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MI DESTINO

Author: Moonie
last update publish date: 2026-01-22 09:39:29

CAPÍTULO 3

Ricardo me tomó del brazo antes de que pudiera irme. Estaba muy angustiado por mi propuesta descabellada.

—Catalina, es una locura —dijo—. No me voy a casar con Daniela. Nunca haría algo así. Yo te amo a ti.

Sentí un dolor en el alma que me cerraba la garganta, pero me obligué a mantenerme firme en mi decisión.

—Ricardo… a Daniela le queda poco tiempo. Es su último deseo. No puedo negarle algo así. No puedo verla morir con el corazón roto.

—Catalina, por favor —insistió—. No me pidas eso.

Las lágrimas empezaron a salir sin que pudiera detenerlas.

—Hazlo por ella. Te necesita, por favor entiende.

Él negó con la cabeza.

—No. No voy a casarme con tu hermana. Yo solo quiero estar contigo.

Le extendí la mano, Tenía el anillo de compromiso en los dedos, Me temblaban las manos, pero era mi decisión.

—Tómalo, Ricardo nuestra relación termino.

Ricardo se quedó inmóvil, no quería recibirlo, pero yo cerré su mano alrededor del anillo.

—Por favor… hazlo —susurré con la voz rota—. No me hagas esto más difícil, si me amas le harás caso a Daniela.

Me di la vuelta y salí corriendo del hospital, solo quería llegar a casa y desaparecer.

Cuando entré a la mansión, fui directo al baño. No me quité la ropa. Abrí la ducha y me arrodillé en una esquina, El agua cayó sobre mí mientras lloraba con todas mis fuerzas. Sentía que había entregado mi vida entera a un sacrificio.

Perdí la noción del tiempo. No sabía si habían pasado minutos u horas. Solo lloraba.

Cuando por fin salí, empapada y con los ojos hinchados, mamá me esperaba en mi habitación.

—Daniela estará en casa en unos días —me informó—. Espero que hayas arreglado lo de Ricardo.

Me apoyé en la pared, agotada.

—Terminé con él —respondí—. Pero eso no significa que se casará con Daniela. Yo no puedo obligarlo.

Mamá cruzó los brazos.

—No te preocupes, yo me encargaré de eso.

—Mamá, te prometo que haré lo que sea necesario para que Daniela sea feliz en sus últimos días. No tienes que amenazar a nadie.

Ella asintió

—No espero menos de ti.

Los siguientes días fueron un infierno. No salí de mi habitación. No podía comer ni dormir. Me dolía el pecho todo el tiempo. Cada vez que cerraba los ojos, veía la escena de Daniela cayendo al suelo. O a Ricardo pidiéndome que no lo dejara.

Después de unos días, Daniela fue dada de alta, mi papá decidió hacerle una cena tipo fiesta.

La cena se organizó esa misma noche. Mamá insistió en que fuera algo íntimo, solo la familia, los socios de la empresa y Ricardo. Daniela llegó del hospital en silla de ruedas, más pálida de lo que recordaba, pero con una sonrisa que intentaba sostenerse.

Nos sentamos en el comedor principal. Nadie hablaba la situación era muy incómoda.

Ricardo se sentó junto a Daniela. Yo quedé frente a ellos.

—Gracias por venir —dijo Daniela con voz débil—. Me hacía ilusión cenar todos juntos.

Ricardo le tomó la mano con cuidado. —Claro que sí —respondió—. No podía faltar.

Sentí un nudo en el estómago.

Papá carraspeó. —Hay algo que queremos anunciar.

Ricardo respiró profundo. Se levantó de su silla y miró a Daniela.

—He estado pensando mucho —dijo—. Y creo que, dadas las circunstancias… lo mejor es que formalicemos lo nuestro.

Daniela abrió los ojos, sorprendida. —¿Ricardo…?

—Quiero casarme contigo —afirmó—. Quiero estar a tu lado.

El silencio fue absoluto.

Daniela empezó a llorar, emocionada. —Sí… sí quiero.

Mamá sonrió satisfecha. Papá asintió, aliviado.

Yo no pude soportarlo más. Me levanté sin decir nada y salí del comedor.

Caminé hasta el pasillo lateral, intentando respirar. Sentía que el pecho me iba a explotar.

—Catalina —escuché detrás de mí.

Ricardo me alcanzó.

—No te vayas así —dijo—. Tenemos que hablar.

—¿Hablar de qué? —respondí sin mirarlo—. Las cosas ya están escritas para los dos.

Me tomó del brazo. —Tu me lo pediste.

Antes de que pudiera responder, alguien interrumpió

—¿Qué está pasando aquí?

Era mamá.

Nos alejamos de inmediato.

—¿Te volviste loca? —me gritó—. ¿Cómo te atreves a besar al prometido de tu hermana?

Me tomó del brazo y me arrastró unos pasos más allá, fuera de la vista.

Me dió una fuerte cachetada con la mano temblórosa.

—Si Ricardo está con Daniela —dije, con la voz temblorosa — es porque yo me sacrifiqué.

Me agarró del cabello y me obligó a mirarla. —Y ese sacrificio no termina ahí.

—¿Qué quieres decir?

Me soltó y se acomodó la ropa, fingiendo ser perfecta como siempre. —Ahora tú ocuparás el lugar de Daniela con los Ferbuson.

—¿El heredero que está en coma? —respondí—. Todos saben que está en estado vegetal

—Dejó poder legal a sus hermanos de tomar decisiones por el —dijo—. La boda sigue en pie, y nos ayudarás.

Se fue sin decir más, aquella decisión ya estaba tomaba no importaba lo que yo pensara, salí tras ella intentando retomar el tema.

Pero escuché a un grupo de hombres reunidos en el pasillo, uno de ellos el mejor amigo de papá y su financiero, Eduardo.

—Si la boda no se concreta, Ignacio queda en quiebra —decía—. No hay forma de salvar la empresa, en un par de semanas tendrá que irse de esta casa y entregar el corporativo.

—Los Ferbuson no van a esperar —respondió el otro—. Quieren una respuesta ya.

Lo que decía mamá era verdad, sin esa boda, papá se quedaría sin nada y el no lo soportaría.

Entré al salón.

—Eduardo —dije—. Dígales a los Ferbuson que la boda se hará.

Me miró sorprendido. —¿Estás segura?

—Sí. Avise a los Ferbuson que una de las hijas López se casará con el heredero.

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Comments (6)
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Adamis Mckeson
Que desgraciados los padres
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Adamis Mckeson
Catalina, la que paga los platos rotos
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Orla
Me tiene fascinada esta historia
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