LOGINCapítulo 5
Me asusté cuando sentí que Steve me apretó la mano. Fue un apretamiento leve, casi imperceptible, pero lo sentí con muchos nervios. Di un paso atrás, con el corazón acelerado, fue inevitable asustarme. —¿Él… está despierto? —pregunté en voz baja, sin apartar la mirada de su rostro, esperando que abriera los ojos. Diego se acercó y miró la mano de Steve. —Tranquila —dijo—. Son reflejos, A veces pasa, no te preocupes. Intenté relajarme, pero algo dentro de mí me decía que estaba despierto. Aun así, asentí. No quería parecer paranoica ni exagerada. Diego se giró hacia la puerta. —Por favor, todos fuera —ordenó con firmeza. Los hermanos de Steve protestaron, y la mujer rubia, su madrastra, fue la última en salir. Antes de irse, me miró con desprecio. —Esto no va a quedar así —dijo—. Haré todo lo posible para que esta boda se anule. No perteneces a esta familia. No respondí, me quedé paralizada, con las manos temblándome a los costados, la abuela Elena me dió su bendición y también salió de la habitación. Cuando por fin estuvimos solos, Diego suspiró. —Necesito que hablemos — me señaló el sofá cama de la habitación — Te invito a cenar y te explico todo. —¿Ahora? —pregunté, confundida. —Sí. No quiero que te vayas a dormir con dudas de tu nueva vida. Acepté, tenía que someterme a los deseos de los Ferbuson. Me cambié el vestido de novia que había usado solo unos minutos. Me sentía ridícula mirándolo colgado en el respaldo de la silla. Me puse ropa sencilla y volví a la habitación de Steve. Cuando entré, vi que Diego había preparado una cena para dos. Una pequeña mesa, platos desechables y pizzas, creo que quería que las cosas no fueran tan formales. Se me hizo extraño el lugar. —¿Aquí? —pregunté. —No quiero dejarlo solo —respondió—. Y además… es mejor que todo se hable aquí. Asentí. Durante la cena, Diego fue directo. —Steve no tuvo un accidente —confeso —. Fue un atentado. Sentí un escalofrío. —¿Un atentado? —Sí. Alguien intentó matarlo. Si no hubiera sido por la persona que lo sacó del auto, habría muerto esa noche. Mi estómago se encogió. No dije nada. No queria decirle que había sido yo. —Creemos que fue alguien de su familia —continuó—. El dinero, el control de la empresa… todo apunta que ese es el motivo. —¿Y yo? —pregunté—. ¿Por qué yo y mi familia? Diego me miró fijamente. —Porque Steve dejó instrucciones claras. Tú ahora eres su esposa. Y mientras esté en ese estado, necesitas quedarte aquí y cuidarlo. —¿Eso es todo? —dije, con un nudo en la garganta. —No —respondió—. Tu misión es protegerlo. Cuidarlo a él y a Ana su hija, No puedes confiar en nadie. Cuando se descubra al culpable, tendrás tu libertad. —¿Libertad? —repetí. —Podrás irte. Anular la boda y hacer tu vida sin consecuencias para tu familia. Lo miré en silencio. —Lo cuidaré —dije finalmente—. Con mi vida, si es necesario pero no por el divorcio, solo que no creo que sea justo lo que le pasó. Diego asintió, como si eso fuera exactamente lo que necesitaba escuchar. En ese momento, la puerta se abrió de un golpe. La niña del hospital entró corriendo y se lanzó contra mí. —¡Eres tú! —gritó, abrazándome fuerte con una carcajada de felicidad. Me agaché de inmediato y la abracé también. —Hola —le dije, sonriendo por primera vez en horas. Levantó la cabeza y me miró con ilusión. —¿Tú eres mi nueva mamita? El corazón se me apretó. —No —respondí con suavidad—. Por ahora soy tu amiga. Y voy a ayudarte a cuidar a tu papá. Sus ojos se iluminaron. —¡De verdad! Asentí. Empezó a saltar de alegría y corrió hacia la cama de Steve. Lo llenó de besos en la mejilla, hablándole sin parar. —Papá, papá, ya no estás solo. La observé en silencio, con un nudo en la garganta, una niña no debía pasar por un dolor como este. —Ana —le dije—. ¿Me ayudas con algo? —¡Sí! —Ve por unas sábanas limpias. Vamos a cambiarle la cama a tu papá. Salió corriendo sin pensarlo. Diego me miró con una sonrisa, creo que le sorprendió lo bien que empezó a llevarse conmigo, no se porque habíamos conectado. —No tiene a nadie —suspiro —. Desde que murió su madre, Steve se perdió. Salía con mujeres, evitaba la casa. La abuela y la niñera se encargaron de Ana. —Ella necesita a alguien —respondí sintiendo compasión por ella, era una niña que no merecía estar en medio de una jauría de lobos y me compadecí de su dolor. Escuché gritos Y luego, el llanto de Ana. Salí de la habitación, y en la cocina, vi a la mujer rubia. Marina Ferbuson. Estaba frente a Ana, gritándole. La niña lloraba, temblando. En el suelo había cosas rotas, fue fácil decifrar la escena y lo que había pasado —¡Mira lo que hiciste, mocosa! —le gritaba Marina—. ¡Eres una estúpida como tu mamá! Tenía la mano alzada, Mi cuerpo reaccionó, corrí hacia ella y la empujé con fuerza. —¡No la toques! —grité. Marina me miró furiosa. —¿Quien te crees? —me gritó—. ¡No eres nadie para tocarme! ¡Esta es mi casa! Me puse frente a Ana, protegiéndola. —Puede ser tu casa —dije—, pero ella no está sola. Y no voy a permitir que le pongas una mano encima. En ese momento, escuchamos pasos, quería pedir ayuda está mujer parecía fuera de sus cabales. Escuché las voces de la abuela Estela, los hermanos de Steve y sus esposas entraron a la cocina al mismo tiempo. Marina tomó un cuchillo del mesón y, antes de que pudiera reaccionar, se cortó la mano. Gritó. —¡Me atacó! —dijo llorando—. ¡Esa mujer me cortó! Me quiere matar.Capítulo 132Narra Catalina....Tres meses despuésLa carta de Jade llegó esa mañanaLa encontré sobre mi escritorio, entre unos catálogos nuevos de la próxima colección y unos documentos de la empresa. Reconocí su letra de inmediato y sentí una nostalgia antes incluso de abrirla.Me senté junto a la ventana y empecé a leer despacio.Jade me contaba que había conocido a un hombre bueno. Decía que él la trataba con una ternura que a veces hasta le daba culpa aceptar, porque una parte de ella seguía sintiéndose atada a Diego.Eso fue lo que más me dolió de la carta.No que hubiera rehecho su vida. Eso me alegraba. Me dolió leer la honestidad con la que me confesaba que todavía amaba a Diego, que seguía soñando con él a veces, que todavía se preguntaba si habría podido salvar algo de su matrimonio si hubiera sido más valiente, más sincera, menos torpe.“Lo sigo amando”, escribió. “Y creo que siempre lo voy a amar de una forma que nadie me va a poder quitar. Pero también estoy cansada de
Capítulo 131Mi primer impulso fue agarrar a Hope.No pensé en nada más. Solo la miré a ella, dormida en su cuna, tan pequeña, tan indefensa, y debía ser fuerte para protegerla.Renata siguió avanzando despacio, con esa sonrisa torcida que siempre me había dado escalofríos.—No te acerques —le advertí, con la voz temblando —. No te acerques a mi hija.Ella ladeó la cabeza, como si de verdad le divirtiera verme así.—Tu hija… —repitió con un tono venenoso—. Qué fácil lo dices. Qué fácil te sale defender lo que es tuyo cuando a mí me quitaron lo mío.Tragué saliva y moví la silla apenas un poco hacia la cuna.—No te atrevas a mirarla siquiera.Renata sonrió burlona y siguió caminando. Se veía desquiciada, pero no descontrolada. Eso era peor. Sus ojos estaban muy abiertos, brillantes, llenos de una rabia que la consumía que parecía no haberse apagado nunca.—Me la voy a llevar —dijo de pronto, sin rodeos—. Voy a criarla yo. Voy a recuperar a la hija que perdí, y ella es la mejor opción.
Capítulo 130Narra AnaEscuchar a Julián decir que se iba del país con nuestra hija fue peor que cualquier grito.Me dolió más que la discusión, más que su tono, más que el cansancio que llevaba semanas acumulándose entre nosotros. Me dolió porque supe que lo decía de verdad.De verdad estaba pensando en apartarse de mí y llevarse lo único que mantenía mi corazón latiendo todos los días.—No puedes hacer eso —le dije sintiendo que la voz me temblaba demasiado.Pero él estaba herido Lo vi en sus ojos. —Puedo hacerlo si tú sigues rechazándome cada vez que intento acercarme.Lo odié por decir eso. Lo odié por hacerme sentir culpable de algo que yo tampoco sabía manejar.—¿Rechazarte? —le solte con una risa rota—. Llevo meses intentando volver a sentir que mi cuerpo me pertenece y tú me vienes a decir eso.Él me miró por fin. Cansado. —Solo quiero ayudarte.—Pues no me ayudas.Se hizo un silencio horrible. Julián apretó la mandíbula y negó lentamente con la cabeza.—Entonces no sé qué
Capítulo 129El disparo me dejó sin aire.Apenas lo escuché, corrí hacia la bodega con el corazón a mil por hora, sintiendo que el cuerpo no me respondía lo suficientemente rápido. Detrás de mí entraron Yina, Larios, Julián y los demás agentes, pero yo solo veía una cosa en mi cabeza: Steve en el suelo, muerto, y mis hijos mirando esa escena sin poder hacer nada.Cuando crucé la entrada, lo primero que vi fue a Steve apoyado contra unas cajas, con la respiración agitada y una mano apretando su pierna. La sangre le manchaba el pantalón, pero estaba consciente. Vivo.—¡Steve! —grité corriendo hacia él.Me arrodillé a su lado y le tomé la cara con las manos temblando. Él me miró con dolor pero intentó tranquilizarme todo el tiempo.—No fue grave —me dijo con la voz cortada—. En la pierna… nada más.Sentí que casi me desmayaba del alivio. Le besé la frente, la cara, el cabello, sin importarme nada.—No vuelvas a hacerme esto —le dije llorando.Él quiso responder, pero detrás de mí escuch
Capítulo 128Narra Catalina Cuando Larios supo lo que estaba pasando con los mellizos, regresó antes de terminar el viaje en el que estaba. Yo estaba en el estudio con Steve y Yina revisando por cuarta vez el mapa del terreno cuando escuché la puerta abrirse y sus pasos en el pasillo. Giré de inmediato.Larios entro —Ya sé todo —dijo sin saludar siquiera—. Voy con ustedes.Steve levantó la vista. Durante años pensé que nunca iba a ver a esos dos hombres en el mismo lado de una mesa, pero ahí estaban. El uno frente al otro.Steve se puso de pie despacio.—Gracias por venir.La frase me sorprendió tanto como a Larios. —No lo hago por ti.—Lo sé —replicó Steve—. Igual gracias.No había tiempo para más. Yina extendió sobre la mesa las fotos.Larios empezó a revisar las fotos en silencio. Pasaba una por una con atención hasta que llegó a la imagen del novio muerto de Renata. Su expresión cambió.—No puede ser —murmuró.Steve frunció el ceño.—¿Qué pasa?Larios levantó la foto con mano
Capítulo 127Narra RenataMe serví otra copa de vino y me apoyé en la mesa de madera que había en medio de la bodega. Daniel y Daniela estaban sentados en el suelo, atados de manos, con la espalda apoyada contra unas cajas. Los dos tenían la cara pálida sin demostrar miedo. Eran hijos de Steve. Era normal que tuvieran ese orgullo ridículo.Daniel fue el primero en hablar parecía creer que si insistía lo suficiente algo iba a cambiar en mi—Déjanos ir —me pidió tratando de sonar valiente aunque se le notaba el miedo—. No te hemos hecho nada.Daniela tenía los ojos llenos de lágrimas, pero se mordía la boca para no llorar delante de mí. Eso me hizo sonreír un poco. Siempre me gustó más ella Más orgullosa, parecida a Catalina.Tomé un sorbo de vino y los miré con odio—No, mis amores —les dije con una ternura —. Ustedes no me hicieron nada. Fue su madre la que me quitó lo único importante que yo tenía. Y ahora ustedes van a pagar las consecuencias.Daniel apretó los dientes.—Estás lo







