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Author: Alexyta
last update publish date: 2026-09-06 05:14:36

POV DE MERCAN

Me quedo allí de pie, observándolo marcharse con una sensación extraña aprisionándome el corazón, obligándome a llevarme la mano al pecho.

Salgo del trance cuando las puertas del ascensor se abren y el señor Herden aparece con el rostro desencajado por la angustia.

—Mercan, ¿Ali no vino contigo?

—Él... acaba de irse —respondo. Él mira hacia la salida y de inmediato vuelve la vista hacia mí.

—¿Cómo estaba? ¿Te dijo si iba a salir?

—Dijo que cancelara todas las reuniones y me pidió
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  • La Sustituta De Un Ceo Frío.    54

    Nera decidió abandonar la mansión Rossetti, escabulléndose con sigilo antes de que Ali o Evania notaran su presencia. No tenía el valor para enfrentarse al rechazo y a la mirada cargada de desprecio que sabía que Ali le dedicaría.Lo conocía demasiado bien. Sabía cuán cruel, calculador y demoledor podía llegar a ser con sus palabras y su implacable influencia cuando la ira lo dominaba.Se dirigió de inmediato a la casa de su madre adoptiva. Ingresó hecha una furia, tirándose de los cabellos en un gesto de desesperación y dominada por una ansiedad punzante que le hacía sentir que el mundo entero se le derrumbaba bajo los pies.—¿Qué ocurre? Pensé que, después de la manera en que te fuiste, no regresarías en varios días —le recriminó Elionor, extrañada por su vuelta tan apresurada.Cada vez que Nera se enojaba o las cosas no salían como planeaba, solía desaparecer de la residencia durante semanas.—Ali estaba en la casa de mis suegros. Estaba hablando con mi suegra... —masculló Nera mie

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    Nera llamó a su amiga la periodista; antes de que esta pudiera agradecerle, le gruñó:—¿Por qué demonios publicaste esas fotografías? Mejor dicho, ¿cómo las conseguiste?Estaba furiosa porque ella no le había entregado dichas imágenes. De haberse mostrado de esa manera, podrían ocasionar un conflicto grave con los padres de su esposo y con el propio Ermel, en caso de que este despertara en ese momento.Su única intención era hacerle creer a la prensa —e incluso a Mercan— que Ali seguía enamorado de ella y que su esposa era tan solo un reemplazo.—¿Por qué no me informaste de esto antes de publicarlo?—Disculpa si no te avisé sobre esas fotos. Fue por la misma razón: sabía que te ibas a negar a que salieran a la luz, y yo las necesitaba.—¿Sabes el problema en el que me metiste con esto? Todos van a tacharme de infiel...—Perdón, pero fuiste tú quien me buscó para darme la noticia. Yo solo hago mi trabajo.—Tu trabajo era informar que Ali estaba casado y que la mujer se parecía a mí. L

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    Dana estaba muy feliz de verlos reconciliados. Había pasado todos esos días preocupada. Aunque Emilia le había contado que Ali y Mercan estaban juntos en Yucan, no sabía si se habían arreglado, hasta que los vio ingresar tomados de la mano. —Ustedes hacen una hermosa pareja. Le encantaba verlos juntos. Le hacían recordar su tiempo de juventud junto a Aike. —Nunca se separen. Ali miró a Mercan y, con toda seguridad, dijo: —Nunca voy a separarme de mi esposa, madre. Esas palabras hicieron que Mercan lo mirara, y su corazón se desbocara aún más en latido. —Mercan Arcaksun será mi esposa eternamente. Nació para ser mía, en esta vida y en cualquier otra. Dana no podía estar más que satisfecha con esa noticia. En cuanto a Ivana, le desagradaba que su hermano hubiera elegido a aquella asistente de quinta para esposa. Ignoró a la pareja y continuó revisando su celular, buscando alguna noticia importante de los famosos en su país o fuera de este. —Veo que al fin la hici

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    Ali la tomó entre sus brazos con una delicadeza y una fuerza firme, cargándola en el aire exactamente como a una novia en su primera noche de bodas. La envolvió contra su pecho con una posesión absoluta que dejó a Mercan sin aliento, obligándola a aferrarse a la solapa de su saco para no caer. La fragancia de Ali, la envolvió por completo. Mercan sintió que las mejillas le ardían por la timidez al verse transportada de esa forma a plena vista, sintiendo el calor del torso de su esposo atravesando las telas de sus ropas y el latido acelerado de su corazón retumbando contra su propia mano.—Ali... esto parece un sueño —musitó ella con la voz ahogada por la emoción, entrelazando sus dedos alrededor de la nuca de Ali mientras conteniendo la respiración ante la intensidad de la mirada oscura que él le dedicaba.Ya en la penumbra del dormitorio, iluminado únicamente por la luz dorada que se filtraba desde el ventanal, la recostó sobre la superficie suave de la cama con cuidado, como si tem

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    Emilia se levantó al notar algo inusual en Mercan.—Mer, cariño ¿tú estás bien? —Si, claro abuela. Está muy bien —respondió una de las primas. —¿Has tomado? —cuestionó Ali acercándose. —No... —gritaron todas cinco en unisonó.—Como va a tomar.—Conozco a mi esposa, y sé perfectamente que no actúa de esa forma —rugió Ali— ¿que le dieron? —Nada. Nada. Nada —repitió Mercan mientras su lengua se enredaba al hablar. —Usted —masculló Emilia— ¿Emborracharon a Mercan? —Abuela. Cómo crees que haríamos tal cosa. Emilia achicó los ojos al ver como sus nietas mentían descaradamente. —Pues Mercan está tomada —acotó Ali.—No lo estoy. —¿¡Así!? —se acercó más Ali— demuéstrame que no estás tomada. Miró a sus primas que le sostenían y, rugió.—Suéltenla. Ambas se miraron, pero no la soltaron.—Queridísimo primo, es que Mer...—¡Suéltenle ahora! —el gruñido hizo que las chicas se estremecieran. —Está bien, yo puedo.Mercan estaba convencida de que podría pararse firme el tiempo que le tomar

  • La Sustituta De Un Ceo Frío.    49

    Ali apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su rostro se marcaron bajo la piel. Cerró los ojos un instante, inhalando hondo para sofocar el impulso visceral de responder con palabras hirientes, tal como había sucedido en discusiones pasadas cuando el orgullo lo dominaba.—¿Crees que no sé quién eres? —espetó con voz enronquecida, volviendo a abrir sus ojos, cargados de una mezcla de rabia y súplica—. ¿Crees que estoy ciego, que no sé distinguir perfectamente entre una mujer y otra?Sin darle tiempo a esquivarlo, le tomó la mano derecha con firmeza pero sin lastimarla y la presionó contra el centro de su pecho. A través de la fina tela de su camisa, Mercan sintió el galope desbocado y violento de su corazón, un latido salvaje que jamás le había conocido al flemático Ali Lanús. Un estremecimiento involuntario le recorrió la espalda.—Puedes dejar de compararte de una buena vez —sentenció él, mirándola a los ojos con fiera sinceridad—, cuando yo ni siquiera lo he hecho u

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