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Chapter 4 El Intercambio de las Hermanas Valientes

Author: Owlthinker
last update publish date: 2026-09-28 05:47:02

Mientras Penelope se desplomaba contra la cómoda de madera, ahogándose en su propia rabia sofocante, la tranquila Shenon no dijo una sola palabra.

Se arrodilló lentamente sobre las polvorientas tablas del suelo. Sus gafas de montura plateada se deslizaron un poco por su nariz mientras estiraba la mano debajo de la mesa del comedor.

Sus dedos rozaron la fría cadena de plata rota que Penelope se había arrancado violentamente del cuello.

Shenon recogió el colgante de piedra lunar y le dio la vuelta, dejando al descubierto el elegante grabado de las letras entrelazadas PT.

Una profunda tristeza protectora se instaló en el pecho de Shenon.

Ella no creía en las palabras de Travis.

Había visto la forma en que el futuro Rey Alfa miraba a su hermana.

Aquella no era la mirada de un hombre que estaba jugando con ella.

Pero al ver el cuerpo tembloroso y desesperado de Penelope, Shenon supo que no había tiempo para discutir.

Para mantener a salvo el preciado símbolo del amor predestinado de su hermana, Shenon levantó la cadena y se la colocó alrededor de su propio cuello, escondiendo el colgante debajo del cuello de su blusa.

—Penelope, mírame —dijo Shenon con suavidad.

Su voz permanecía firme a pesar del estruendo de los truenos que sacudía el techo de metal.

—Estás hiperventilando. Estás temblando. Si sales bajo esta lluvia helada ahora mismo, perderás al bebé antes de llegar siquiera a la frontera.

—Tengo que irme, Shenon —sollozó Penelope, sujetándose el vientre—. No puedo quedarme aquí ni una hora más.

—Lo sé —murmuró Shenon mientras caminaba hacia el armario—. Pero somos huérfanas pobres. Solo tenemos tres juegos de ropa gruesa para el invierno, y dejaste nuestros abrigos de lana y las camisas de repuesto en la lavandería de la casa de la manada después de tu turno de ayer.

Shenon miró hacia la bolsa de lona.

—Si cruzamos al mundo humano con nada más que una bolsa ligera, no sobreviviremos al invierno.

Penelope extendió la mano hacia las llaves, con los ojos desorbitados.

—Yo iré por ellas…

—No. Mírate. *p*n*s puedes mantenerte en pie —dijo Shenon con firmeza.

Se acercó al perchero y tomó la característica chaqueta gris oscura con capucha de Penelope.

Luego se la puso sobre los hombros y se acomodó la pesada tela, todavía húmeda.

Tiró de la capucha sobre su cabello plateado, ocultando su rostro por completo.

—Quédate aquí y termina de guardar la comida. Yo caminaré hasta la lavandería de la casa de la manada y traeré nuestra ropa.

Shenon hizo una pausa antes de continuar.

—Somos gemelas idénticas, Penelope. Con esta tormenta cegadora y la capucha cubriéndome el rostro, los guardias de la frontera simplemente pensarán que soy tú regresando para otro turno en la cocina. Nadie me detendrá.

Antes de que Penelope pudiera protestar, la tranquila ratona de biblioteca salió a la oscura y helada tormenta.

La puerta de madera se cerró detrás de ella con un suave clic.

Mientras tanto, a varios kilómetros de la acogedora cabaña, un lujoso sedán negro permanecía con el motor encendido en un claro aislado y embarrado, justo fuera de los límites del territorio de Eclipsed Haven.

Los limpiaparabrisas se movían frenéticamente sobre el parabrisas, intentando despejar las cortinas de lluvia torrencial.

Dentro del automóvil calefaccionado, Alishia estaba sentada en el asiento trasero.

Sus dedos perfectamente arreglados apretaban con fuerza un teléfono desechable.

Su rostro estaba deformado por una máscara de celos puros y desagradables.

Todavía podía escuchar la voz de Travis resonando en su cabeza.

—En cuanto me convierta hoy en el Rey Alfa, tendré el control absoluto. Tú serás mi única Luna.

Él iba a deshacerse de ella.

En cuanto su padre dejara el puesto, Travis iba a arrojar a Alishia a un lado como si fuera basura y colocaría a aquella sucia huérfana sin dinero en el trono.

La mandíbula de Alishia se tensó.

Bajó la ventanilla tintada *p*n*s unos centímetros.

La lluvia helada salpicó sus costosos pendientes de diamantes.

Afuera, de pie sobre el barro y empapados hasta los huesos, había dos enormes mercenarios hombres lobo renegados con el rostro cubierto de cicatrices.

Sus ojos brillaban con un extraño tono amarillo y depredador en medio de la oscuridad.

—¿Entendieron el encargo? —siseó Alishia.

Su voz destilaba veneno mientras arrojaba una pesada bolsa de cuero por la pequeña abertura de la ventana.

La bolsa cayó sobre el barro con un golpe húmedo.

Estaba repleta de sólidas monedas de oro de la manada.

El renegado que parecía ser el líder recogió la bolsa.

Una sonrisa desagradable y dentada se extendió por su rostro.

—La chica huérfana. Penelope. Morirá esta noche, Luna.

—Haz que parezca un accidente —ordenó Alishia, entrecerrando los ojos hasta convertirlos en dos frías rendijas.

—Ella suele caminar por el sendero cercano al barranco profundo para llegar a las cocinas de la casa de la manada. Rómpanle el cuello y arrójenla al barro inundado. Quiero que Travis crea que su preciosa pareja predestinada resbaló y cayó durante la tormenta.

Su mirada se volvió todavía más fría.

—Si mañana por la mañana sigue respirando, los cazaré a los dos personalmente.

—Considéralo hecho —gruñó el renegado mientras guardaba el oro.

Alishia volvió a subir la ventanilla.

Luego aumentó la calefacción del automóvil mientras una sonrisa oscura y victoriosa aparecía lentamente en sus labios.

Observó cómo los dos asesinos desaparecían entre las sombras del bosque, dirigiéndose directamente hacia el sendero del barranco.

No tenía idea de que Penelope estaba a salvo dentro de la cabaña.

No sabía que la tranquila e inocente Shenon caminaba directamente hacia la trampa.

Y, sobre todo, no sabía que Shenon llevaba puesta la chaqueta de su hermana y el collar que representaba la promesa de su vínculo predestinado.

Esta noche, los asesinos no encontrarían a Penelope.

Encontrarían a su gemela.

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