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62

Author: Shey33
last update publish date: 2026-10-10 18:17:19

CAPÍTULO 62

ELOÍSA

Llegué al campamento en ruinas cuando el sol ya se estaba poniendo, tiñendo el horizonte de un rojo sucio, casi violáceo, que parecía reflejar la carnicería ocurrida horas antes. El olor a humo denso, a cuero chamuscado y a sangre fresca todavía flotaba pesado en el aire frío de la tarde, metiéndose por la nariz y pegándose a la garganta. Las tiendas que no habían ardido del todo se levantaban como esqueletos negros y retorcidos contra el cielo gris de la frontera, crujiendo
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    CAPÍTULO 72Punto de vista de EloísaNo fue la sorpresa lo que me destrozó por completo. La mente humana —y la de un híbrido— tiene una capacidad aterradora para amortiguar los golpes cuando las sospechas ya han estado echando raíces en la penumbra. Desde que aquel espía moribundo balbuceó sus últimas palabras entre convulsiones y sangre semanas atrás, una sombra fría ya se paseaba por las esquinas de mi mente. Yo ya intuía que existía un documento, una orden, un acuerdo bajo cuerda. Pero la sospecha es un veneno lento; la certeza es una guillotina.Fue la fecha.Esa maldita cifra garabateada en la esquina superior derecha del pergamino, seca y precisa. Semanas antes de la masacre de Bluehound. Mucho antes de que nuestras miradas se cruzaran por primera vez sobre la tierra ensangrentada. Él ya había sopesado mi existencia, le había puesto un precio político y había decidido matarme antes de haberme dicho una sola palabra.El papel seguía temblando entre mis dedos, pero el crujido d

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    Adrián's POVEstaba en los archivos de Rivenmoor intentando entender mejor las costumbres de la corte cuando tropecé con el despacho sellado. Había pasado horas entre estantes polvorientos, leyendo estatutos viejos, tratando de encontrar el pie que esta corte se negaba a darme. Quería saber cómo funcionaban las cosas aquí. Cómo ganar un mínimo de respeto. Cómo no ser solo “el Beta extranjero” que miraba todo desde el margen, con la sombra de un pasado que no le pertenecía y la desconfianza de unos lobos que medían cada uno de mis pasos. Los archivos olían a papel viejo, a tinta seca y a una humedad centenaria que se pegaba a la ropa. La luz entraba por unas ventanas altas y estrechas, cortando el polvo en rayos pálidos que parecían congelados en el tiempo. Nadie más estaba allí a esa hora. Solo yo y el silencio de siglos de documentos.Y entonces apareció. Un documento de meses antes del Ritual de la Luna Roja. Una directiva real. La letra de Luciano. La reconocí de inmediato, sin vac

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    CAPÍTULO 70 Punto de vista de Eloísa La Comandante Isolde no me interrogó como lo había hecho media corte durante aquella primera y agotadora semana. No hubo en ella la falsa amabilidad del Consejero Bastian Rowe ni la curiosidad maliciosa de los nobles que revoloteaban por las galerías del castillo. Se limitó a estudiarme en silencio durante un rato largo y pesado. Estábamos en un despacho pequeño y austero de la torre norte, un espacio apartado donde las paredes de piedra desnuda amortiguaban cualquier sonido y el aire olía a cuero viejo, cera de velas y hierro helado. Era un rincón estratégicamente elegido, completamente a salvo de las orejas furtivas del consejo y de los espías que infestaban cada pasillo de Rivenmoor. Isolde permanecía de pie junto a un alto ventanal sin cortinas. La luz grisácea de la mañana resaltaba las aristas duras de su rostro y los hilos de plata que coronaban su cabello recogido con rigor militar. Cuando al fin rompió el silencio, no preguntó sobre la

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    Apenas había tenido tiempo de cambiarme y arreglarme frente al tocador cuando un golpe discreto, medido y formal resonó en la madera de mi puerta principal. Petra se acercó a abrir con su habitual cautela. Al otro lado no había guardias armados ni consejeros, sino una joven criada de la casa real que vestía el uniforme gris del servicio del ala de mando. La muchacha avanzó dos pasos dentro de la estancia, manteniendo la cabeza profundamente inclinada en señal de respeto. —Señorita Eloísa —anunció la criada con voz clara pero sumisa—. Traigo un mensaje directo de la Comandante Isolde. Solicita su presencia de manera inmediata en sus dependencias privadas de la torre norte. A solas. Antes de que el consejo de la mañana sea convocado o que los demás lores despierten. Me quedé mirando la puerta mucho después de que la sirvienta hiciera una inclinación final y se retirara en absoluto silencio. El calor de la noche anterior todavía me pesaba en la piel, un contraste doloroso con el aire

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    CAPÍTULO 69Punto de vista de EloísaUna semana entera en la fortaleza real de Rivenmoor poseía el poder destructivo de desgastar hasta la última reserva de cordura. Cada pasillo de piedra gris y húmeda era un callejón sin salida cargado de evaluaciones silenciosas; cada banquete formal, una prueba minada donde el menor desliz de etiqueta o tono podía ser usado en mi contra; y cada conversación casual, un duelo de dagas invisibles.Estaba física, mental y emocionalmente agotada. Exhausta de la voz suave, pausada y venenosa del Consejero Bastian Rowe, quien no perdonaba oportunidad para sembrar dudas sutiles sobre mi origen y la validez de mi linaje frente a los nobles más influyentes; agotada de la Comandante Isolde, que me observaba desde la distancia militar con la frialdad de un juez a punto de dictar sentencia; y profundamente harta de los cortesanos que susurraban tras sus abanicos y copas de vino, midiéndome como si fuera un cálculo defectuoso en sus ecuaciones de poder en lugar

  • La Luna Me Entrego Dos Alfas   68

    CAPÍTULO 68NarradorTranscurrida exactamente una semana desde la llegada de Eloísa a la imponente fortaleza de Rivenmoor, la calma aparente que envolvía la corte comenzó a agrietarse. Los pasillos de piedra, antes llenos de murmullos curiosos y miradas cautelosas, se volvieron más fríos y cargados de una tensión palpable.Fue en esa mañana helada cuando el Consejero Bastian Rowe, uno de los hombres más influyentes de la antigua guardia real, solicitó formalmente una audiencia con la joven. La razón oficial emitida desde su despacho era tan pulcra como impecablemente protocolaria: brindarle una bienvenida oficial a la sede del reino, presentar sus respetos institucionales y poner a su entera disposición las atenciones correspondientes a su posición. Sin embargo, nadie en la fortaleza que conociera la densidad política de aquellas paredes creyó del todo una explicación tan simple.Rowe no era ningún advenedizo en los juegos de poder. Había servido codo a codo junto al traidor ahora en

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