بيت / Romance / La cláusula del millonario / Capítulo 7: Un Palacio con Paredes Frías

مشاركة

Capítulo 7: Un Palacio con Paredes Frías

مؤلف: Zara Noir Autora
last update تاريخ النشر: 2025-05-13 04:33:53

Sofía sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario, hasta que ambos desviaron la vista al oír el timbre.

—¿Esperas a alguien?

—No.

Ethan se levantó con rapidez medida. Abandonó el comedor y Sofía escuchó sus pasos firmes cruzar el recibidor. Un murmullo bajo, luego una pausa… y luego una voz más alta. Masculina. Con una familiaridad que no cuadraba con el ambiente contenido de la casa.

—¡Vamos, Blake! ¿No vas a invitarme a conocer a tu flamante esposa?

Sofía se levantó también, caminando hacia el recibidor. Al llegar, se encontró con un hombre de unos treinta y tantos, bronceado, con una sonrisa afilada y un aire de arrogancia encantadora. Vestía como alguien que jamás ha tenido que preocuparse por agradar. Llevaba una botella de whisky en una mano, y la otra ya estirada en dirección a ella.

—Tú debes ser Sofía. Soy Julian. El mejor amigo de tu nuevo esposo. Y su peor influencia.

Ethan fruncía el ceño, pero no lo detuvo.

—¿No crees que es un poco tarde para las visitas sociales? —dijo Ethan, seco.

—Es tarde, sí. Pero ¿qué mejor momento para celebrar un matrimonio que nadie vio venir?

Sofía aceptó el apretón de manos, intentando mantener la compostura. Julian la miraba con demasiado interés.

—No me mires así —dijo Julian, divertido—. Estoy tratando de descifrar si eres real. No pensé que Ethan fuera capaz de hacer algo tan humano como casarse.

—Qué halago tan peculiar —respondió ella, cruzándose de brazos.

—Es mi especialidad —guiñó un ojo y se volvió hacia Ethan—. Vamos, deja de gruñir y sirve otro vaso. Quiero brindar por lo imposible.

Ethan suspiró.

—Cinco minutos. Luego te vas.

Julian se instaló en un sofá sin pedir permiso. Sofía sintió que, en pocos minutos, la casa que parecía tan controlada se había llenado de un caos incómodo.

Pero también notó otra cosa: Ethan no estaba simplemente irritado. Estaba tenso. Vigilante. Como si Julian no fuera solo un amigo molesto, sino alguien que sabía demasiado.

Durante la breve charla que siguió, Julian lanzó indirectas que Sofía no alcanzó a descifrar del todo. Mencionó un viaje a Praga, una mujer llamada “C.” y algo sobre “no todos los contratos duran”. Ethan no lo interrumpió, pero su mandíbula se apretaba más con cada palabra.

Cuando Julian por fin se levantó para irse, se despidió de Sofía con otra sonrisa ladeada.

—Fue un placer conocerte. Y un consejo: no firmes nada sin leer entre líneas.

Cuando la puerta se cerró, Sofía se volvió hacia Ethan.

—¿Siempre es así?

—Sí. Y no —respondió él, sin dar más detalles.

—¿Te molesta que haya venido?

—Me molesta que haya venido esta noche.

—¿Por qué?

Ethan no contestó de inmediato. Caminó hacia la mesa, recogió su copa de vino, la giró entre los dedos.

—Porque hoy era tu primer día aquí. Y merecías una bienvenida sin interferencias.

Sofía no respondió. Pero esa vez, la incomodidad no vino de las palabras… sino de lo que empezaba a haber detrás de ellas.

La puerta se cerró con un chasquido que retumbó como si la casa misma protestara por haber sido invadida.

Sofía permaneció en el centro del recibidor, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, procesando lo que acababa de ocurrir. Julian. El amigo encantadoramente impertinente de Ethan. El que hablaba como si supiera demasiado y se callara lo justo para dejar todo en el aire. El que la había mirado como si ya supiera que esto —ella, el matrimonio, todo— era una mentira cuidadosamente disfrazada.

Ethan se mantuvo de pie junto a la puerta, inmóvil, como si aún estuviera decidiendo si debía ir tras él… o cerrar también otra puerta dentro de sí.

—¿Quién es “C”? —preguntó Sofía, sin preámbulos.

Él no se movió. Solo bajó la mirada por un instante.

—Alguien del pasado.

—¿Del tipo de pasado que puede arruinar un matrimonio falso?

Ethan la miró entonces, con una intensidad que no era rabia ni molestia. Era advertencia.

—Mi pasado no está en el contrato.

—¿Y Julian?

—Él tampoco. Pero a diferencia de “C”, Julian tiene la costumbre de aparecer sin permiso.

Sofía soltó un suspiro leve. No sabía si era más molesto el misterio o el hecho de que él no pareciera sentir la necesidad de explicarse. Volvió a mirar hacia las escaleras.

—Supongo que ya terminé de cenar —dijo, y se dio la vuelta sin esperar respuesta.

Subió a su ala personal, cerró la puerta con más fuerza de la necesaria y se dejó caer en la cama. No lloró. No se enojó. Solo sintió una mezcla densa de desconfianza, soledad y un desconcierto que no se resolvía con lógica.

Estaba legalmente casada con un hombre que podía esconder un huracán detrás de una frase.

Durmió poco y mal. Y cuando el sol apenas comenzaba a pintar de dorado los ventanales altos, ya estaba de pie.

Esa mañana no esperó que la buscaran ni que le dieran un itinerario. Se vistió con jeans oscuros, una blusa sencilla y su cabello atado en una coleta baja. Se miró en el espejo antes de salir. No parecía una esposa. No parecía una intrusa.

Parecía una mujer que había decidido averiguar en qué diablos se había metido.

Caminó por la casa en silencio. Cada rincón estaba decorado con precisión de catálogo: estanterías simétricas, arte moderno en colores neutros, muebles que parecían más contemplativos que funcionales. Había belleza, sí. Pero no alma. Como si todo en esa casa existiera para impresionar… no para habitarse.

El ala este comenzó tras una galería de cuadros abstractos. No había cámaras visibles, pero sentía que estaba siendo observada. Aún así, siguió.

La primera puerta que abrió era una sala de lectura. Oscura, acogedora, con sillones de cuero y una chimenea apagada. En las estanterías: primeras ediciones, volúmenes antiguos, libros subrayados. Ethan leía. Eso era nuevo.

La segunda puerta era un despacho. Inmaculado. Ni un papel fuera de lugar, ni una pluma sobre el escritorio. Solo orden. Orden casi obsesivo. El tipo de orden que uno necesita cuando el interior es todo lo contrario.

Pero fue la tercera puerta la que realmente la hizo detenerse.

Entornada. Silenciosa.

Sofía empujó apenas, y al otro lado encontró una habitación sin ventanas, con paredes cubiertas de pantallas apagadas, un escritorio mínimo, y una caja fuerte empotrada en la pared. Cámaras de seguridad. Vigilancia. Control.

Y en una esquina, una pequeña repisa con un solo objeto: una foto.

Era Ethan. Más joven. Más relajado. Sonriendo junto a una mujer de cabello castaño y ojos oscuros. La forma en que él la miraba… no había nada falso en esa imagen.

Detrás del marco, una inscripción casi borrada: "Caroline. 2016"

Sofía sintió un nudo en el pecho. No era celos. Era algo más incómodo: la certeza de que, aunque vivieran bajo el mismo techo, Ethan no le había dado acceso a nada real.

—Te perdí en el segundo piso —dijo la voz de Ethan detrás de ella.

Sofía se giró bruscamente. Lo encontró en la puerta, sin corbata, las mangas de la camisa arremangadas. Menos CEO, más hombre. Y por primera vez, no parecía en control.

—No estaba espiando —dijo ella—. Solo... estaba buscando conocer dónde vivo.

Él asintió despacio, sin entrar.

—Y encontraste más de lo que esperabas.

Sofía lo miró fijamente.

—¿Caroline fue tu esposa?

—No.

—¿Ex?

—Fue importante. Eso es suficiente.

Ella no apartó la vista.

—¿Y por qué escondes una foto si ya no significa nada?

Ethan se acercó, tomó la imagen con delicadeza, la contempló por un segundo. Luego la volvió a dejar… al revés.

—Algunas cosas se quedan donde no puedan hacer daño. Ni a otros, ni a uno mismo.

—Yo no quiero hacer daño, Ethan. Pero no puedo caminar sobre cristales rotos sin saber de dónde vienen.

Él respiró hondo. Luego alzó el rostro, su tono más bajo, más honesto.

—No quiero que seas tú quien se corte con mi pasado.

Sofía no respondió. No porque no tuviera palabras, sino porque algo en ella comenzaba a entender que, más allá del dinero y del contrato, estaba entrando en una vida llena de cicatrices cuidadosamente disimuladas.

Y lo peor era que ella también tenía las suyas. Solo que aún no había decidido si las iba a mostrar… O a enterrar…

استمر في قراءة هذا الكتاب مجانا
امسح الكود لتنزيل التطبيق

أحدث فصل

  • La cláusula del millonario   Capítulo 10: Nudos en el Silencio

    Sofía se quedó paralizada.No había archivos adjuntos. No había amenazas. Solo palabras que funcionaban como cuchillas bien afiladas.Volvió a leer el nombre: Caroline. El de la foto. El nombre que Ethan no había querido mencionar del todo. El que convirtió su mirada en piedra por unos segundos.Londres. 2016.Sintió una presión en el pecho. ¿Era verdad? ¿Una manipulación? ¿Una advertencia?Cerró la laptop y se levantó con rapidez, como si el acto de estar sentada le impidiera respirar.¿Acaso estaba teniendo sentimientos hacia un hombre que quizás había enterrado algo más que emociones?Y esta vez, ni el contrato ni el silencio la iban a proteger.Ethan había vuelto esa noche más tarde de lo normal.Traía el cuello de la camisa ligeramente desabrochado —algo inusual en él— y los ojos con ese brillo opaco que Sofía ya había aprendido a leer: algo lo había irritado. O desestabilizado. Lo que no sabía era que pronto sería ella quien lo empujaría más cerca del borde.Lo esperó en la bibl

  • La cláusula del millonario   Capítulo 9: Lo Que No Se Compra

    Sofía lo leyó tres veces antes de tomar el móvil y enviar un mensaje.—¿Qué es la Fundación Blake?La respuesta de Ethan fue breve.“Una obra benéfica. Mi madre la fundó antes de morir. La mantengo en honor a su nombre.”Eso era nuevo. Sofía no sabía que Ethan había perdido a su madre. Ni que sostenía una fundación. Ni que tenía historia emocional más allá de los rumores de negocios.—¿Qué esperan que diga? —le preguntó cuando lo vio.—Lo que quieras. Pero si te preguntan por nosotros, mantén la línea.—¿Cuál es la línea?—Pareja sólida. Unión reciente. Discreta. Sin escándalos.Sofía asintió, aunque su estómago comenzaba a cerrarse como una flor bajo la tormenta.Esa noche, el evento fue menos glamoroso que el anterior, pero mucho más exigente. Había cámaras. Periodistas. Micrófonos. Gente escudriñando sus gestos. Analizando sus palabras.Ethan era un bloque. Intachable. Cordial.Sofía, en cambio, se sintió por momentos al borde del error. Hasta que una reportera joven —de rostro ama

  • La cláusula del millonario   Capítulo 8: Flashbulbs y Sombras

    El vestido era rojo. Ethan lo había hecho llegar esa mañana, junto con una nota escrita a mano. Breve. Impecable.“Confío en tu presencia tanto como en tu palabra. Nos vemos a las ocho.”Sofía lo sostuvo entre sus manos por varios minutos, como si fuera más una armadura que una prenda. Era elegante, sencillo, con espalda baja y tela que caía como agua sobre su cuerpo. Demasiado perfecto. Demasiado calculado.A las ocho en punto, bajó las escaleras. Ethan ya la esperaba en el vestíbulo, con un esmoquin negro que hacía juego con la noche.Cuando la vio, no dijo nada al principio. Sólo la observó.Y luego, con ese tono que rozaba lo íntimo sin cruzarlo decidió hablar.—Parece que el vestido eligió bien.—¿Esto también lo elegiste tú?—Elegí que lo eligieran por mí. Me cuesta menos equivocarme así.—¿Y si me hubiera parecido horrible?—Te habrías visto igual de impactante. Pero con mejores argumentos en contra.Sofía sonrió, sorprendida. Era la primera vez que lo escuchaba bromear. O algo

  • La cláusula del millonario   Capítulo 7: Un Palacio con Paredes Frías

    Sofía sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario, hasta que ambos desviaron la vista al oír el timbre.—¿Esperas a alguien?—No.Ethan se levantó con rapidez medida. Abandonó el comedor y Sofía escuchó sus pasos firmes cruzar el recibidor. Un murmullo bajo, luego una pausa… y luego una voz más alta. Masculina. Con una familiaridad que no cuadraba con el ambiente contenido de la casa.—¡Vamos, Blake! ¿No vas a invitarme a conocer a tu flamante esposa?Sofía se levantó también, caminando hacia el recibidor. Al llegar, se encontró con un hombre de unos treinta y tantos, bronceado, con una sonrisa afilada y un aire de arrogancia encantadora. Vestía como alguien que jamás ha tenido que preocuparse por agradar. Llevaba una botella de whisky en una mano, y la otra ya estirada en dirección a ella.—Tú debes ser Sofía. Soy Julian. El mejor amigo de tu nuevo esposo. Y su peor influencia.Ethan fruncía el ceño, pero no lo detuvo.—¿No crees que es un poco tarde para las visitas sociales? —

  • La cláusula del millonario   Capítulo 6: La Firma del Nombre, No del Corazón

    El trayecto desde el ayuntamiento hasta la casa de Ethan duró apenas cuarenta minutos, pero para Sofía fue como viajar entre dos realidades.Había algo en ese auto negro —con los cristales ahumados, el silencio acolchado y la presencia de Ethan a su lado sin decir palabra— que la hacía sentirse increíblemente fuera de lugar. Como si su ropa sencilla, su vida pasada, incluso sus pensamientos no tuvieran permiso para entrar en ese nuevo mundo.Cuando el auto cruzó las puertas de hierro forjado, se encontró con una mansión de fachada moderna, todas líneas limpias, ventanales infinitos y piedra blanca. Nada en ella gritaba ostentación. Todo lo susurraba: elegancia controlada, poder discreto.El chofer abrió la puerta, y Sofía bajó, sintiendo que los tacones se le hundían no en el suelo… sino en el compromiso que acababa de firmar.—¿Esta es tu casa? —preguntó, más por llenar el silencio que por necesidad.—Es nuestra casa —respondió Ethan sin énfasis, como si estuviera leyendo una línea d

  • La cláusula del millonario   Capítulo 5: La Última Noche

    Sofía se encontraba de pie mientras veía su apartamento, este ya había sido desocupado y todas sus cosas estaban en unas cuantas cajas rotuladas según lo que contenían.—Bueno, supongo que eso es todo —Lena cerró con sellador la última caja —. ¿Estás segura de lo que vas a hacer?—Siendo sincera, no, pero sabes bien que necesito el dinero para pagar las cuentas médicas de mi mamá. 50 mil dólares no es algo que se encuentra a la vuelta de la esquina y tampoco es una cifra que pueda ganar en el tiempo tan corto que necesito tenerlo.—Tienes razón —Lena se sentó en el sofá que tenía una sábana blanca —. Bueno, solo me queda desearte lo mejor en este falso matrimonio. Espero que Ethan no sea un altivo y prepotente que te haga sufrir.—No tiene la pinta de serlo, quizás es un hombre frío y calculador, pero hasta el momento me ha tratado con más decencia humana que los tipos de mi trabajo. —Eso es algo bueno —Lena se levantó y abrazó a Sofía —. Gracias por todos estos años de amistad, Sofí

فصول أخرى
استكشاف وقراءة روايات جيدة مجانية
الوصول المجاني إلى عدد كبير من الروايات الجيدة على تطبيق GoodNovel. تنزيل الكتب التي تحبها وقراءتها كلما وأينما أردت
اقرأ الكتب مجانا في التطبيق
امسح الكود للقراءة على التطبيق
DMCA.com Protection Status