LOGINSu marido la engañó con su hermana y después la mataron. Pero Emma Carter despierta el mismo día de su boda con él, con cada recuerdo del año que siguió todavía dolorosamente nítido. Esta vez se niega a convertirse en la Luna de Kyle. En una desesperada necesidad de escapar, afirma impulsivamente estar comprometida con su rival, el Alpha Noah Reed. El ultimátum del padre de Noah lo obliga a hacer un trato con ella: un matrimonio por contrato de un año. Emma quiere un marido que la proteja mientras se toma su venganza; Noah solo quiere una esposa temporal. Pero los votos fingidos se vuelven reales y el frío Alpha rival al que Emma nunca esperó amar se convierte en el hombre que hace latir de nuevo su corazón.
View MorePunto de vista de Emma
—Sí… así, justo así.
Los gemidos amortiguados se filtraban por el pasillo y me provocaron un escalofrío que me recorrió toda la espalda.
El corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas cuando un olor familiar me golpeó de lleno.
Lo habría reconocido en cualquier parte.
Mi compañero.
Me quedé paralizada en el porche de aquella casita perdida en el bosque, con una mano todavía levantada para llamar.
Empujé la puerta sin hacer ruido y el estómago se me desplomó todavía más.
Kyle y Chloe estaban en la cama. Mi marido tenía a mi hermana debajo de él, las piernas de ella rodeándole la cintura, las uñas clavadas en su espalda mientras él se hundía en ella una y otra vez.
Durante un segundo no pude moverme. No pude respirar. El mundo simplemente… se detuvo.
Los ojos de Chloe se abrieron y se clavaron en los míos. Gritó como si hubiera visto un fantasma.
Kyle se incorporó de golpe tan deprisa que casi se cae de la cama. Se le puso la cara blanca al verme de pie en el umbral.
—Emma…
Mi loba se lanzó hacia delante con tanta fuerza que se me nubló la vista. Nyx aullaba dentro de mi cabeza, pura rabia y dolor enredados.
—Quítate de encima de ella.
Kyle buscó a tientas la sábana, intentando cubrirse como si eso pudiera arreglar algo.
Chloe se quedó sentada, el pecho agitándose, mirándome con los ojos muy abiertos y llenos de culpa.
Llevábamos exactamente un año casados y nuestro aniversario era mañana. Había cambiado el vuelo, cancelado la última reunión y conducido hasta allí en mitad de la noche solo para sorprenderlo.
En su lugar, me habían sorprendido a mí.
—Emma, cariño, por favor… —Kyle se puso de pie, todavía medio desnudo, una mano tendida hacia mí como si yo fuera un animal asustado—. No es lo que parece.
Me reí en voz alta. El dolor me quemaba el pecho.
—Te estás follando a mi hermana, Kyle. Es exactamente lo que parece.
—Em… lo siento tanto —empezó Chloe—. Simplemente pasó. No queríamos…
—Cállate —dije sin siquiera mirarla. Si la miraba, me iba a transformar y le iba a arrancar la garganta.
Chloe se bajó de la cama a toda prisa, apretando la sábana contra el pecho. Ya le corrían las lágrimas por la cara.
—Em… Em, lo siento muchísimo. Simplemente pasó… Nunca quise hacerte daño. Eres mi hermana. Eres todo para mí…
—No. —Le apunté con el dedo temblando—. No te atrevas a llamarte mi hermana.
Kyle se interpuso delante de ella como si la estuviera protegiendo de mí, y aquella imagen me destrozó el corazón todavía más.
—Emma, escúchame —suplicó—. Te quiero. Siempre te he querido. Esto… esto fue un error. Un error estúpido y horrible. Estaba estresado con la manada, con las disputas con el Alfa Noah, y ella simplemente… estaba ahí. No significó nada.
Se dejó caer de rodillas allí mismo, en el suelo.
—Por favor —dijo, con la voz quebrada—. Haré lo que sea. No volveré a mirarla. Hemos pasado por tanto juntos, Emma. Tú y yo contra el mundo. No tires todo eso por la borda por una noche.
Chloe se arrodilló a su lado, todavía llorando.
Los miré a los dos en el suelo.
Mi marido y mi hermana, suplicándome como si yo fuera la que hubiera hecho algo malo.
Había querido a aquel hombre durante seis años. Le había entregado todo. Me había mantenido a su lado en cada desafío que la manada nos había lanzado y nunca, ni una sola vez, había dudado de que él me quisiera igual. Chloe había sido mi mejor amiga desde que éramos pequeñas. La había protegido, la había defendido y siempre había puesto a mi hermana pequeña por delante cuando murió nuestra madre.
Y así era como me lo pagaban.
—Levantaos —dije en voz baja.
La cabeza de Kyle se alzó de golpe. La esperanza le brilló en la cara.
—¿Nos perdonarás?
—HE DICHO QUE OS LEVANTÉIS. —Mi voz se mezcló con el gruñido de Nyx.
Él se puso de pie despacio, sin dejar de mirarme como si fuera a desaparecer. Chloe se quedó en el suelo, sollozando entre las manos.
Kyle dio otro paso hacia mí.
—Escúchame. La manada no puede enterarse de esto. Si descubren que engañé a mi Luna…
—Lo perderás todo —completé por él—. El título, la reputación. Tal vez incluso la vida si los ancianos se enteran de lo gran canalla traicionero que eres.
Se le tensó la mandíbula. El miedo de verdad se le reflejó en la cara.
Eso era. Eso era lo que le daba miedo.
No que me hubiera hecho daño a mí ni que hubiera destruido la única familia que me quedaba. Solo que pudiera perder su preciado puesto de Alfa.
—Voy a hablar con los ancianos —dije en voz baja. El calor me trepaba por las venas—. Esta misma noche.
—No puedes —replicó Kyle, con los ojos muy abiertos de inmediato.
—Mírame.
Me giré hacia la puerta.
Su mano se cerró alrededor de mi garganta desde atrás tan deprisa que ni siquiera tuve tiempo de gritar. Me estrelló contra la pared con tanta fuerza que la nuca me reventó contra la madera.
Estrellas explotaron delante de mis ojos.
—No puedo dejarte hacer eso —gruñó contra mi oído—. No voy a perderlo todo porque tú no sepas cerrar la boca.
Arañé su muñeca, pateé, forcejeé. Nyx gritaba dentro de mí, intentando transformarse, pero la presión sobre la tráquea ya era demasiada. Manchas negras bailaban en los bordes de mi visión.
—¡Kyle, para! ¡La vas a matar! —Chloe lloraba en algún lugar detrás de nosotros.
Apretó más fuerte. Los ojos se le pusieron inyectados de sangre hasta que mi cuerpo se quedó flácido.
Desperté atragantándome.
Las muñecas me ardían; pesadas esposas de hierro me sujetaban los brazos por encima de la cabeza contra la pared.
Seguía en la misma habitación de antes.
Kyle estaba sentado en una silla a unos pasos, con los codos en las rodillas, mirando al suelo. Parecía destrozado.
—Has despertado —dijo sin levantar la vista.
Tragué el dolor de la garganta.
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? —pregunté, con la voz todavía en carne viva por el estrangulamiento.
—Unas horas. —Por fin levantó la cabeza. Tenía los ojos rojos—. Emma… lo siento. Me entró el pánico. Nunca quise hacerte daño de esa manera.
—Me estrangulaste.
—Lo sé. —Se pasó una mano por la cara—. Solo… por favor. No se lo digas a la manada. Terminaré con Chloe, haré lo que quieras… solo no nos destruyas.
Nosotros.
Ya no existía ningún nosotros.
Forcé la voz a suavizarse, ocultando la rabia y el dolor que me hervían por dentro.
—Yo… necesito tiempo. Esto es demasiado.
La esperanza le cruzó la cara tan deprisa que resultó casi patética.
—Claro, lo que sea. Te daré espacio. Yo…
—La llave —rasgué—. Se me están entumeciendo las muñecas.
Se levantó de inmediato, casi tropezando consigo mismo de las prisas.
—Claro. Sí. Voy a por ella. Está en el coche. Solo… no te muevas. Vuelvo enseguida.
Como si pudiera moverme de verdad.
En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, empecé a tirar de las cadenas, pero no se movieron ni un milímetro.
Nyx se lanzaba una y otra vez contra mi piel, pero la plata mezclada con el hierro quemaba demasiado para una transformación completa.
El sonido de pasos acercándose se extendió por el aire y la puerta se abrió.
El pánico me subió al pecho con tanta fuerza que pensé que me iba a desmayar.
Una figura con máscara negra y abrigo oscuro entró, cerrando la puerta con cuidado detrás de sí.
No pude verle la cara ni captar su olor. Solo una cosa destacaba: el par de botas de cuero negro hechas a medida, de edición limitada, que llevaba en los pies.
Abrí la boca para gritar y sus manos se cerraron alrededor de mi gargant
a por segunda vez aquella noche.
Le salieron las garras y el mundo se volvió negro.
Punto de vista de Emma—¿Qué valor posible podrías ofrecerle a Storm Front? —preguntó.Mientras hablaba, su mano derecha se desplazó con sutileza y se apoyó contra las costillas inferiores. Nadie más lo habría notado, pero yo sí. En mi primera vida lo había visto hacer exactamente ese mismo gesto cuando la vieja herida de plata de una emboscada de solitarios se inflamaba bajo un estrés extremo: una debilidad que ocultaba a toda su manada.Sin pensarlo siquiera, me acerqué a la mesita auxiliar, pasé de largo la botella de whisky y serví un vaso de agua tibia de la tetera junto con dos pastillas del frasco sin etiqueta escondido detrás de sus libros. Se los tendí.—Bébetelo —dije en voz baja—. Y deja de tensar el lado derecho. Siempre haces eso cuando la cicatriz de plata se activa… o cuando estás a punto de farolear.Noah se quedó completamente inmóvil.Su mirada bajó al vaso que tenía en la mano y luego volvió a subir a mi cara, afilada como una navaja y profundamente sospechosa.—¿Có
Punto de vista de EmmaEstaba sentada al borde de la cama, mirando la pantalla, el pulgar moviéndose casi sin pensar mientras los comentarios seguían llegando sin parar.¡Felicidades al Alfa Reed y a la futura Luna de Storm Front!¿Cómo cojones ha conseguido Noah Reed mantener una relación en secreto tanto tiempo?¿Una Carter casándose con la familia Reed? Las consecuencias políticas van a ser enormes.Lo que había empezado como una mentira desesperada en un estrado de boda era ahora un anuncio público del que ninguno de los dos podía desentenderse fácilmente.El móvil sonó y el nombre de Noah iluminó la pantalla.Respondí al segundo tono.—Noah…—¿Has visto las invitaciones? —Su voz estaba controlada, pero la rabia que había debajo era lo bastante afilada como para cortar cristal.—Acabo de encontrarlas —dije—. No las he enviado yo, lo juro.—El consejo de la manada y la mitad de las familias influyentes de Nueva York han ido a ver a mi padre. —Levantó la cabeza y me clavó la mirada—
Punto de vista de EmmaNo podía dormir.Cada vez que cerraba los ojos, las manos de Kyle volvían: ásperas e implacables, cerrándose alrededor de mi garganta hasta que el mundo se volvía negro.Seguía sintiendo la presión, el roce de sus uñas, el instante en que los pulmones dejaron de funcionar.El cuerpo se me sacudía despierto una y otra vez, jadeando por aire en la oscuridad.Me giré de un lado, luego de espaldas, luego me encogí en un ovillo apretado. Las sábanas estaban húmedas de sudor y el plazo de una semana que Kyle me había lanzado se me había instalado en el pecho como una piedra.Un matrimonio forzado. Todo lo que acababa de arriesgar derrumbándose antes siquiera de poder empezar.Nyx iba de un lado a otro dentro de mí, con gruñidos bajos que me vibraban en los huesos.—Ya morimos una vez. No vamos a repetirlo.—Lo sé… lo sé —susurré a la oscuridad.Por fin me incorporé, con la frente perlada de sudor, respirando con dificultad. El reloj digital de la mesilla brillaba a la
Punto de vista de Emma—Creo que aquí ha habido algún malentendido. —La voz de Kyle cortó el silencio atónito de la sala.Forzó una risa tensa, intentando hacer creer a la gente que todo seguía yendo bien.—Mi prometida ha estado bajo mucho estrés. La organización de la boda, las responsabilidades de la manada… Lleva unos días regular. Por eso está diciendo tonterías.Alargó la mano hacia mi hombro, pero yo aparté el brazo con tanta fuerza que sus dedos se cerraron en el aire vacío.—Quítame la mano de encima. —Las palabras salieron más cortantes de lo que esperaba. Los invitados se removieron en sus asientos. Ya había varios teléfonos levantados, grabando.La sonrisa de Kyle flaqueó y se le abrieron los ojos.—¿Esto es alguna clase de broma, Emma?—No. —Mantuve la voz firme aunque el pulso me iba a mil—. No es ninguna broma. Me caso con el Alfa Noah.Algo feo le cruzó la cara. Dio media vuelta sobre los talones y bajó a zancadas los peldaños del estrado, directo hacia el borde de la






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