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Capítulo 6

Penulis: Crystal K
Seguía tendida sobre la frialdad del suelo mientras un dolor agudo me punzaba el vientre; la pequeña vida que tenía se había esfumado.

—Lucia, ¿estás bien? —Arabella se arrodilló y me palpó la frente, simulando buscar rastro de fiebre.

Al abrir los ojos, contemplé aquel rostro de falsa preocupación. En ese instante, el dolor y la ira se disiparon para dar paso a una calma gélida y tenue.

—Estoy bien —murmuré al incorporarme. Mi voz sonaba extrañamente tranquila, despojada de cualquier emoción.

Tristan y Ronan intercambiaron una mirada, convencidos de que había perdido el juicio.

—¿En serio? —preguntó Ronan, cuyos ojos delataban un destello de inquietud.

—Sí —sentencié mientras me ponía en pie y sacudía el vestido—. Tienen razón.

Arabella se quedó de piedra.

—¿Qué?

Me volví hacia ella esbozando una sonrisa enigmática.

—Gracias por la purificación, Arabella. Aceptaré lo que piden, incluida la ceremonia de mañana; allí estaré.

—Perfecto —dijo ella, recuperando esa sonrisa maliciosa que pretendía doblegarme—. Entonces, considera lo de hoy como una celebración anticipada, Luna.

—Desde luego —asentí—. Después de todo, la verdad siempre termina por salir a la luz.

Ninguno percibió la oscuridad en mis palabras.

—Necesitas descansar —ordenó Ronan—. Mañana es un día importante.

—Vaya que lo es —coincidí—. Ustedes también deberían dormir un poco. Mañana les prometo un espectáculo que jamás olvidarán.

Apenas se marcharon, eché la llave y saqué el celular. La primera llamada fue para Maya, quien respondió con voz somnolienta.

—Maya, ¿recuerdas nuestra época en la academia?

—¿A qué viene eso?

—Al acoso que sufriste por parte de Arabella.

El silencio se apoderó de la línea.

—¿Por qué me dices esto? —preguntó al fin.

—¿Vendrás mañana a la ceremonia de la Luna?

—Yo... no me invitaron.

—Ahora sí —le aseguré—. Créeme, no querrás perdértelo.

Hice una segunda llamada para Lisa, luego una tercera, una cuarta... Contacté a cada chica que Arabella había destrozado, a cada alma cuyo dolor había sido manipulado para culparme a mí.

—¿Quieren la verdad? —les pregunté a cada una—. ¿Quieren ver cómo desenmascaran al verdadero demonio?

Entonces comencé a reunir las pruebas: la grabación del teléfono, el collar que me oprimía el cuello y el informe de embarazo. Todo estaba listo. Me dirigí al espejo para observar a la loba pálida y demacrada que me devolvía la mirada. Tenía los ojos rojos y la piel amoratada; el collar seguía ahí, sobre el tocador, exhibiendo la palabra “Mascota” como una cicatriz permanente.

Una sombra de sonrisa curvó mis labios mientras sostenía mi propia mirada.

—Quieres un espectáculo —le susurré a la loba rota del reflejo—. Te daré una maldita masacre.

Al despuntar el alba, todo estaba en su lugar. Me aseé y me enfundé en el vestido de un blanco inmaculado para la ceremonia. Los pasillos lucían decorados con listones y flores, y las risas de los invitados que llegaban resonaban desde el salón principal.

—Hoy es tu gran día —dijo Arabella al pie de las escaleras. Lucía con soberbia el Collar de la Diosa de la Luna—. ¿Nerviosa?

—Para nada.

Le sostuve la mirada con una sonrisa brillante, afilada como un cristal.

—Cuento los segundos, Arabella.

Al entrar en la Plaza Luz de Luna, cientos de ojos se clavaron en mí. Divisé entre la multitud a Maya, a Lisa y a una docena de chicas más con las que me había contactado; esperaban en las filas traseras, todas con el mismo fuego y la misma expectación en la mirada.

—¿Nerviosa? —Ronan apareció a mi lado e intentó acariciarme la mejilla.

Me aparté.

—Un poco —mentí bajando la cabeza, fingiendo timidez.

—No lo estés —susurró al oído—. Terminará pronto.

“Sí, terminará pronto”, pensé.

La música rompió el silencio. Avancé hacia el altar del brazo de Tristan mientras Arabella, desde la primera fila, me dedicaba una sonrisa maliciosa.

—Estimados invitados —anunció Tristan al acercarse al micrófono—. Hoy la Manada Silver Moon es testigo del nacimiento de una nueva Luna.

La multitud estalló en aplausos.

—Antes de empezar —prosiguió Tristan—, debo compartir una verdad: no me uniré a Lucia. Mi compañera será Arabella.

Aquí vamos.

—Y esta mujer —dijo señalándome— no es apta para ser nuestra Luna. Porque ella...

—Un momento.

Lo interrumpí. La plaza quedó sumida en silencio.

—Antes de que continúes, tengo algo que me gustaría mostrarles a todos.
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