เข้าสู่ระบบLuego de aquel cruce de palabras entre Austin y su abuelo, él supo que no podía perder tiempo, apretó el volante de su deportivo mientras conducía a toda velocidad hacia el hospital.
Las palabras de su abuelo aún martilleaban en su cabeza, “te casas con ella o te quedas en la calle, tú decides”. No podía creer que su destino dependiera de la mujer que acababa de humillar.
Austin de algo estaba seguro, no podía perder aquella empresa en la que sus padres habían puesto tanto esfuerzo y dedicación
Al llegar al piso de cuidados intensivos, el ambiente era pesado, él pasó de largo, odiaba ese ambiente.
Los pasos de Austin eran largos, impaciente por encontrar a Harper, atravesó aquellos pasillos, finalmente llegó a una pequeña sala de espera, sus pasos se detuvieron al verla allí, estaba sola y quebrada envuelta en un llanto incontrolable.
Harper se encontraba en un rincón de la sala de espera, estaba deshecha, estaba frente a la persona de contabilidad de la empresa. Había vendido algunas cosas de valor que tenía en la casa, y había sacado los pocos ahorros que tenía en el banco tratando de sacar una cantidad considerable... pero no era suficiente.
A pesar de ir al banco y tratar de sacar un préstamo, su suerte no era la mejor, no le habían prestado ni siquiera una buena parte.
La mujer la miraba con el dinero en la mano.
—Sé que es muy poco, que ni siquiera es la mitad, pero yo pagaré todo, lo pagaré a cuotas si es necesario. Por favor, ayúdame señorita... estoy haciendo hasta lo imposible, he buscado por todas partes.
—Entiendo, pero no puedo hacer eso, hacer una excepción porque sea usted. El hospital tiene las reglas claras. Puede intentar reunir más, yo no puedo aceptar eso.
La mujer se fue dejando a Harper con la palabra en su boca, Austin había escuchado todo, una sonrisa ladeada apareció en su rostro, este era el momento preciso para salirse con la suya.
Ella se dejó caer en la silla y tomó aire. Necesitaba ser fuerte, pero por más que lo intentaba, no podía.
Ella cubrió su cabeza entre las manos y sus hombros se sacudieron con sollozos silenciosos.
Austin se acercó lentamente, sus lentes estaban sobre la silla de al lado y su rostro cubierto de lágrimas, privado de cualquier defensa, ella reflejaba una agonía absoluta.
Él se detuvo a unos pocos metros, por un segundo, la imagen de aquella mujer rota lo hizo sentir mal, pero recordó lo que estaba en juego y que no tenía tiempo para perder.
Austin se acercó con pasos lentos, suavizando su expresión lo mejor que pudo, hizo sonar su garganta para llamar su atención.
—Harper —dijo en un tono bajo, casi dócil como si fuera un hombre diferente al que se había mostrado en la empresa.
Ella levantó la mirada, con los ojos hinchados y rojos, al ver de quien se trataba su rostro cambió, la confusión se mezcló con el dolor en su rostro.
—¿Qué hace aquí? —susurró ella con voz ronca—. Si viene a burlarse de nuevo, por favor... No lo haga ahora, mi hermana se está muriendo.
Austin zafó el botón de su saco y se sentó a su lado, manteniendo una distancia prudente, para él no era fácil lo que debía decir, y desde luego que ella no lo iba a tomar nada bien.
—No he venido a eso —respondió, evitando mirarla directamente a los ojos—. Recuerdo lo de la operación; sé que necesitas el dinero de inmediato o no habrá otra oportunidad para ella.
Harper sollozó, cubriéndose la boca, al perder a su hermana nada tendría sentido para ella. El doctor pasó por el pasillo y se detuvo frente a ella.
—Señorita Lane, el tiempo se agotaba, cada minuto que transcurre deja a su hermana sin la posibilidad de sobrevivir —Harper no pudo pronunciar palabra alguna, simplemente se quebró en el llanto.
—Harper... Yo tengo el dinero que necesitas para salvar a tu hermana —susurró Austin, solo para que ella pudiera escucharlo.
Harper contuvo el llanto por un instante ante la intervención de Austin, quien sacó una chequera de su saco.
—Puedo firmar el monto total ahora mismo, la vida de tu hermana a cambio de una pequeña condición.
Harper lo miró incrédula, soltando una risa amarga y desesperada, lo primero que supuso era que Austin nuevamente se estaba burlando de ella.
—¿Una pequeña condición?, ¿de qué habla?, por lo visto no tiene respeto por nadie, ni siquiera en este momento de dolor lo desaprovecha para jugarme una de sus bromas crueles.
—No es una broma Harper — aseguró Austin, sacó un bolígrafo y escribió la cifra con caligrafía perfecta—. Te daré el dinero, pero con una condición.
Harper separó los labios mientras que sus ojos observaban aquella cifra extraordinaria que había escrito Austin, aquella que haría que su hermana nuevamente pudiera tener la oportunidad de regresar a una vida normal.
—¿Qué quieres de mí?
—Harper, todo esto es tuyo... A cambio necesito que te cases conmigo.
Harper se quedó helada, no era por el hecho de haber conseguido el dinero que necesitaba, lo que congelaba su sangre era la petición que Austin le acababa de hacer.
—¿Casarme?, ¿con usted? —balbuceó ella, retrocediendo un poco—. Usted me odia, no me soporta, me llamó fea, me llamó incompetente... ¿Por qué querría casarse conmigo?
Cuestionó Harper incrédula de la manera de actuar de Austin, espero que cualquier cosa sucediera, pero aquella proposición por parte de aquel hombre que la había tratado de la peor manera en toda su vida la dejaba sin habla.
—Eso no importa ahora —dijo él, extendiendo el cheque sin soltarlo todavía—. Digamos que es un trato de negocios, el abuelo dijo que eras astuta, así que no vas a desaprovechar esta oportunidad.
»Él quiere este matrimonio para asegurar el futuro de la empresa, y tú quieres la vida de tu hermana. Es un intercambio justo, ¿no crees? —habló Austin sin balbucear.
—¡Es una locura! —exclamó Harper, mientras las lágrimas volvían a caer—. ¡No soy una mujer que se encuentra en venta!
En ese momento, una alarma comenzó a sonar en la habitación de Sofía, las enfermeras y médicos corrieron hacia allá, el caos se apoderó de la situación.
El doctor salió unos cuantos minutos después, apretó los labios y negó con su cabeza, Harper cubrió su boca esperando que la noticia no fuera la peor.
—¡Señorita Harper!, ¡si no autoriza el pago y entramos a la sala de cirugía por tardar en cinco minutos, su hermana no resistirá! —gritó el doctor.
Harper sintió que el mundo se cerraba sobre ella, todo transcurrió en cámara lenta, miró el cheque en la mano de Austin y luego la puerta donde su hermana luchaba por vivir.
La presión era insoportable, un nudo en la garganta que apenas la dejaba respirar. Austin se puso de pie y sostuvo el cheque frente a ella.
—Tú decides Harper, tu orgullo o la vida de tu hermana, tienes una oportunidad para salvar la vida de esa mujer frente a tu rostro, solo debes casarte conmigo.
Harper cerró los ojos con fuerza, apretó los puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas.
No tenía otra salida más que ceder a la oferta de Austin, el cheque frente a su rostro era su único salvavidas.
Meses más tarde. Harper despertó ante los primeros destellos dorados de la mañana, invadida por un sentimiento de plenitud e inmensa felicidad, aquel sería un día completamente diferente a los anteriores. A su lado descansaba el hombre al que amaba con cada fibra de su ser, el mismo que la había protegido en las horas más oscuras, con quien había construido un refugio indestructible contra las adversidades. Giró delicadamente sobre las sábanas y pegó su cuerpo contra el de Austin, rodeándolo con un cálido y tierno abrazo.Austin despertó ante el contacto, entornó los ojos al contemplar el rostro tierno de su esposa, una sonrisa se dibujó en sus labios. Sin pronunciar palabra, la atrajo hacia su cuerpo y la saludó con un apasionado y profundo beso que salió de lo más profundo de sus almas.—Este, sin duda alguna es el mejor despertar de toda mi vida —murmuró Austin al separarse apenas unos milímetros, acarició su rostro con la yema de los dedos—. Soy el hombre más afortunado del mu
Loren permaneció apuntando directamente a la cabeza de Harper, con el rostro iluminado con una sonrisa malvada y desquiciada, saboreando por anticipado la victoria que tanto había perseguido. La locura consumía sus ojos, mientras se preparaba para tirar del gatillo por segunda vez, plenamente consciente de que en esta ocasión nadie se interpondría y finalmente le podría arrebatar la vida a Harper.—Adiós, mugrosa e insignificante secretaria —sentenció Loren en un murmullo helado.Pero antes de que pudiera ejercer presión sobre el gatillo de la pistola, las puertas del segundo piso se abrieron de golpe. Se trataba de varios hombres de la policía, quienes habían interrumpido en la habitación apuntando de frente en contra de Loren y de sus dos secuaces.—¡Policía!, ¡policía!... ¡Suelten las armas! ¡Al suelo ahora mismo! —resonaron los gritos de mando de los oficiales.Los dos hombres contratados por Loren reaccionaron por instinto e intentaron abrirse paso a tiros para escapar. En el
En el preciso instante en que el índice de Loren comenzaba a ejercer presión sobre el gatillo, el tiempo pareció haberse congelado dentro de la habitación. Ante la imagen desgarradora de su hermana acorralada, abrazando a su sobrino en medio de un llanto sofocado, una fuerza ciega e incontrolable nació desde lo más profundo de su ser. Aquella mujer a la que un día juzgó con amargura era la misma que había sacrificado todo para salvarla, le debía su tranquilidad y su propia vida. No había espacio para la duda ni para el temor; la deuda y el amor te sentía por su hermana hizo que tomara una decisión, quizá no la más cuerda, pero sí la que ella considero correcta.Con un movimiento brusco y desesperado, Sofía logró liberar uno de sus brazos de la llave de miserable que servía para Loren.Con toda la fuerza que pudo le propinó un codazo certero en el rostro, aquel golpe lo hizo trastabillar, momento que ella aprovechó para liberarse del agarre en medio de una maniobra de adrenalina, So
Sofía al ver lo que estaba sucediendo no pudo seguir esperando sin hacer nada, se llenó de valor y se vio resuelta a ayudar a su hermana y a su sobrino.—¡Cállate, cállate!...¡Cierra esa mugrosa boca! —rugió Loren fuera de sí—. ¡Lo que había entre Austin y yo no era algo superficial!... ¡Nosotros estábamos diseñados para compartir el resto de nuestras vidas juntos!.»Él me amaba antes de que aparecieras con tu cara de santa a arruinarlo todo, pero lo tengo muy claro... Una vez que me deshaga de ti y de ese estorbo que llevas en brazos, el camino quedará completamente libre para que seamos felices. »Austin volverá a mis brazos y volveremos a tener la vida perfecta que un día nos perteneció, ni tú ni nadie podrá impedirlo —aseguró Loren con la voz temblorosa por la ira que la estaba consumiendo.En el instante en el que la demencia de Loren alcanzaba su punto más crítico, y pretendía destruir a Harper, Sofía irrumpió en la habitación. Al percatarse del peligro que amenazaba la vida de
Con cada paso que Sofía daba por el pasillo del segundo piso, los sollozos y el llanto sofocado de su hermana se volvían más pronunciados y desgarradores.El terror que flotaba en el aire era denso, sofocante mostrando el peligro que Harper y el bebé estaban corriendo. Sofía sacó valor hasta de donde ya no le quedaba, avanzó con el cuerpo temblando de manera incontrolada, pisando con cautela para no ser descubierta, con el corazón en la mano logró llegar hasta la habitación principal.Al asomarse, la sangre se le congeló y su rostro palideció por completo, lo que estaba sucediendo allí dentro era un completo horror.Harper se encontraba acorralada contra el ventanal de la habitación, sosteniendo a su bebé contra su pecho mientras que el llanto la invadía. Tenía el cabello alborotado, la bata deshecha y las facciones desencajadas por el pánico que estaba viviendo. Apenas podía respirar; el miedo la había consumido por completo al sentir con crueldad que había llegado su fin. Minuto
Luego de un largo tiempo, la puerta del auto finalmente se abrió, de él descendió Sofía, ella lucía una palidez demacrada el tiempo que había transcurrido desde que se había fugado de la mansión cargando con joyas y medicamentos había sido un infierno.Un infierno que había tenido que enfrentar en medio de la soledad, privandose de necesidades básicas, sin hablar de aquel remordimiento en su pecho. La amargura que en el pasado la cegaba en contra de Harper se había disipado, esto al verse sola ignorando los sacrificios que su hermana siempre había realizado por ella. Ahora se mostraba avergonzada, completamente arrepentida por su comportamiento despreciable y por el robo perpetrado en la mansión Cooper.Sofía había decidido regresar a la mansión de la familia Cooper luego de que fuera puesta la verdad de lo que Harper había hecho por ella. Ahora no buscaba dinero, ni exigir absolutamente nada; solo anhelaba pedirle perdón a Harper desde el fondo de su corazón.Aquel cambio repentin







