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Libro 2. Capítulo 72. Consecuencias.

مؤلف: N.Mordon
last update تاريخ النشر: 2026-10-05 06:03:30

Maddison Spencer – Bennett.

La mañana llegó más temprano de lo que me hubiera gustado y con ella, el reconocimiento de lo que sucedió la noche anterior: Con Vladimir nos habíamos marcado.

Abrí los ojos de golpe y el techo de la habitación que no era mía me saludó. Las sábanas negras olían a él. A oscuridad antigua, a sangre y a sexo. La marca en mi cuello latía con un calor constante, como un segundo corazón.

Y en mi antebrazo, junto a la rosa de los vientos que apuntaba al norte por Alonso, ah
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  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 83. Ruinas del Norte.

    Sokaris.La muerte no tenía prisa y yo tampoco. Salimos por la puerta norte cuando el otro auto todavía no había doblado hacia el este. No había amanecido del todo, aunque la noche ya empezaba a perder profundidad. Vi a Vladimir subir sin mirar atrás.No necesitaba hacerlo. Su cuerpo entero estaba hecho de una negativa. La espalda rígida, las manos cerradas, la cabeza ligeramente inclinada como si llevara dentro una voz que no quería escuchar. Lafallete subió después al otro auto. Antes de entrar, miró una vez por el cristal. No fue una mirada larga, pero sí demasiado tranquila.Maddison se dio la vuelta antes de devolverle la mirada. Alonso quedó en la escalera con la mandíbula tensa. Santino, que estaba en el otro auto, lo observó por encima del hombro. Yo no necesitaba estudiar su rostro para saber lo que pensaba. Alonso parecía un hombre dispuesto a arrancarle el corazón a alguien, pero no sabía todavía a quién.Eso, más que la furia de ella me dijo que la noche anterior no había

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 82. En las Catacumbas.

    Sebastián Lafallete.El amanecer no pidió permiso… nunca lo hacía, en verdad. Llegaba, aunque hubiera secretos que todavía necesitaran la oscuridad, aunque una conversación se hubiera quedado a medias o alguien hubiera pasado la noche fingiendo que no le temblaban las manos.Salimos por la puerta este en dos columnas que no querían parecer una sola. Vladimir iba delante de los suyos, el cuello alto, la marca cubierta, el silencio de quien ha decidido no hablar hasta que la tierra lo obligue. Yo iba a la izquierda, con Lira y los diez, la bolsa de sangre todavía sin abrir en el fondo del equipaje y la risa de anoche todavía pegada al paladar como una culpa.Maddison estaba en la escalinata.No bajó y no hizo falta. La furia llegaba hasta el patio sin que abriera la boca. Alonso, a su lado, me miró como si ya hubiera hecho las cuentas de la puerta entornada y no le gustara el resultado. Santino y Sokaris cargaban hacia el norte, en el otro auto, y aun así Santino giró la cabeza al pasar

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 81. Confusión.

    Sebastián Lafallete.La pregunta quedó entre nosotros como un cuchillo puesto del lado equivocado. ¿Quién eres en verdad? Podía responderla. Podía decir el nombre que las diosas ya no escriben, el que yo mismo borré de los templos, el que Vladimir llevaría en la lengua si alguna vez recordara la mano que lo convirtió. Podía decirlo y ver cómo Alonso cruzaba el arco, cómo Santino aparecía antes del amanecer y cómo ella tenía que elegir delante de todos.Pero no lo dije. Miré el arco. Alonso no se había movido, pero estaba demasiado cerca. El enlace de la heredera todavía me zumbaba en la sien, fino, muy de ella. Si hablaba con él escuchando, no iba a ser una conversación. Iba a ser un juicio.—Si vamos a tener esta conversación —dije, bajo—, tiene que ser a solas.Maddison no apartó los ojos de los míos. Kallie, dentro de ella, seguía quieta. Eso era peor que un gruñido. Un gruñido se podía calcular. El silencio de una loba que reconocía algo y no sabía nombrarlo, no.—Alonso se queda.

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 80. ¿Quién eres?

    Maddison Spencer – Bennett.El silencio después del veredicto pesó más que las doce horas. Penélope no discutió. Se quitó el distintivo del torneo, lo dejó sobre la mesa de los jueces y salió con sus diez cojeando detrás. Nadie la detuvo y nadie aplaudió.En la sala solo quedó el problema que papá había nombrado en voz baja y que ahora todo el mundo podía oler: cuatro en pie, donde debían quedar tres. Mamá no levantó la voz. Eso bastó para que la corte entendiera que la discusión no era pública.—Sala del consejo. Ahora. Finalistas, heredera, reyes. Nadie más.El traslado fue corto y tenso. Santino entró con el hombro todavía vendado y la magia plateada mal contenida. Sokaris traía el corte del costado cerrado a medias y la misma calma de quien ya había hecho las cuentas. Vladimir no se sentó. Sebastián sí, al fondo, con las manos limpias y la sonrisa guardada. Alonso se quedó a mi lado. Papá cerró la puerta.—La norma decía dos afuera —empezó mi padre, sin preámbulo—. Tenemos uno. Si

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 79. Una Sorpresa. Parte II.

    Tercera Persona.Las doce horas no empezaron con una alarma. Empezaron con el cierre de cinco portones y el silencio de cinco cristales que, de pronto, mostraron barro, bosque, ruina y costa al mismo tiempo.En el territorio del norte, Santino Alexios repartió a sus diez antes de que el primer ataque cayera. No gritó. Solo señaló.—Dos en la loma —dijo, sin levantar la voz—. Tres en el cauce. El resto, conmigo.La sanadora Katherina, la cual era su madre, quedó en el centro con los heridos que todavía no existían.—Hijo, si esto se complica, no esperes a que te lo pida. Retírame cuando haga falta —le advirtió ella, revisando sus vendas por última vez.—No va a complicarse —respondió Santino, sin mirarla, los ojos fijos en la loma.Cuando la unidad de élite de la Guardia Real rompió la línea este disfrazada de rogues, Santino no persiguió la gloria. Cerró el círculo alrededor del más joven de sus hombres, un rastreador de diecisiete años que había tropezado, y aguantó el golpe en el ho

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 78. Una Sorpresa. Parte I.

    Maddison Spencer – Bennett.La frase de Vladimir se quedó colgada en el aire de la sala del trono mucho después de que Sebastián hubiera desaparecido por el corredor.—Preguntó… “¿Quién te marcó, vampiro?”Las luces temblaron sobre las paredes. Mamá no se movió. Alonso sí. Su mano encontró la mía antes de que yo pudiera dar un paso, mientras Kallie gruñía dentro de mi pecho.No era un gruñido de miedo. Era de reconocimiento tardío.Había algo en aquel hombre joven de cabello rojizo que no encajaba. Lo había sentido durante las pruebas anteriores y lo había archivado como nervios de torneo, cansancio o simple desconfianza. Ahora el archivo se abría solo y todas las pequeñas señales que había ignorado empezaban a ordenarse frente a mí.La forma en que Sebastián observaba las salidas, la manera en que sonreía antes de responder, la pausa exacta que hacía cada vez que alguien mencionaba una marca.—Voy a hablar con él —dije.—No —respondió mamá, baja y firme—. No aquí y claramente no ahor

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