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Libro 2. Capítulo 35. Juego de destreza mágica.

Penulis: N.Mordon
last update Tanggal publikasi: 2026-07-27 12:07:12

Maddison Spencer – Bennett.

La conversación con el enmascarado seguía resonando en mi mente, como un eco persistente que no me dejaba en paz.

Las palabras aún retumbaban en mis oídos, llenas de advertencias y secretos que me hicieron cuestionar todo lo que creía saber sobre mí misma y mi papel en esta enrevesada trama.

Pero ahora, estaba centrada en la realidad del torneo, y en lo que significaba para mí, para los contendientes y para el reino.

Mientras caminaba por el jardín del palacio, un lu
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    James Spencer – Reed. Santino se quedó en silencio durante un largo rato. —Eso es —dijo al fin—. Ese es el nudo. —¿Los Ecos? —preguntó Maddie. —Los Ecos. —Santino asintió despacio—. Esa noche el vínculo ni siquiera había despertado. Eran demasiado jóvenes. Solo existía el hilo, dormido, esperando a que crecieran. Pero pasaron junto a ella justo cuando los Ecos llenaban el pasillo. Los Ecos buscaban amor para torcerlo. Encontraron un hilo dormido que todavía no era amor y lo cubrieron igual, como ceniza sobre una brasa. Por eso se pelearon entre ustedes. Por eso nunca pensaron en ella. Y cuando cumplieron dieciocho, el vínculo tenía que despertar y no pudo. Quedó enterrado. —Nadie se dio cuenta —murmuró Maddie—. Ni siquiera yo. Teníamos una guerra encima. —¿Y ahora? —pregunté. —Ahora el Caos está sellado, Samara está en su torre y los Ecos ya no tienen quién los alimente. La ceniza se está cayendo sola. —Santino sonrió—. Por eso no duermes desde hace semanas, James. Por eso a Geo

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    Maddison Spencer – Bennett.No dormí mucho. Cuando abrí los ojos, la habitación seguía a oscuras y las velas se habían consumido hasta la mitad. No había pasado ni una hora. Me quedé quieta, mirando el techo, intentando entender qué me había despertado.Entonces lo sentí.La rosa latía en mi antebrazo. No con la calma de la coronación ni con la tranquilidad que me había acompañado al dormirme. Latía rápido, inquieta, como un corazón que ha corrido demasiado. Y no era solo la rosa. Eran los cinco vínculos. Los sentía tirando de mí desde distintos puntos del palacio, uno por uno, como si ninguno de ellos hubiera logrado dormir tampoco.Alonso, en el ala este, dando vueltas en su despacho. Santino, en el jardín, con la piedra de luna en la mano, mirando el cielo. Sokaris, todavía en el balcón donde lo había dejado, inmóvil como una estatua. Elijah, en la biblioteca, con un libro abierto que no estaba leyendo. Y Vladimir, en el pasillo de la enfermería, sentado en el suelo, con la corona

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    Maddison Spencer – Bennett.La primera vez que me pusieron una corona fue en un patio de armas, con sangre en las botas y un ejército del Caos golpeando las puertas. Fue una corona de guerra, sencilla, de metal oscuro, y la recibí con las manos temblando y el corazón en la garganta.Esta vez fue distinto.La gran sala del palacio unificado había sido construida hacía casi diecisiete años, cuando los reinos del norte y del sur dejaron de ser dos y se convirtieron en uno. Mamá me había contado muchas veces cómo era aquel día: el miedo, la esperanza y la sensación de estar sosteniendo algo demasiado grande con las manos todavía heridas. Yo tenía cinco años y apenas lo recordaba.Ahora estaba de pie en la misma sala, bajo las mismas vigas talladas, frente a las mismas puertas abiertas al jardín. Y esta vez lo iba a recordar todo.La sala estaba llena hasta las paredes. Los alfas de cada manada, con sus colores y sus emblemas. Los ancianos del consejo, en las primeras filas. Los Escudos de

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