LOGINLa lluvia helada caía en cortinas cegadoras e interminables, convirtiendo los caminos de tierra del territorio de Eclipsed Haven en peligrosos ríos de barro espeso.
Shenon se ajustó aún más la capucha de la chaqueta gris oscura de Penelope alrededor del rostro, inclinando la cabeza para protegerse del viento aullante. La delicada cadena plateada del collar de la promesa pesaba sobre su clavícula. El colgante de piedra lunar, todavía sin pulir, rebotaba suavemente contra su pecho con cada paso. Odiaba la oscuridad. Odiaba el bosque. Pero pensar en su hermana destrozada de dolor, sentada sola en la cabaña, le daba una fuerza terca que pocas veces mostraba. Solo tengo que recoger la ropa de la lavandería, se repetía. Luego regresaré y cruzaré la frontera. Shenon se protegió las gafas de montura plateada de la lluvia mientras se acercaba al borde del profundo barranco. El estrecho sendero del acantilado serpenteaba hacia la entrada trasera de la enorme casa de la manada. Abajo, el agua embarrada rugía con violencia, crecida por la tormenta. De repente, los vellos de la nuca de Shenon se erizaron. Antes de que sus instintos de loba pudieran siquiera reconocer los extraños y depredadores olores de feromonas de renegados mezclándose con la lluvia, una enorme mano se cerró violentamente sobre su boca. Un jadeo agudo quedó atrapado en su garganta. La arrastraron hacia atrás y la metieron a la fuerza entre unos arbustos gruesos y llenos de espinas. Sus gafas salieron despedidas de su rostro y se hicieron añicos contra las rocas. Ciega y sin poder respirar, Shenon comenzó a forcejear desesperadamente, golpeando con sus pequeños puños aquella pared de músculos. Intentó gritar por su hermana. Intentó pedir ayuda. Pero un segundo par de manos ásperas le sujetó los brazos detrás de la espalda con una fuerza brutal. —Te atrapé, pequeño juguete —gruñó una voz ronca y repugnante junto a su oído. El aliento del hombre olía a licor barato y podredumbre. —La distracción del Alfa ya no tiene dónde esconderse. En medio de la oscuridad, los asesinos renegados solo vieron la larga cabellera plateada que escapaba de la capucha y la característica chaqueta gris oscura que Alishia había descrito. No les importaron sus débiles y aterrorizados sollozos. Con un giro sincronizado y nauseabundo de sus enormes manos, un fuerte y espantoso crujido resonó por el bosque vacío. El sonido ahogó por completo el estruendo de los truenos. El cuerpo de Shenon quedó inmediatamente inmóvil. La dulce e inocente ratona de biblioteca que jamás había hecho daño a nadie ni siquiera tuvo la oportunidad de comprender por qué estaba muriendo. El renegado principal tiró brutalmente de la capucha hacia atrás y la agarró del cabello plateado. Luego empujó su cuerpo sin vida por el borde del acantilado. Su cuerpo rodó entre las rocas irregulares hasta caer boca abajo en el fondo del barranco inundado y cubierto de barro, como si fuera basura desechada. De vuelta en la cabaña, Penelope caminaba de un lado a otro por la pequeña sala de estar, aferrando con fuerza su chal de lana. Habían pasado dos horas. La lavandería estaba a solo veinte minutos caminando. Entonces, una repentina y aguda punzada de dolor desgarrador atravesó el centro mismo de su pecho. Penelope soltó un jadeo y cayó de rodillas sobre las tablas del suelo mientras una oleada de náuseas intensa y sofocante la golpeaba. Su loba interior dejó escapar un aullido silencioso y lleno de dolor dentro de su mente. El vínculo entre gemelas. Aquel hilo invisible y sagrado que había conectado sus almas desde el vientre materno. Acababa de romperse violentamente. —Shenon… —susurró Penelope. Su voz tembló mientras el pánico absoluto le cerraba la garganta. Sin siquiera preocuparse por la bolsa de lona o las llaves, Penelope salió disparada de la cabaña. Corrió directamente hacia la tormenta cegadora y helada. Sus pies descalzos resbalaban sobre el barro mientras seguía exactamente el camino que había tomado su hermana. —¡Shenon! Gritó su nombre contra el viento. Sus pulmones ardían y la lluvia helada cortaba su piel como cuchillos. Finalmente llegó al estrecho sendero del acantilado, cerca del barranco. Sus ojos, agudizados por la visión de loba a pesar de la oscuridad, se fijaron en una escena aterradora. Una chaqueta gris oscura era visible en el fondo de la profunda zanja, parcialmente sumergida en el agua embarrada que seguía subiendo. —No… Penelope negó con la cabeza. —No, no, no… Se deslizó por la peligrosa pendiente cubierta de barro. Sus rodillas se rasparon contra las rocas afiladas mientras descendía hasta llegar al fondo. Se arrastró entre el lodo helado y agarró la figura. Luego la giró. El rostro que la miró era frío, pálido y completamente desprovisto de vida. Era Shenon. —¡Shenon! ¡Despierta! ¡Por favor, despierta! Penelope gritó mientras acunaba el cuerpo destrozado de su gemela contra su pecho. Se mecía de un lado a otro mientras sus lágrimas histéricas limpiaban parte del barro del rostro plateado e idéntico de su hermana. Buscó su pulso. Revisó su garganta. Observó su pecho. Nada. Su dulce hermana se había ido. Mientras Penelope sollozaba, su mano rozó el cuello de su gemela. Se quedó completamente inmóvil. El collar de la promesa predestinada que Travis le había dado *p*n*s unas horas antes había desaparecido. La cadena plateada había sido arrancada brutalmente por los asesinos como trofeo, dejando una marca roja y dolorosa alrededor del cuello de Shenon. Un pasatiempo. Una distracción temporal. Las frías palabras de Travis junto a la puerta del despacho resonaron nuevamente en su cabeza, transformándose en algo mortal. Entonces, un ensordecedor aullido de Alfa, cargado de dolor y capaz de destrozar el alma, atravesó los árboles desde lo alto de la cresta. Era el lobo de Travis. Estaba lamentando una pérdida que acababa de sentir a través de las tierras de la manada. Pero para la mente destrozada y afligida de Penelope, aquel aullido no sonaba como dolor. Sonaba como un grito de victoria. Como si los guardias del futuro Rey Alfa estuvieran comprobando que el problema de la «huérfana sin dinero» había sido eliminado para siempre, permitiéndole casarse con su rica heredera sin una sola mancha en su reputación. Habían atacado su chaqueta. Habían atacado su rostro. Querían matarla. Y su inocente hermana había pagado el precio más alto por el amor predestinado de Penelope. Una pared oscura e impenetrable de odio ardiente y venenoso cayó sobre su corazón destrozado. La tristeza desapareció. En su lugar quedó un fuego rugiente de pura venganza. —Querían matarme a mí, hermana —susurró Penelope. Su voz se volvió peligrosamente fría y tranquila mientras acariciaba suavemente una última vez la mejilla fría y mojada de Shenon. —Te llevaron a ti en mi lugar. Las lágrimas seguían corriendo por su rostro. Pero su mirada había cambiado. —Juro por mi alma y por la vida de este bebé que sobreviviré. Protegeré al heredero secreto de Travis y jamás permitiré que ese monstruo asesino vuelva a mirarnos. Su mandíbula se tensó. —Haré que paguen. Al escuchar el fuerte y acelerado golpeteo de las botas de los guerreros de la manada acercándose al borde del barranco, Penelope se obligó a soltar el cuerpo de su hermana. Subió por el lado opuesto de la zanja embarrada y desapareció entre las profundas sombras del bosque humano de la zona neutral justo cuando las primeras linternas comenzaron a atravesar la lluvia. Cruzó la frontera sola. Llevaba consigo un odio tan profundo que ardería durante los siguientes cinco años.La Soberana de la Sala de JuntasLas puertas dobles de la Ciudadela de Comercio Internacional de Crestview no se abrieron con un simple clic.Se separaron como las enormes puertas de piedra de una fortaleza.El aire dentro de la principal sala de la cumbre financiera era frío, cortante y estaba cargado con las capas densas y sofocantes de feromonas de Alfas de alto rango, cuero costoso y tabaco de la vieja aristocracia.Aquel era el terreno neutral de la alianza continental de las manadas: una sala de juntas donde las fronteras de imperios de miles de millones de dólares se repartían sobre bandejas de café de plata y contratos bancarios firmados.Travis estaba sentado al extremo opuesto de la enorme mesa de conferencias de obsidiana, con su gran cuerpo ocupando el sillón de cuero de respaldo alto como un dios oscuro y silencioso.Había pasado las últimas doce horas ignorando las frenéticas explicaciones de su equipo legal.Su chaqueta de traje color carbón estaba completamente desabr
La Onda Expansiva TelevisadaLa sala de juntas ejecutiva del piso cuarenta y cinco de la sede corporativa de Eclipsed Haven estaba completamente en silencio, salvo por el agresivo y rítmico clic de una pluma dorada.Travis estaba sentado a la cabecera de la larga mesa de conferencias de obsidiana, con su enorme cuerpo ocupando por completo el sillón de cuero de respaldo alto.Llevaba una chaqueta de traje color carbón hecha a medida, pero tenía el cuello de la camisa desabrochado y la mandíbula firmemente apretada en una expresión de piedra aristocrática e inflexible.Sus ojos plateados estaban clavados, casi sin ver, en la montaña de permisos de autoridad portuaria, documentos de reestructuración bancaria y contratos de adquisición hostil extendidos frente a él.Su mano derecha permanecía profundamente hundida en el bolsillo del pantalón, mientras sus gruesos dedos rozaban una y otra vez los bordes afilados de metal del collar de piedra lunar PT que llevaba escondido.Durante semana
La Tinta SoberanaLas enormes puertas dobles de la sala de juntas de la propiedad de Arthur estaban forjadas en pesado bronce, pero en el interior, el aire estaba completamente dominado por el zumbido silencioso y estéril de una eficiencia corporativa de primer nivel.Penelope estaba sentada a la cabecera de una mesa de conferencias de seis metros hecha de rara caoba oscura.Frente a ella se encontraba una fila de cinco abogados impecablemente vestidos, las mentes jurídicas de más alto rango de la alianza sobrenatural continental. Sus plumas estilográficas doradas estaban listas sobre gruesos montones de pergamino color crema.Llevaba un impecable traje de lana color marfil hecho a medida, que contrastaba con su largo cabello plateado cayendo en cascada por su espalda.Su postura era perfecta, los hombros rectos y sus profundos ojos índigo recorrían las cláusulas legales con absoluta concentración.Ya no quedaba rastro de aquella pobre camarera escondida de los barrios humanos.Bajo
El Registro de MedianocheEl antiguo reloj de pie del corredor central del ático de Sovereign Ridge dio las doce de la medianoche. Sus campanadas profundas y pesadas vibraron a través de los oscuros pisos de madera.Alishia permanecía inmóvil en la sombra de su vestidor, respirando de manera superficial y agitada. Había pasado las últimas dos horas transformando por completo su apariencia.Se quitó el costoso vestido de seda, los pendientes de diamantes y el característico perfume de lujo que identificaba su estatus como Luna.En su lugar, llevaba un pesado impermeable negro de talla grande, con la capucha profunda cubriéndole casi por completo el rostro. Se había aplicado bloqueadores de aroma humanos de alta calidad en el cuello y las muñecas, borrando cualquier rastro de su identidad de loba.En su mano derecha sostenía con fuerza el asa de un pesado bolso de cuero.Dentro, envueltas en gruesas toallas para evitar que chocaran entre sí, había cincuenta mil dólares en monedas de or
La lluvia se había convertido en una espesa niebla venenosa que se adhería a los ventanales de cristal de piso a techo del ático de Sovereign Ridge.El reloj digital sobre el enorme escritorio de acero de Travis marcaba la 1:00 de la madrugada, proyectando una fría luz azul sobre las sillas de cuero vacías de su oficina privada.Travis permanecía completamente inmóvil, con su enorme cuerpo inclinado sobre un vaso de bourbon puro.No había probado la bebida.Su camisa perfectamente confeccionada estaba desabotonada en el cuello y su corbata había quedado tirada sobre el suelo de madera.Su mano derecha estaba profundamente hundida en el bolsillo de su pantalón, mientras sus gruesos dedos apretaban sin descanso los bordes afilados y metálicos del collar de piedra lunar PT que llevaba oculto.El silencio dentro de su ala del ático era ensordecedor.Pero su lobo interior, Lycaon, recorría violentamente los límites de su mente.Durante tres semanas, sus guerreros de élite habían registrado
El suelo de concreto del estacionamiento subterráneo bajo la sede central de Eclipsed Haven vibraba con un lento y mecánico retumbo. La lluvia había disminuido hasta convertirse en una llovizna grasienta que dejaba el asfalto exterior resbaladizo, pero dentro del estacionamiento subterráneo, el aire estaba impregnado del olor caliente y asfixiante de la goma quemada, los gases de escape de vehículos de lujo y el fuerte ardor del aceite de motor.Travis estaba junto al capó de su SUV negro, con su enorme cuerpo completamente rígido. Tenía las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo de lana húmedo, los nudillos blancos mientras sus dedos apretaban contra la superficie arañada del colgante de piedra lunar PT que llevaba oculto.La chaqueta del traje color carbón bajo el abrigo estaba arruinada, manchada con la suciedad húmeda de los callejones, pero no le importaba. Sus penetrantes ojos plateados estaban inyectados en sangre, dilatados hasta convertirse en pozos negros de una concen







