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Capítulo 2

Penulis: Jasmine Writes
last update Tanggal publikasi: 2026-05-20 01:54:18

La sala de eventos brillaba bajo las luces de los candelabros de cristal. Lucía caminaba del brazo de Adrián con una sonrisa educada en los labios. Sentía las miradas de todos los invitados clavadas en ellos como si fueran parte de un espectáculo.

Adrián mantenía su postura rígida y elegante. Saludaba a los directivos con breves inclinaciones de cabeza. Su mano descansaba en la cintura de ella con una posesión natural que hacía que su corazón latiera más rápido.

Lucía odiaba estas noches. Las conversaciones vacías y las sonrisas falsas le resultaban agotadoras. Aun así, cumplía su papel a la perfección porque sabía que era parte del contrato.

—Estás muy callada esta noche, querida —murmuró Adrián cerca de su oído—. Intenta sonreír más. Los socios de Tokio nos observan con atención.

Ella levantó la mirada hacia él.

—Lo hago lo mejor que puedo. No soy tan buena actriz como tú.

Adrián apretó ligeramente su cintura. No respondió con palabras, pero Lucía notó un destello de diversión en sus ojos oscuros. Era raro verlo así, casi humano.

Se acercaron a una mesa donde varios inversionistas conversaban animadamente. Uno de ellos, un hombre mayor de cabello plateado, sonrió al verlos llegar.

—Navarro, sigues teniendo la esposa más hermosa de todo Nueva York. ¿Cuándo nos darán la buena noticia de un heredero?

Lucía sintió que su cuerpo se tensaba de inmediato. Adrián respondió con calma y una sonrisa fría y ensayada.

—Todo a su tiempo, señor Yamamoto. Por ahora, nos enfocamos en expandir Nexus Corp y fortalecer nuestra posición en el mercado.

La conversación continuó durante varios minutos. Lucía apenas escuchaba las palabras. Su mente regresó una vez más al pasado. Recordó el peso de aquel secreto que cargaba sola desde hacía tantos años.

Más tarde, mientras Adrián hablaba con un grupo de empresarios japoneses, Lucía se retiró discretamente a un balcón apartado. La brisa nocturna de Nueva York refrescaba su piel y aliviaba la tensión acumulada.

Sacó su teléfono del pequeño bolso y revisó un mensaje de su equipo de desarrollo. Los avances de Echo eran prometedores. Sin embargo, necesitaba más datos para mejorar el módulo emocional del sistema.

De pronto, sintió una presencia detrás de ella.

—¿Escapando de la fiesta? —preguntó Adrián con voz baja y profunda.

Lucía guardó el teléfono rápidamente.

—Solo necesitaba un momento. El ambiente ahí dentro es demasiado pesado para mí.

Adrián se colocó a su lado y apoyó las manos en la barandilla. Miraba la ciudad iluminada con expresión pensativa y distante.

—A veces me pregunto por qué aceptaste este matrimonio —dijo él sin mirarla directamente—. Tienes un talento excepcional. Podrías haber encontrado otra forma de financiar tu proyecto.

Lucía sintió un nudo fuerte en la garganta. Quería decirle la verdad en ese preciso instante. Quería contarle que ella era la niña que lo había salvado aquella noche lluviosa en Londres. Pero las palabras no salieron de su boca.

—Necesitaba recursos y protección. Tú necesitabas una esposa. Fue un buen acuerdo para los dos.

Adrián giró la cabeza hacia ella. Sus ojos la estudiaron con esa intensidad que siempre la desarmaba. Por un segundo, pareció que quería decir algo más profundo y personal.

Un asistente se acercó y rompió el momento.

—Señor Navarro, el presidente de la junta lo busca con urgencia.

Adrián asintió con seriedad y miró a Lucía una última vez.

—No te alejes mucho. Todavía nos quedan dos horas de esta farsa.

Cuando se quedó sola de nuevo, Lucía respiró profundamente. Apoyó las manos en la barandilla fría y cerró los ojos por un momento.

Tres años casada con él y todavía sentía mariposas cuando la miraba de esa forma. Era peligroso. Muy peligroso para su corazón.

Regresó al salón principal con la cabeza en alto y la espalda recta. Adrián la esperaba cerca de la entrada principal. Le ofreció su brazo sin decir nada más. Ella lo aceptó sin dudar.

Mientras caminaban juntos entre la multitud elegante, Lucía se preguntó cuánto tiempo más podría guardar su secreto sin que todo se derrumbara. Porque cada día que pasaba, el muro entre ellos parecía volverse más delgado. Y Echo no era el único sistema que comenzaba a predecir emociones en esa casa.

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