Masuk—Ayúdeme, señor...— Al huir del hombre que la había comprado, Rada acabó cayendo en los brazos de Nicolás Villarreal, un despiadado director general que se encontraba bajo los efectos de un estimulante sexual. Una noche llena de pasión y malentendidos cambió la vida de Rada de un momento a otro. Vendida por su propia familia, confundida con una mujer trampa por Nicolás, hasta que finalmente tuvo que aceptar la amarga realidad de que aquel hombre ya estaba casado. Rada decidió marcharse y esconderse. Sin embargo, justo cuando Rada desapareció, Nicolás se dio cuenta de una cosa: la desdichada mujer a la que había herido era el amor de su infancia, a quien siempre había creído muerta. ¿Conseguirá Nicolás encontrarla, o Rada ya le odiará para siempre?
Lihat lebih banyakEl trayecto hasta el hospital más cercano nos llevó casi una hora. Durante todo el camino, Nicolás no dejó de apretarme la mano con fuerza; de vez en cuando, desviaba la mirada con inquietud hacia mi vientre, con una expresión de preocupación muy evidente en el rostro.—¿Todavía te duele, cariño? —preguntó Nicolás en voz baja, reduciendo la velocidad del coche al pasar por un tramo de carretera con baches.Le acaricié suavemente el dorso de la mano, intentando tranquilizarlo.—Ya me duele mucho menos, Nico. No te asustes tanto. Quizá solo sean unos calambres leves por haber caminado demasiado antes.—Aun así, estoy preocupado —replicó con firmeza—. Tú y nuestro hijo lo sois todo para mí ahora mismo. No permitiré que ni el más mínimo riesgo os ponga en peligro.En cuanto el coche se detuvo en el aparcamiento del hospital municipal, Nicolás se bajó enseguida y me abrió la puerta. Incluso tenía intención de llevarme en brazos otra vez, pero me apresuré a detenerlo porque me daba vergüenz
¿Volvimos a tener relaciones después del desayuno? No, Nicolás no hizo eso. Además, él conoce muy bien sus límites y cuida mi estado físico ahora que estoy embarazada.Simplemente desayunamos juntos en un ambiente acogedor, intercambiando bromas ligeras, y después disfrutamos de un rato tranquilo a solas. Luego, Nicolás me ayudó a volver a la habitación, no para repetir lo que había sucedido la noche anterior, sino para ayudarme a cambiarme de ropa, ya que tenía pensado llevarme a dar un paseo.Acepté encantada y me puse ropa cómoda que, al parecer, todavía estaba bien guardada en la maleta. Elegí un cálido jersey de lana de punto combinado con unos pantalones largos y cómodos.Durante todo el trayecto hasta salir de casa, Nicolás no soltó ni un instante mis dedos. Su mano firme los sujetaba con tanta fuerza, como si temiera que fuera a desaparecer de repente de su lado.En cuanto salimos de casa, el aroma característico que había dejado la lluvia de la noche anterior invadió nuestros
Resoplé en voz baja, intentando apartar la mirada para evitar los ojos de Nicolás, que no dejaban de recorrer mi cuerpo con admiración y un deseo evidente. Estar de pie frente a él con esta lencería negra, fina y transparente, era como lanzarme a la jaula de un tigre.—¿Quién querría repetir lo que pasó en la cocina? —refunfuñé, fingiendo estar molesta y cruzando los brazos sobre el pecho, aunque sabía que ese gesto no hacía más que resaltar aún más las curvas de mi cuerpo.Nicolás apagó el fogón que tenía delante. Soltó la espátula que llevaba en la mano y se giró por completo hacia mí. Con pasos lentos, pero llenos de dominio, empezó a acercarse como un depredador que acechaba a su presa.Por reflejo, di un paso atrás, hasta que mi espalda chocó contra la fría superficie de la isla de la cocina. Nicolás me acorraló de inmediato entre sus brazos, apoyando las palmas de las manos en el borde de la encimera y sin dejarme el más mínimo resquicio para escapar.—¿Quién ha dicho que no qui
Al principio, Nicolás tenía la intención de continuar con nuestro apasionado encuentro hasta el amanecer. Sin embargo, tras alcanzar su segundo clímax, el hombre finalmente detuvo sus movimientos y se levantó de encima de mí.Nicolás se bajó de la cama, cogió su albornoz negro y entró en el cuarto de baño. Al poco rato, salió con una toalla seca y una palangana llena de agua tibia.Yo, que aún jadeaba y yacía exhausta sobre la cama, me sorprendí al ver lo que traía. ¿Qué más iba a hacerme?—Si ya no puedes más, duérmete. Yo me encargaré de limpiarte —me susurró Nicolás justo al oído con su suave voz de barítono.Solo pude asentir con resignación, dejándole que cuidara de mi cuerpo con esmero.Mis párpados ya estaban a punto de cerrarse por completo debido al agotamiento extremo. Sin embargo, abrí los ojos de par en par de repente al sentir cómo el agua tibia rozaba la piel de mi zona más sensible. Nicolás la frotaba y la limpiaba con mucho cuidado y delicadeza.—Esta es la parte que m






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