LOGINLas horas transcurrieron con una lentitud tortuosa, Harper estaba agotada, aún así no se rendía, permaneció inmóvil, con la mirada perdida en las puertas del quirófano.
Cada vez que estas sonaban, su cuerpo se tensaba, esperando una noticia que decidiera su destino.
Finalmente, la luz roja de Cirugía en curso se apagó, el doctor salió al pasillo, se retiró el gorro y la mascarilla con un gesto de cansancio extremo. Harper se puso en pie de un salto, con el corazón en la mano.
—Doctor... ¿Cómo está ella?, por favor dígame que todo ha salido bien —habló Harper apenas con un hilo de voz que amenazaba con romper en llanto.
El doctor esbozó una pequeña sonrisa, aunque sus ojos reflejaban el agotamiento de la cirugía.
—Salió bien, la cirugía fue complicada, pero Sofía es fuerte, con un gran esfuerzo logramos estabilizarla y detener la hemorragia, ahora está en recuperación. Estará bien.
»Pasará las próximas veinticuatro horas bajo observación estricta, pero ya puedes estar un poco más tranquila, el peligro inmediato ha pasado, lo que has hecho por ella es increíble.
Harper sintió que el aire regresaba a sus pulmones después de lo que pareció una eternidad; se dejó caer de nuevo en el asiento, cubriéndose el rostro con las manos mientras unas lágrimas de alivio rodaron por sus mejillas.
El sacrificio había valido la pena, Sofía seguiría viva y eso lo era todo para ella.
—Gracias doctor, en verdad estoy inmensamente agradecida —sollozó ella sintiendo que un peso inmenso se levantaba de su pecho.
—Descansa Harper, no puedes ayudarla si tú tambiéncolapsas —dijo el doctor colocando la mano sobre su hombro y luego se retiró.
Harper se quedó sola en la sala de espera, un leve alivio hizo que se sintiera tranquila. Al bajar la vista recordó las condiciones que Austin había puesto a cambio del dinero que había salvado a su hermana.
«Tendré que contraer matrimonio con el nieto del señor Hugo, es irónico que deba ser su esposa, es obvio el desprecio de aquel hombre que me ve como una mercancía», pensó mostrando preocupación en su rostro.
Harper salió del hospital, tomó un taxi y se dirigió a aquel apartamento deteriorado donde vivía, yendo de camino llevó la mano dentro del bolso y sacó su teléfono, era demasiado tarde.
No había llamadas ni mensajes, cerró los ojos y recostó la cabeza, el silencio le ayudaba a recordar que su hermana se había salvado, pero su propia vida acababa de ser hipotecada.
Se había vendido de la peor manera por dinero.
Al llegar a casa se lanzó sobre el sofá, una vez que cerró los ojos logró conciliar el sueño, el agotamiento era tanto que en muy poco tiempo sonó la alarma.
Con la mirada borrosa se fijó en el reloj, faltaban pocas horas para presentarse en la empresa a cumplir sus labores, se levantó con pasos torpes, se dirigió al baño, se limpió el rostro para intentar arreglar su apariencia descuidada.
El día anterior estaba dispuesta a renunciar, pero por Sofía estaba dispuesta a entrar en el infierno que Austin le había preparado.
Tomó sus pertenencias y caminó hacia la salida del apartamento esperando tener un día mejor en la empresa.
Con el cuerpo molido y sin dormir, pero con la pequeña satisfacción de saber que Sofía respiraba por sí misma le daba ánimos para continuar, dejó sus pertenencias sobre su escritorio y se dirigió a la oficina de presidencia.
Al cruzar la puerta la poca paz que había en ella se evaporó... Austin ya estaba sentado tras el imponente escritorio que antes pertenecía a Hugo.
Austin se mostraba imponente con un traje negro que resaltaba su autoridad y sensualidad, con una expresión de aburrimiento mientras revisaba unos informes.
Ni siquiera levantó la vista cuando ella entró, Harper entrecerró los ojos y apretó sus labios preparándose para aquel mensaje de bienvenida.
—Llegas dos minutos tarde —dijo él con su voz gruesa cortando el silencio—. Tendrás que recuperar el tiempo —sentenció de manera arbitraria.
—Buenos días señor Cooper, he traído café —respondió ella ignorando el comentario de su jefe mientras dejaba el vaso sobre el escritorio—. Me alegra ver que ya se ha instalado.
Austin dejó los documentos sobre la mesa y por primera vez la miró... Sus ojos oscuros la escanearon de arriba abajo con un desprecio tan evidente que Harper sintió una punzada de humillación.
—No he pedido nada, no te tomes atrevimientos sin mi consentimiento...
—Harper apretó los labios y asintió.
Harper se acercó al escritorio, se mostraba avergonzada, su cuerpo elevó su temperatura queriendo salir corriendo, pero sin marcha atrás, simplemente firmó. No se tomó la delicadeza para leer el contenido del contrato, solo colocó su firma sin pensar en las consecuencias.
La mirada de Austin se detuvo en sus zapatos gastados, en su falda gris sin forma y finalmente en sus lentes.
De un cajón Austin sacó una tarjeta de crédito y la lanzó sobre el escritorio, la tarjeta se deslizó con un sonido metálico hasta quedar frente a Harper al borde de caer.
—Tómala —ordenó él con frialdad—. Tienes exactamente dos horas para salir de aquí y comprarte un guardarropa nuevo, cambia todo, desde los zapatos hasta la ropa interior —Harper se encogió de hombros e inclinó la mirada sintiendo vergüenza.
»Por lo que más quieras, entra en una óptica y deshazte de esos ridículos y horrendos lentes, no logro soportar tenerte frente a mí —la forma en que Austin le hablaba hacía que los sentimientos de Harper se rompieran en mil pedazos.
Harper miró la tarjeta y luego a él, sintiendo como el coraje empezaba a hervirle en la sangre, sabía que no estaba en condiciones para discutir, pero el atrevimiento de Austin superaba sus límites.
—No necesito su dinero para vestirme, he cumplido con mi trabajo perfectamente durante años con esta apariencia, si duda de ello pregúntele a su abuelo...
—¡Eso fue con mi abuelo! —interrumpió alzando el tono de su voz—. Él tiene una debilidad sentimental por las causas perdidas, pero yo no soy como él —escupió Austin reclinándose en su silla—. Ahora yo soy el CEO.
El ego que emanaba Austin fue tan alto que hizo eco en la sala de presidencia, estaba trapeando el piso con Harper sin ni siquiera tomarse la molestia en levantarse de la silla.
Luego de un largo tiempo, la puerta del auto finalmente se abrió, de él descendió Sofía, ella lucía una palidez demacrada el tiempo que había transcurrido desde que se había fugado de la mansión cargando con joyas y medicamentos había sido un infierno.Un infierno que había tenido que enfrentar en medio de la soledad, privandose de necesidades básicas, sin hablar de aquel remordimiento en su pecho. La amargura que en el pasado la cegaba en contra de Harper se había disipado, esto al verse sola ignorando los sacrificios que su hermana siempre había realizado por ella. Ahora se mostraba avergonzada, completamente arrepentida por su comportamiento despreciable y por el robo perpetrado en la mansión Cooper.Sofía había decidido regresar a la mansión de la familia Cooper luego de que fuera puesta la verdad de lo que Harper había hecho por ella. Ahora no buscaba dinero, ni exigir absolutamente nada; solo anhelaba pedirle perdón a Harper desde el fondo de su corazón.Aquel cambio repentin
Semanas más tarde.La vida en la mansión Cooper transcurría en un estado de absoluta plenitud, se podían percibir sonrisas, conversaciones con Hugo donde enaltecía la pulcritud de Harper. La relación entre Austin y Harper se encontraba más sólida que nunca, cada herida del pasado parecía haber sanado bajo el abrigo del hogar que habían construido juntos. El pequeño Cooper, un bebé rozagante que llenaba cada rincón de la casa con su ternura, quien recibía el amor de sus padres siendo el regalo más hermoso que tenían.En aquella mañana, Austin se levantó a tempranas horas; le esperaba una jornada sumamente exigente en la empresa, no era para menos, ya que tenía una reunión crucial con un grupo de inversionistas extranjeros de gran importancia para la expansión internacional.Con movimientos pausados para no interrumpir el descanso de su esposa, Austin se dirigió al baño y lavó su cuerpo, luego de una ducha corta se vistió. Sin embargo, mientras ajustaba los puños de la camisa frente
Harper apretó los labios tratando de contener el llanto, Hugo se mostraba plenamente feliz al tener a su bisnieto entre sus brazos; en cuanto a Austin, el había quedado sin habla al escuchar las palabras de su abuelo.—Al tener a mi bisnieto aquí, en mis brazos, cumpliré con mi palabra, tal como lo estipulaba nuestra promesa, la herencia Cooper es tuya.Austin miró a su abuelo a los ojos, para sorpresa de Hugo, él negó suavemente con la cabeza con una sonrisa serena y llena de madurez su rostro.—Abuelo... Te agradezco cada una de tus palabras —respondió Austin con voz profunda y firme—. Pero quiero que sepas algo desde el fondo de mi corazón —Austin hizo una pausa desbaratando el nudo de su garganta. »Hoy en día, la empresa, las acciones y todos los bienes materiales ya no son lo más importante para mí... »El dinero y el poder pasaron a un segundo plano desde aquel día en que casi pierdo la vida, la vida hizo que me diera cuenta de lo que realmente vale las personas que se encuentr
Tres días después.Tanto el bebé como Harper se encontraban en un estado de salud impecable. Los estudios pediátricos habían confirmado la fortaleza del recién nacido, mientras que el reposo y las atenciones que Austin había solicitado para su esposa, habían permitido que ella recuperara su energía. Antes de autorizar el alta, la médica encargada se despidió de ellos con una calurosa sonrisa, felicitándolos por la unión y el amor que demostraban.—Mi amor, la vida que te espera será llena de sonrisas y emociones, nunca te arrepentirás de estar a mi lado, porque haré hasta lo imposible para que la felicidad perdure. —Amor, cada segundo que paso a tu lado es un regalo que no espere que un día iba a tener, no me arrepiento de nada, estar contigo es lo mejor que me pudo haber pasado —respondió Harper con un tono de voz dulce y luego recostó la cabeza en su hombro, mientras observaba su pequeño hijo.Austin insistió en llevar a su hijo en brazos durante todo el trayecto de regreso a la
Los gritos entrecortados que salían de Harper eran cada vez más fuertes, las contracciones más profundas causando que su llanto fuera continuo.—Sé fuerte mi amor... Soporta un poco más, estamos próximos en llegar —le suplicó Austin con la voz entrecortada por la desesperación de verla sufrir—. El conductor va a toda velocidad, ya estamos muy cerca de llegar al hospital... Vas a estar bien, los dos van a estar bien.—¡Austin, no me abandones! —rogó Harper entre sollozos, con la frente perlada de sudor y los ojos fijos en los de él—. Por favor, no te retires de mi lado ni un solo segundo... Junto a ti es el único lugar donde me siento segura...Austin se inclinó y besó su frente, apretando su mano con toda su fuerza y asintió levemente.—Nunca los voy a dejar solos, Harper, lo eres todo para mí; te lo prometo por mi vida, siempre voy a estar aquí para protegerlos.Al llegar a la clínica, el equipo médico de urgencias ya los esperaba en la rampa de acceso. Harper fue colocada de inmedi
Austin luego de cruzar bruscamente las puertas de la mansión acompañado por los oficiales de la policía se mostraba angustiado por encontrar a su esposa, un enorme temor apretaba su pecho.Impulsado por la necesidad de saber que estaba bien inició una búsqueda desesperada, recorrió cada pasillo, el salón principal, cada una de las estancias de la planta baja.—¡Harper, Harper!... Austin llamó a su esposa por su nombre en repetidas ocasiones, pero no dio respuesta. Las palabras del mayor de la policía hicieron que se multiplicara su pánico, haciendo que él pudiera percibir el peligro en cada parte de su cuerpo que acechaba a su familia.Desesperado, subió los escalones de la escalera principal e inspeccionó la habitación principal, luego recorrió en las habitaciones secundarias, pero no había ni el más mínimo rastro de ella. —Harper... Mi amor, ¿dónde estás? —gritó nuevamente logrando anotarse el pánico en su rostro.Hasta que finalmente se dirigió hacia el estudio privado, abrió la







