INICIAR SESIÓN—Pagaré la cirugía de tu madre, pero debes aceptar mis condiciones, Rose —dijo Romilda con una sonrisa diabólica dibujándose en sus labios. —¡Mamá también es tu madre! —Los negocios son negocios, Rose. ¿Quieres mi ayuda o no? No te pongas sentimental conmigo, ¿de acuerdo? —¿Qué es exactamente lo que quieres, Romilda? —Entrégale tu virginidad a mi marido. —¿Qué… mi virginidad? … Desesperada por conseguir dinero para cubrir la cirugía de su madre, Rose Baxter se ve obligada a aceptar la escandalosa exigencia de su hermana gemela Romilda: ocupar su lugar como la novia durante la boda. Si Rose logra engañar a Matteo con éxito, Romilda pagará las facturas del hospital y además le dará dinero extra. Matteo Cavanaugh, un frío y distante multimillonario, nunca se interesó realmente por Romilda. Su matrimonio arreglado era simplemente una condición impuesta por el difunto padre de Matteo, bajo una única y estricta regla: Romilda debía ser virgen. Pero cuando Rose toma el lugar de su hermana, Matteo siente algo diferente. Esta vez, comienza a enamorarse de su “esposa”. La calidez, la amabilidad y el encanto de Rose lo cautivan como Romilda nunca pudo hacerlo. Ahora, Romilda quiere recuperar lo que cree que le pertenece y sacar a Rose del camino. Pero Rose ya se ha enamorado profundamente de Matteo. ¿Debería Rose decirle la verdad a Matteo y arriesgarlo todo, incluida su confianza? ¿O debería marcharse, sabiendo que Matteo nunca estuvo destinado a ser suyo?
Ver más—¿Es este el lugar? —murmuró la mujer.
Rose se detuvo frente a un hotel lujoso y revisó la dirección en el mensaje que había recibido en su teléfono. Era correcto: su hermana le había pedido que se encontraran allí.
Habían pasado siete años desde la última vez que Rose Baxter había tenido noticias de su hermana, y de pronto aquel mensaje había aparecido de la nada.
—¿Qué está haciendo en un lugar como este?
Rose entró al vestíbulo del hotel, pero fue detenida de inmediato —más bien interceptada— por el personal de seguridad. Dado su aspecto sencillo, cualquiera acostumbrado a atender a la alta sociedad bloquearía instintivamente la entrada de una simple desconocida.
—Espere, señorita. ¿Adónde va? —preguntó el guardia.
Rose le mostró la pantalla de su celular.
—Soy Rose. Fui invitada por Romilda Baxter, que se hospeda aquí. En una suite.
La actitud del personal del hotel cambió de inmediato.
—Ah, sí. Ella pidió específicamente que usted viniera.
Los ojos de Rose se abrieron con sorpresa.
—¿De verdad?
—Sí, señorita. Por favor, sígame.
Mientras seguía al empleado del hotel, pensó:
Siete años no parecían suficientes para ascender hasta la cima de la riqueza. ¿Cómo lo había logrado Romilda?
Rose y Romilda habían nacido en una familia común, casi pobre. Las dificultades económicas habían sido la raíz de las interminables discusiones de sus padres durante años. Su padre, un jugador y alcohólico, había acumulado deudas por todas partes.
Finalmente, sus padres se divorciaron siete años atrás. Rose se fue con su madre, mientras que Romilda se fue con su padre.
Rose había intentado ponerse en contacto con Romilda para volver a acercarse como hermanas. Pero el divorcio había hecho que Romilda tratara a Rose como a una extraña. Nunca respondió a sus mensajes.
Hasta la semana pasada, cuando Rose le dijo que su madre estaba gravemente enferma y que su último deseo era ver a Romilda.
Después de años ignorando sus mensajes, Romilda respondió ese mismo día. Aceptó encontrarse con Rose en un hotel de cinco estrellas.
Rose se puso tensa cuando el empleado del hotel se detuvo frente a una puerta alta y elegante.
¿Qué debía decir?
¿Abrazar a Romilda de inmediato?
¿O empezar con una conversación trivial?
Su mente giraba llena de incertidumbre.
—Esta es la habitación, señorita. Adelante, por favor.
El empleado tocó el timbre y se retiró enseguida.
Rose respiró hondo cuando la puerta se abrió. Y…
Casi gritó al ver a un hombre medio desnudo en la entrada. Los ojos de Rose se abrieron tanto como los de él.
—¡Mierda! ¡Cariñooo! —gritó el hombre.
—¿Qué pasa? —respondió una voz desde el interior.
—¡Se parece a ti!
Rose se quedó paralizada y rápidamente se cubrió los ojos, sin saber qué decir. ¿Había entrado en la habitación equivocada?
—Oye, pasa. Eres la hermana de Romilda, ¿verdad? —dijo el hombre con naturalidad.
Rose asintió con cautela y entró.
La suite del hotel era más grande que su pequeño apartamento. Tenía una amplia sala de estar con ventanales de piso a techo, una cocina moderna con electrodomésticos de alta gama, una isla central y taburetes altos.
El hombre le indicó que se sentara en el sofá color arena, suave y acogedor. Ella lo observó desaparecer en el dormitorio, dejando la puerta ligeramente entreabierta.
Rose dudó en sentarse, así que permaneció de pie con nerviosismo, esperando. Entonces una mujer salió del dormitorio, vestida con una bata de satén carmesí. Su cabello húmedo caía sobre sus hombros.
Se miraron como si estuvieran frente a un espejo. Rose se vio a sí misma en Romilda, y Romilda se vio a sí misma en Rose.
—Vaya… siete años —comentó Romilda con una suave risa—. No has cambiado nada, Rose.
—Bueno… sí —Rose tragó saliva—. Tú… te ves diferente.
—¿No es algo bueno? Nuestros rostros pueden ser iguales, pero me niego a terminar como tú.
Rose guardó silencio y respiró hondo. El comentario de Romilda la hirió profundamente.
No solo había cambiado su actitud, también sus palabras eran crueles.
¿De verdad no quedaba nada de cariño en el corazón de Romilda después de todo ese tiempo?
Habían sido inseparables desde que nacieron, compartiendo alegrías y tristezas.
¿Pero ahora?
Haber nacido del mismo vientre como gemelas idénticas aparentemente no era suficiente para mantener intacto su vínculo. Romilda le parecía una extraña a Rose.
—¿Cómo has estado? —preguntó Rose, cambiando de tema.
—Mejor —respondió Romilda encogiéndose de hombros—. Entonces, ¿qué quieres? ¿Hablar de tu madre?
—Es nuestra madre.
—Bueno, como ella te eligió a ti, desde ese día yo dejé de tener madre.
Rose quiso decirle que su madre no había tenido elección cuando su padre obligó a Romilda a irse con él. Su madre nunca quiso separarlas.
Pero el padre de Rose y Romilda, un manipulador experto, convenció al tribunal de dividir la custodia, asignando un hijo a cada padre.
Por desgracia, Romilda no parecía interesada en escuchar eso. La amargura en sus ojos le decía a Rose que Romilda todavía no había dejado atrás el pasado.
—¿Y papá? ¿Cómo está? —preguntó Rose intentando cambiar el tema.
Romilda soltó una risa oscura.
—No lo sé. Probablemente muerto.
—¿Qué pasó, Romilda?
—Basta, Rose. No quiero hablar del pasado —Romilda cruzó los brazos—. Solo dime qué necesitas.
—Mamá está enferma, Romilda. Ha estado entrando y saliendo del hospital estos últimos años —Rose aclaró la garganta—. Te extraña y quiere verte.
—¿Quieres decir que necesita mi dinero para pagar las facturas del hospital?
Rose apretó los puños. Había trabajado sin descanso para cuidar y mantener a su madre, sin pensar nunca en pedir ayuda. Las palabras de Romilda eran insultantes.
—¡Mamá solo quiere verte! ¡Si hubiéramos sabido que vivías así, nunca te habríamos pedido nada! —exclamó Rose.
Su teléfono vibró en el bolsillo y la hizo sobresaltarse. Lo sacó rápidamente y vio que era el hospital.
—¿Hola? —su voz estaba tensa por la preocupación.
—Señorita Rose, su madre ha tenido otro ataque. ¿Puede venir al hospital? Necesitamos su firma para una cirugía de bypass de emergencia.
El cuerpo de Rose se debilitó. Los médicos habían estado posponiendo la cirugía durante meses porque ella no podía pagarla. Ni ella ni su madre tenían seguro médico. ¿De dónde iba a sacar el dinero?
—De acuerdo, iré enseguida —dijo Rose.
—Gracias, señorita Rose. La estaremos esperando.
La llamada terminó. Rose exhaló con dificultad y volvió a mirar a Romilda con los ojos apagados.
—Tengo que irme. Mamá tuvo otro ataque y necesita cirugía —dijo Rose—. Me alegra saber que estás bien, Romilda. Mamá estará feliz de saber que estás prosperando.
Romilda no respondió de inmediato; simplemente observó a Rose con una expresión indescifrable.
—Adiós, Romilda —dijo Rose.
—Espera, Rose… —Romilda suspiró—. ¿Qué tipo de cirugía?
—Cirugía cardíaca.
—¿Y el costo?
¿Por qué preguntaba eso Romilda? No era como si Rose fuera a pedirle dinero.
—Estoy trabajando en ello —respondió con firmeza.
—Necesitas dinero rápido, Rose. Esta cirugía va a costar una fortuna —Romilda sonrió.
—Sí, lo sé. ¡Por eso haré lo que sea necesario por mamá!
Romilda soltó una pequeña risa.
—¿Qué tal si hacemos un trato? Yo pagaré… pero tienes que hacer algo por mí. Suena justo, ¿no?
—¿Qué tipo de trato?
*
Romilda nunca especificó qué tipo de trato tenía en mente. Simplemente le pidió a Rose la dirección del hospital.
Ahora Rose estaba sentada esperando con ansiedad a que Romilda llegara. La cirugía de bypass de su madre comenzaría en una hora, pero Romilda no aparecía por ninguna parte.
A medida que pasaba el tiempo, la desesperación de Rose crecía. Tal vez Romilda nunca había tenido intención de ayudar. Quizá solo estaba jugando con ella y con la vida de su madre. Si era así, Rose no podía entender cómo Romilda podía ser tan cruel.
Pero estaba equivocada.
Romilda apareció junto con el hombre que Rose había visto en la suite del hotel.
Con un pañuelo cubriéndole la cabeza y gafas de sol enormes, Romilda parecía una estrella de cine de los años sesenta o setenta. Evidentemente intentaba ocultar su identidad para que nadie la reconociera en el hospital.
En cuanto vio a Rose, Romilda se detuvo. Se inclinó hacia el hombre que la acompañaba y le susurró algo antes de despedirlo. Él se apartó para darles privacidad.
Rose se acercó.
—De verdad viniste. Gracias por venir a ver a mamá —dijo Rose.
—¿Ya empezó el procedimiento? —preguntó Romilda con frialdad, cruzando los brazos.
Era una pregunta retórica. ¿Cómo iba a empezar la cirugía si aún no se había pagado?
Rose suspiró y negó con la cabeza débilmente.
—Todavía no.
—Entonces, ¿qué has estado haciendo? ¿Sentarte aquí lamentándote? —se burló Romilda.
Rose bajó la cabeza, sintiéndose pequeña e impotente ante su hermana gemela.
—Entonces estás lista para aceptar mi oferta, ¿verdad? Así tu madre podrá salvarse —dijo Romilda con firmeza.
—¿Qué es exactamente lo que quieres de mí, Romilda? —preguntó Rose.
Una sonrisa cruel apareció en los labios de Romilda.
—Necesito tu virginidad, Rose.
La lógica de Rose le gritaba que aquello era una trampa. No solo Aaron, sino también Matteo y Alec le habían advertido que Romilda era peligrosa. Pero otra parte de ella comenzó a vacilar.Jerry siempre había sido conocido como un hombre peligroso. No era imposible que estuviera persiguiendo a Romilda para venderla a la mafia. O incluso para traficar con ella en el extranjero.Rose sabía perfectamente lo cruel que era su padre. Era capaz de cualquier cosa con tal de hacerles daño a sus hijas. Sería mejor que la policía atrapara a Romilda antes de que cayera en manos de Jerry.Rose miró su reloj. Eran casi las tres de la tarde. El restaurante estaba a menos de cinco minutos. Al menos podía llegar caminando.Necesito asegurarme de qué está pasando realmente con Romilda, pensó Rose, dividida entre la confusión y la ansiedad.Su sentido de responsabilidad como hermana, su debilidad fatal, terminó apoderándose de ella. Rápidamente tomó su bolso y se acercó a Letty y Nicole.—Voy a comprar
La noticia apareció en la pantalla del teléfono:«El verdadero amor de Matteo Cavanaugh es Roseanne Baxter».Una foto compuesta de Rose y Matteo los mostraba sonriendo radiante, con su historia presentada como un dulce cuento de hadas romántico.Los ojos de Romilda quedaron clavados en la pantalla y su rostro comenzó a ponerse rojo lentamente.Su vida estaba perfectamente bien. No le faltaba nada. Rocco le daba todo lo que quería, además de seguridad de alto nivel. Pero todo aquel lujo le parecía basura a Romilda.—¡Perra!Romilda lanzó el teléfono al suelo con tanta fuerza que la pantalla se agrietó. De todos modos, no le importaba esa maldita cosa. Rocco simplemente le compraría uno nuevo.Su respiración se volvió pesada. Su pecho subía y bajaba mientras la ira ardía en lo más profundo de su ser. Ver a Matteo elegir a Rose la llenaba de rabia.Porque Rose siempre se quedaba con todo lo que Romilda quería… con todo aquello que alguna vez había deseado.—¿Crees que has ganado, Rose? ¿
Justo cuando Matteo estaba a punto de marcharse a la oficina después del desayuno, Letty se levantó de repente de su silla.Su rostro palideció mientras miraba fijamente la pantalla de su teléfono.—¡Esto es una locura! Tienen que ver esto —dijo Letty con la voz temblorosa.Inmediatamente le entregó el teléfono a Nicole.La menor de la familia, que al principio solo había fruncido el ceño, palideció de inmediato igual que Letty.En la pantalla aparecía una fotografía de Rose corriendo detrás de Aaron después de la boda, junto a una fotografía antigua de Romilda.La fotografía de Matteo estaba colocada justo entre ambas.El titular aparecía en letras grandes y llamativas:«El escándalo de los Cavanaugh: ¿el multimillonario codicioso quiere a las dos hermanas?»El artículo afirmaba que Romilda siempre había tenido una hermana gemela.Ahora que Romilda había desaparecido, Rose había salido a la luz.Rose, quien supuestamente iba a casarse con Aaron, ahora había sido llevada por Matteo.E
La imponente puerta de hierro forjado se abrió mientras Andy, el guardia de seguridad, la desbloqueaba. En cuanto Rose bajó del coche, Andy la miró con incredulidad. Se acercó a ella junto a Matteo.—Señor… señora…Andy parecía incómodo.—Bienvenida, s-señora Rose.Rose sonrió.—Gracias. Me alegra ver que estás bien, Andy.—Sí, señora.Matteo guio a Rose hacia la mansión.Las emociones se agitaron en su interior.Aquella casa alguna vez le había parecido una prisión, algo aterrador.Era el lugar donde la habían obligado a interpretar el papel de una esposa falsa y a encubrir las mentiras de Romilda.En aquella misma mansión había sido ignorada, insultada, ridiculizada y considerada sospechosa.Pero esta vez, había llegado como ella misma.Roseanne Baxter.Ya no era la sombra de Romilda.En la puerta principal, las empleadas domésticas ya estaban esperando, como si hubieran sido preparadas para recibirla.Rose incluso miró a Matteo, asegurándose de que no hubiera planeado alguna sorpres












Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.