Se connecterCapítulo 6
Todo pasó muy rápido, la mujer era una actriz por excelencia, porque hizo un escándalo monumental como si de verdad yo la hubiera atacado. Los hermanos de Steve se me vinieron encima, no me dejaron hablar o dar mi version, para ellos la palabra de su madrastra era suficiente para juzgarme —¿Quién te crees que eres? —me gritó uno—. Llegas a nuestra casa y armas un escándalo, atacas a una de mujer de nuestra familia —Una oportunista —dijo otro—. Eso es lo que eres, solo quieres aprovecharhe de la situación para sacar a tu padre de la ruina. —Una vividora —agregó de nuevo el primero — Qué conveniente que tú hermana se casó con otro hombre millonario ¿Es el modus operandi de tu papá? ¿Vender a sus hijas? Sentí que el pecho se me apretaba, pero no retrocedí, no iba a dejar que me humillaran. Las esposas no se quedaron calladas. —Todos saben que su familia está casi en la quiebra —dijo una, mirándome de arriba abajo—. Es más que obvio. Se está aprovechando de un hombre inconsciente para salvar a los López. —Una boda por dinero —añadió otra—. Patético. Marina sonreía desde agarrando su herida con la otra mano, satisfecha, fingiendo dolor. —No finjas —le dije, mirándola de frente—. Tú sabes muy bien lo que hiciste, tu misma te cortaste ¿Estás loca? Uno de los hermanos dio se acercó a mí. —No vuelvas a levantar la voz en esta casa —me gritó muy enojado y agresivo —. No tienes ningún derecho aquí, para nosotros eres un parásito. Respiré hondo. Sentía las piernas temblarme, pero no iba a permitir que me aplastaran. —Ustedes no me conocen —dije con firmeza—. Pero yo sí los veo claramente. Son buitres. Y mientras yo esté en esta casa, nadie va a tocar a Ana. Y mucho menos a Steve. Hubo un murmullo general. —¿Nos estás amenazando? —preguntó uno de ellos, burlón. —Estoy poniendo límites —respondí—. Algo que ustedes no conocen. Ana se aferró más a mi cuello. Sentí su carita húmeda por las lágrimas. Fue entonces cuando la abuela Estela habló. —¡Basta! —ordenó con autoridad. El silencio fue inmediato. Estela avanzó despacio, apoyada en su bastón, pero su presencia imponía más que cualquier grito. —Esta discusión termina ahora. Miró uno por uno a sus nietos, a sus esposas y finalmente a Marina. —Catalina es la esposa de Steve —dijo—. Y mientras él no pueda estar conciente, ella tiene autoridad en esta casa. Las esposas se miraron entre sí, incrédulas. —Abuela, no puedes decir eso —dijo una—. Ella acaba de llegar. —No importa —respondió Estela—. Después de mí, ella es la segunda señora de esta casa. Eso encendió todo. —¡Eso es una locura! —gritó Marina—. ¡No puedes ponerla por encima de nosotros! —Sí puedo —respondió Estela sin alzar la voz—. Y lo acabo de hacer desde ahora, ella es la segunda matriarca de la familia. Los hermanos también empezaron a protestar. —Steve es el patriarca de esta familia —continuó Estela—. Es el mayor. Siempre lo fue. Y su esposa merece respeto. Se giró hacia ellos. —Y ahora van a disculparse. —¿Qué? —exclamó una de las mujeres—. ¡Jamás! —No es una sugerencia —dijo Estela—. Es una orden y si quieres gozar de los privilegios de ser una Ferbuson, te aconsejo que sigas mis reglas. Hubo un silencio tenso. —Disculpas —repitió—. A Catalina. Y a la niña. Ana levantó la cabeza desde mi hombro y los miró con rabia, les saco la lengua. —Brujas —dijo, señalándolas. —Lo siento —dijeron al unisono muy frustradas Sabía que sus disculpas no eran sinceras, le agradecí a la abuela su apoyo y me lleve a Ana. —Vamos —le susurré—. Ya pasó. No quería causar problemas en esta casa, lo último que deseaba era tener enemigos y más cuando uno de ellos era peligroso, pero algo se activo en mi, al ver a la pequeña inocente llorando, quien sabe cuántas veces la habían humillado y maltratado. Subí las escaleras con Ana en brazos. Temblaba todavía. La llevé a su habitación, la acosté y me senté a su lado. —No te va a pasar nada —le dije—. Te lo prometo, eres una princesa valiente Me abrazó fuerte. —¿Te vas a ir? —preguntó con miedo. —No —respondí sin dudar—. Me quedo contigo hasta que te duermas, luego me voy con tu papá ¿Te parece? Ella sonrió y asintió. Poco a poco se fue calmando. Le acomodé las sábanas y le acaricié el cabello hasta que se quedó dormida. Me quedé ahí unos minutos más, mirándola. Pensando en todo lo que había pasado, pero también pensé en mi, En lo rápido que había cambiado mi vida, en como en un día todo mi mundo eran una niña y un hombre en coma. Era mi destino y debia asumirlo, regrese a la habitación de Steve, Necesitaba hablar con Diego y pedirle disculpas por dejar la conversación a medias Caminé hacia la habitación de Steve. Cuando estaba por abrir la puerta, me detuve. Escuché una voz de un hombre hablando con Diego y a Diego susurrando. —No puedo creerlo… —decía esa otra voz—. Es una mujer increíble. Me quedé paralizada escuchando esa conversación. —Enfrentaste a todas esas locas —dijo Diego —. Se gano a Ana… y a la abuela Estela muy rápido, es porque es asombrosa. Sentí un escalofrío, no se, sentía que todo esto tenía un toque extraño, quizás era mi cabeza intentando darle una explicación a todo lo que sucedia en esta casa de locos —Pero no es motivo de alegría —dijo después esa voz —. Ahora está en la mira. Y eso es peligroso, tienes que cuidarla. Mi corazón empezó a latir más fuerte y empujé la puerta. —¿Diego? —pregunté—. ¿Con quién hablabas?Capítulo 132Narra Catalina....Tres meses despuésLa carta de Jade llegó esa mañanaLa encontré sobre mi escritorio, entre unos catálogos nuevos de la próxima colección y unos documentos de la empresa. Reconocí su letra de inmediato y sentí una nostalgia antes incluso de abrirla.Me senté junto a la ventana y empecé a leer despacio.Jade me contaba que había conocido a un hombre bueno. Decía que él la trataba con una ternura que a veces hasta le daba culpa aceptar, porque una parte de ella seguía sintiéndose atada a Diego.Eso fue lo que más me dolió de la carta.No que hubiera rehecho su vida. Eso me alegraba. Me dolió leer la honestidad con la que me confesaba que todavía amaba a Diego, que seguía soñando con él a veces, que todavía se preguntaba si habría podido salvar algo de su matrimonio si hubiera sido más valiente, más sincera, menos torpe.“Lo sigo amando”, escribió. “Y creo que siempre lo voy a amar de una forma que nadie me va a poder quitar. Pero también estoy cansada de
Capítulo 131Mi primer impulso fue agarrar a Hope.No pensé en nada más. Solo la miré a ella, dormida en su cuna, tan pequeña, tan indefensa, y debía ser fuerte para protegerla.Renata siguió avanzando despacio, con esa sonrisa torcida que siempre me había dado escalofríos.—No te acerques —le advertí, con la voz temblando —. No te acerques a mi hija.Ella ladeó la cabeza, como si de verdad le divirtiera verme así.—Tu hija… —repitió con un tono venenoso—. Qué fácil lo dices. Qué fácil te sale defender lo que es tuyo cuando a mí me quitaron lo mío.Tragué saliva y moví la silla apenas un poco hacia la cuna.—No te atrevas a mirarla siquiera.Renata sonrió burlona y siguió caminando. Se veía desquiciada, pero no descontrolada. Eso era peor. Sus ojos estaban muy abiertos, brillantes, llenos de una rabia que la consumía que parecía no haberse apagado nunca.—Me la voy a llevar —dijo de pronto, sin rodeos—. Voy a criarla yo. Voy a recuperar a la hija que perdí, y ella es la mejor opción.
Capítulo 130Narra AnaEscuchar a Julián decir que se iba del país con nuestra hija fue peor que cualquier grito.Me dolió más que la discusión, más que su tono, más que el cansancio que llevaba semanas acumulándose entre nosotros. Me dolió porque supe que lo decía de verdad.De verdad estaba pensando en apartarse de mí y llevarse lo único que mantenía mi corazón latiendo todos los días.—No puedes hacer eso —le dije sintiendo que la voz me temblaba demasiado.Pero él estaba herido Lo vi en sus ojos. —Puedo hacerlo si tú sigues rechazándome cada vez que intento acercarme.Lo odié por decir eso. Lo odié por hacerme sentir culpable de algo que yo tampoco sabía manejar.—¿Rechazarte? —le solte con una risa rota—. Llevo meses intentando volver a sentir que mi cuerpo me pertenece y tú me vienes a decir eso.Él me miró por fin. Cansado. —Solo quiero ayudarte.—Pues no me ayudas.Se hizo un silencio horrible. Julián apretó la mandíbula y negó lentamente con la cabeza.—Entonces no sé qué
Capítulo 129El disparo me dejó sin aire.Apenas lo escuché, corrí hacia la bodega con el corazón a mil por hora, sintiendo que el cuerpo no me respondía lo suficientemente rápido. Detrás de mí entraron Yina, Larios, Julián y los demás agentes, pero yo solo veía una cosa en mi cabeza: Steve en el suelo, muerto, y mis hijos mirando esa escena sin poder hacer nada.Cuando crucé la entrada, lo primero que vi fue a Steve apoyado contra unas cajas, con la respiración agitada y una mano apretando su pierna. La sangre le manchaba el pantalón, pero estaba consciente. Vivo.—¡Steve! —grité corriendo hacia él.Me arrodillé a su lado y le tomé la cara con las manos temblando. Él me miró con dolor pero intentó tranquilizarme todo el tiempo.—No fue grave —me dijo con la voz cortada—. En la pierna… nada más.Sentí que casi me desmayaba del alivio. Le besé la frente, la cara, el cabello, sin importarme nada.—No vuelvas a hacerme esto —le dije llorando.Él quiso responder, pero detrás de mí escuch
Capítulo 128Narra Catalina Cuando Larios supo lo que estaba pasando con los mellizos, regresó antes de terminar el viaje en el que estaba. Yo estaba en el estudio con Steve y Yina revisando por cuarta vez el mapa del terreno cuando escuché la puerta abrirse y sus pasos en el pasillo. Giré de inmediato.Larios entro —Ya sé todo —dijo sin saludar siquiera—. Voy con ustedes.Steve levantó la vista. Durante años pensé que nunca iba a ver a esos dos hombres en el mismo lado de una mesa, pero ahí estaban. El uno frente al otro.Steve se puso de pie despacio.—Gracias por venir.La frase me sorprendió tanto como a Larios. —No lo hago por ti.—Lo sé —replicó Steve—. Igual gracias.No había tiempo para más. Yina extendió sobre la mesa las fotos.Larios empezó a revisar las fotos en silencio. Pasaba una por una con atención hasta que llegó a la imagen del novio muerto de Renata. Su expresión cambió.—No puede ser —murmuró.Steve frunció el ceño.—¿Qué pasa?Larios levantó la foto con mano
Capítulo 127Narra RenataMe serví otra copa de vino y me apoyé en la mesa de madera que había en medio de la bodega. Daniel y Daniela estaban sentados en el suelo, atados de manos, con la espalda apoyada contra unas cajas. Los dos tenían la cara pálida sin demostrar miedo. Eran hijos de Steve. Era normal que tuvieran ese orgullo ridículo.Daniel fue el primero en hablar parecía creer que si insistía lo suficiente algo iba a cambiar en mi—Déjanos ir —me pidió tratando de sonar valiente aunque se le notaba el miedo—. No te hemos hecho nada.Daniela tenía los ojos llenos de lágrimas, pero se mordía la boca para no llorar delante de mí. Eso me hizo sonreír un poco. Siempre me gustó más ella Más orgullosa, parecida a Catalina.Tomé un sorbo de vino y los miré con odio—No, mis amores —les dije con una ternura —. Ustedes no me hicieron nada. Fue su madre la que me quitó lo único importante que yo tenía. Y ahora ustedes van a pagar las consecuencias.Daniel apretó los dientes.—Estás lo







