INICIAR SESIÓNLa oscuridad se cierne sobre Emily. La habitación es preciosa, pero ella no desea estar en ese lugar. Prefiere la compañía de sus hermanos y aunque se encuentre dolida, la de su padre. Los acontecimientos de hoy han hecho mella en su vida ¿y cómo no? Si de un momento a otro ha pasado de ser una mucama a la mujer de un… no sabe cómo describirlo.
Pero Nicolay Romanov es el hombre más desconcertante, extraño y peligroso que haya conocido. Todavía su cuerpo tiembla por la impresión del peligro al que se vieron expuestos esta noche. Primero en el bar y luego en el estacionamiento. Se siente como en una película de Gangsters y ese hombre es el jefe. Aprieta los puños. Cubre su rostro. Siente miedo de encender la luz de la habitación. Cree que, si la mantiene de ese modo, despertará pronto de lo que parece una pesadilla.
Se haya dando vueltas por la recamara aun con el vestido puesto. No puede negar que el negro le queda perfecto. Pero no quiere ser parte de este teatro oscuro y tenebroso. La puerta se abre de golpe. Emily salta asustada. La luz se enciende. El asombro la viste, el ruso lleva un plato en la mano derecha y una bolsa de compras en la izquierda.
—No puede saltarse la cena —ofrece el plato. Ella no se miueve.
No es porque no tenga hambre. es porque Nicolay lleva la camisa abierta. El pantalón le cae en la cadera como una segunda piel. Sus pies descalzos la distraen. Él ladea la cabeza y un atisbo de sonrisa se asoma en su atractivo rostro.
Tiene que estar loca para que un hombre como él le parezca atractivo.
Pero lo es. Y no puede ni siquiera negarlo. Porque no puede mirar hacia otro lado que no sea su rostro que ahora se ha vuelto pétreo esperando su respuesta.
—¡Ah! Yo… eh.
—Deje de temblar. No voy a tocarla —expone con molestia —tome el plato, ahora.
Escucha su voz como un mandato. Tiene muchas ganas de mandarlo al cuerno. Pero piensa en lo que puede hacerle a su familia y se retracta enseguida.
—Si. Gra… —respira profundo antes de acercarse —gracias.
Toma el plato. Está cerrado herméticamente con una cubierta especial que mantiene la comida caliente y aun así huele delicioso. Su estómago gruñe.
—Tome la bolsa Emily. No tengo toda la noche para perderla en sus indecisiones.
—¿Qué contiene? —se nota la exasperación en el rostro del ruso.
—Ropa Emily ¿qué demonios pensaba? —resopla con enfado estirando su enorme mano hacia ella con la bolsa colgando.
—¿Y, ropa para qué?
El hombre no sale de su asombro. La mujer lo exaspera hasta el punto de casi arrepentirse de haberle hecho firmar el contrato. Si bien no se considera un caballero de brillante armadura, ella debería agradecer que la esta sacando del lodo donde se encuentra casi hasta el cuello.
—¡Para vestirse! —ella grita de miedo. Hiperventila —¿le gustaría andar desnuda por la habitación? —niega. Él sonríe sugerente. Descarado —. Porque en realidad no tendría ningún problema con eso.
Habla con expresión seria, pero su mirada lasciva la hace temblar visiblemente. Lo que Nicolay disfruta. Sabe perfectamente que le teme. El miedo alimenta su deseo por ella. Pero como hombre de honor. Oscuro y a la vez con códigos afianzados. Jamás la tocará. Pero puede hacer que lo desee hasta el punto de quiebre. Le gustaría mucho doblegarla. Que le suplicara poseerla.
El solo pensamiento hace que su cuerpo dormido por mucho tiempo. Reaccione.
—¿Qué ha dicho? —ahora es ella a quien la rabia la domina —. Es un grosero. Atrevido —arrebata la bolsa de las manos —. Yo no soy una de sus zorras ¡imbécil!
Grita. Con muchas ganas de patalear. Quiere golpearlo por haberle faltado los respetos. Le devuelve el plato casi lanzándoselo encima.
—Debe comer algo.
—No quiero.
No le da tiempo a reaccionar. El hombre se acerca con una agilidad felina aprehendiendo su cuello. Apretando lo justo para asustarla. No marcarla.
Ella jadea horrorizada. La nariz del ruso casi rozando la suya con las fosas nasales abiertas demostrando la ira contenida.
—No me agrada para nada repetir las cosas Emily Campbell. No soy un hombre de mucha paciencia y contigo he rebasado el límite.
—Yo… yo.
—Silencio —advierte con los dientes apretados al punto del dolor —tome el maldito plato y coma. No lo diré de nuevo.
—Si… si claro que lo haré —gime con lagrimas corriendo por su cremosa piel —. Lo… haré.
—Buena chica.
Tres meses después…La Catedral de San Patricio se viste de fiesta. Una que tiene por motivo las cinco bodas del ano. Los Romanov decidieron que se casarían todos en un solo matrimonio eclesiástico. Como solo una verdadera familia puede hacerlo.—No sé por que admití esta locura de Nicolay —protesta Emily acomodando el velo de Macarena.—Es porque jamás podrás decir que te aburrirás en tu matrimonio —dice Anita retocándose el labial que se le corrió al darle pecho a Erik y este tocó su boca.—Mierda, mierda, mierda —todas giran hacia Amelia que grita angustiada —. Manché el vestido.—¡Te ayudo! —grita Camille y se dirige hacia Amelia con una toallita húmeda —. Ya me pasó y si es labial lo quita.—Gracias, cielo. Eres un sol —Amelia acaricia la cara de Camille —. No llores mi amor ¿te sucede algo? —ella asiente.—Es… es que yo estoy embarazada —todas gritan al mismo tiempo.—¿Qué has dicho? —Emily grita sonriendo —¿y no me lo habías dicho? —chilla saltando de alegría.—Es que apenas me
Ese día el juez dictó su sentencia y falló a favor de los Darko y Macarena ya que: no solamente han cuidado de la niña como unos verdaderos padres, sino que hay evidencia de que los Camell solo la querían por el dinero Romanov. Yeral fue aprehendido por desacato e intentar a golpear a Teresa Mackenzie, de inmediato la custodia fue devuelta a Darko y a Macarena quién lloraba con la niña en brazos.—Me siento muy feliz de que todo esté volviendo a su lugar —dice Emily a Nicolay.—Eso es gracias a ti Matrioska. Todo lo bueno que nos ha pasado desde que llegaste lo has traído tú, pero aún tenemos cabos para atar—Emily muere de amor en el momento que su hombre le dice esas palabras, de igual manera se siente confundida ante lo último que le indicó.Y el hombre tenía razón porque aún necesitaba hacer las paces con Alex y ver a su padre.—En el momento que lleguemos a la casa quiero que Gabriel conozca a Tatiana —Nicolay acepta con una sonrisa ladeada.—Se hará como tú digas mi preciosa Matri
Macarena siente que el alma se le va al cielo al ver la sala llena. Personas que ella no conoce, su corazón apretado por la angustia y la respiración errática son el resultado del terror que siente solo de pensar en que Lucy puede ser arrebatada de sus manos. Su primera impresión al entrar es de querer salir corriendo de allí, pero las piernas ante la elegante puerta de doble hoja se mantienen prácticamente pegadas al piso.—Tranquila cariño, tomate tu tiempo —la voz dulce y susurrante de Emily atavía a la mujer y esta sonríe triste.—Tengo tanto miedo —es su respuesta ante la calidez de su amiga.—No tengas miedo, ellos llevan todas las de perder —le sonríe con ternura.—También podemos tomar la opción de Darko siempre que nos den las chicas el visto bueno —ambas giran y deben echar la cabeza hacia atrás para poder ver a Dimitri con expresión de inocencia.—¡No! —dicen ellas al mismo tiempo.El grandulón se encoge de hombros demostrando que, él si le dan la orden acabaría con el lina
—Darko, debes calmarte —el hombre parece una presencia demoníaca.La oscuridad lo ha cubierto por completo ante la citación ante un jurado de menores. La presencia de Yarel Camell ha hecho que Darko desee de nuevo ser el monstruo debajo de la cama del hombre.—No me pidas que me calme cuando esa maldita escoria esta citándonos para quitarnos a nuestra hija —sisea como una serpiente a punto de atacar una inocente presa —. No puedes pedirme tal cosa en este momento.—No estoy pidiéndote piedad para él, solo quiero que pienses un poco en la situación. La violencia traerá mas violencia y eso… nunca deja nada bueno.—Ella tiene razón, Darko —achica la mirada hacia Nicolay quien tiene el papel en la mano y lee —. La cita es para ver a la niña, no para arrebatártela.—Y le crees a esa mierda ¿verdad?Macarena sale del despacho por una orden silenciosa de Nicolay. Corre hacia la habitación de Emily quien carga a Lucy en sus brazos dormida después de darle pecho. Las lagrimas de la mujer corre
El resonar de los neumáticos de los cuatro autos que salieron de la mansión Romanov golpean la tierra desértica como un gigante demoledor. Nadie sabe con lo que se van a encontrar salvo Egor quien conduce con una sonrisa altiva en los labios. A su lado, Samvel dispuesto a lograr cada objetivo propuesto dentro de la organización. El trayecto no era corto, pero la ansiedad era su mayor enemiga, Clara había sido puesta en libertad unas seis horas antes. Nicolay Romanov dio la orden, orillado por Emily quien tenía un excelente plan y el Pakhan ya lo había aprobado.Al llegar hasta el sitio, las luces rojas y azules de los autos patrulla los cegaron a todos. Egor fue el primero en bajar, caminó hacia un hombre alto con el cabello rubio que le sonreía:Era Serguey Romanov. Teniente de la policía de Nueva York y ya tenia todo controlado incluso acordonado el perímetro.—Egor Radov, que fantástica sorpresa —le hace un guiño y este se carcajea con ganas —. Lástima que no haya nada que hacer, m
Nicolay se levanta de la lona, su rostro una mascara de piedra ante la inconformidad de ver a Egor Radov de nuevo. Los celos lo invaden y cierra los ojos ante la sensación de querer golpearlo. Cae al piso de pie de entre las cuerdas descalzo y solo vistiendo la trusa con la que peleó se acerca peligrosamente al hombre que le prometió tomarse un año sabático para curar su emoción por la mujer que ama. No le pasa desapercibido el paquete que lleva en una de sus manos y al mirara la otra se percata de que tiene una carpeta.—¿Quieres decirme que coño haces aquí? —la amenaza implícita en la pregunta hace que el hombre sonría.—¿Qué te parece que hago aquí? —muestra el paquete con un moño color rosa y el papel que luce dibujos de bebé —. Vine a conocer a mi sobrina, genio —sonríe ante las cejas levantadas de Darko y el resoplido de risa de Dimitri —¡ah! Y a decirte que hice tu trabajo —entrega la carpeta con una sonrisa descarada, subiendo y bajando las cejas.—¿Qué es esto? —abre la carpe







