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Capítulo 5

Author: Ann Chase
Ariel regresó sola a casa. Después de guardar la mayor parte de sus cosas, fue a ver al asesor legal que vivía cerca del complejo residencial de la familia.

—Señora Callahan, ¿el señor Callahan no vino ya a recoger los papeles del divorcio?

Ariel se quedó paralizada. No entendía a qué se refería.

—¿De qué está hablando?

—El señor Callahan vino esta mañana y me pidió que preparara los documentos de divorcio lo antes posible. Dijo que quería divorciarse de usted. Hace apenas un rato vino a recogerlos.

El hombre hizo una pausa.

—La verdad, me pareció extraño. Hace tres años, el señor Callahan juró que jamás volvería a divorciarse de usted...

Ariel soltó una risa amarga.

Aquella misma mañana, Remi le había dicho que no pensaba divorciarse de ella. Y ahora, a sus espaldas, había acudido al abogado para preparar los papeles.

La ironía resultaba casi ridícula.

Después de un largo silencio, Ariel finalmente respondió:

—Ya veo.

Cuando regresó a casa, Ariel se derrumbó.

Su mirada se posó en el álbum de fotos que estaba junto a la cama.

En aquella fotografía, Remi llevaba su uniforme de gala y lucía orgulloso y apuesto. Ariel llevaba una blusa de flores y sonreía con una felicidad que parecía iluminarle el rostro.

Ahora, aquella sonrisa le partía el corazón.

Ariel tomó unas tijeras y cortó la fotografía de su boda en pedazos. Luego lanzó los restos hacia la puerta.

Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe y Remi apareció en el umbral.

El marco le golpeó de lleno en el pecho. La fotografía cayó al suelo.

Remi bajó la mirada hacia la imagen destrozada y, en silencio, se agachó para recogerla.

—Ariel.

Entró en la habitación y solo entonces Ariel reparó en la mujer que estaba detrás de él.

Al igual que tres años atrás, Remi había vuelto a llevar a Elisa a su casa.

Elisa sostenía al bebé entre los brazos y habló con cautela:

—Remi, habla con Ariel como es debido. No discutas con ella por mi culpa.

Después siguió a la empleada doméstica hasta la habitación que había ocupado tiempo atrás.

—Pensaba dejar a Elisa en la clínica, pero ahora que ya lo sabes todo, no quiero dejarla allí sola.

Remi dejó la fotografía a un lado y se acercó a Ariel. Su voz se suavizó.

—Por suerte, el bebé está bien. Elisa sabe que no quisiste hacerle daño y está dispuesta a perdonarte. Ariel, prométeme que no volverás a hacer nada que pueda lastimarlo, ¿de acuerdo?

Ariel lo miró sin decir una palabra.

Remi guardó silencio durante unos segundos. Luego sacó los documentos de divorcio.

—Ariel, Elisa no tiene malas intenciones. Solo quiere que el bebé tenga una celebración como es debido por su primer mes de vida. Así que... ¿podemos divorciarnos temporalmente?

Hizo una pausa antes de añadir:

—Volveremos a casarnos justo después de la celebración. Solo será un mes como máximo. Y cuando nazca nuestro bebé, me casaré contigo de nuevo de inmediato.

Ariel bajó la mirada hacia la línea destinada a la firma.

Remi ya había firmado.

Y, en ese instante, no sintió tristeza ni incertidumbre.

Solo alivio.

—Está bien.

Tomó un bolígrafo y estampó su firma.

Era la segunda vez que firmaba los papeles de divorcio con Remi Callahan.

Se juró que nunca habría una tercera.

¿Él quería volver a casarse con ella?

Que siguiera soñando.

—Ariel, eres maravillosa.

Remi tomó los documentos firmados con entusiasmo y se inclinó para abrazarla.

Ariel retrocedió tranquilamente.

—Ve a enseñárselos a Elisa. Seguro que estará encantada.

—Esa es mi Ariel. ¡Siempre tan generosa y bondadosa! Iré a enseñárselos ahora mismo.

Remi salió apresuradamente de la habitación.

Ariel observó cómo se alejaba y una sonrisa burlona apareció en sus labios.

—Remi Callahan, ¿de verdad no lo sabes? Cuando una mujer deja de preocuparse por ti, significa que ya no te ama.

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