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La cabaña

Author: LIZI TM
last update publish date: 2026-07-28 19:23:19

Los minutos pasaron en un torbellino. Recogieron las tiendas de campaña a toda prisa y guardaron las mochilas en las cajuelas mientras el sol comenzaba a esconderse en el horizonte. La tarde cayó de golpe cuando el pequeño convoy apenas salía de los límites del bosque, y con la penumbra, el clima cambió drásticamente; el cielo se tiñó de un gris plomizo y un viento helado comenzó a sacudir las copas de los pinos.

Avanzaron un par de kilómetros por la solitaria y oscura carretera cuando el au
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    El estridente golpeteo de los nudillos de Elena contra la madera de la puerta rompió el trance. Kateryn, con el corazón galopando a mil por hora, comenzó a limpiar el desastre sobre la superficie del escritorio a toda prisa, acomodándose la blusa de seda y alisando la falda con dedos trémulos. Sebastián, recuperando su postura imponente en un pestañeo, caminó con total parsimonia hacia su silla ejecutiva, se sentó y clavó sus ojos negros en ella. —Abra la puerta, señorita Thorne —ordenó con una monotonía gélida y autoritaria, como si la brutal entrega de hace unos instantes jamás hubiese ocurrido. Kateryn tragó grueso, forzando a sus piernas a sostenerla mientras avanzaba hacia la entrada. «Perdónalo, Kat… Solo está actuando así porque está herido. Después de todo, este era el maldito resultado que querías para que entre en razón y siga con los planes de su boda, así que siéntete satisfecha», se dijo a sí misma en un grito mudo de resignación, quitando el pasador de seguridad de

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El abismo del castigo.

    En cuanto el eco de la puerta al cerrarse se extinguió, Sebastián acortó la distancia con pasos lentos y calculados. Caminó con una parsimonia letal a través de la oficina vacía, le puso el seguro a la puerta de madera para sellar su propio infierno y luego avanzó de frente hacia Kateryn. No gritó, ni rompió absolutamente nada a su alrededor; su cuerpo completo se tensó con una rigidez de piedra mientras rodeaba el escritorio de madera, obligando a Kateryn a retroceder a tropezones hasta que su cuerpo chocó directamente contra la dura superficie del mueble. El magnate apoyó ambas manos a los costados de las caderas de Kat, atrapándola por completo y obligándola a respirar el penetrante aroma a tabaco y whisky residual que emanaba de su piel. —Eres una mujer cotizada —soltó Sebastián en un siseo ronco, gélido y cargado de un desprecio absoluto que le deformaba las facciones—. Un día estás conmigo en mi cama, y al día siguiente te entregas descaradamente a un hotelero en uno de sus ho

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Tormenta eléctrica.

    Alexander mantuvo los ojos fijos en el pulido suelo de mármol por un segundo eterno, asimilando el impacto de sus palabras. Al levantar la vista, sus ojos color miel ya no tenían la calidez incondicional de siempre; arrastraban una profunda melancolía que a Kat le caló hondo en el pecho. —No hace falta que me des una explicación, Kateryn —la interrumpió Alex con una madurez dolorosa, forzando una sonrisa gélida—. No tienes que justificarte conmigo. Después de todo, lo dejaste perfectamente claro anoche con tu comentario sobre nuestra supuesta "amistad". Ahora… si me disculpas, debo retirarme de inmediato; tengo un par de asuntos urgentes que atender con mi padre. Que tengas un buen día. Sin darle tiempo a replicar, Alexander dio media vuelta y caminó a pasos rápidas hacia los elevadores, dándole la espalda de forma tajante. Quería alejarse lo más rápido posible de ella para no seguir sintiendo el dolor del rechazo, pero desafortunadamente era inútil; la ausencia de Kat ya le dolía

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El escándalo.

    La cena concluyó con un Sebastián conforme ante la firme respuesta de Kateryn, y con un Alexander un tanto desilusionado por el límite que ella había marcado frente a su madre, pero firmemente dispuesto a convencerla de que él podía ser el hombre indicado para hacerla olvidar a cualquiera de sus fantasmas del pasado. El trayecto de regreso en el auto transcurrió en una calma un tanto melancólica y densa. Al detener el vehículo frente al departamento de Sara, Alex apagó el motor, se giró hacia ella en la penumbra de la calle y le dedicó esa sonrisa paciente y protectora que a ella tanto la conmovía. —¿Te la pasaste bien? —preguntó Alex con suavidad, buscando desesperadamente una chispa de esperanza en sus pupilas azules. —Sí. Fue bastante agradable salir de la rutina laboral por unas cuantas horas —escondió Kateryn, dibujando una sonrisa forzada en sus labios y forzándose a ocultar la cruda verdad. Por dentro, Kat sabía perfectamente que esa velada familiar había sido un auténtico y

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El peso de una verdad.

    Sabiendo que la verdad pesaba sobre los hombros de Alex, Kateryn decidió ir en busca de él, sabía que no podía mensionar nada de lo que escuchó. Caminó con paso lento por los pasillos de la extensa mansión hasta dar con otro ventanal de cristal entreabierto; Alex se encontraba de pie, sumido en una profunda y densa frustración, fumando un cigarrillo con parsimonia. Era la primera vez en todo el tiempo que lo conocía que lo veía fumar, lo que delataba la rabia que la discusión con su madre y su hermana le había provocado. —Aquí estás… —soltó Kat en un susurro, sacándolo bruscamente de sus pensamientos. Al escuchar su voz dulce, Alexander se giró de golpe y, en un acto automático de absoluta caballerosidad, arrojó el cigarrillo al suelo y lo apagó con la punta de su zapato, forzándose a disipar el humo. —Kat… Discúlpame por haberte dejado sola en el baños —se apresuró a decir, intentando recomponer las facciones de su rostro. —Descuida, no pasa nada —Soltó sin perder de vista su

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El nido de las víboras.

    Doña Margarita Blackwood la observaba con un resentimiento que dolía, con el mentón en alto y una rigidez aristocrática que no admitía réplicas. Antes de que Kateryn pudiera retroceder, la imponente matriarca dio un paso al frente y soltó las primeras palabras con una dureza implacable que le rebanó los sentidos. —No voy a permitir que le arruines la vida una vez más a mi hijo, Kateryn —sentenció doña Margarita, arrastrando una voz gélida. —No estoy aquí con esa intención, señora —respondió Kat en un hilo de voz, obligándose a sostenerle la mirada a pesar de la opresión en su pecho. —No te creo. Ya demostraste que clase de mujer eres. Una interesada —escupió la matriarca, entornando los ojos con desprecio—. Te aseguro que lo que le hiciste a mi Sebastián hace cinco años fue lo mejor que pudiste haber hecho. Desaparecer de su vida de esa manera tan cruel lo cambió para bien; se volvió un hombre exitoso, poderoso. Y ahora… ahora que lo ves inferior a tu supuesta riqueza, te aparec

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