LOGINLa pequeña cabaña de madera en el límite de la zona neutral era el único hogar que Penelope había conocido en toda su vida.
Pero cuando atravesó la puerta principal, sintió que estaba entrando en una jaula. La lluvia finalmente había llegado con toda su fuerza, golpeando el techo de metal con un estruendo rítmico y ensordecedor. Penelope estaba empapada hasta los huesos. Su larga cabellera plateada se pegaba a sus pálidas mejillas y respiraba entrecortadamente, con jadeos desesperados que parecían ahogarla. Cerró la puerta de golpe detrás de ella y echó el cerrojo con un violento clic que hizo temblar el frágil marco. Su pecho subía y bajaba con fuerza. El húmedo y familiar aroma de los libros viejos y la lavanda seca no logró calmar la tormenta que rugía dentro de su alma. —¿Penelope? ¿Qué sucede? ¿Por qué regresaste tan temprano? Shenon levantó la mirada de su grueso libro de texto. Sus ojos tranquilos y dulces se abrieron de inmediato al ver el estado de su hermana. Se acomodó las gafas de montura plateada sobre la nariz y apartó las mantas de inmediato. Penelope no respondió. Le temblaban tanto las manos que *p*n*s podía moverse con normalidad. Caminó directamente hacia la pequeña cómoda de madera y abrió los cajones con tanta fuerza que la madera crujió. Tomó una vieja bolsa de lona del suelo y comenzó a meter dentro sus pocas pertenencias: sus suéteres gastados, sus botas de repuesto y sus camisas desgastadas. —¡Penelope, háblame! Shenon corrió hasta ella y le sujetó las muñecas temblorosas para obligarla a detenerse. —Fuiste a la casa de la manada para contarle a Travis lo del bebé. ¿Lo viste? ¿Qué pasó? —¡Me mintió, Shenon! ¡Para él todo fue un juego! La voz de Penelope se quebró. Un sollozo áspero y desgarrador escapó de su garganta mientras retiraba violentamente las muñecas de las manos de su hermana gemela. Metió otro puñado de ropa en la bolsa. —Cada una de las palabras que dijo bajo el sauce era mentira. Nunca me amó. Nunca tuvo intención de convertirme en su Luna. Shenon retrocedió un paso, perdiendo el color del rostro. —¿Qué? No. Eso es imposible. Travis te ama. Su lobo te pertenece, Pen. Él te dio su promesa… —¡Me convirtió en un pasatiempo! Penelope gritó con tanta fuerza que su dolor ahogó incluso el estruendo de los truenos. Se volvió hacia su hermana. Sus profundos ojos índigo estaban desquiciados por una mezcla de rabia ardiente y absoluto desconsuelo. —Estaba justo afuera de la puerta de su despacho, Shenon. Fui allí para decirle que iba a ser padre. Y lo escuché decirle a su padre que yo solo era una distracción temporal. Un pasatiempo. Le dijo a Marcus que se casaría con Alishia por su dinero y su territorio. Shenon soltó un jadeo y se llevó una mano a la boca. —No… él no haría eso. —¡Lo hizo! Penelope dejó escapar un sollozo entrecortado mientras las lágrimas calientes recorrían su rostro y ardían contra su piel helada. —Lo dijo con tanta facilidad. Con tanta frialdad. Como si yo no fuera más que una loba callejera que utilizó para pasar el tiempo antes de que comenzara su verdadera vida. Su voz tembló. —Si me quedo aquí, su padre descubrirá lo del bebé. Intentarán convertirme en una amante escondida o me arrebatarán a mi hijo para proteger su linaje real. Penelope negó con la cabeza desesperadamente. —No dejaré que toquen a mi bebé, Shenon. No lo permitiré. Una oleada repentina de furia cegadora y asfixiante recorrió su cuerpo. Los dedos de Penelope volaron hasta su clavícula. Agarró la delicada cadena plateada que Travis había colocado alrededor de su cuello *p*n*s unas horas antes. El metal chisporroteó con fuerza contra su piel. El vínculo de pareja predestinada palpitó con un calor enfermizo, casi burlón. Con un tirón brutal, rompió la cadena. —¡Penelope, no! Shenon gritó horrorizada. Pero Penelope no se detuvo. Arrojó el hermoso colgante de piedra lunar al otro lado de la habitación. El objeto chocó violentamente contra las tablas de madera del suelo y se deslizó sobre la alfombra cubierta de polvo hasta golpear la pata de la mesa del comedor. El elegante grabado de las letras entrelazadas PT brilló bajo el destello de un relámpago que atravesó la ventana. —Que se quede con su rica heredera. La voz de Penelope bajó hasta convertirse en un tono peligrosamente frío mientras cerraba la bolsa de lona con un fuerte y definitivo tirón. —Que se quede con su trono. Me iré de esta manada esta misma noche y cruzaré al mundo humano. Su mandíbula se tensó. —Travis es un monstruo. Y juro por mi vida que jamás volveré a permitir que me mire a mí ni a mi hijo. Penelope se apoyó contra la cómoda y llevó una mano a su vientre todavía plano. Todo su cuerpo temblaba. El dolor seguía allí. La traición seguía desgarrándola por dentro. Pero algo había cambiado. Su dolor acababa de endurecerse hasta convertirse en un muro oscuro e impenetrable de rabia. Y esta vez, Penelope no pensaba derribarlo.La Anatomía de la RuinaLa cerradura electrónica del ático de Sovereign Ridge se cerró con un pesado golpe presurizado que vibró hasta las suelas de las botas de cuero de Travis.No se quitó el abrigo.No dejó las llaves sobre la mesa consola de mármol.Atravesó directamente el oscuro y cavernoso vestíbulo con pasos largos, lentos, pesados y mecánicos.Los lujosos muebles italianos y los enormes ventanales de suelo a techo, que mostraban la cuadrícula del distrito financiero de Crestview cubierta por la lluvia, parecían pertenecer al paisaje de un planeta desconocido.Recorrió el pasillo en penumbra, dirigiéndose directamente hacia las frías y aisladas habitaciones de piedra de su estudio ejecutivo privado, ubicado en la torre.Cerró de un portazo la pesada puerta de roble detrás de él y echó el cerrojo.El silencio dentro de su ala del ático regresó como una ola sofocante.Pero dentro de su cabeza, el rugido era ensordecedor.Travis se desplomó en su enorme sillón de escritorio de n
El Pasillo del AscensorLas pesadas puertas dobles de caoba de la sala de juntas se cerraron con un clic, pero el silencio que quedó atrás en el pasillo del ascensor VIP era mucho más peligroso.Penelope caminaba por el elegante pasillo de mármol gris con pasos largos y gráciles. La seda de su traje azul medianoche rozaba suavemente sus piernas.Su rostro era una máscara absoluta de hielo inquebrantable, pero bajo su piel marfil, su pulso golpeaba con un ritmo frenético y violento.El pesado y sofocante aroma a madera de cedro, menta triturada y poder puro de Alfa seguía impregnado en su garganta, como un peso físico que intentaba desesperadamente tragarse.—Donald, llama a la propiedad —ordenó Penelope.Su voz descendió hasta convertirse en un susurro tenso y bajo mientras su leal asistente ejecutivo caminaba medio paso detrás de ella—. Diles a las niñeras que dupliquen la seguridad interna alrededor del ala de Patrice. Nadie entra en su habitación sin mi autorización mediante huella
El Muro de CristalLa mesa de conferencias de obsidiana se sentía menos como una mesa de negociación y más como un lago congelado a punto de quebrarse.Travis no miró los contratos de transporte encuadernados en cuero que sus abogados empujaban hacia él.Tampoco miró las tabletas digitales que mostraban los resúmenes de sus líneas de crédito.Su enorme cuerpo permanecía completamente rígido, y su imponente estatura proyectaba una larga sombra dominante sobre la madera pulida.Sus penetrantes ojos plateados estaban completamente fijos en el rostro de Penelope. Su pecho subía y bajaba bajo la chaqueta de traje color carbón, todavía desabrochada, mientras luchaba por respirar.El aroma de las fresias silvestres y la lluvia fresca de verano era tan intenso, tan violentamente vivo dentro de sus pulmones, que parecía arderle directamente por las venas.—Penelope...El nombre escapó de sus labios en un tono áspero y quebrado que atravesó los murmullos de los abogados corporativos.Dio un pes
La Soberana de la Sala de JuntasLas puertas dobles de la Ciudadela de Comercio Internacional de Crestview no se abrieron con un simple clic.Se separaron como las enormes puertas de piedra de una fortaleza.El aire dentro de la principal sala de la cumbre financiera era frío, cortante y estaba cargado con las capas densas y sofocantes de feromonas de Alfas de alto rango, cuero costoso y tabaco de la vieja aristocracia.Aquel era el terreno neutral de la alianza continental de las manadas: una sala de juntas donde las fronteras de imperios de miles de millones de dólares se repartían sobre bandejas de café de plata y contratos bancarios firmados.Travis estaba sentado al extremo opuesto de la enorme mesa de conferencias de obsidiana, con su gran cuerpo ocupando el sillón de cuero de respaldo alto como un dios oscuro y silencioso.Había pasado las últimas doce horas ignorando las frenéticas explicaciones de su equipo legal.Su chaqueta de traje color carbón estaba completamente desabr
La Onda Expansiva TelevisadaLa sala de juntas ejecutiva del piso cuarenta y cinco de la sede corporativa de Eclipsed Haven estaba completamente en silencio, salvo por el agresivo y rítmico clic de una pluma dorada.Travis estaba sentado a la cabecera de la larga mesa de conferencias de obsidiana, con su enorme cuerpo ocupando por completo el sillón de cuero de respaldo alto.Llevaba una chaqueta de traje color carbón hecha a medida, pero tenía el cuello de la camisa desabrochado y la mandíbula firmemente apretada en una expresión de piedra aristocrática e inflexible.Sus ojos plateados estaban clavados, casi sin ver, en la montaña de permisos de autoridad portuaria, documentos de reestructuración bancaria y contratos de adquisición hostil extendidos frente a él.Su mano derecha permanecía profundamente hundida en el bolsillo del pantalón, mientras sus gruesos dedos rozaban una y otra vez los bordes afilados de metal del collar de piedra lunar PT que llevaba escondido.Durante semana
La Tinta SoberanaLas enormes puertas dobles de la sala de juntas de la propiedad de Arthur estaban forjadas en pesado bronce, pero en el interior, el aire estaba completamente dominado por el zumbido silencioso y estéril de una eficiencia corporativa de primer nivel.Penelope estaba sentada a la cabecera de una mesa de conferencias de seis metros hecha de rara caoba oscura.Frente a ella se encontraba una fila de cinco abogados impecablemente vestidos, las mentes jurídicas de más alto rango de la alianza sobrenatural continental. Sus plumas estilográficas doradas estaban listas sobre gruesos montones de pergamino color crema.Llevaba un impecable traje de lana color marfil hecho a medida, que contrastaba con su largo cabello plateado cayendo en cascada por su espalda.Su postura era perfecta, los hombros rectos y sus profundos ojos índigo recorrían las cláusulas legales con absoluta concentración.Ya no quedaba rastro de aquella pobre camarera escondida de los barrios humanos.Bajo







