FAZER LOGINElla sonrió y luego se marchó sin decir nada más. El asistente la vio alejarse y rápidamente sacó el teléfono y escribió un mensaje, pero rápidamente prefirió borrarlo para no involucrarse.
Mientras tanto, Elisa tomó un taxi hacia el centro donde se encontraba el hotel de lujo. En el camino, su amiga Nora la llamó para bromear sobre su nuevo puesto con el CEO más insoportable del país.Elisa no pudo evitar reírse, pero la diversión se transformó en incomodidad cuando le confesó que iba a buscar a Gael a un bar. Al otro lado de la línea, la sonora carcajada de Nora no se hizo esperar, llegando a comparar la situación con la de alguien que va a atrapar a un esposo infiel.
Elisa casi se ahoga con el agua que bebía de su botella, intentando cerrar la boca sin argumentos válidos para defenderse y explicar que la verdadera razón era demasiada complicada.
Colgó antes de que Nora siguiera insistiendo y cuando llegó al bar, la lluvia era tan intensa que apenas pudo salir del coche. Corrió hasta la entrada pero fue inútil, su cabello estaba completamente mojado, la blusa se había pegado a su cuerpo. —Solo entro, lo convenzo y me voy— Se dijo con seguridad. Empujó la puerta y un empleado se acercó. —¿A quién busca? —Al señor Gael Beaumont. El hombre señaló una puerta al fondo mostrando claramente en que parte se encontraba Gael. —Esta en la sala privada. Elisa caminó hasta allí, tomó aire y abrió la puerta de la sala privada, el murmullo de las conversaciones y el choque de los hielos se detuvieron. El lugar tenía un aroma a perfume costoso y licores exclusivos, más de diez personas se giraron a mirarla de arriba abajo.La lluvia había empapado su cabello y la tela de su blusa se adhería a su piel, haciéndola sentirse aún más vulnerable bajo aquellas miradas curiosas de todos.
Al fondo del salón, sentado con una postura impecable y dominante, Gael Beaumont presidía la mesa rodeado de sus amigos y varias mujeres con vestidos excesivamente provocativos y llamativos. Al verla de pie junto a la entrada, escurriendo agua y completamente desarreglada, Gael levantó una ceja, desnudándola con una mirada fría.
—¿Qué hace usted aquí? —preguntó él, con un tono arrastrado que denotaba fastidio.
Elisa sintió que la humillación le encendía las mejillas mientras el frío de la ropa mojada la hacía temblar sutilmente, obligándola a juntar las manos para disimular su vulnerabilidad antes de responder. Elisa reunió valor para hablar al mismo tiempo que su cuerpo temblaba por el frío.
—He venido a buscarlo. Todos los hombres presentes se burlaron, la señalaban como una pobre tonta, como una secretaria que solo era un buen chiste. —¿Quién es?— Preguntó uno de ellos. —¿Otra conquista tuya? —No… —Respondió Gael a secas Una de las mujeres la observó de arriba abajo, como si hubiese olvidado quien era realmente, una simple mujer que fu llamada para satisfacer los deseos más bajos de aquellos hombres. —Mírala. ¿Quién entra a un lugar así vestida de esa manera? Las palabras de aquellas mujeres hicieron que las mejillas de Elisa ardieran de vergüenza, instintivamente apretó la mano contra su pantalón mientras intentaba mantener la compostura.Por un momento miró a Gael esperando que dijera algo, cualquier cosa, una sola palabra habría bastado para detener aquellas burlas. Sin embargo, él permaneció sentado observándola en silencio mientras bebía con absoluta calma.
Aquello le produjo una extraña sensación de decepción, no entendía por qué esperaba que la defendiera, pero aun así no pudo evitar sentirse herida por su indiferencia.
—Señor Beaumont. Debe regresar. —¿Por qué haría eso? —Preguntó mientras tomaba de su copa con naturalidad. —Porque aún tiene trabajo en la oficina. Los amigos comenzaron a reír otra vez, sus tonos eran de completa burla, incluso Gael no podía evitar reír. —Gael… tu secretaria es divertida. Uno de los hombres se levantó, y dios algunos pasos hasta acercarse a Elisa. Era un hombre claramente de pocos estribos y decencia. —Si Gael no quiere irse, yo puedo acompañarte. Elisa retrocedió inmediatamente al ver la intención de aquel hombre. —No, gracias. Solo me iré con mi jefe. —Vamos… solo una copa, siéntate y toma una copa conmigo. No tengas miedo. Elisa comenzó a ponerse nerviosa, miró alrededor, y vio como Gael seguía sentado, sintió un pequeño nudo en el estómago, entonces el hombre intentó sujetarle la mano. Una voz fría y sudada se escuchó en toda la sala privada. —Suéltala. ¿No escuchaste que dijo que no? Todos guardaron silencio, Gael se había puesto de pie, dejó su copa a un lado, con solo acercarse, aquel hombre sonrió con nervios. —Relájate Gael, es solo una simple secretaria. —He dicho que la sueltes, creo que mis palabras son claras.La voz de Gael se escuchó en toda la sala privada, las risas desaparecieron de inmediato y todos guardaron silencio, Elisa levantó la vista sorprendida.
Hasta ese momento, Gael había permanecido sentado observando la escena con aparente indiferencia. Sin embargo, ahora estaba de pie. Había dejado la copa sobre la mesa y caminaba lentamente hacia ellos.
El hombre soltó inmediatamente la mano de Elisa, la voz tan fría y arrogante de Gael lo hizo retroceder, vio como en el rostro de él no había juegos.
Gael ni siquiera volvió a mirarlo, sus ojos se posaron sobre Elisa. Fue entonces cuando notó que la lluvia había empapado completamente su ropa. La fina tela de la blusa se había pegado a su cuerpo, Elisa bajó la mirada al darse cuenta y cruzó los brazos instintivamente.Por alguna extraña razón, Gael se quitó la chaqueta y la colocó sobre sus hombros. Ella levantó la cabeza sorprendida, aquella acción era poco esperada de su jefe y del prometido del que ella había huido.
—Señor Beaumont… Gael la observó durante unos segundos antes de responder, su mirada descendió involuntariamente hacia la ropa empapada de Elisa. —¿Con esa figura cómo se le ocurre vestirse así? Los ojos de Elisa se abrieron más de lo normal, no sabía qué la sorprendía más, si el comentario en sí o el hecho de que él hubiera detenido sus ojos en su figura, sintió cómo el calor subía hasta sus mejillas.—¡La lluvia tiene la culpa! Si no hubiese llovido justo en este momento, no me habría pasado— Le respondió avergonzada.
Los amigos comenzaron a reírse, y él, Gael también sonrió para fingir por la acción que acaba de tener con Elisa. Después tomó las llaves del coche de la mesa. —Vámonos— dijo sin esperar más. Ella parpadeó un par de veces al darse cuenta que parecía que su plan de buscarlo había funcionado.Elisa permaneció en silencio; la justificación era razonable, pero de alguna forma experimentó una ligera desilusión al escucharla. Había pensado que Gael había organizado esa salida especialmente para su cumpleaños con las entradas que ella había conseguido, pero ahora comprendía que solo había aprovechado una oportunidad que se le presentó. Como ella ya lo anticipaba. Desvió su atención hacia las luces que adornaban las calles. A pesar de esa mínima desilusión, no podía negar que había disfrutado enormemente del concierto. Había sido una de las mejores noches que había vivido en mucho tiempo, y prefería aferrarse a esa experiencia. Creyó que finalmente saldría del coche y regresaría a su apartamento y Gael al de él, pero justo antes de abrir la puerta, Gael volvió a encender el motor. Elisa lo miró con asombro mientras el edificio se alejaba. —¿A dónde nos dirigimos? Gael mantuvo su vista en la carretera, como si la pregunta no fuera nada fuera de lo común. —Tengo ham
Elisa permaneció estática frente a la entrada del lugar. Las luces que anunciaban el concierto resplandecían sobre las personas que comenzaban a ingresar, mientras que las notas musicales que provenían del interior llegaban suavemente hasta donde estaban. No podía creer que en realidad estuviera allí, durante los últimos días, había estado convencida de que tendría que abandonar la idea del concierto debido al trabajo, había pensado que nunca volvería a ver las taquillas. Sin embargo, ahora se hallaba ante el lugar que había deseado visitar durante meses. —No puedo creer esto... Pensé que esas entradas ya no eran para mí. Cuando me las quitó en el edificio, pensé que se las daría a alguna de sus amigas. Gael levantó una ceja levemente. —¿Alguna de mis amigas? Elisa se dio cuenta demasiado tarde de lo que había expresado. Desvió la vista y pretendió fijarse en la entrada para evitar toparse con su mirada. —No importa. Solo pensé que las usaría para otra persona. Después de todo,
Esa misma noche, Gael salió a despejar la mente con un viejo amigo, estaba en un bar sentado junto a Santiago. Eran viejos amigos, y cada vez que podían salían a tomar unas copas de vino.Gael comentaba acerca de uno de los proyectos que tenían pendientes, pero a la vez Gael parecía no pensar mucho en lo que él mismo decía. Tras un momento de silencio, puso su vaso en la mesa. —Santiago, ¿qué piensas que sería un regalo especial para una mujer? Su amigo lo miró por varios segundos, como si intentara comprobar si realmente había escuchado bien. —¿Acabas de preguntarme qué obsequio deberías regalar a una mujer? —Solo es una consulta. No es necesario hacer tanto alboroto por eso. Santiago se echó una risa y se inclinó en su asiento. —No, por supuesto que no. Simplemente me sorprende que seas tú quien se plantea algo así. Nunca te he visto poner tanto empeño en dar regalos a ninguna de las mujeres con las que has salido. Si deseabas impresionarlas, basta con comprar algo caro y
Al culminar el día, Elisa regresó al edificio con las dos entradas del concierto aún guardadas en su bolso. Las había mantenido durante ese tiempo con la idea de que posiblemente las usaría, pero tras el mensaje de Gael, se dio cuenta que eso no podría ser posible. No tendría la oportunidad de asistir. Al entrar al área común del edifico, vio a Miguel saliendo del ascensor. Él se detuvo al verla y sonrió. —Elisa, justo estaba pensando en preguntarte cómo te va. Hace un tiempo que no nos encontramos y parece que has estado bastante ocupada. ¿Todo en orden? Ella intentó brindarle una sonrisa, a pesar de que su ánimo seguía algo bajo. —Estoy bien, solo que ha surgido un nuevo proyecto en la empresa y tendremos que hacer horas extra en los próximos días. Tenía planes de ir a un concierto este fin de semana, pero ya no podré hacerlo. Miguel observó el bolso que ella llevaba consigo. —¿El evento del que me hablaste? Elisa confirmó y sacó las dos entradas. —Sí. Dado que y
La charla gradualmente regresó al ámbito laboral, y Gael siguió avanzando en su camino. Había percibido lo suficiente como para darse cuenta de que Elisa no planeaba marcar su cumpleaños de una forma especial, así que decidió ignorar el tema y enfocarse en las tareas pendientes que le quedaban para el resto de la jornada. No obstante, unos instantes después, mientras revisaba algunos papeles en su oficina, volvió a escuchar las voces de las trabajadoras al otro lado de la puerta. Esta vez discutían sobre un tema totalmente distinto, y Gael no prestó atención hasta que oyó nombrar a Elisa. Una de las colegas había regresado de una reunión con una pequeña sonrisa en su rostro. Sacó un par de entradas de su bolso y las colocó sobre el escritorio de ella, lo que provocó que ella las mirara con asombro. —No puedo creer que al fin hayas logrado conseguir las entradas. Hemos estado esperando este concierto durante meses y pensé que ya no quedaban— Dijo una compañera al ver las entradas
A lo largo de los días, Elisa siguió reuniéndose con Arturo cuando su carga laboral lo permitía. Poco a poco, sus habilidades en diseño comenzaron a mejorar, y esto se tradujo en su desempeño dentro de la empresa. Sus ideas para el evento dejaron de ser meras generalidades. Ahora era capaz de argumentar por qué ciertos materiales, cortes o combinaciones podrían ser más apropiados para mujeres con diversas figuras. Incluso se había puesto a elaborar pequeños dibujos para complementar sus propuestas. No obstante, su avance no fue percibido de la misma manera por todos. Desde la llegada de Silvia a la empresa, había encontrado diversas maneras de complicarle las cosas a Elisa. En una ocasión, le pidió unos documentos con un plazo irreal y, cuando Elisa logró completarlos, destacó ante sus compañeros que el trabajo estaba incompleto. —Señorita Torres, si se va a encargar de documentos interdepartamentales, necesitaría que revise mejor la información antes de entregarlos. No p







