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El sonido de una taza de porcelana estrellándose contra el suelo de mármol siempre era mi despertador.
No necesitaba un reloj.
Bastaba con sentir las vibraciones que recorrían el suelo de mi pequeña habitación de sirvienta, ubicada justo debajo de la cocina principal, seguidas por el estridente grito de mi madrastra.
—¡Iris! ¿¡Estás sorda!? ¡¿Qué hora crees que es?!
Me incorporé de golpe.
Mis ojos se dirigieron al barato reloj de pared que hacía tic-tac en una esquina de mi diminuta habitación.
Las cuatro y media de la madrugada.
Sentía el cuerpo destrozado. Era el resultado de haber pasado tres horas fregando el patio trasero bajo la lluvia la noche anterior.
Como híbrida, mitad humana y mitad hombre lobo, no poseía la capacidad de curación instantánea de los lobos de sangre pura.
El moretón de mi hombro, provocado por la patada que Victoria me había dado el día anterior, todavía tenía un intenso tono violáceo y palpitaba de dolor cada vez que respiraba.
Me apresuré a tomar un viejo suéter con capucha holgada, ocultando deliberadamente mi cuello.
En esta casa, mostrar cualquier signo de debilidad era prácticamente invitar a que te azotaran.
Cuando llegué a la cocina, Victoria ya estaba sentada a la mesa del comedor con su magnífico uniforme de la Academia Silverwood.
El uniforme azul marino estaba adornado con bordados dorados en el cuello y llevaba el símbolo de la casta Gamma.
Mientras tanto, sobre la encimera había un vestido de algodón gris y deslucido.
Era el uniforme destinado a los estudiantes híbridos y al personal de servicio de la academia.
—Llegas tarde —siseó Victoria sin apartar la mirada de su pequeño espejo.
Se estaba aplicando una fina capa de labial, combinándola con un maquillaje de ojos al estilo Douyin que la hacía parecer una delicada muñeca de porcelana.
Sin embargo, detrás de aquel hermoso rostro se escondían las garras de una mujer lobo capaz de desgarrarme la espalda en cualquier momento.
—Lo siento —susurré, manteniendo la cabeza inclinada.
En aquella casa de la familia Gamma, yo no era más que una hija ilegítima.
La hija de una pobre mujer humana que había muerto al darme a luz.
—Hoy no causes problemas ni me avergüences. Solo eres mi sirvienta. ¡No lo olvides, Iris! —dijo con énfasis.
Victoria tomó la taza de té que todavía humeaba sobre la mesa.
Pude ver la sonrisa maliciosa que apareció en la comisura de sus labios justo antes de que su mano golpeara deliberadamente el jarrón de flores, fingiendo que había sido un accidente.
¡Crash!
El té Earl Grey caliente se derramó por completo sobre la pila de papeles que estaba en un extremo de la encimera.
Sentí que el corazón dejaba de latirme.
Era mi ensayo.
El trabajo en el que había invertido tres noches enteras escribiendo a mano, hasta que mis dedos quedaron entumecidos.
—Oh, Dios mío. Se me resbaló la mano —dijo Victoria, sin que su voz mostrara el menor arrepentimiento.
Miró las hojas de mi trabajo, ahora completamente empapadas, mientras la tinta se corría formando horribles manchas negras.
—Después de todo, una híbrida defectuosa como tú no necesita buenas calificaciones. Este trabajo solo es una pérdida de tiempo para los profesores.
Con la punta de su zapato, Victoria empujó las hojas mojadas hasta tirarlas al cubo de basura que había en una esquina de la cocina.
Apreté los puños dentro de los bolsillos de mi suéter.
Algo ardiente comenzó a agitarse en mi pecho.
Por un instante, quise abalanzarme sobre ella y arañar aquel hermoso rostro.
Sin embargo, de repente, el intenso aroma de feromonas Gamma llenó la habitación y ejerció una presión sofocante sobre el aire.
Mi padre entró.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con frialdad.
—Nada, papá. Iris volvió a ser torpe y derramó el té —mintió Victoria con una expresión de absoluta inocencia.
Mi padre simplemente resopló y me miró con desprecio.
—Límpialo. Después, sal rápidamente por la puerta trasera. El coche de Victoria llegará pronto y no quiero que el vehículo de los sirvientes se interponga en su camino.
Sin decir una palabra, recogí mi trabajo y me marché.
—Tsk. Qué niña tan maleducada... —Todavía podía escuchar las palabras de mi padre detrás de mí.
***
La Academia Silverwood se alzaba majestuosa sobre una colina rodeada de densos bosques de pinos.
El edificio de estilo gótico parecía un enorme palacio.
Pero en su interior se libraba una cruel batalla entre castas.
Y yo tenía que soportar insultos y miradas de desprecio todos los días.
A lo largo del corredor, las miradas despectivas se clavaban inmediatamente en mí.
Mi lado humano hacía que no tuviera un scent, un aroma de lobo fuerte, por lo que todos me consideraban defectuosa o débil.
Mientras tanto, Victoria era inmediatamente rodeada por varias estudiantes rubias pertenecientes a otras familias nobles.
Era bastante popular entre los demás nobles, especialmente entre las chicas.
Aceleré el paso y bajé aún más la capucha de mi viejo suéter para evitar los murmullos que comenzaban a extenderse por el corredor de mármol.
En mi cruel mundo, ser una estudiante de Administración de la clase híbrida parecía colocarme una etiqueta permanente de sirvienta.
Mientras tanto, al otro extremo del corredor, Victoria reía con elegancia, rodeada de estudiantes nobles que la admiraban como si fuera una princesa.
Cuando entré en el aula de Administración, el ambiente quedó repentinamente en silencio antes de que unas risitas estallaran en la última fila.
—Miren eso. La híbrida defectuosa ni siquiera tiene un uniforme de repuesto —se burló una estudiante de ojos felinos, empujando deliberadamente a su amiga cuando pasé junto a sus mesas.
Decidí ignorarla.
Mi principal preocupación en aquel momento era el profesor Ibrahim, un docente conocido por ser extremadamente estricto y por no tolerar la más mínima negligencia.
Cuando pronunciaron mi nombre frente a toda la clase, mi corazón comenzó a latir con tanta fuerza que sentí que iba a salirse de mi pecho.
Avancé con pasos pesados y extendí las pocas hojas que quedaban de mi trabajo, completamente arruinadas, mojadas y cubiertas de manchas negras provocadas por la tinta corrida.
—Aquí está mi trabajo, profesor. Lo siento mucho, pero mi tarea...
—¡¿Qué se supone que es esto, Iris?! —me interrumpió el profesor Ibrahim, apartando de un manotazo las hojas mojadas hasta hacerlas pedazos y dejarlas esparcidas por el suelo—. ¡Este trabajo representa la mitad de tu calificación del semestre! Debido a tu negligencia, hoy no podrás asistir a mi clase. Y como castigo, limpiarás toda el área del gimnasio.
Los murmullos de satisfacción procedentes de los últimos asientos se hicieron evidentes.
Desde la puerta del aula pude ver a una de las secuaces de Victoria sonriendo con satisfacción.
Ellas habían planeado todo aquello.
—Profesor, puedo rehacerlo. Por favor, deme un poco más de tiempo —le rogué.
Aquel trabajo tenía una enorme influencia en mi calificación final del semestre.
—¡No hay tiempo extra para la indisciplina, Iris! —respondió el profesor Ibrahim con frialdad, aplastando por completo mi última esperanza.
Se dio la vuelta, ignorando las hojas destrozadas que estaban en el suelo y que ahora eran pisoteadas por sus propios zapatos.
—Sal de mi clase ahora mismo o pondré un cero en todas tus calificaciones restantes del semestre.
Las risas contenidas volvieron a estallar desde la última fila.
Podía sentir las miradas triunfantes de las seguidoras de Victoria cerca de la puerta.
Mi pecho estaba oprimido por una rabia que apenas podía contener.
Pero sabía que discutir con un hombre lobo de sangre pura y dominante como el profesor Ibrahim solo terminaría con un castigo todavía peor para mi cuerpo híbrido.
Me arrodillé para recoger los restos de mi trabajo y luego salí del aula, acompañada por las expresiones de satisfacción de todos aquellos que me odiaban.
Tenía que soportarlo.
Al menos hasta terminar mis estudios.
El gimnasio de la Academia Silverwood estaba situado algo apartado, detrás de una hilera de antiguos pinos.
El edificio era enorme, frío y constituía el territorio absoluto del equipo de hockey sobre hielo de la academia.
Era un lugar habitado por Alphas y descendientes de familias nobles de sangre pura, poseedores de una fuerza física extraordinaria.
Había una regla no escrita que todos los estudiantes conocían.
Nunca entrar en los vestuarios del equipo de hockey si no querías enfrentarte a su furia.
Suspiré profundamente mientras empujaba un carrito lleno de productos de limpieza.
El trabajo era pesado, especialmente porque el moretón de mi hombro, causado por Victoria el día anterior, todavía no había desaparecido por completo.
Tenía que terminar aquello rápido y almorzar.
Comencé a barrer el corredor exterior, limpiando el polvo acumulado sobre los casilleros, hasta que mis pasos finalmente me llevaron frente a una enorme puerta de madera de roble que tenía un letrero:
«SOLO PARA EL EQUIPO».
La puerta no estaba completamente cerrada.
Pensando que el lugar estaba vacío porque el entrenamiento de la mañana ya había terminado, la empujé suavemente para comenzar a limpiar el interior.
Un intenso aroma masculino invadió inmediatamente mis sentidos.
Era una mezcla del olor del cedro, el frío del hielo y unas feromonas dominantes tan poderosas que hicieron que se me erizara la piel.
El aire del interior estaba cálido y cubierto de vapor.
Me acerqué a la zona de los casilleros con la intención de limpiar el agua que se había acumulado en el suelo.
Shhhh...
El sonido de la ducha procedente del otro lado de una cabina de cristal se detuvo de repente.
Una nube de vapor blanco se elevó en el aire.
Y, un segundo después, un hombre de cuerpo atlético salió de la ducha sin una sola prenda cubriendo su cuerpo.
Solo sostenía una pequeña toalla que utilizaba para secarse el cabello negro y mojado.
Sentí que el corazón dejaba de latirme.
Era Kael.
El príncipe heredero del Alpha y el temido capitán del equipo de hockey.
Las gotas de agua brillaban sobre los músculos de su amplio pecho y sobre sus firmes abdominales.
La línea de su mandíbula parecía aún más marcada entre la niebla de vapor.
Se movió con absoluta tranquilidad hasta que sus ojos dorados se dirigieron hacia mí.
Y se clavaron directamente en los míos.
Durante unos segundos, el tiempo pareció detenerse.
Me quedé completamente inmóvil, con los ojos muy abiertos, mirando al hombre desnudo que tenía delante.
Al hombre más poderoso de toda la academia.
Ni siquiera podía parpadear.
Cuando finalmente recuperé la conciencia de lo que estaba viendo, sentí que toda la sangre de mi cuerpo subía de golpe hasta mi rostro.
Mis mejillas ardieron y se pusieron completamente rojas por la conmoción y la vergüenza.
Sin pensarlo dos veces, dejé caer el paño que sostenía, me di la vuelta a toda velocidad y salí corriendo del vestuario.
La enorme puerta de roble resonó con fuerza detrás de mí.
***
Esa mañana, la luz del sol se filtró suavemente a través de la ventana de la habitación de Iris, despertándola de un sueño mucho más profundo que el de las noches anteriores. Parpadeó varias veces, confundida por un instante al ver el techo desconocido sobre ella, antes de que los recuerdos de la noche anterior regresaran lentamente a su mente: su conversación con Kael y aquellas palabras tan profundas y sinceras.Iris se incorporó de golpe en la cama, con el corazón latiéndole a toda prisa lleno de angustia. Recordó que, la noche anterior, Kael se había marchado para rescatar a la familia de Damon.Bajó presurosa de la cama y se puso una bata ligera antes de apresurarse hacia la puerta. Sin embargo, justo cuando su mano rozaba el picaporte, la puerta se abrió desde fuera y Myra apareció en el umbral con una bandeja de desayuno.—Señorita, ya se ha despertado —Myra sonrió con amabilidad—. Justo me disponía a llamar a la puerta.—Myra —la interrumpió Iris con rapidez—, ¿sabes algo sobr
Iris asintió levemente y una pequeña sonrisa volvió a dibujarse en su rostro. Sin embargo, antes de que el cómodo silencio se prolongara más, su estómago rugió ruidosamente, rompiendo la atmósfera romántica que acababa de crearse.El rostro de Iris se puso rojo como un tomate, mucho más rojo que antes. Se cubrió rápidamente el estómago con ambas manos, como si con eso pudiera ahogar aquel sonido tan vergonzoso.Kael soltó una carcajada, incapaz de contenerse al ver la reacción tan presa del pánico de Iris. —Vaya, parece que nuestra protagonista necesita cenar antes de que continuemos con este drama.—Cállate —gruñó Iris, poniéndose aún más roja y escondiendo el rostro tras sus manos—. Esto es verdaderamente vergonzoso.—¿Por qué te avergüenzas? Es algo humano —Kael seguía riendo entre dientes, con los ojos brillándole de diversión—. Además, yo tampoco he comido nada desde esta tarde. He estado demasiado ocupado con Damon y todo ese asunto.Iris levantó la vista, frunciendo el ceño con
Kael se giró hacia el escritorio, tomó una hoja de papel en blanco y una pluma. —De acuerdo, muéstrame dónde está ese sótano del que hablas.Iris se acercó a la mesa, se sentó en la silla que Theo le ofreció y comenzó a dibujar con una mano que temblaba ligeramente por tener que recordar cada rincón de esa casa llena de traumas para ella.—El sótano está aquí —dijo Iris, señalando el esquema rústico que empezaba a tomar forma—. Está oculto detrás de unos estantes de vino viejos que rara vez se tocaban. La entrada está en el suelo, cubierta por una alfombra gruesa. La descubrí por accidente cuando era niña, antes de que me prohibieran terminantemente acercarme a esa zona.Dimitri se inclinó hacia adelante, estudiando el mapa con atención. —¿Hay guardias por esa zona?—Por lo general hay uno o dos guardias en la entrada del sótano principal —respondió Iris, haciendo memoria con cuidado—. Pero la bodega en sí casi nunca está vigilada porque la consideran insignificante. Por eso estoy seg
Esa mañana, el sol apenas despuntaba cuando Theo regresó al castillo, con el rostro fatigado y los ojos enrojecidos tras haber pasado la noche en blanco. Se dirigió de inmediato al despacho de Kael.—Su Alteza —dijo Theo tras llamar a la puerta entreabierta, con la voz ronca por el cansancio.Kael, que desde el amanecer estudiaba mapas y notas de la investigación en su escritorio, levantó la mirada rápidamente. —Theo. ¿Qué averiguaron?Theo entró, cerró la puerta tras de sí y se dejó caer en la silla frente a Kael, exhausto después de examinar meticulosamente la residencia de Damon y sus alrededores.—La carta no está allí, Su Alteza —informó Theo—. Registramos cada rincón durante toda la noche, no solo el dormitorio. Inspeccionamos la cocina, el almacén e incluso los establos. No hay rastro de ella.Kael apretó los puños sobre la mesa, con la mandíbula tensa. —¿Ninguna pista en absoluto?—Ninguna, salvo el testimonio de Damon —admitió Theo con pesar.—¿Y la familia de Damon? ¿Ha logr
Kael avanzaba por el pasillo del castillo, ahora más silencioso. Aunque caminaba con rapidez, su mente seguía fija en lo que Damon le había revelado: la familia retenida como rehén, la hija enferma y la gravedad de las amenazas. Antes de llegar a la habitación de Iris, procuró recomponer el rostro para evitar transmitirle su inquietud.Al llamar a la puerta, Iris le abrió con una sonrisa que alivió parte de su tensión. Notando su semblante cansado, ella le preguntó de inmediato sobre Damon y si este había hablado. Kael entró y se acomodó cerca de la ventana. Le dio la buena noticia: Cassandra era inocente y solo había sido utilizada como chivo expiatorio.Iris suspiró aliviada; aunque Cassandra no le agradaba, tampoco la creía capaz de llegar a tal extremo. Kael le explicó que, si bien la joven había sido liberada de los cargos, la investigación continuaba para dar con el verdadero culpable. No obstante, Iris percibió que él guardaba silencio sobre algo importante y lo cuestionó direc
Damon tragó saliva. Sus ojos se desviaron hacia la puerta, como si buscara un resquicio para escapar, aunque sabía que era imposible. Las manos, atadas a la espalda, ya estaban enrojecidas por la fricción de la cuerda.—Ya les he dicho todo —dijo Damon con voz ronca—. Cassandra me lo ordenó. Ella me pagó. Ella fue quien...—No repitas esa mentira —lo interrumpió Dimitri con calma. Apoyó la espalda en la silla, adoptando una postura como si estuviera conversando tranquilamente con un viejo amigo—. Ya hemos revisado los registros de entrada y salida de la academia. Cassandra nunca salió de las instalaciones sin escolta. Tampoco tenía acceso a ese acantilado. Y lo que es más importante, la expresión de su rostro durante el interrogatorio de esta mañana definitivamente no era la de una culpable.Damon guardó silencio. El sudor le resbalaba cada vez más rápido por las sienes.Dimitri se inclinó ligeramente hacia adelante. Su voz se volvió aún más baja, casi como un susurro.—¿Sabes qué es







