Estaba sentada en la cama cuando llamaron.Tres golpes suaves.Sabía quién era.Nick siempre llamaba tres veces.—Puedes entrar.La puerta se abrió.Llevaba una bandeja.Lo miré.—Ariadne te ha enviado.—Sí.—Cobarde.—Dice que eres más difícil cuando tienes hambre.—No tengo hambr

  • La Loba Plateada, Elegida por Selene   Capítulo 168 No fue tu culpa

    Nick seguía fuera de la puerta cuando desperté.Lo sabía por el vínculo.No necesitaba abrir.Su dolor estaba allí.Apagado.Pesado.Constante.Yo llevaba horas tumbada sin saber si había dormido realmente.El cuerpo dolía.Pero era soportable.Lo insoportable era abrir los ojos y recordar.No había bebés.Cada vez ocurría de nuevo.Durante un segundo despertaba sin pensar.Después lo sabía.Otra vez.La puerta sonó suavemente.—Serafine.Ariadne.—Pasa.Entró con una bandeja.No tenía hambre.No dije nada.Ella tampoco me pidió que comiera.Dejó la bandeja.Se sentó.—¿Está fuera?—Sí.—¿Desde ayer?—Sí.Cerré los ojos.—Idiota.Ariadne sonrió con tristeza.—Bastante.—Debería dormir.—Probablemente.—¿Por qué no lo obligas?—Porque soy más pequeña que él.—Kael.—Kael lo intentó.Eso me hizo imaginarlo.Casi sonreí.No pude.Pasó un rato.—Quiero verlo.Ariadne asintió.—Bien.No preguntó si estaba segura.Solo fue a buscarlo.Nick tardó menos de cinco segundos.Entró.Se quedó junt

  • La Loba Plateada, Elegida por Selene   Capítulo 167 La pérdida

    El amanecer llegó sin que hubiera dormido.La luz empezó a entrar por las cortinas mientras yo miraba el mismo punto del techo.Nick seguía sentado junto a la cama.No sé si había cerrado los ojos alguna vez.Elira había entrado tantas veces que perdí la cuenta.Cada vez escuchaba.Cada vez tardaba más.Cada vez su rostro era peor.El sangrado aumentó poco antes del amanecer.Lo noté antes de verla.La sensación húmeda.El calor.Después el miedo.—Nick.Se levantó.—¿Qué?—Creo que...No pude terminar.Miró la sábana.Su cara perdió color.—Elira.No gritó.No necesitó.La sanadora estaba en la habitación contigua.Entró.Me examinó.No habló.Yo observaba cada movimiento.—Dime algo.—Necesito comprobar.—Llevas toda la noche comprobando.Mi voz se quebró.Elira sacó el instrumento.Lo apoyó.Silencio.Movió.Más silencio.Mi mano encontró la de Nick.Él la apretó.—¿Uno?Pregunté.Elira no respondió.—¿El fuerte?Nada.—Elira.La mujer cerró los ojos.—No encuentro ninguno.La habi

  • La Loba Plateada, Elegida por Selene   Capítulo 166 Un dolor

    El dolor volvió durante la cena.Esta vez no fue un tirón.Fue un calambre.Mi mano se cerró alrededor de la cuchara.Dejé de escuchar lo que decía Ariadne.Nick estaba hablando con Kael sobre los documentos de Alaric.Yo intenté respirar.Uno.Dos.Tres.Pasó.Bien.No era nada.Elira había dicho que podía ocurrir.Volví a comer.—¿Serafine?Levanté la cabeza.Nick me miraba.—¿Qué?—Has dejado de respirar.—No.—Sí.Ariadne también me observaba ahora.Maldición.—Solo me ha dado un pequeño tirón.Nick dejó los cubiertos.—¿Dónde?—Nick.—Serafine.Su voz no era controladora.Estaba asustado.Eso hizo que intentara suavizar la mía.—Aquí.Toqué la parte baja del vientre.Su rostro cambió.—¿Desde cuándo?—Antes de bajar sentí algo.—¿Y no me lo dijiste?—Porque duró un segundo.—¿Cuántas veces?—Dos.Otro dolor llegó.Más fuerte.Me incliné.El aire salió de golpe.—Serafine.Nick se levantó.Ariadne ya estaba a mi lado.—Respira.Lo hice.O intenté.El dolor se extendió hacia la esp

  • La Loba Plateada, Elegida por Selene   Capítulo 165 La bebida amarga

    La nueva criada llevaba tres días en Sol del Oeste.Yo la había visto varias veces.Siempre de lejos.Cabello oscuro recogido con demasiada tirantez, pasos rápidos, mirada baja cuando cruzaba con alguien de rango. Parecía una muchacha cualquiera entre las muchas personas que trabajaban en la residencia.Eso fue precisamente lo que hizo que no la recordara.Aquella tarde estaba sentada cerca de los jardines intentando leer una carta de Mara.Intentando era la palabra adecuada.Había mejorado mucho, pero algunas líneas todavía me obligaban a volver atrás dos o tres veces.Mara escribía como hablaba.Rápido.Sin preocuparse demasiado por que las palabras quedaran bonitas.Sonreí al reconocerlo.Decía que Colmillo Plateado seguía igual de insoportable sin mí.Que el cocinero nuevo hacía el pan demasiado duro.Que una de las niñas de las cocinas había preguntado si yo de verdad vivía en un palacio y si los Reyes dormían con corona.Me reí sola.—Mi lady.Levanté la cabeza.La criada nueva

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status