LOGINRegresamos a Sol del Oeste dos días después.La primera persona que vi fue Ariadne.Corrió hacia mí.Se detuvo antes de abrazarme.Aquello me atravesó.—¿Puedo?Las lágrimas llegaron.—Sí.Me abrazó.Fuerte.—Idiota.Me reí llorando.—Hola.—No vuelvas a desaparecer.Se apartó.—No.Eso ha sonado como una orden.—Entonces reformulo.Su voz se quebró.—Por favor, si alguna vez necesitas huir otra vez, despiértame primero.El pecho me dolió.—Lo haré.Ariadne me abrazó otra vez.Nick estaba detrás.No intervenía.No reclamaba.Esperaba.Después vi a Cassandra.Al fondo del corredor.Bajo vigilancia.Su rostro había perdido aquella perfección.No porque estuviera despeinada.Porque parecía cansada.Me vio.Se puso de pie.—Serafine.Mi cuerpo reaccionó.Frío.El recuerdo de la habitación.Nick.Su mano.La mentira.El secuestro.Todo junto.Cassandra dio un paso.—Necesito hablar contigo.Mi loba gruñó.Nick se tensó.Ariadne se colocó a mi lado.—No ahora.Cassandra la ignoró.—Por favo
Nick se transformó por primera vez delante de mí al día siguiente.No durante un ataque.Eso habría sido más sencillo.Fue porque yo se lo pedí.—Quiero verlo.Nick frunció el ceño.—¿Qué cosa?—Tu lobo.La reacción de su lobo fue inmediata.La sentí a través del vínculo.Entusiasmo.Demasiado.Nick cerró los ojos.—Mala idea.—¿Por qué?—Porque lleva semanas esperando que preguntes.—¿Y?—Y porque el tuyo también.Mi loba reaccionó.Sí.Muchísimo.Sentí calor.—Estamos en medio del bosque.—Exacto.—No hay nadie.Nick miró a Kael, que estaba a unos metros.—Hay alguien.Kael levantó la cabeza.—Puedo desaparecer.—Hazlo —dijimos los dos.Kael se marchó riendo.Nick volvió hacia mí.—¿Seguro?—Sí.—Bien.Se quitó la camisa.Me quedé inmóvil.Nick levantó una ceja.—¿Problema?—No.—Tu cara.—Cállate.Sonrió.Terminó de quitarse la ropa.Yo intenté mirar solo su cara.Fracasé.Mucho.Nick lo notó.—Serafine.—¿Qué?—Nada.Su sonrisa me enfadó.Después transformó.El cambio fue rápido.
El ataque llegó al anochecer.Otra vez.Empezaba a odiar los atardeceres.Habíamos acampado cerca de una formación de piedra cuando los caballos se inquietaron.Mi loba reaccionó antes que ellos.Hombres.Cinco.No.Seis.—Nick.Él levantó la cabeza.—¿Qué?—Vienen.Kael no preguntó cómo lo sabía.Solo dio órdenes.—Posiciones.Los guerreros se movieron.Nick se acercó.—Serafine, detrás de la roca hay un paso estrecho.—No voy a esconderme.—No te lo estoy ordenando.Su voz fue firme.—Te estoy diciendo que ahí no pueden rodearte.Eso era distinto.Miré.Tenía razón.—Voy.Nick asintió.—Bien.Corrí hacia el paso.No llegué.Un hombre apareció desde el lado contrario.Había estado esperando.—¡Serafine!Nick.Demasiado lejos.El hombre me agarró del brazo.Intenté soltarme.Fuerte.Mucho más que yo.—No hagas ruido.—Suéltame.—No compliques las cosas.La frase.Siempre.Como si la dificultad fuera culpa mía.Le clavé las uñas.El hombre soltó una maldición.Me agarró más fuerte.—He
El regreso a Sol del Oeste no fue inmediato.Nick quería hacerlo.Yo no.No todavía.Habíamos encontrado respuestas sobre la magia, pero no sobre todos los hombres que me habían llevado.Ni sobre quién más podía estar implicado.Kael insistió en revisar el camino antes de movernos.—Si Espina Negra tiene más hombres cerca, regresar por la ruta principal sería demasiado fácil de prever.Nick lo miró.—¿Alternativa?—Bosque oriental.Más lento.Más seguro.Nick giró hacia mí.—¿Qué prefieres?La pregunta.Otra vez.Aun en medio de todo aquello.Pensé.Mi cuerpo estaba cansado.Me dolía el hombro.La cara.Las muñecas.Pero volver a un camino abierto donde alguien pudiera atraparme otra vez me producía un frío inmediato en el estómago.—Bosque.Nick asintió.—Bosque.No hubo discusión.Kael empezó a organizar a los hombres.Yo me quedé junto al fuego.Era extraño.Había sido secuestrada.Había escapado de una habitación.Había mordido a un hombre.Me había transformado.Y ahora estaba se
La prueba estaba en el vino.No en Cassandra.No todavía.Kael había enviado a dos hombres de regreso a Sol del Oeste antes de que termináramos el interrogatorio.Volvieron al amanecer con la sanadora.Y con una pequeña botella.—Encontramos residuos en la jarra.La sanadora la dejó sobre una mesa.Nick estaba sentado frente a ella.Yo a su lado.Cassandra estaba bajo vigilancia en Sol del Oeste.No quería verla todavía.No sabía qué sentiría cuando lo hiciera.—¿Qué es? —preguntó Nick.La mujer olió la sustancia.Después tomó una mínima muestra.—No lo sé exactamente.—Eso es útil —murmuró Kael.La sanadora le lanzó una mirada.—Puedo decirte qué hace.—Adelante.—Alteración sensorial.Confusión.Respuesta física aumentada.Problemas para reconocer olores.Nick se quedó completamente quieto.Mi estómago también.—¿Respuesta física?La pregunta salió.La mujer me miró.No avergonzada.Profesional.—Puede provocar excitación.No necesariamente deseo dirigido.Más bien hace que el cuerp
El hombre se llamaba Varek.Al menos eso dijo.No era el de la cicatriz.Era mayor.El mismo que había apartado al otro cuando me sujetó del cuello.Estaba sentado con las manos atadas.Kael frente a él.Nick a mi lado.Yo no quería sentarme.—¿Quién te envió? —preguntó Kael.Varek sonrió.—Nadie.Kael suspiró.—Vamos a estar aquí mucho tiempo.—No tengo nada que decir.Nick apoyó una mano sobre la mesa.—Secuestrasteis a mi compañera.Varek lo miró.—Compañera sin marca.La temperatura de la habitación cambió.Nick no se movió.Yo sí.—No vuelvas a decirlo como si fuera un permiso.Varek giró hacia mí.Sonrió.—Ah.La loba plateada.—Serafine.—También.Su sonrisa aumentó.—Tienes carácter.—Todo el mundo parece sorprenderse.Kael casi sonrió.Nick no.—¿Por qué me queríais?Varek me estudió.—Ya lo sabes.—Quiero oírlo.—Tierra.Agua.Fertilidad.Poder.Cada palabra dolió.—Eso no responde.—Una manada del norte lleva años perdiendo cultivos.Los ríos cambian.El suelo se empobrece.







