LOGINImelda le entregó a Lucas el frasco de la poción del vínculo de pareja, y él lo tomó de mala gana.—Esto… Esto está prohibido. ¿Y si me meto en problemas por hacer esto? Mis pobres padres podrían perder la vida por mi culpa —dijo Lucas con voz temblorosa.Sin embargo, Imelda parecía despreocupada y decidida.—Te estoy haciendo un favor, Lucas. Tu madre está a punto de quedarse ciega y necesitas dinero para su cirugía, ¿no es así? Aquí hay una considerable suma de dinero en juego. ¿Acaso no quieres ser un hijo devoto?—Ella tiene una loba destructiva. ¿Y si me ataca? —preguntó Lucas con voz temblorosa.Mirándolo con evidente repugnancia, Imelda continuó:—No tienes que preocuparte por eso. Yo me encargaré de todo. Lo único que tienes que hacer es intentar tomarla de las manos. Entonces aparecerá el hilo rojo, demostrando que eres su verdadero compañero destinado, y después… —Imelda hizo un gesto con la mano, como si le cortara la garganta a alguien.Los ojos de Lucas se abrieron de pa
—¡Paf!La sonora bofetada impactó en el rostro de Tessa, y ella cayó al suelo con un gemido de dolor.Se dio la vuelta para mirar a la azafata, con una mancha de sangre en la comisura de los labios.—¿Dónde demonios te habías metido? ¡Llevo una hora esperándote y no había ni rastro de ti, Tessa! ¿Crees que puedes hacer lo que te dé la gana y salirte con la tuya, perra callejera? —replicó fríamente la azafata.Tessa apretó los puños, haciendo todo lo posible por contener su ira.—No, señora…—¡Cállate! ¿Adónde demonios fuiste? Tessa, no solo eres una perezosa, sino también una inútil —continuó insultándola la azafata.A regañadientes, Tessa se esforzó por levantarse del suelo. Sentía el pecho oprimido por la rabia, pero sabía que no le convenía discutir con la azafata. Tanto la vida de su hermana como la suya dependían de que consiguiera regresar a la manada Silver Crust.La azafata, todavía consumida por la furia, dejó caer al suelo, junto a Tessa, las dos bolsas llenas de alimentos.
Sentada frente al espejo, Imelda contemplaba su reflejo mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas.Tenía la zona del cuello amoratada y enrojecida debido a la fuerza con la que Alpha Kyle la había agarrado.Sollozaba en silencio, sorbiendo por la nariz con fuerza. La puerta se abrió con un chirrido y Freya entró con una bandeja llena de hielo y una toalla. Colocó unos cubitos de hielo sobre la toalla, los envolvió y se acercó para aplicárselos en el dolorido cuello.Sin embargo, Imelda le arrebató el hielo y se lo colocó ella misma en el cuello. Sentía el corazón destrozado y apretaba los dientes con rabia.Los recuerdos de lo ocurrido en la sala del tribunal volvieron de golpe a su mente.El Alpha la había agarrado del cuello cuando intentó difamarme. Sus ojos eran feroces y estaban llenos de furia.—Kyle… Me estás haciendo daño —había llorado Imelda, pero Kyle no cedió. Siguió mirándola con frialdad.—Rachel me pertenece. Solo perderá la vida cuando yo lo decida. Si no qu
—¡Muévete, tortuga! —le gritó el jefe de cocina a Tessa, que hacía todo lo posible por ocultar el dolor que estaba sufriendo.Tessa aceleró el paso y subió al coche. Enseguida, el vehículo arrancó a toda velocidad.Por fin había conseguido salir de los límites de la manada Silver Crust. Ahora era el momento de escapar de la mirada vigilante del jefe de cocina.En cuanto llegaron a la tienda de comestibles, Tessa se encargó de empujar el carrito de la compra mientras el cocinero recogía los productos. Sin embargo, logró alejarse de él mientras este estaba ocupado escogiendo verduras frescas.Sin vacilar, salió corriendo de la tienda y se dirigió directamente a la carretera. Se aseguró de que el conductor no la viera, hizo señas a un taxi y se subió rápidamente.—A York Street —ordenó bruscamente al conductor, quien arrancó de inmediato.El dolor se volvía cada vez más intenso, pero tenía que controlarse. Unos minutos después, el taxi se detuvo frente a una magnífica mansión. Tessa pagó
Tessa se agarró la cabeza mientras gemía de dolor. Su cuerpo temblaba y sus ojos estaban a punto de cerrarse. Sentía como si su cabeza estuviera siendo torturada, así que extendió la mano para alcanzar el espejo.Al mirarse en él, soltó un grito ensordecedor. Sus ojos se abrieron de par en par por el terror ante lo que veía. Para su sorpresa, unas horribles venas verdes se habían hecho visibles en su frente.Se tapó la boca con la mano, mientras las lágrimas ardientes le llenaban los ojos y rodaban por sus mejillas.—¿Ve… veneno?Sintió deseos de gritar con todas sus fuerzas, pero eso solo le traería más problemas en lugar de aliviar su sufrimiento.—¡Ese monstruo despreciable! A pesar de nuestro vínculo, lo único que ve en mí es una herramienta para llevar a cabo su venganza —murmuró.El dolor volvió a apoderarse de ella, haciendo que el espejo se le resbalara de la mano y se hiciera añicos contra el suelo. Mientras luchaba por ponerse de pie, se aferró con fuerza a la mesa, apretand
—¿Te has enterado? —Una de las sirvientas le dio un golpecito a la otra, que estaba limpiando la mesa mientras fregaba el suelo.Con los ojos ligeramente entrecerrados, la otra sirvienta preguntó:—¿Enterarme de qué?La primera sirvienta miró a su alrededor con nerviosismo para asegurarse de que nadie las estuviera escuchando. Luego respondió:—Me he enterado por las otras sirvientas de que el Alpha le dio su sangre a esa esclava pecadora sin dudarlo, ¡solo para mantenerla con vida!La segunda sirvienta soltó un grito ahogado de sorpresa.—¿Qué? La sangre del Alpha es poderosa y valiosísima. ¿Por qué le daría su sangre a una esclava? ¡Y, para colmo, a la hija de una bestia despiadada como el difunto Alpha Dane! —Estaba tan conmocionada que ni siquiera consiguió mantener la voz baja.Imelda, que caminaba por el pasillo con una sonrisa radiante después de la reunión y del acuerdo con los ancianos de la manada para condenarme a muerte, se quedó paralizada al escuchar las palabras de la s







