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EN COMA

Author: Moonie
last update publish date: 2026-01-22 09:39:39

CAPÍTULO 4

Esa noche, durante la cena, Daniela estaba animada. Hablaba de los preparativos de la boda, no se si se burlaba de mi o no entendía que el hombre que había elegido iba a ser mi esposo hace unos días.

—Ya elegí las flores —decía—. Y el salón será el del club, todo será perfecto, la boda del año

Yo apenas tocaba la comida jugando con él tenedor

—Catalina —me dijo agarrándome la mano para sacarme de mis pensamientos —. Quiero pedirte algo.

Levanté la mirada aún aturdida en mis pensamientos.

—Quiero que seas mi dama de honor.

—No —respondí de inmediato —¿Cómo se te ocurre?

El silencio fue incómodo. Daniela me miró enojada, mi respuesta no le había gustado para nada.

—¿Por qué no? —preguntó, con la voz temblorosa.

—No puedo —dije—. No puedes pedirme algo así Daniela...

Sus ojos se llenaron de lágrimas y empezó a llorar de la nada

—¿Estás resentida? —susurró—. Pensé que lo habías aceptado, que entendías que Ricardo me eligió a mi.

Empezó a respirar con dificultad, tocándose el pecho, Mi madre se levantó alarmada y le dió un poco de agua.

—Catalina —me dijo en voz baja—. No la alteres, sabes perfectamente que tú hermana no puede tener rabias

Daniela me miró con tristeza.

—Por favor acepta, Es tu forma de demostrar que no hay rencillas… que entiendes que Ricardo me escogió.

Me sentía presionada, como si todos esperaran que yo actuara normal.

—Está bien —cedí—. Seré tu dama de honor.

Daniela sonrió aliviada y su ataque se detuvo casi de inmediato. Yo sentí que algo dentro de mí se rompía.

Los días siguientes fueron una tortura. Verla elegir todo lo que alguna vez soñé para mí me hacía daño, pero no decía nada. Tenía que aguantar y sonreír falsamente con sus ocurrencias.

Fuimos a una boutique de vestidos, la de los sueños, Daniela miraba emocionada cada diseño. Yo me quedé al fondo, en silencio, mirando el vestido que siempre soñe.

—Siempre quise ese —le dije a una de las vendedoras.

Daniela giró la cabeza. —¿Ese? —preguntó—. Es hermoso.

La dueña regresó incómoda. —Lo siento mucho. Ese vestido ya fue apartado esta mañana.

Daniela cerró los ojos y respiró hondo. —Está bien —dijo—. Veamos otro.

Eligió otro diseño, Pero como ella se cansaba, mi madre pidió que yo me lo probara para los ajustes.

Empecé a llorar, sentía que estaba regalando mi destino.

El día de la boda llegó en un abrir y cerrar de ojos.

Ayudé a Daniela a arreglarse, Estaba pálida, pero feliz. Me tomó las manos.

—Gracias —me dijo—. Por estar aquí.

Solo asentí, no sabía que decirle, era mi hermana lo más importante en mi vida.

La ceremonia comenzó sin mí, yo no estaría en el club fingiendo una sonrisa, tenia una cita en otro lugar.

Salí por la puerta trasera. Un auto me esperaba, Entregué mi maleta, la misma que había empacado la noche anterior sin que mi familia se fuera cuenta.

Cuando el vehículo se detuvo, supe que había llegado a dónde mi destino se definiria

La mansión Ferbuson.

Una mujer mayor me esperaba en la entrada. Alta, elegante, con una presencia que imponía Pero a la vez se veía dulce y amable, me abrazo.

—Soy Estela Ferbuson —dijo—. Bienvenida.

Me invitó al Interior de la casa, en la sala principal, habían varios hombres elegantes y serio, uno de ellos se acercó y me tomo de la mano.

Era el mejor amigo del heredero en coma, Diego.

—¿Por qué está boda así? Tan... Apresurada.

—Él pensó en esto antes del accidente —explicó el abogado—. La boda formaba parte de una estrategia para consolidar el control corporativo de la familia.

—Todo quedó firmado —añadió el amigo—. Él quiso asegurarse de que nada quedara al azar.

Me llevaron hasta una habitación amplia, dónde sonaban las máquinas de soporte vital..

El heredero Ferbuson estaba en la cama, inconsciente, me acerqué despacio para conocer a mi futuro esposo y entonces lo vi bien.

Era él.

El hombre del accidente.

El hombre al que yo había ayudado y lleve al hospital la noche que rechace a Ricardo.

Mis manos empezaron a temblar.

—¿Es…? —susurré.

—Sí —respondió Estela con calma—. Mi nieto, Steve Ferbuson.

Estela me observó unos segundos en silencio, creo que quería ver si era de confianza.

—Ven conmigo querida, prepare una habitación para que te vistas.

Asentí obedeciendo todas las indicaciones, crucé el pasillo y ella me llevo a la habitación, me esperaban en diez minutos.

Sobre la cama estaba el vestido de novia que usaría, Pero había una particularidad.

Era mi vestido, el mismo que había visto en la boutique. El que siempre había soñado. El que nunca pude comprar.

Las piernas me temblaron, pasé los dedos por la tela, no era un sueño, estaba ahi. Preparado para mí.

Me lo puse torpe, estaba temblando de los nervios, me mire en el espejo y empecé a llorar.

Lloré con el vestido puesto, sosteniéndome del borde del tocador para no caer, este vestido que era lo que más había anhelado para mí vida con Ricardo, hoy simbolizaba el fin de mis sueños.

Respiré lento para no hiperventilar y volví a la habitación.

Steve parecia dormido. Me acerqué y me paré a su lado. Tomé su mano con cuidado.

Entraron varias personas.

Un hombre mayor con toga negra se presentó como el juez. Detrás de él estaban Diego, el mejor amigo de Steve, y Estela.

—Procederemos —dijo el juez con voz firme—. El consentimiento fue otorgado previamente.

Estela dio un paso al frente. —Como abuela y representante legal de la familia Ferbuson, doy mi consentimiento.

Diego asintió. —Yo también. Steve dejó instrucciones claras. Si algo así ocurría, debíamos cumplir su voluntad.

El juez comenzó a hablar. Yo apenas escuchaba. Todo sonaba lejano, pero me mantuve firme.

—¿Acepta usted, Catalina López…?

—Sí —respondí sin dudar.

El juez miró a Steve. —Y en representación del señor Steve Ferbuson, según documento legal firmado…

Golpeó suavemente el libro que llevaba. —Los declaro marido y mujer.

Sentí que mi mundo daba vueltas, estaba casada.

En ese momento, la puerta se abrió con fuerza.

Entraron los hermanos de Steve, seguidos de la mujer rubia. La misma del hospital. La misma que había tratado a la niña con desprecio, la madrastra de Steve.

—¡Esto es una farsa! —gritó uno de ellos—. Vamos a anular esta boda ahora mismo.

El abogado dio un paso al frente. —No pueden. El señor Ferbuson dejó un consentimiento explícito. En caso de incapacidad, su abuela y su amigo debían ejecutar su voluntad.

—¡Esto es ilegal! —insistió otro.

—No lo es —respondió el abogado con frialdad—. Todo está en regla.

La mujer rubia me miró entonces. Sus ojos estaban llenos de odio.

—No te hagas ilusiones —me dijo—. Para nosotros eres una intrusa. Una oportunista que vino por dinero.

Se acercó un poco más. —Te haré la vida imposible. Te arrepentirás de haber puesto un pie en esta familia.

No respondí, pero en ese momento sentí que Steve me apretó la mano

—¡Me apretó la mano! —grite

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Comments (2)
goodnovel comment avatar
Adamis Mckeson
la casaron a la fuerza
goodnovel comment avatar
Orla
Buenísima esta historia
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