LOGINMateo llegó a la empresa antes de las siete de la mañana. Había dormido poco, otra vez, pero al menos había cumplido la promesa que le hizo a Sofía: volvió a trabajar.Aunque conseguir salir del penthouse había resultado bastante más complicado de lo que esperaba.Sofía seguía dormida cuando él terminó de arreglarse y, por un momento, Mateo consideró despertarla solo para verla.Solo para asegurarse una vez más de que estaba bien, pero después de todo lo ocurrido el día anterior, pensó que era mejor dejarla descansar.Así que se acercó a la cama, apartó con cuidado un mechón que cubría su rostro y depositó un pequeño beso sobre su frente.Sofía se removió ligeramente, dejando a Mateo inmóvil. ¿La había despertado?No. Ella se quedó quieta de nuevo y Mateo exhaló aliviado, irguiéndose.—No me estoy despertando —murmuró Sofía, todavía con los ojos cerrados—. Solo estoy esperando que me des otro beso.—Entonces estoy hablando con una sonámbula. —Mateo levantó una ceja.—Exactame
—Sí, tú te enfrentas a todo mientras que simplemente me pides que me esconda —Sofía le mantuvo la mirada—. Tenías reuniones con inversionistas y las dejaste por venir a vigilarme como a una niña…—Puedo reprogramarlas.—Una negociación ya está congelada —siguió Sofía.—La descongelaré.—Hay denuncias —volvió Sofía.—Mis abogados se encargan.—Tu empresa está siendo cuestionada por mi pasado y tú sales corriendo de una reunión porque alguien me lanzó un refresco.—Sí. —Mateo la miró fijamente.La respuesta fue tan inmediata que Sofía se quedó sin palabras.—¿Y sabes qué es lo peor? —continuó Mateo—. Lo volvería a hacer.—Mateo…—Si me llaman dentro de diez minutos y me dicen que te pasó algo, vuelvo a dejar cualquier reunión.—¡Eso es precisamente lo que me preocupa! —Sofía se levantó, mortificada.—Pues a mí no.—¡Debería!—¿Por qué? —Mateo apretó la mandíbula.—¡Porque tienes una vida! —voceó Sofía, dejando a Mateo en silencio—. Tienes una empresa. Tienes empleados. T
Sofía apenas había terminado de bañarse cuando escuchó abrirse la puerta del penthouse.Ella se quedó inmóvil, no era necesario preguntar quién era, lo sabía porque había pasado menos de media hora desde aquella llamada en la que Mateo le había dicho que iba hacia ella.Sofía miró su reflejo en el espejo, ya no tenía la ropa mojada, tampoco el cabello pegajoso ni restos de aquella bebida recorriéndole el cuello.Pero seguía teniendo los ojos ligeramente rojos, así que se echó un poco de agua fría en el rostro porque no quería que Mateo la viera así.No porque tuviera que fingir frente a él, simplemente ella no quería darle otra razón para preocuparse.Salió de la habitación y apenas llegó al pasillo lo vio, Mateo estaba de pie junto a la entrada.Todavía llevaba la misma ropa de la reunión, aunque ya no tenía la corbata y sostenía la chaqueta en una mano.Uno de los escoltas hablaba con él.—Quiero los videos de seguridad del edificio, las grabaciones de los comercios cercanos
—¡Déjalo! —Sofía volvió a tomar su brazo para tirar de él.—No tienen derecho a hablarte así.—¡No importa!—Claro que importa.Los escoltas siguieron intentando abrir paso, pero entonces una mujer apareció frente a Sofía.—Debería darte vergüenza.—¿Perdón? —Sofía la miró.—Las mujeres como tú son las que después se hacen las víctimas.Sofía sintió que toda la rabia que había estado conteniendo durante dos días subía de golpe.—Tú no sabes absolutamente nada de mí.—No necesito saberlo, ya he visto lo suficiente para saberlo. —replicó la mujer convencida.—Viste unas fotografías y leíste un titular. —Sofía tragó grueso.—Vi lo que hacías.—Tú no sabes por qué estaba allí, ninguno de ustedes saben por qué estaba allí y nadie se molesta en preguntarme.—Las mujeres como tú, siempre tienen una excusa.—Señora Villanueva —la llamó uno de los escoltas—. Debemos irnos.Sofía apretó los labios y luego asintió.No valía la pena, pelear con esa mujer, darle explicaciones a es
—¿Estás bien? —preguntó Nicolás.Sofía abrió los ojos, los dos hombres que habían estado hablando de ella ya se alejaban, pero uno de ellos todavía miraba discretamente hacia atrás.—Sí. —Sofía exhaló pesadamente.—Pues no parece.—Estoy cansada, eso es todo.Nicolás la observó por un momento, era entendible con todo lo que estaba pasando.—Podemos quedarnos aquí hasta que llegue el auto.—No. —Sofía se levantó.—Sofía…—No voy a esconderme en un café solo porque dos idiotas dijeron algo sobre mí.—No dije que te escondieras.—Pues sonó parecido. —respondió Sofía con el entrecejo arrugado.Estaba irritada, no con Nicolás, sino con el resto del mundo, pero simplemente no podía evitarlo.—Está bien. —Nicolás levantó ambas manos en son de paz.Sofía tomó aire, tenía que controlarse, últimamente con todo el estrés que tenía encima estaba reaccionando exageradamente y Nicolás solo intentaba ayudarla.—Perdón. Sofía comenzó a caminar con la cabeza gacha hacia el ascensor y
Sofía seguía en su cita con Nicolás en un café exclusivo y muy discreto acompañada por los dos escoltas.Había conseguido pasar casi una hora sin mirar el teléfono, todo un récord, pero es que entre tantos chismes, la conversación con Nicolás se había extendido bastante.Entonces, sacó su teléfono del bolso para ver la hora y notó que tenía un mensaje de Mateo.«Avísame cuando salgas.»Sofía sonrió ligeramente, «Controlador», pensó y luego le respondió.—Es Mateo. ¿Cierto? —Nicolás asomó ligeramente la mirada hacia el aparato, al tiempo que Sofía asentía—. Lo sabía. Solo por ese hombre sonríes como una tonta.—¡Oye! —Sofía arrugó el entrecejo y Nicolás se carcajeó.—Vale, responde tranquila, mientras tanto, yo iré a pagar la cuenta.Nicolás se levantó y entonces una pequeña tentación apareció en la mente de Sofía, hacia bastante rato que no revisaba las notificaciones o las redes.Así que cometió el error de abrir el navegador y la primera noticia que le apareció hablaba de V







