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last update Data de publicação: 2026-04-29 13:02:38

El taxi se detuvo frente a una imponente verja rodeada por muros de piedra. Rose bajó y respiró hondo, mirando fijamente la entrada intimidante. Más allá se extendía un largo camino que conducía a lo que parecía ser una finca aislada.

Dudó antes de acercarse al guardia. Un hombre de mediana edad, de complexión robusta, salió a su encuentro; su uniforme negro ajustado se ceñía a su estómago. Su placa decía Andy.

En cuanto la vio, frunció el ceño.

—¡Pensé que no ibas a volver! Así que de verdad planeas exprimir a esta familia hasta dejarla seca, ¿eh? —dijo con amargura.

Rose ni siquiera necesitó preguntar si aquella era la residencia de los Cavanaugh; ya la habían recibido con sarcasmo desde el momento en que llegó.

No discutió. Simplemente permaneció en silencio mientras el guardia, de mala gana, abría la pequeña puerta lateral y la dejaba pasar.

Al entrar, los pensamientos de Rose se dirigieron a Romilda. ¿Qué había hecho Romilda para que estas personas la odiaran tanto?

Romilda siempre había sido difícil, pero no siempre había sido tan cruel. Rose recordaba que, cuando eran más jóvenes, Romilda era quien siempre se enfrentaba a su padre.

Rose avanzó lentamente por el largo sendero hacia la mansión. Había casi cuatrocientos metros hasta la puerta principal, bordeados por árboles altos y elegantes faroles negros. Todo el lugar tenía una belleza clásica, casi irreal.

—¿Cómo terminó Romilda con esta familia? —murmuró para sí misma.

Cuando la mansión apareció ante sus ojos, respiró hondo.

Era una enorme mansión de dos pisos, antigua pero impecablemente conservada.

Entonces su mirada cayó sobre la entrada, donde varias filas de autos de lujo estaban estacionadas sobre el pavimento perfectamente cuidado.

—¿Así viven los multimillonarios? —susurró con asombro.

Cuando llegó a la gran entrada, presionó el timbre y esperó. Pasaron varios minutos antes de que la puerta finalmente se abriera. Una criada estaba allí, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

—¿Qué haces aquí? —susurró con hostilidad.

Otra cálida bienvenida.

—Bueno, yo…

Antes de que Rose pudiera terminar, una voz masculina profunda resonó desde el interior:

—¿Quién es?

La puerta se abrió más, y un hombre de poco más de treinta años apareció.

Era alto y de hombros anchos, su cuerpo bien definido resaltado por una camiseta negra ajustada.

Sus rasgos eran innegablemente atractivos: una mandíbula marcada, pómulos bien definidos, labios finos con un tono natural, y una nariz perfectamente recta. Sus profundos ojos azules eran penetrantes, enmarcados por cabello castaño oscuro ondulado y una ligera barba incipiente en la mandíbula.

A Rose se le cortó la respiración.

—Lo siento, yo… yo—

El hombre la interrumpió antes de que pudiera formar una frase.

—Entra por la puerta trasera. Todavía no estamos casados oficialmente.

Y, sin decir otra palabra, le cerró la puerta en la cara.

Rose se quedó allí, atónita, con el cuerpo temblando.

—¿Ese… era Matteo Cavanaugh? —susurró con incredulidad.

Rose apenas llevaba una hora en la residencia de los Cavanaugh y ya quería salir corriendo. Las criadas que trabajaban allí la miraban con puro odio, como si Romilda hubiera cometido algún crimen imperdonable.

Y la actitud de Matteo era igual de cruel.

Rose no entendía por qué Romilda estaba tan decidida a casarse con Matteo cuando ni siquiera se conocían, especialmente cuando Romilda era despreciada en esa casa. Rose no tenía que adivinarlo; podía sentirlo por la forma en que todos la trataban.

Incluso cuando Romilda fue acompañada hasta uno de los dormitorios, las criadas susurraban a sus espaldas, lo suficientemente fuerte como para que pudiera oírlas:

—¡Lucifer ha vuelto!

¿Qué tan terrible había sido Romilda en esa casa?

La habitación había sido recientemente desocupada. No había objetos personales ni en el tocador ni en el armario, y Romilda no había dejado nada atrás. ¿Cómo se suponía que Rose iba a cambiarse de ropa si no había nada?

Inquieta, se sentó en el borde de la cama y leyó las notas de Romilda.

Había cuatro personas con el apellido Cavanaugh presentes; uno era Matteo. Los otros eran mujeres, pero Romilda no había indicado si eran su madre, su hermana o alguna otra pariente. Tampoco se mencionaban los nombres de las criadas.

¿Cómo se suponía que Rose iba a averiguarlo sin ninguna pista útil?

De repente, la puerta se abrió, y Rose dio un salto. Dos mujeres irrumpieron en la habitación; tenían el mismo cabello castaño que Matteo. Una parecía más joven que Rose, mientras que la otra parecía mayor.

—¿Qué? ¿Esperabas que tocáramos antes de entrar? —se burló la más joven.

—No… no es eso —Rose tembló—. Solo me sorprendió, y…

Antes de que Rose pudiera terminar, la mujer mayor se lanzó hacia ella y levantó la mano para abofetearla. Instintivamente, Rose atrapó su muñeca en el aire. Su agarre fue demasiado fuerte, por puro reflejo, y ambas se quedaron inmóviles.

—¡Perra! ¡Suéltame! —gritó la mujer.

Rose soltó inmediatamente su mano, sintiéndose culpable. Aunque hacía mucho tiempo que no practicaba artes marciales, las técnicas básicas seguían grabadas en su cuerpo.

—Lo siento —dijo con sinceridad.

La mujer resopló y se volvió hacia su hermana menor.

—¿Oíste eso, Nicole? ¡Se está disculpando! ¿Qué clase de actuación es esta? ¿Otro truco para engañarnos?

—¡Deberías saberlo mejor, Letty! ¡Romilda no es más que una víbora descarada! —escupió Nicole.

Por ese intercambio, Rose empezó a entender la situación. La mayor debía ser Letizia Cavanaugh, la hermana mayor. Eso significaba que Nicoletta Cavanaugh era la menor. Matteo era el hijo del medio.

—¿Qué pasa, Romilda? ¿Qué estás fingiendo ahora? Ya engañaste a nuestra familia, y ahora tenemos que cargar con las consecuencias de tus acciones. ¿No has hecho ya suficiente daño? —acusó Letty.

—Lo siento, pero no sé qué está pasando —Rose comenzó a entrar en pánico—. Perdónenme, y lo arreglaré todo.

Letty y Nicole intercambiaron miradas confundidas, sorprendidas por el repentino cambio en la actitud de Romilda. Nicole resopló y cruzó los brazos.

—¿Quieres arreglarlo, eh? Entonces vete de nuestra casa y no vuelvas nunca más —dijo Nicole con brusquedad—. ¡No queremos una cuñada como tú! No perteneces a nuestro mundo, Romilda. ¡Quédate en el tuyo!

La paciencia de Letty claramente se había agotado; agarró el brazo de Rose y la arrastró hacia la puerta. Nicole se unió, arrastrándola por el pasillo mientras comenzaba un alboroto.

Rose no tuvo más remedio que soportarlo debido al trato con Romilda. Si no cumplía su parte del acuerdo, la vida de su madre podría correr peligro.

Aunque la cirugía había sido un éxito, su madre aún necesitaba cuidados intensivos. Y el costo de ese tratamiento era tan caro como la propia operación.

Pero Letty y Nicole habían cruzado el límite.

Cuando Nicole le tiró del cabello desde atrás, Rose reaccionó por instinto. Giró, sujetó el brazo de Nicole y la inmovilizó. Nicole gritó de dolor.

—¡¡Arggghh!!

—¡BASTA!

Una voz profunda y autoritaria resonó por el pasillo.

Rose soltó inmediatamente a Nicole, solo para que alguien la sujetara con brusquedad del brazo. Se encontró cara a cara con Matteo.

—¿Estás loca? —la voz fría de Matteo hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Rose.

—¡Me estaba defendiendo! —respondió Rose—. No sé qué está pasando aquí, pero si van a seguir atacándome, tengo que defenderme.

—¿Atacándote? —se burló Matteo—. Romilda, ¡nos apuñalaste por la espalda! Ya lastimaste a esta familia, ¿y ahora quieres hacerte la víctima?

—¿Qué es exactamente lo que les he hecho a todos ustedes?

—Te daré una opción. Te pagaré lo que quieras para que puedas vivir tu vida en paz —Matteo señaló hacia la ventana—. Solo déjanos en paz. Deja de aprovecharte de nuestra familia.

Rose negó con la cabeza.

—No puedo. Tengo una promesa que cumplir.

Matteo exhaló con fuerza, cerrando los ojos por un instante antes de darse la vuelta. Sin decir otra palabra, condujo a sus hermanas escaleras abajo.

Rose corrió de regreso al dormitorio y cerró la puerta de un portazo. Apoyó la espalda contra ella y lentamente se dejó caer hasta el suelo.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas.

—Oh, Romilda… ¿por qué tuve que meterme en este desastre? ¿Qué has hecho?

Se cubrió el rostro con las manos y sollozó en silencio.

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Último capítulo

  • La Novia Gemela Sustituta   196

    La lógica de Rose le gritaba que aquello era una trampa. No solo Aaron, sino también Matteo y Alec le habían advertido que Romilda era peligrosa. Pero otra parte de ella comenzó a vacilar.Jerry siempre había sido conocido como un hombre peligroso. No era imposible que estuviera persiguiendo a Romilda para venderla a la mafia. O incluso para traficar con ella en el extranjero.Rose sabía perfectamente lo cruel que era su padre. Era capaz de cualquier cosa con tal de hacerles daño a sus hijas. Sería mejor que la policía atrapara a Romilda antes de que cayera en manos de Jerry.Rose miró su reloj. Eran casi las tres de la tarde. El restaurante estaba a menos de cinco minutos. Al menos podía llegar caminando.Necesito asegurarme de qué está pasando realmente con Romilda, pensó Rose, dividida entre la confusión y la ansiedad.Su sentido de responsabilidad como hermana, su debilidad fatal, terminó apoderándose de ella. Rápidamente tomó su bolso y se acercó a Letty y Nicole.—Voy a comprar

  • La Novia Gemela Sustituta   195

    La noticia apareció en la pantalla del teléfono:«El verdadero amor de Matteo Cavanaugh es Roseanne Baxter».Una foto compuesta de Rose y Matteo los mostraba sonriendo radiante, con su historia presentada como un dulce cuento de hadas romántico.Los ojos de Romilda quedaron clavados en la pantalla y su rostro comenzó a ponerse rojo lentamente.Su vida estaba perfectamente bien. No le faltaba nada. Rocco le daba todo lo que quería, además de seguridad de alto nivel. Pero todo aquel lujo le parecía basura a Romilda.—¡Perra!Romilda lanzó el teléfono al suelo con tanta fuerza que la pantalla se agrietó. De todos modos, no le importaba esa maldita cosa. Rocco simplemente le compraría uno nuevo.Su respiración se volvió pesada. Su pecho subía y bajaba mientras la ira ardía en lo más profundo de su ser. Ver a Matteo elegir a Rose la llenaba de rabia.Porque Rose siempre se quedaba con todo lo que Romilda quería… con todo aquello que alguna vez había deseado.—¿Crees que has ganado, Rose? ¿

  • La Novia Gemela Sustituta   194

    Justo cuando Matteo estaba a punto de marcharse a la oficina después del desayuno, Letty se levantó de repente de su silla.Su rostro palideció mientras miraba fijamente la pantalla de su teléfono.—¡Esto es una locura! Tienen que ver esto —dijo Letty con la voz temblorosa.Inmediatamente le entregó el teléfono a Nicole.La menor de la familia, que al principio solo había fruncido el ceño, palideció de inmediato igual que Letty.En la pantalla aparecía una fotografía de Rose corriendo detrás de Aaron después de la boda, junto a una fotografía antigua de Romilda.La fotografía de Matteo estaba colocada justo entre ambas.El titular aparecía en letras grandes y llamativas:«El escándalo de los Cavanaugh: ¿el multimillonario codicioso quiere a las dos hermanas?»El artículo afirmaba que Romilda siempre había tenido una hermana gemela.Ahora que Romilda había desaparecido, Rose había salido a la luz.Rose, quien supuestamente iba a casarse con Aaron, ahora había sido llevada por Matteo.E

  • La Novia Gemela Sustituta   193

    La imponente puerta de hierro forjado se abrió mientras Andy, el guardia de seguridad, la desbloqueaba. En cuanto Rose bajó del coche, Andy la miró con incredulidad. Se acercó a ella junto a Matteo.—Señor… señora…Andy parecía incómodo.—Bienvenida, s-señora Rose.Rose sonrió.—Gracias. Me alegra ver que estás bien, Andy.—Sí, señora.Matteo guio a Rose hacia la mansión.Las emociones se agitaron en su interior.Aquella casa alguna vez le había parecido una prisión, algo aterrador.Era el lugar donde la habían obligado a interpretar el papel de una esposa falsa y a encubrir las mentiras de Romilda.En aquella misma mansión había sido ignorada, insultada, ridiculizada y considerada sospechosa.Pero esta vez, había llegado como ella misma.Roseanne Baxter.Ya no era la sombra de Romilda.En la puerta principal, las empleadas domésticas ya estaban esperando, como si hubieran sido preparadas para recibirla.Rose incluso miró a Matteo, asegurándose de que no hubiera planeado alguna sorpres

  • La Novia Gemela Sustituta   192

    El silencio en aquella lujosa mansión se sentía asfixiante, mucho más doloroso que el caos de la calle de hacía un rato.Cientos de tallos de flores, que decoraban casi todas las habitaciones y pasillos, ahora parecían arreglos funerarios en lugar de adornos de boda.En su habitación, con las manos temblorosas, Rose intentaba desabrochar los botones de la parte trasera de su vestido de novia.El vestido que se suponía que debía simbolizar la felicidad ahora se sentía como una armadura que le aplastaba el pecho y le dificultaba respirar.Llamaron a la puerta y Rose se giró de inmediato.La puerta se abrió antes de que pudiera decir «adelante».Aunque, después de todo, ya no sentía que tuviera derecho alguno en aquella casa.Suzannah estaba de pie en el umbral, con una expresión tranquila.Rose fue quien se quedó sorprendida; no esperaba que Suzannah fuera a verla.La madre de Aaron todavía llevaba su elegante vestido.Aunque su expresión era serena, sus ojos mostraban que había estado

  • La Novia Gemela Sustituta   191

    El sonido de las bocinas de los taxis amarillos y el bullicio de los peatones se convirtieron en el telón de fondo de aquella desgarradora escena.Rose, con un vestido de novia valorado en decenas de miles de dólares —cuyo dobladillo ahora estaba sucio y arrastrándose por el asfalto—, corría sin aliento detrás de Aaron.—¡Aaron! ¡Detente! ¡Por favor! —gritó Rose, ignorando las miradas sorprendidas de las personas que observaban y grababan la escena.Aaron finalmente se detuvo cerca de un semáforo.No se dio la vuelta. Su espalda se veía rígida y frágil.Rose lo abrazó inmediatamente por detrás, desesperada.—No hagas esto. Podemos volver a entrar, Aaron. Todavía no es demasiado tarde para continuar con la boda —dijo Rose.Lentamente, Aaron soltó los brazos de Rose.Se dio la vuelta y la miró con tristeza.No había ira en sus ojos, solo culpa marcada en su rostro.La tristeza en su mirada atravesó a Rose como una cuchilla.—¿Para qué volveríamos allí, Rose? ¿Para pronunciar votos falso

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