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Capítulo 65: Enredos y Deseos

Author: Reynan
last update publish date: 2026-10-18 20:01:58

Iris permanecía inmóvil sobre el cuerpo de Kael, con la respiración entrecortada. Su rostro enrojecido se hallaba apenas a unos centímetros del de él.

Podía contemplar con claridad cada detalle de sus facciones: sus pestañas largas, la marcada línea de su mandíbula y la comisura de sus labios curveda en una sonrisa traviesa.

—Su Alteza —susurró Iris, con una voz casi inaudible—. Déjame ir.

Kael no se movió.

En su lugar, sus manos subieron hasta sujetar la cintura de Iris, impidiéndole que se le
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    Iris permanecía inmóvil sobre el cuerpo de Kael, con la respiración entrecortada. Su rostro enrojecido se hallaba apenas a unos centímetros del de él.Podía contemplar con claridad cada detalle de sus facciones: sus pestañas largas, la marcada línea de su mandíbula y la comisura de sus labios curveda en una sonrisa traviesa.—Su Alteza —susurró Iris, con una voz casi inaudible—. Déjame ir.Kael no se movió.En su lugar, sus manos subieron hasta sujetar la cintura de Iris, impidiéndole que se levantara. Su pulgar acarició suavemente el costado de su cintura cubierto por el vestido, un gesto que se sentía demasiado íntimo en medio de la atmósfera cada vez más caldeada.—¿Por qué tanta prisa? —preguntó él en voz baja; su tono grave resonó en el pecho de Iris—. Fuiste tú quien nos hizo caer a los dos, ¿recuerdas?—Yo no quería... —intentó protestar Iris, pero sus palabras se cortaron cuando Kael elevó ligeramente la cabeza, haciendo que sus narices casi se rozaran.—Lo sé —dijo Kael. Su m

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    Continuaron caminando en silencio, aunque el aire entre ellas se sentía más pesado que nunca. De vez en cuando, Myra miraba de reojo a Iris, observando cómo la joven intentaba mantener la espalda recta y la barbilla en alto, a pesar de que era evidente que cada palabra escuchada aún escocía en lo más profundo de su ser.Al llegar frente a la habitación de Kael, Myra se detuvo un momento y contempló a Iris con una mirada mucho más suave.—Señorita —dijo en voz baja—, no tiene que cargar con todo esto sola. Si desea hablar de esto con Su Alteza...—No es necesario —la interrumpió Iris con rapidez, esbozando una sonrisa que no llegó del todo a sus ojos—. Su Alteza ya tiene bastantes cargas y duties. No quiero añadirle más problemas solo por los chismes de unas sirvientas.Myra la miró detenidamente, claramente en desacuerdo, pero terminó asintiendo para respetar la decisión de Iris.—Está bien, señorita. Pero si necesita algo, siempre estaré aquí.—Gracias, Myra —respondió Iris, esta vez

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    Esa mañana, la luz del sol se filtró suavemente a través de la ventana de la habitación de Iris, despertándola de un sueño mucho más profundo que el de las noches anteriores. Parpadeó varias veces, confundida por un instante al ver el techo desconocido sobre ella, antes de que los recuerdos de la noche anterior regresaran lentamente a su mente: su conversación con Kael y aquellas palabras tan profundas y sinceras.Iris se incorporó de golpe en la cama, con el corazón latiéndole a toda prisa lleno de angustia. Recordó que, la noche anterior, Kael se había marchado para rescatar a la familia de Damon.Bajó presurosa de la cama y se puso una bata ligera antes de apresurarse hacia la puerta. Sin embargo, justo cuando su mano rozaba el picaporte, la puerta se abrió desde fuera y Myra apareció en el umbral con una bandeja de desayuno.—Señorita, ya se ha despertado —Myra sonrió con amabilidad—. Justo me disponía a llamar a la puerta.—Myra —la interrumpió Iris con rapidez—, ¿sabes algo sobr

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    Iris asintió levemente y una pequeña sonrisa volvió a dibujarse en su rostro. Sin embargo, antes de que el cómodo silencio se prolongara más, su estómago rugió ruidosamente, rompiendo la atmósfera romántica que acababa de crearse.El rostro de Iris se puso rojo como un tomate, mucho más rojo que antes. Se cubrió rápidamente el estómago con ambas manos, como si con eso pudiera ahogar aquel sonido tan vergonzoso.Kael soltó una carcajada, incapaz de contenerse al ver la reacción tan presa del pánico de Iris. —Vaya, parece que nuestra protagonista necesita cenar antes de que continuemos con este drama.—Cállate —gruñó Iris, poniéndose aún más roja y escondiendo el rostro tras sus manos—. Esto es verdaderamente vergonzoso.—¿Por qué te avergüenzas? Es algo humano —Kael seguía riendo entre dientes, con los ojos brillándole de diversión—. Además, yo tampoco he comido nada desde esta tarde. He estado demasiado ocupado con Damon y todo ese asunto.Iris levantó la vista, frunciendo el ceño con

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    Kael se giró hacia el escritorio, tomó una hoja de papel en blanco y una pluma. —De acuerdo, muéstrame dónde está ese sótano del que hablas.Iris se acercó a la mesa, se sentó en la silla que Theo le ofreció y comenzó a dibujar con una mano que temblaba ligeramente por tener que recordar cada rincón de esa casa llena de traumas para ella.—El sótano está aquí —dijo Iris, señalando el esquema rústico que empezaba a tomar forma—. Está oculto detrás de unos estantes de vino viejos que rara vez se tocaban. La entrada está en el suelo, cubierta por una alfombra gruesa. La descubrí por accidente cuando era niña, antes de que me prohibieran terminantemente acercarme a esa zona.Dimitri se inclinó hacia adelante, estudiando el mapa con atención. —¿Hay guardias por esa zona?—Por lo general hay uno o dos guardias en la entrada del sótano principal —respondió Iris, haciendo memoria con cuidado—. Pero la bodega en sí casi nunca está vigilada porque la consideran insignificante. Por eso estoy seg

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    Esa mañana, el sol apenas despuntaba cuando Theo regresó al castillo, con el rostro fatigado y los ojos enrojecidos tras haber pasado la noche en blanco. Se dirigió de inmediato al despacho de Kael.—Su Alteza —dijo Theo tras llamar a la puerta entreabierta, con la voz ronca por el cansancio.Kael, que desde el amanecer estudiaba mapas y notas de la investigación en su escritorio, levantó la mirada rápidamente. —Theo. ¿Qué averiguaron?Theo entró, cerró la puerta tras de sí y se dejó caer en la silla frente a Kael, exhausto después de examinar meticulosamente la residencia de Damon y sus alrededores.—La carta no está allí, Su Alteza —informó Theo—. Registramos cada rincón durante toda la noche, no solo el dormitorio. Inspeccionamos la cocina, el almacén e incluso los establos. No hay rastro de ella.Kael apretó los puños sobre la mesa, con la mandíbula tensa. —¿Ninguna pista en absoluto?—Ninguna, salvo el testimonio de Damon —admitió Theo con pesar.—¿Y la familia de Damon? ¿Ha logr

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