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Capítulo 20

Author: Glenmarts
last update publish date: 2024-12-27 01:42:00

Lucius se deslizó por los pasillos del palacio con determinación, su mente trabajó rápido para encontrar una solución al problema que Irene representaba. Finalmente, llegó a los aposentos del emperador y se encontró con el servidor traidor que había contratado para llevar a cabo sus oscuros planes.

El hombre, un individuo sombrío con ojos llenos de malicia, lo recibió con una mirada expectante, ansioso por recibir órdenes.

—¿Qué novedades tienes para mí? —preguntó Lucius en un susurro tenso, as
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    La ceremonia de matrimonio se llevó a cabo con una pompa grotesca que Irene sintió como una burla cruel a su libertad. Lucius, enfundado en un manto púrpura que ahora le pertenecía como emperador, la tomó del brazo con una sonrisa de triunfo, mientras la corte observaba con silenciosa sumisión. Los soldados permanecían en formación rígida, testigos mudos de un enlace que carecía de amor y estaba impregnado de imposición y estrategias de poder.Irene, vestida con un traje nupcial resplandeciente que parecía desafiar el oscuro destino que la rodeaba, caminó hacia el altar con una expresión pétrea. En sus ojos brillaba una mezcla de odio y determinación. Si los asistentes esperaban ver a una mujer rota, se llevaron una sorpresa: la postura de Irene era altiva, su porte, regio. No era una víctima, sino una cazadora que aguardaba el momento exacto para lanzar su ataque.Durante el banquete posterior, Lucius estaba eufórico, levantando su copa una y otra vez para celebrar su victoria sobre

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    Con el poder recién consolidado en sus manos, Lucius no dejó lugar para la duda o la vacilación. Con una determinación fría y calculadora, ordenó el arresto de Publius Caesar, temiendo que su antiguo rival pudiera representar una amenaza para su nuevo reinado. Los soldados, cumpliendo obedientemente las órdenes de su nuevo emperador, se abalanzaron sobre Publius y lo arrastraron hacia las sombrías profundidades de las mazmorras del palacio.Mientras tanto, Irene fue llevada ante Lucius, cuyos ojos brillaban con una mezcla de lujuria y poder mientras la observaba con atención. Sabía que, como esposa de Publius, Irene poseía una posición privilegiada en el imperio y, como tal, podía ser un valioso peón en su juego de dominio y control.—Mi querida Irene —murmuró Lucius, su voz suave pero cargada de malicia— has llegado a un momento crucial en tu vida. Ahora que tu esposo está fuera del camino, tengo planes para ti.Irene lo miró con desconfianza, consciente de las intenciones ocultas de

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    Lucius se deslizó por los pasillos del palacio con determinación, su mente trabajó rápido para encontrar una solución al problema que Irene representaba. Finalmente, llegó a los aposentos del emperador y se encontró con el servidor traidor que había contratado para llevar a cabo sus oscuros planes.El hombre, un individuo sombrío con ojos llenos de malicia, lo recibió con una mirada expectante, ansioso por recibir órdenes.—¿Qué novedades tienes para mí? —preguntó Lucius en un susurro tenso, asegurándose de que nadie más estuviera cerca para escuchar su conversación.El servidor traidor sonrió siniestramente y se inclinó hacia adelante, compartiendo sus planes en voz baja con Lucius. Había estado observando al emperador y esperando pacientemente el momento perfecto para actuar.—Hay una oportunidad que se está presentando —murmuró el traidor, su voz llena de anticipación—. El emperador está más vulnerable de lo que piensa. Si actuamos con precisión, podemos acabar con él y abrir el ca

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    Lucius, con su habitual astucia y maestría en los juegos políticos, planeó cuidadosamente el encuentro entre Galiana y el emperador. Sabía que necesitaba ganarse el favor y confianza del monarca para asegurar su posición en la corte y que la presencia seductora de Galiana sería la llave para lograrlo.Con discreción, Lucius esperó ser convocador por el emperador y le sugirió la idea de invitar a Galiana a sus aposentos, asegurándole que su presencia sería una adición placentera a la velada. Utilizó su habilidad para leer las señales y manipular situaciones a su favor para convencer al emperador de que era una decisión acertada.El emperador, intrigado por la sugerencia de Lucius y atraído por la promesa de la compañía de Galiana, aceptó de buena gana la propuesta. Con un gesto de su mano, indicó que Galiana fuera invitada a sus aposentos esa misma noche, ansioso por disfrutar de su encanto y seducción.Galiana se acercó al emperador con una gracia felina, su figura envuelta en una te

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    Sin embargo, en medio del caos y la confusión, Publius actuó con rapidez. Con reflejos felinos, se lanzó hacia adelante y agarró la mano de Irene en un movimiento desesperado. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de los de ella, su agarre firme y seguro mientras la detenía en su caída hacia la oscuridad. Un suspiro de alivio se escapó de los labios de la multitud cuando vieron a Publius atrapar a Irene, evitando que se estrellara contra las rocas del abismo. Sus corazones latían con fuerza mientras observaban la escena con incredulidad y asombro. Irene colgaba del borde del acantilado, sostenida por Publius, quien la miraba con preocupación y determinación. Aunque el peligro aún no había pasado, el hecho de que estuviera en los brazos de Publius le brindaba cierto consuelo y seguridad en medio del caos que los rodeaba. Con un esfuerzo concentrado, Publius logró levantar a Irene de nuevo al nivel del suelo, alejándola del borde del abismo con cuidado. La multitud estalló en apl

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