MasukEl vehículo apenas comenzaba a acercarse a Villanueva Group cuando Sofía comprendió que la situación era todavía peor de lo que mostraban las noticias.Había vehículos de prensa estacionados a ambos lados de la calle, periodistas frente al edificio, cámaras y decenas de curiosos que se habían acercado solamente para ver qué ocurría.—Mierda… —murmuró Sofía.Uno de los escoltas la miró desde el asiento delantero.—Señora Villanueva, todavía podemos regresar.Sofía le lanzó una mirada asesina.—Solo era una sugerencia —rectificó el escolta de inmediato.—Pues fue una mala sugerencia.El escolta volteó la vista hacia delante y detuvo el vehículo lo más cerca posible de la entrada.Los escoltas bajaron primero, mientras que Sofía se preparaba mentalmente. Respiró profundo. No iba a cometer el mismo error otra vez.No iba a responder preguntas, no iba a discutir, no iba a intentar explicarle su vida a personas que ya habían decidido qué querían creer. Ella solo iba a entrar.La
—Personalmente, señor Villanueva, no tengo motivos para pensar que su esposa fuera otra cosa que una víctima.—Entonces ¿qué hacen aquí? —Mateo apretó la mandíbula.—Nuestro trabajo. —Ramírez bajó ligeramente la voz—. Las denuncias se multiplicaron. La presión pública también. Hay alegaciones concretas sobre movimientos financieros y un juez autorizó verificar la información.—Información falsa.—Eso esperamos demostrar.Mateo lo observó. No había hostilidad en el agente, tampoco desconfianza. Él simplemente estaba cumpliendo con su trabajo: un procedimiento.Y eso lo hacía todavía más frustrante.—¿Cuánto tiempo necesitan?—No puedo darle una estimación.—La orden está en regla —le murmuró el abogado a Mateo.Mateo cerró los ojos durante un segundo y después se apartó.—Hagan su trabajo.Ramírez asintió y los agentes comenzaron a entrar.Los empleados se detenían en los pasillos. Algunos miraban con preocupación, mientras que otros susurraban.Mateo podía sentir cómo la
Mateo llegó a la empresa antes de las siete de la mañana. Había dormido poco, otra vez, pero al menos había cumplido la promesa que le hizo a Sofía: volvió a trabajar.Aunque conseguir salir del penthouse había resultado bastante más complicado de lo que esperaba.Sofía seguía dormida cuando él terminó de arreglarse y, por un momento, Mateo consideró despertarla solo para verla.Solo para asegurarse una vez más de que estaba bien, pero después de todo lo ocurrido el día anterior, pensó que era mejor dejarla descansar.Así que se acercó a la cama, apartó con cuidado un mechón que cubría su rostro y depositó un pequeño beso sobre su frente.Sofía se removió ligeramente, dejando a Mateo inmóvil. ¿La había despertado?No. Ella se quedó quieta de nuevo y Mateo exhaló aliviado, irguiéndose.—No me estoy despertando —murmuró Sofía, todavía con los ojos cerrados—. Solo estoy esperando que me des otro beso.—Entonces estoy hablando con una sonámbula. —Mateo levantó una ceja.—Exactame
—Sí, tú te enfrentas a todo mientras que simplemente me pides que me esconda —Sofía le mantuvo la mirada—. Tenías reuniones con inversionistas y las dejaste por venir a vigilarme como a una niña…—Puedo reprogramarlas.—Una negociación ya está congelada —siguió Sofía.—La descongelaré.—Hay denuncias —volvió Sofía.—Mis abogados se encargan.—Tu empresa está siendo cuestionada por mi pasado y tú sales corriendo de una reunión porque alguien me lanzó un refresco.—Sí. —Mateo la miró fijamente.La respuesta fue tan inmediata que Sofía se quedó sin palabras.—¿Y sabes qué es lo peor? —continuó Mateo—. Lo volvería a hacer.—Mateo…—Si me llaman dentro de diez minutos y me dicen que te pasó algo, vuelvo a dejar cualquier reunión.—¡Eso es precisamente lo que me preocupa! —Sofía se levantó, mortificada.—Pues a mí no.—¡Debería!—¿Por qué? —Mateo apretó la mandíbula.—¡Porque tienes una vida! —voceó Sofía, dejando a Mateo en silencio—. Tienes una empresa. Tienes empleados. T
Sofía apenas había terminado de bañarse cuando escuchó abrirse la puerta del penthouse.Ella se quedó inmóvil, no era necesario preguntar quién era, lo sabía porque había pasado menos de media hora desde aquella llamada en la que Mateo le había dicho que iba hacia ella.Sofía miró su reflejo en el espejo, ya no tenía la ropa mojada, tampoco el cabello pegajoso ni restos de aquella bebida recorriéndole el cuello.Pero seguía teniendo los ojos ligeramente rojos, así que se echó un poco de agua fría en el rostro porque no quería que Mateo la viera así.No porque tuviera que fingir frente a él, simplemente ella no quería darle otra razón para preocuparse.Salió de la habitación y apenas llegó al pasillo lo vio, Mateo estaba de pie junto a la entrada.Todavía llevaba la misma ropa de la reunión, aunque ya no tenía la corbata y sostenía la chaqueta en una mano.Uno de los escoltas hablaba con él.—Quiero los videos de seguridad del edificio, las grabaciones de los comercios cercanos
—¡Déjalo! —Sofía volvió a tomar su brazo para tirar de él.—No tienen derecho a hablarte así.—¡No importa!—Claro que importa.Los escoltas siguieron intentando abrir paso, pero entonces una mujer apareció frente a Sofía.—Debería darte vergüenza.—¿Perdón? —Sofía la miró.—Las mujeres como tú son las que después se hacen las víctimas.Sofía sintió que toda la rabia que había estado conteniendo durante dos días subía de golpe.—Tú no sabes absolutamente nada de mí.—No necesito saberlo, ya he visto lo suficiente para saberlo. —replicó la mujer convencida.—Viste unas fotografías y leíste un titular. —Sofía tragó grueso.—Vi lo que hacías.—Tú no sabes por qué estaba allí, ninguno de ustedes saben por qué estaba allí y nadie se molesta en preguntarme.—Las mujeres como tú, siempre tienen una excusa.—Señora Villanueva —la llamó uno de los escoltas—. Debemos irnos.Sofía apretó los labios y luego asintió.No valía la pena, pelear con esa mujer, darle explicaciones a es







