LOGINAgarré mis cosas a toda prisa y seguí a Lucas justo cuando entraba en su coche.
—¡Cariño, espera! —Recuperé el aliento al detenerme. Estaba a punto de hablar de nuevo cuando él se me adelantó.
—Por cierto, Dianna…
—No puedo llevarte al trabajo porque tengo algo importante que atender.
Mis hombros se hundieron mientras suspiraba por segunda vez en pocos minutos.
—¿E-eh? Puedes pasarme a buscar como solías hacer, o incluso hacerlo primero; al fin y al cabo no tengo prisa.
Él recogió las llaves y retiró momentáneamente los brazos que apoyaba en el volante.
—Dianna, tienes tu propio coche. Solo me estás complicando la vida. No está mal que conduzcas tú sola de vez en cuando —dijo cuando abrió la boca como para protestar otra vez.
Mi mirada bajó y mis pies se apartaron de su coche. Fingí no sentirme herida.
—¡Ah, tienes razón! De hecho es una buena idea. Hace mucho que no voy contigo porque prefieres recogerme tú.
—Está bien, ten cuidado. Escríbeme luego cuando llegues al trabajo.
Le sonreí. Estaba a punto de acercarme para darle un beso, pero él cerró la ventanilla del coche y se alejó sin siquiera decirme un último adiós.
Estaba absorta en mis pensamientos cuando Chelsea, mi amiga y compañera de trabajo, me saludó.
—Oh, ¿tu marido no te ha traído otra vez?
Asentí.
—Porque todavía tiene que atender algo, tal vez a uno de sus clientes.
Caminamos hacia mi oficina.
—¡No, Dianna! ¡Tu marido pone excusas como esa! Quizá no sea un cliente.
Dejé el bolso sobre la mesa, me miré un momento en el espejo y luego volví a mirar a Chelsea.
—¿Qué quieres decir, Chelsea?
Ella se sentó en uno de los sofás.
—¡No te hagas la tonta, Dianna! ¿No notas nada extraño? Quiero decir, somos mujeres, Dianna. Tú misma me contaste que en las últimas semanas Lucas se ha vuelto frío contigo.
—¿Y si…? —La interrumpí. No quería pensar que mi marido estuviera teniendo una aventura. Intentaba sacármelo de la cabeza, porque como esposa tengo la responsabilidad de entenderlo.
Aunque llevaba semanas siendo tan distante conmigo. Soy consciente del tipo de trabajo que tiene. Es el CEO de una empresa influyente, así que tiene sentido que esté a cargo de tantos trabajos y proyectos. Su trabajo es lo suficientemente importante. No puedo imaginar que haya una mujer involucrada con él.
—No quiero pensarlo de más, Chelsea. Yo también tengo un trabajo, así que entiendo a Lucas. Solo está realmente ocupado.
—Si de verdad amas a alguien, Dianna, encuentras tiempo para ella.
Fijé la vista en el espejo a mi lado.
—Por cierto, tienes unos documentos que hay que firmar. Los dejo aquí por ahora porque todavía tengo que terminar algo.
Asentí y me senté. Antes de salir definitivamente de mi oficina, ella me miró otra vez.
—Dianna, no confíes demasiado. No porque un hombre se case contigo tendrás la seguridad de que serás la única hasta el final.
Pensé un momento, pero al final giré la silla giratoria.
—El tiempo corre, Chelsea. Empieza a hacer tu trabajo —le dije, y justo entonces oí cerrarse la puerta.
Mi respiración se profundizó.
Contemplé la vista a través de la ventana: un panorama de edificios y árboles, el cielo azul arriba como un lienzo de pintura. Con la mano derecha cogí una botella de agua de la mesita de café a mi lado. Di un pequeño sorbo y luego volví a poner el tapón con fuerza.
Cerré los ojos y recordé el pasado, cuando aún estábamos en el instituto, la forma en que nuestros caminos se cruzaron y finalmente nos enamoramos el uno del otro.
Yo era una estudiante ambiciosa de segundo año en aquel entonces; tenía grandes sueños y mucha determinación para triunfar. El corazón me latía más rápido al pensar en cómo nos conocimos Lucas y yo.
Es curioso pensarlo: resultó ser un comienzo de cuento de hadas. Aquel día iba corriendo hacia clase con un montón de papeles en las manos, hasta que lo vi sentado en las gradas con su mejor amigo Anton. Él se reía, y mi mundo se detuvo de repente… literalmente, porque me quedé clavada mirando lo guapo que era, especialmente cuando nuestros ojos se encontraron y él me sonrió, haciendo que olvidara lo tarde que iba a mi primera clase.
No fue hasta que nuestros mundos se acercaron más, en mi siguiente año de instituto, cuando nos convertimos en compañeros de clase, él me confesó sus sentimientos y empezamos a salir.
Puedo decir que nuestros días de noviazgo fueron uno de los momentos más inolvidables de mi vida. Creo que soy la chica más afortunada del mundo cada vez que recuerdo cómo me cuidaba y me amaba.
Con un nuevo aliento abrí los ojos y una profunda tristeza llenó mi pecho.
Extraño lo que solíamos ser como pareja, tal vez porque siento de verdad cómo otras cosas entre nosotros empiezan a cambiar. Extraño nuestras conversaciones hasta tarde, la forma en que me daba sus dulces besos. Es simplemente un sentimiento hermoso mirar atrás a los tiempos en que soñábamos juntos con nuestro futuro.
Creo que nunca me cansaré de repetir en mi mente todas las promesas que nos hicimos el uno al otro: que nadie podría detener nuestro amor, que no importa qué tipo de problemas atravesáramos, nuestro fuerte vínculo no se rompería.
Aun así, a pesar de la alegría, también tengo un miedo que no puedo disimular en mis sentimientos. Miedo de no poder determinar si es correcto sentirlo.
—¡Mami, mami, tengo hambre!Oí el llanto de Reanna desde el altavoz. Me recosté en la silla giratoria y continué mirando. Siento un poco de lástima por Reanna, aunque sé que ella no tiene nada malo que ver conmigo; ella también necesita sufrir porque es la hija de esas personas que me hicieron sufrir primero también.—Reanna, no me molestes, ¿de acuerdo? Te dije que fueras a la cocina. ¡Abre la nevera y busca cualquier cosa para comer allí!Reanna empezó a hacer una rabieta.—Roxanne, ¿qué está pasando?Al empezar a oír la voz de Lucas en la grabación, siento más la emoción dentro de mí.—Tu hija no para de llorar. ¡Ven!La transmisión de la cámara se cortó brevemente y solo se reanudó cuando cubrió su cocina. Observé cómo Roxanne abría su nevera. Observé su reacción, al ver que no había nada más que una nevera vacía; ni siquiera había un solo alimento allí.—¡Mierda! ¡Lucas! —exclamó, como si la única esperanza que tenía hubiera desaparecido incluso.—¡Lucas, ven aquí!—Roxanne, ¿no
Un nuevo día me saludó. Sostengo en la mano las dos carpetas donde está colocado el trabajo de Lucas que debería estar terminado. Solo faltaban unos pasos para poder dárselo cuando vi a Roxanne.—¡¿Dónde está esa chica tuya?!—Roxanne, no armes un escándalo aquí.Vi cómo Lucas la tiraba hacia un lado. Me acerqué con cautela y me escondí a un lado.—¿Y por qué no? ¡Esa Dianna te está quitando de mí!Lucas miró alrededor antes de inclinarse ligeramente y acercarse a Roxanne.—No arruines mi plan, Roxanne.Me apoyé en la pared detrás de mí.—Solo asegúrate, Lucas. No querrías que me enfadara.Lucas cerró los ojos un momento.—¡Sí! Solo un poco más de tiempo; creo que su corazón realmente se está ablandando por mí.—¡Oh, esto! Yo cociné eso.Lucas lo cogió.—¡Está bien, vete ya! Tal vez en lugar de terminar mis planes de inmediato, tendré que esperar un poco más por tu vanidad.Roxanne lo fulminó con la mirada y luego él la besó en la mejilla antes de apartarse de ella. Estaba especialmen
Me separé por aire; la respiración se me entrecortó y cerré los ojos. Y después de unos segundos nuestras miradas se encontraron de nuevo; él me besó profundamente y volví a cerrar los ojos. Nuestras lenguas se entrelazaron.El beso superficial se profundizó; su cuerpo estaba aún más cerca de mí, por eso yo estaba tumbada en la cama. Me besó otra vez, pero esta vez sentí su lengua caliente dentro. El calor que sentía se avivó aún más.—¿P-puedo?Su voz incluso tembló cuando me lo preguntó; la forma en que miraba parecía pedir permiso para lo que fuera a hacer. Le sonreí y luego asentí.Me quitó la ropa mientras yo le subía la camiseta por encima de la cabeza. Sentí que se movía debajo de mí. Ambos respirábamos pesadamente para cuando nos dio la vuelta de modo que yo quedé encima y empezó a acariciar mis pechos. Gemí y le agarré la espalda.—Te amo, Dianna… Te amo tanto… —susurró mientras sus labios tocaban mi cuello.—Y-yo también te amo, Dylan —dije mientras mi respiración se intensi
Programé mis interacciones con Lucas a lo largo del día siguiente. Me trencé el pelo en un estilo que a él le gustaba, apliqué la más mínima cantidad de su aroma favorito y me vestí de formas que resaltaban mis mejores curvas. Era consciente de que estaba participando en un comportamiento arriesgado, pero ya no podía detenerlo. Quiero ver a Roxanne ponerse celosa. Quiero ver qué hará mientras otros le roban al hombre que ama.—¿Entonces? ¡Hola, Lucas!—¿Cuál es nuestro asunto aquí? —le pregunté. Se levantó de estar sentado y luego me pidió que me sentara en la silla frente a él. Giré los ojos un momento; espero que no haya ninguna cámara enfocada secretamente en nosotros ahora.—Hmm. Nada, Dianna. Solo pensé en invitarte aquí a tomar un café. Sabes, extrañaba tener al menos una pequeña charla contigo.Le sonreí de una forma que pensarías que estaba contenta de estar con él y hablar con él ahora, aunque no lo estaba.—Aquí están sus cafés, señor y señora.—Gracias —dijo Lucas. Miré la
—Dianna…—Suelta a mi novia, Lucas.Fui yo quien se alejó cuando oí la frialdad en la voz de Dylan.—¿Por qué sigues tocando a esa chica, Lucas? —dijo Roxanne con irritación. Lucas se puso a su lado.—Vámonos, Dianna…Simplemente seguí a Dylan y ya no los miré.—Ese Lucas realmente es capaz de ponerme tan furioso.Tomé suavemente la mano de Dylan y la acaricié mientras caminábamos hacia donde había aparcado su coche.—Solo déjalo ir, Dylan…Se detuvo y me miró.—¿Dejarlo ir? ¡Es como si antes quisieras matarlo cada vez que pasaba eso!Me quedé sin palabras hasta que apartó los ojos de mí y me abrió la puerta del coche. Todo el viaje fue silencioso entre nosotros. Solo habló cuando me llevó a nuestra casa.—Amor, lo siento…—Siento si elevé la voz contigo antes.Asentí y luego sonreí.—No hace falta que te disculpes, amor. Debería ser yo quien te pida perdón porque tampoco pude controlarme antes. Nuestra cita se ha arruinado.Era tarde por la noche y yo estaba tumbada de lado en la cam
Todavía hablaba felizmente con Dylan con las manos entrelazadas cuando la camarera nos guiaba a nuestra mesa y oí una voz familiar que siempre me irrita.—¡Oh, Dios mío! ¿Nos has seguido hasta aquí, Dianna?Oí la respiración violenta de Dylan a mi lado. Simplemente me eché el pelo hacia atrás mientras ponía los ojos en blanco hacia Roxanne. Mis ojos también captaron a Lucas y a su hija, Reanna.—¿Estás ciega o solo eres tan estúpida, Roxanne? ¿No ves que estoy con mi novio?—Dianna, no me golpes. Solo disfrutemos de nuestra cena esta noche.Dylan acercó el rostro al mío para susurrármelo.—No creo que ya pueda disfrutarlo —le respondí a Dylan.—Por cierto, solo estoy aquí para comer en paz con mi hombre; espero que puedas cerrar la boca.—¿Por qué——Roxanne…Cerró la boca. Es solo sorprendente que desde que Lucas y yo nos enfrentábamos, parece estar escondiendo la cola y no tiene fuerzas para armar problemas.—Buenas noches, señora y señor. Aquí está nuestra carta. Pueden elegir libre







