LOGINEl momento que durante tantos días habían esperado finalmente había llegado. Desde muy temprano, la Clínica en donde Damian les brindaría atencion, parecía encontrarse en un silencio diferente, como si incluso las paredes comprendieran que aquel día no era uno más. Los médicos habían revisado una vez más los resultados de Lily, habían confirmado que su organismo estaba preparado y, después de varias horas de observación, habían dado la autorización para comenzar el procedimiento.El medicamento permanecía bajo estrictas medidas de seguridad, preparado para ser administrado en el momento exacto. No había margen para improvisaciones, y todos los que participarían en el tratamiento conocían perfectamente lo que estaba en juego.Elena estaba sentada junto a Lily, sosteniendo sus pequeñas manos entre las suyas, mientras intentaba ocultar el temblor que amenazaba con aparecer en sus dedos. Había pasado trece días viendo cómo preparaban a su hija, escuchando explicaciones médicas que a veces
Tokio los recibió bajo un cielo grisáceo, con una llovizna fina que convertía las luces de la ciudad en pequeños reflejos sobre el pavimento, pero para Elena aquella ciudad no tenía nada de familiar ni de turístico. Había viajado hasta allí con una única preocupación en el corazón y esa preocupación tenía nombre propio: Lily.Después de trece días de preparación, análisis, controles y momentos en los que el miedo había amenazado con apoderarse nuevamente de ella, finalmente habían llegado al lugar donde recibirían el tratamiento que podía cambiar el destino de su hija. Elena descendió del avión con cuidado, todavía recuperándose de la herida que había recibido, mientras Sebastian permanecía a su lado, atento a cada uno de sus movimientos. Lily salió detrás de ellos acompañada por una enfermera, llevando a Mochy entre sus brazos, y aunque todavía debía ser cuidadosa con su pequeño cuerpo, una sonrisa iluminaba su rostro.Frente a la aeronave ya los esperaba una pequeña caravana de vehí
Habían pasado tres días desde aquella noche en la que Elena había recibido un disparo intentando proteger a Sebastian, y aunque la herida todavía le provocaba molestias cada vez que se movía demasiado, su cuerpo comenzaba a responder favorablemente al tratamiento. Ya podía levantarse sin sentir que las piernas le fallaban, caminar por la habitación con mayor seguridad y hasta sentarse junto a la ventana durante algunos minutos sin que el cansancio terminara obligándola a regresar a la cama.Los médicos continuaban vigilándola de cerca, pero por primera vez desde que había llegado a Rusia, Elena sentía que podía respirar sin aquella presión constante en el pecho. Sin embargo, había algo que ocupaba mucho más espacio en sus pensamientos que su propia recuperación: Lily.La niña también había evolucionado favorablemente durante aquellos días. El tratamiento de preparación avanzaba poco a poco, exactamente como Damian había indicado, y aunque los médicos continuaban realizando controles,
Las puertas de la Clínica Veyronis se abrieron de manera apresurada cuando la ambulancia llegó, y el equipo médico ya estaba esperando la llegada de Elena. Sebastian descendió detrás de la camilla sin apartar los ojos de ella, con las manos todavía manchadas de sangre y el rostro completamente transformado por el miedo.Ya no quedaba rastro del hombre que minutos antes había discutido con un desconocido en una calle de Moscú; tampoco estaba aquel Sebastian que podía dejarse dominar por los celos o por la necesidad de tener siempre una respuesta. En aquel instante solo existía un hombre aterrorizado porque la mujer que amaba acababa de recibir una bala destinada a él. Los médicos tomaron el control inmediatamente, empujaron la camilla hacia el área de emergencia y le ordenaron a Sebastian permanecer atrás, pero él avanzó unos pasos hasta que una enfermera tuvo que detenerlo.—Señor, tiene que esperar aquí. Vamos a atenderla inmediatamente, pero no puede entrar con nosotros.Sebastian q
La noche de Moscú había conseguido regalarles durante algunos minutos algo que ambos necesitaban desesperadamente. Elena y Sebastian caminaban tomados de la mano por una de las zonas más concurridas de la ciudad, observando las luces reflejadas sobre las calles húmedas y los edificios iluminados que parecían cobrar una belleza diferente durante aquellas horas.Por primera vez desde que habían llegado a Rusia, no estaban hablando de médicos, enfermedades, tratamientos ni posibilidades de supervivencia. Sebastian caminaba junto a ella con una expresión mucho más tranquila, mientras Elena observaba cada detalle a su alrededor y, de vez en cuando, apretaba ligeramente los dedos de él. Ninguno de los dos sabía cuánto duraría aquella pequeña sensación de normalidad, pero ambos parecían dispuestos a aprovecharla.Sin embargo, unos metros más adelante, una discusión comenzó a llamar la atención de las personas que caminaban por la avenida. Una joven discutía con un hombre que parecía completa
2 dias en Rusia habían transcurrido con una mezcla extraña de angustia y esperanza. Lily permanecía en la Clínica Veyronis bajo vigilancia constante, sometida a estudios, controles y una preparación progresiva de su organismo, mientras Elena y Sebastian habían aprendido a vivir pendientes de cada llamada de los médicos.Durante aquellos días, la niña había tenido momentos mejores, incluso algunas horas en las que había podido sonreír, conversar con sus padres y jugar con Mochy cuando se lo permitían, pero nadie olvidaba que aquella estabilidad era solamente eso: estabilidad, no una cura.Finalmente, cuando los médicos determinaron que Elena y Sebastian podían regresar temporalmente a su país mientras Lily continuaba bajo supervisión especializada, ambos comenzaron a preparar el viaje. Antes de marcharse, Damian había decidido comunicarse personalmente con Sebastian para evitar que cualquier encuentro innecesario volviera a convertirse en un problema para Elena.Sebastian respondió la







