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C-77

Author: Charles
last update publish date: 2026-08-06 08:58:25

El amanecer llegó envuelto en una aparente tranquilidad. La ciudad despertaba lentamente mientras los primeros rayos del sol teñían de dorado los edificios más altos, los vendedores abrían sus negocios y los repartidores dejaban los periódicos sobre las puertas de cafeterías, hoteles y oficinas. Nadie imaginaba que, entre aquellas páginas impresas y en las principales plataformas de entretenimiento del país, una noticia estaba a punto de convertirse en el escándalo más comentado de la mañana. B
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  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-138

    El vehículo de Elena apenas se detuvo frente a la entrada de urgencias cuando ella abrió la puerta antes de que el motor terminara de apagarse. Bajó prácticamente corriendo, con el bolso colgado de un hombro y el corazón golpeándole con tanta fuerza contra el pecho que cada latido parecía aumentar el miedo que llevaba acumulado desde aquella llamada de la escuela. Una enfermera ya la esperaba en la entrada, probablemente porque habían avisado que la madre de Lily estaba en camino, y Elena se acercó a ella sin siquiera molestarse en recuperar el aliento.—Soy Elena Hart, la madre de Lily King. Me llamaron de la escuela, me dijeron que mi hija se había desmayado y que estaba sangrando por la nariz. ¿Dónde está? Necesito verla inmediatamente —preguntó con una voz desesperada que intentaba mantener bajo control, mientras sus dedos se aferraban al brazo de su bolso como si aquello pudiera impedir que sus manos continuaran temblando.—Señora Hart, por favor, acompáñeme. La niña está siendo

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-137

    Habían pasado tres días desde aquella conversación con Damian, tres días desde que él había cerrado la puerta de su oficina y se había marchado después de confesarle que la amaba, pero que estaba dispuesto a dejarla vivir su vida sin interferir en ella. Elena había intentado continuar con su rutina como si aquellas palabras no hubieran dejado una marca, concentrándose en reuniones, documentos y decisiones relacionadas con la agencia, aunque en ciertos momentos su mirada se perdía sobre la pantalla de la computadora y recordaba la forma tranquila en que Damian había hablado de aquella adolescencia que ella apenas podía reconstruir en su memoria. No había querido buscarlo, porque había tomado una decisión respecto a Sebastian y quería respetarla, pero aquella mañana, cuando Richard entró en su oficina con una carpeta en la mano y una expresión extrañamente seria, Elena supo que algo había ocurrido antes incluso de que él pronunciara una palabra.—Elena, necesito informarte algo sobre Da

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-136

    Damian condujo en silencio por las calles de la ciudad, con ambas manos firmes sobre el volante y la mirada fija en el camino mientras las luces de los edificios se reflejaban sobre el parabrisas. Había salido de la agencia sin mirar atrás, no porque Elena dejara de importarle, sino precisamente porque le importaba demasiado como para convertir sus sentimientos en una carga para ella. Durante varios minutos no encendió la música ni respondió las llamadas que comenzaron a llegar a su teléfono; necesitaba escuchar únicamente el sonido del motor y ordenar pensamientos que, por primera vez en mucho tiempo, no estaban siendo dominados por el deseo de recuperar algo perdido.Elena.Su nombre apareció nuevamente en su mente, acompañado por aquella imagen de una muchacha de trece años que sonreía al recibir una pequeña caja de bombones de chocolate blanco. Damian cerró los ojos durante apenas un segundo antes de volver a concentrarse en la carretera. Recordaba aquella época con una claridad q

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-135

    Elena apenas había dormido aquella noche. Cada vez que cerraba los ojos volvía a aparecer aquella escena que parecía haber salido de un rincón olvidado de su memoria: una caja pequeña llena de bombones de chocolate blanco, una sonrisa juvenil, una voz que le resultaba demasiado familiar y aquel nombre que se repetía dentro de su cabeza con una insistencia que no conseguía detener. Damian. No sabía si se trataba simplemente de un sueño construido por los recuerdos recientes o si, por el contrario, su mente estaba intentando mostrarle algo que ella había olvidado durante demasiados años. Aquella duda consiguió acompañarla hasta el amanecer.Cuando llegó a la agencia, Elena tenía una expresión diferente. No estaba distraída ni había perdido su habitual seguridad, pero había una tensión sutil en sus ojos que Richard alcanzó a notar cuando ella entró en su oficina. Dejó el bolso sobre el escritorio, encendió su computadora y comenzó a revisar algunos documentos, aunque llevaba varios minut

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-134

    El amanecer llegó lentamente sobre la ciudad, tiñendo de tonos dorados los edificios que durante la noche habían permanecido cubiertos por el resplandor artificial de miles de ventanas. Desde el balcón de su departamento, Elena Hart contempló durante algunos segundos cómo la luz comenzaba a apoderarse del horizonte antes de regresar al interior. Aquella mañana había decidido levantarse más temprano de lo habitual. Necesitaba despejar la mente, ordenar sus pensamientos y, sobre todo, recuperar el control de una rutina que durante los últimos días había cambiado demasiado.Se colocó ropa deportiva y comenzó a ejercitarse,, cada movimiento era preciso. No había prisas, pero tampoco pausas innecesarias. Elena había aprendido a exigirse a sí misma mucho más de lo que los demás esperaban de ella, y aquella disciplina se había convertido en una de las herramientas que utilizaba para mantenerse firme cuando las emociones amenazaban con desbordarla. Después de varios minutos, su respiración se

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-133

    La caravana atravesó las puertas de la base cuando la noche ya había cubierto por completo la ciudad. Los enormes portones metálicos se abrieron después de que las cámaras identificaran los vehículos autorizados y, apenas estuvieron dentro del perímetro, volvieron a cerrarse con un estruendo que parecía separar aquel lugar del resto del mundo. Los hombres que custodiaban la entrada se cuadraron inmediatamente al reconocer el automóvil de Damian Müller, pero ninguno de ellos mostró sorpresa al ver la sangre sobre la manga de su jefe; dentro de aquella organización todos sabían que el Heredero tenía una peligrosa costumbre: considerar su propia seguridad como algo secundario cuando alguien necesitaba ayuda.Damian bajó del vehículo con el bebé entre los brazos, el pequeño permanecía envuelto en aquella manta oscura y, aunque había dejado de llorar durante el trayecto, sus ojos todavía se movían inquietos mientras buscaban algo que no podía comprender. Damian lo sostuvo con una seguridad

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