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36 Confrontación

last update publish date: 2022-03-10 09:15:07

Ignacio llegó borracho en la madrugada a su casa, Karin aún estaba despierta y oyó cuando él abrió la puerta. De la borrachera él no supo ni cómo llegó. Subió algunos escalones hacia el segundo piso y se sentó en la mitad de las escaleras.

Karin se levantó y se asomó, lo vio allí, Ignacio se estaba quedando dormido recostado en el barandal. Ella bajó a despertarlo.

—Ignacio. —Él abrió los ojos, se quedó mirándola y sonrió, cariñosamente le tocó la mejilla.

—¡Eres preciosa! —Le dijo, pero en su borrachera estaba viendo el rostro de Amelia, ni siquiera vio el de Silvia. Karin lo ayudó a subir las escaleras y lo llevó a la cama. Él se sentó. 

—Acuéstate Ignacio. —Él no quería hacerlo.

—No quiero dormir, quiero hablar contigo.

—Mejor descansa. —Él insistió y la agarró para besarla, pero ella se rehusó.

—Estás muy ebrio, mejor ve a dormir.

—¿Por qué me rechaza? soy tu esposo quiero hacerte el amor, quiero tus caricias. —Al oírlo decir esas cosas Karin sintió que sus entrañas se contrajeron.

 —¿Qué estás diciendo Ignacio? Tú detestas a Silvia.

—Te detestaba, pero ahora te amo como nunca. —Con enojo ella le dijo:

—Acuéstate a dormir, estás borracho y dices disparates. —Igancio se agarró de la cintura de Karin.

—Ven y abrázame.

—Basta Ignacio, estás borracho, y yo no soy Silvia, soy Karin.

***

Amelia quería hacer algo con su vida que no fuera hacer el horrible papel de Silvia, y se lo comentó a Lupe.

—Quiero hacer algo, no sé, trabajar para distraer mi mente.

—¡Trabajar! Para la señora Silvia suena disparatado.

—Ya no me importa que parezca disparatada para ella.

—Pero no puede hacerlo, se supone que es la esposa de un millonario, ¿en qué va a trabajar? ¿En una tienda de ropa? 

—Estudio administración.

—Igual suena descabellado. —Amelia se quedó pensando y después le dijo:

—Tal vez pueda conseguir algo en el grupo Alcázar.

—¿Al cabo piensa estar cerca del señor Ignacio todo el día?

—No precisamente, podría trabajar en un área donde no tenga que verle la cara a Ignacio.

—Pero la señora Silvia solo fue a la universidad dos años, en la escuela de leyes, se supone que es tan bruta como yo.

—Tú no eres bruta.

—Bueno, ella no sabe nada de negocios.

—No me importa, así sea de secretaria de alguno de los gerentes, necesito salir de esta casa, siento que me ahogo en este lugar.

Karin despertó a Ignacio en la mañana.

—Ignacio despierta. —Él abrió los ojos y arrugó la cara porque la luz le fastidiaba.

—¿Qué sucede?

—Ya es hora de ir a la oficina. —Se sentó y se tocó la frente.

—Me duele la cabeza.

—Si no tienes mucho por hacer podrías quedarte a descansar. —Lo dijo con un tono frío, estaba contendiendo la rabia que tenía contra Ignacio.

—No, debo ir, tengo que firmar algunos documentos.

—Entonces apúrate que se hace tarde, yo ya me voy.

 Karin salió a la oficina. Ignacio se alistó, después bajó a la cocina y se debió a un café. Mientras bebía de la taza miró hacia el comedor, y vio que la mesa estaba dispuesta para una cena romántica, entonces grabó que Karin lo estaba esperando para cenar juntos y celebrar por su inicio de vida como pareja.

“Olvidé la cena, ni siquiera le avisé que no podía venir, Karin debe estar muy decepcionada de mí.”

Karin se fue antes a la oficina para contarle a Milena lo que había sucedido con Ignacio, las dos fueron al tocador de damas para hablar.

—Pero no se dignó ni siquiera en avisarte que no llegaría! Ignacio se pasa.

—Eso no es todo… en medio de su borrachera me llamó Silvia, aún ama a esa mujer.

—Definitivamente Ignacio no te quiere, solo te está usando. Tienes que dejarlo por tu bien. —Karin se puso a llorar.

—Pero lo amo.

—Tú mismo me estás diciendo que sigue enamorado de su esposa, ya lo tienes claro, ¿Seguirás con él después de lo que descubriste?

—Ella lo rechaza.

—Claro, es ella la que no desea estar con él y tú eres su desahogo. ¿Qué piensas hacer?

-I don't know.

—Si no te deberías dejarlo, no creo que vayan a ninguna parte con esa relación.

—Pero se están divorciando.

—Bueno, si deseas seguir con él a pesar que sabes que sigue enamorado de su esposa, allá tú, por mi parte jamás esperaría nada de ese hombre.

Azucena otra de las secretarías llegó donde ellas estaban.

—Karin, el Dr. Ignacio llegó y quiere que vaya a su oficina. —Karin se quedó mirando a Milena a los ojos.

—Ya voy Azucena. —Se retocó el maquillaje para disimular que había llorado.

Llegó a la oficina y cerró la puerta, Ignacio se puso de pie y se acercó a ella.

—¿Me mandaste a llamar?

—Sí, quería pedirte disculpas por llegar tarde anoche, el señor Cisneros quiso que nos quedáramos, es que le hizo una fiesta de cumpleaños a su novia; Diego y yo no pudimos negarnos a su invitación.

—SI, supongo. Pero al menos debiste avisarme, te esperé como una idiota hasta tarde.

—Los siento.

—Trabajé todo el día para ese momento que creí sería especial para los dos. Pero llegaste borracho y me llamaste Silvia. —Ignacio se sintió confrontado—. Ya sé que sigue enamorado de ella. —Él se quedó callado, como no respondió nada Karin agregó:

—Vaya que te esfuerzas en darme una explicación. —Abrió la puerta y se marchó.

 Ella no pudo soportar lo que sintió y salió de la empresa llorando, Milena la siguió hasta el estacionamiento, la logró cuando ella estaba abriendo la puerta del auto.

—¿Qué pasó con Ignacio? —Karin tenía la cara mojada de lágrimas.

—Pasó que… ni siquiera intentó negar que ama a esa mujer. —Milena la abrazó.

—Aléjate de él, esto ya no es saludable para ti, Ignacio es un hombre con muchos problemas.

—No puedo dejarlo, lo amo, debo luchar por él; tal vez esta confundido.

—Sabes que no es cierto lo que dices, lo mejor es que lo dejes, será difícil, sufrirás el desamor, pero con el tiempo lo vas a superar, y yo estaré ahí contigo para ayudarte.

—Quiero irme, necesito estar sola.

—¿A dónde vas a ir?

—Iré a la casa, no creo que pueda verle la cara a Ignacio en todo el día.

—Haces bien en irte.

 Ignacio se sentó detrás de su escritorio y pensó dentro de sí:

“Si, amo a mi esposa, pero no estoy dispuesto a perder a Karin, no la voy a cambiar por Silvia, ella debe salir de mi vida.”

Antes de salir a almorzar, Ignacio llamó varias veces a Karin, pero ella no le respondió el teléfono, entonces él llamó a Milena a su oficina.

—¿Me mandó a llamar licenciado?

—Si Milena, ¿sabes algo de Karin? —Milena puso una expresión seria.

—Salió llorando de la empresa.

—¿Te dijo dónde iba?

—A su casa.

—Gracias, puedes retirarte. —Milena se dio vuelta para irse, pero se detuvo, cogió fuerzas y volteó hacia él y le dijo:

—Si no la ama al menos debería dejarla libre, ella podría encontrar la felicidad con otro hombre que no esté casado como usted. —Ignacio frunció el ceño.

—Eso debe decidirlo ella, tú no tienes nada que ver en este asunto.

Al mediodía Ignacio no fue a almorzar con la familia, sino que salió a su casa para intentar arreglar las cosas con Karin.

Su familia lo esperó, como no llegaba Diego le marcó.

—¿A qué horas piensas llegar, ya tenemos rato esperándote?

—Dile a tía que no iré a almorzar.

—Por lo menos nos hubieras avisado antes. —Diego miró a los demás.

—Ignacio no vendrá, pasemos a la mesa.

Amelia llevó consigo a MARY Ángel.

—¿Y papá?

—Tenía cosas por hacer, no te preocupes, seguro más tarde vendrá a verlos a ti ya tu hermano.

Estaban almorzando cuando sonó el teléfono de la casa, Elena atendió, era Marino.

—Buenas tardes, por favor necesito hablar con la señora Silvia de Alcázar. —La mujer le dijo:

—En este momento la señora no lo puede atender, si desea puede dejarle un mensaje. —Marino frunció el ceño.

—¿Qué está haciendo que no me puede atender?

—Almorzando con su familia. —Él en un tono amenazante le dijo:

—Dile que ya me estoy cansando de esperar por ella.

—¿Quién es? Necesito saber su nombre para darle a ella su recado.

—Eso no importa, Silvia sabe quién soy, solo dile que me estoy cansando. —Colgó la llamada, Elena miró la bocina y pensó dentro de sí:

“Seguro es el amante de la sinvergüenza esa, pero no le voy a decir nada, prefiero decírselo al señor Ignacio o al joven Diego.”

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