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Cuando Fiorella salió de la habitación, lo primero que encontró fue la mirada de Stefano.Los ojos del hombre estaban clavados en ella.Fiorella se detuvo frente a él y sostuvo su mirada.Durante los últimos días había tomado decisiones que podían cambiar para siempre el destino de aquella organización. Había enfrentado a Lorenzo, había eliminado su amenaza y había conseguido que aquellos hombres que alguna vez obedecieron a otros ahora inclinaran la cabeza ante ella.Pero todavía quería saber qué pensaba Stefano.—¿Me tienes miedo? —preguntó.Stefano permaneció en silencio unos segundos.Después negó lentamente con la cabeza.—No.Fiorella arqueó una ceja.—¿Entonces?Él se acercó un poco.—Eres fuerte.La miró directamente a los ojos.—Y eres capaz de defenderte sola. Eso me encanta.Fiorella sonrió.—¿Te encanta?—Sí.Stefano hizo una pequeña pausa.—Y quiero una mujer así para mí.Giró la cabeza hacia los hombres que estaban alrededor.Todos permanecían atentos.Esperando sus órde
Por un segundo, por apenas un centímetro, la bala estuvo a punto de alcanzar a Stefano.Todo ocurrió demasiado rápido.Stefano apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Lorenzo se abalanzó sobre él y lo golpeó con todas sus fuerzas. El impacto hizo que Stefano perdiera el equilibrio y retrocediera varios pasos.El disparo se desvió.La bala pasó rozando el lugar donde había estado su cabeza y terminó incrustándose en el techo.El estruendo sacudió toda la habitación.Un poco de polvo blanco cayó desde el techo y cubrió los hombros y el cabello de Lorenzo.—¡Maldita sea! —rugió él.Stefano respiró con dificultad.Había estado a punto de morir.Sin embargo, antes de que cualquiera pudiera reaccionar, la puerta se abrió violentamente.Varios guardias irrumpieron en la habitación con las armas levantadas.—¡Donna! —gritó uno de ellos—. ¡Hay un intruso! ¡Es un traidor!Fiorella permanecía en medio de la habitación.Llevaba una bata sobre el cuerpo, pero su expresión era completamente distint
Lorenzo fue liberado después de varios minutos que parecieron una eternidad.El hombre que había conseguido sacarlo de allí le entregó un arma y señaló el camino que conducía hacia la parte trasera de la enorme villa.Lorenzo tomó la pistola con la mano temblorosa.—Llévame con Fiorella —ordenó con la voz ronca—. Ella es mía.El hombre lo observó durante unos segundos.El hombre finalmente asintió. No hizo más preguntas.Lorenzo comenzó a caminar detrás de él, acompañado por su ayudante. Ambos avanzaron con cautela, aprovechando la oscuridad y los puntos ciegos de la propiedad para evitar a los guardias.Cada paso hacía que el corazón de Lorenzo golpeara con más fuerza contra su pecho.No sabía qué encontraría.Pero necesitaba verla.Necesitaba escuchar de sus propios labios que todo aquello había sido un malentendido.Durante los últimos días había intentado convencerse de que Fiorella lo odiaba.Quizá la pérdida de su hijo había destruido cualquier sentimiento que ella pudiera haber
El deseo brilló en las profundidades oscuras de los ojos de Stefano con la fuerza descontrolada de una tormenta contenida durante demasiado tiempo.No lo pensó; en ese segundo de silencio, toda su cautela y su férreo autocontrol se desmoronaron por completo.La deseaba con una voracidad, la anhelaba.Por más que intentara luchar contra sus propios demonios, era absolutamente incapaz de borrar de su mente la primera vez que ella fue suya: la textura de su piel bajo su tacto, los gemidos ahogados que ella intentó contener y la rendición absoluta que los consumió a ambos en aquella noche imborrable.Cuando sus labios tomaron posesión de la boca de ella, no encontró la menor resistencia.Fiorella devolvía el beso con la misma energía desbordante, atrapada en la misma vorágine de necesidad.Jamás había sido capaz de negarse a los labios de Stefano; para ella, él poseía una gravedad destructiva y perfecta a la cual le resultaba imposible escapar.Desde la primera vez que él rozó con sus labi
—Fiorella, ¿qué estás haciendo?La voz de Lorenzo resonó en aquella habitación oscura.Él apenas podía mantenerse sentado.Tenía el rostro marcado por los golpes, la ropa desgarrada y varias heridas que todavía sangraban. Después de todo lo que había soportado, jamás imaginó que la persona que aparecería frente a él sería precisamente Fiorella.Su esposa.Ella permaneció frente a él, mirándolo sin compasión.Lorenzo intentó incorporarse.—Fiorella...Ella soltó una pequeña carcajada.—¿Qué?—¿No recuerdas que me amas?Sus ojos se endurecieron.—¿Amarte?Fiorella volvió a reír.—¿Quién dijo que yo te amo?Lorenzo la miró desconcertado.—Tú...—¿Yo qué?Ella dio un paso hacia él.—¿Crees que después de todo lo que me hiciste todavía puedo mirarte y sentir amor?Lorenzo apretó los dientes.—Fiorella, yo...—¡Me hiciste tanto daño!Su grito hizo que Lorenzo guardara silencio.Fiorella respiró profundamente.Había imaginado aquel momento demasiadas veces.Había soñado con la venganza mil ve
Lorenzo iba rumbo a la mansión de los Ferrano.Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba regresando al lugar que siempre le había pertenecido.Todo aquello que había perdido durante los últimos meses por salvar a Roseen.Estaba decidido a recuperarlo.No importaba cuánto tuviera que destruir en el camino.Sentado en el asiento trasero de la camioneta blindada, Lorenzo observaba el camino a través de la ventana mientras varios vehículos avanzaban detrás de él.Había llevado a sus hombres más leales. No quería cometer el mismo error de la última vez.Esta vez no permitiría que nadie lo sorprendiera.Había tomado una decisión.Regresaría a la mansión de los Ferrano, recuperaría su posición y obligaría a todos a reconocerlo nuevamente como el Don.Pero había algo más.Algo que no había podido sacar de su cabeza.Fiorella. Cerró los ojos durante unos segundos.Recordó su rostro. Su mirada.La manera en que alguna vez lo había amado.También recordó todo el daño que le había causado







