FAZER LOGINSe preguntó si, al acercarla más a él, ella se despertaría… ¿Se despertaría?¿Lo apartaría si se despertara?Esa idea le hizo moverse incómodo.Eran marido y mujer, por el amor de Dios. No debería haber nada inusual en querer abrazarla, pero la distancia entre ellos había existido durante tanto tiempo que incluso el gesto más sencillo le resultaba de repente difícil.Levantó la mano. Por un instante, se quedó suspendida sobre el espacio que los separaba.Lo único que quería era apartarle el pelo de la mejilla… Nada más.Pero antes de que sus dedos pudieran alcanzarla, se detuvo.¿Y si ella no quería que la tocara?Cathy nunca había invitado a ese tipo de cercanía y, después de todo lo que había pasado entre ellos, no podía dar por sentado que ella lo aceptaría de buen grado solo porque estuvieran casados.Bajó la mano.Unos minutos más tarde, ella volvió a moverse, girándose ligeramente hacia él.A Damian se le cortó la respiración cuando pudo ver su rostro con mayor claridad.Podría
«¿Estás buscando algo?»Damian se dio la vuelta casi al instante y se encontró con Cathy a unos pasos de él, todavía en pijama y con una toalla echada sobre un hombro.«No», respondió, quizá con demasiada rapidez. «Solo estaba… echando un vistazo».Cathy arqueó una ceja. «¿En mi colección de joyas?»«Eh… la verdad es que no, pero ¿te supone algún problema?»«No, en absoluto». Se dirigió hacia su tocador y cogió un frasco de loción corporal. «Es que pensé que estabas buscando algo…»«Pues no».«Vale».Y eso fue todo: no le hizo más preguntas ni pareció especialmente interesada en saber por qué se había quedado parado delante de su colección de joyas en primer lugar.Damian se quedó donde estaba un momento más antes de volver al dormitorio, frunciendo el ceño mientras intentaba entender la situación.¿Dónde demonios estaba el collar?Lo había encargado expresamente para Cathy y, teniendo en cuenta lo caro que era, esperaba al menos algún tipo de reacción por su parte.No es que esperara
Un silencio sepulcral se apoderó del coche. Damian hizo una pausa y desvió la mirada hacia elexterior, hacia la fresca tarde. Había ensayado esas frases en su coche varias veces antes deentrar en su despacho.Cathy, que no había prestado mucha atención, bajó el móvil con suavidad mientras alzaba lamirada hacia él.Parpadeó. Por un segundo, no estuvo segura de haberle oído bien. ¿DamianSpencer se estaba disculpando?¿El heredero del Grupo Spencer se había rebajado por fin lo suficiente como para pedir perdón?— Oh, no pasa nada — respondió ella, esbozando una pequeña sonrisa — . Ya me he olvidadodel asunto. Ni siquiera recuerdo qué pasó realmente aquella mañana.« N o , n o e stá b ie n » . La m iró fija m e n te . « Lo sie n to , C a th y . Y o … m e e q u iv o q u é » .Las palabras no le salían con facilidad. No era un hombre que admitiera sus errores a lapri
Más tarde, esa misma mañana, Cathy llegó a DC Holdings antes de lo h ab itu al.Apenas se había acomodado en su despacho cuando Lena entró con unos documentos.«Buenos días, señora».«Buenos días, Le n a» .Dejó los documentos sobre el escritorio de Cathy, y esta les echó un vistazo antes delevantar la vista.« Lena, necesito que hagas algo por mí». «Porsupuesto».«Hoy voy a estar muy ocupada. No quiero que entre nadie en mi despacho a menos que lopida expresamente . Si alguien viene a buscarme, diles simplemente que no estoydisponible».Lena asintió con la cabeza, tomando nota mentalmente. «Entendido. ¿ Debo aplicarlo atodo el mundo?». «Sí. A todo el mundo».Dudó un instante. «¿Incluso el señor Finn?»Cathy la miró de reojo. «Sí, Lena. A nadie en absoluto. La norma se aplica a todo elmundo. No dejes entrar a nadie. Hoy voy a estar muy, muy ocupada».
A la mañana siguiente, Cathy bajó a desayunar con una sola cosa dando vueltas en su cabeza.E l b e so .Por mucho que intentara borrarlo de su mente, resultaba casi im posible.Cogió los cubiertos y se quedó mirando la comida que tenía delante, pero su mente estabamuy lejos de la mesa del desayuno. Cada vez que recordaba los labios de Finn contra lossuyos, sentía un extraño cosquilleo en el estómago.Odiaba haberlo disfrutado más de lo que quería admitir, y eso era precisamente lo quecomplicaba toda la situación.Era una mujer casada. Por muy infeliz que fuera su matrimonio o por muy distantes que sehubieran vuelto Damian y ella, seguía casada. Aún no se habían divorciado.Cathy suspiró en silencio y se obligó a concentrarse en su desayuno.Damian no estaba en la mesa. Se había marchado muy temprano aquella mañana. Ella nosabía adónde, pero enseguida
El silencio se percibía diferente de los silencios incómodos a los que Cathy se había acostumbrado .El ambiente era cálido, casi acogedor, y ella se sorprendió deseando que la velada noterminara tan p ro n to .Finn le acarició el dorso de la mano con el pulgar. «Mealegro de que hayas venido esta noche».«Yo también».«¿De verdad?Ella asintió. «Tu madre es encantadora. Y Anna es divertidísima, pero de unaforma muy dulce». «No se lo digas a Anna. Se volverá insoportable».Cathy se rió. «Creo que ya lo es». Finn soltóuna risita y la atrajo un poco más hacia sí.Sus miradas se cruzaron.Su mirada se posó brevemente en los labios de ella antes de volver a sus ojos.Cathy se dio cuenta. Su sonrisa se desvaneció poco a poco y, de repente, ya no pensaba enqué decir a continuación.Finn se inclinó hacia ella, dándole tiempo suficiente paraapartarse. Pero no l







