Share

88 Descubierta

last update publish date: 2022-05-11 08:15:11

Bueno, es mejor que subas a tu cuarto, voy a buscarte ropa de dormir de un primo que viene de vez en cuando,  creo que es de la misma talla que tú. —Ignacio sonrió y se acercó a ella.

—De haberlo sabido habría empacado ropa antes de venir a la casa de mi novia. —Amelia se sonrojó.

—¿Tu novia?

—Eso eres a partir de esta noche, y pronto serás mi prometida cuando te presente a todos con tu verdadera identidad. —Amelia sintió preocupación y agachó el rostro.

—¿Dije algo malo?

—Es que todo este tiempo…

—¿Qué?

—Es confuso, empecé siendo tu esposa, bueno, era Silvia, yo solo estaba sustituyéndola. 

Él le agarró el mentón y la miró fijamente a los ojos.

 —Estos meses has hecho por familia y por mí más de lo que Silvia hizo en años; soportaste muchas cosas y recibiste reproches que no te correspondían, eso te hace una esposa, una buena esposa. Quiero que lo seas pronto, me casaría contigo hoy mismo si pudiera hacerlo.

Se quedaron viendo fijamente a los ojos, todo quedó en silencio, solo se escuchaba el murmullo de la noche; Amelia podía oír su propio corazón latiendo por amor, la presencia tan cercana de Ignacio la estremecía y descontrolaba sus emociones. Fue un momento solo dos. 

Ignacio le tocó la mejilla mirándola con sus ojos enamorados, luego le dijo:

—Te juro que estoy muy consciente de lo que hago, y sé lo que quiero; te quiero para mí. 

Le dio un corto y dulce beso en su boca, aunque tenía ganas de devorarle los labios sin contemplación. 

Se quedaron viendo fijo a los ojos, Amelia lo abrazó y también lo besó.

—Me parece un sueño, siempre supe que me amabas a mí, sabía que no podrías amarla a ella.

—Estas en lo cierto, no podía amarla a ella. No sabes cuanto me rehusé a lo que sentía por ti porque no sabía que se trataba de otra; ahora que sé de tu existencia no voy a dejarte, jamas.

Amelia sonrió, Ignacio le acarició su cabello, luego se dieron un largo y apasionado beso. Amelia se agarró de su cuello, Ignacio la envolvió en sus brazos. Fue un momento romántico y eterno que ninguno deseaba que acabara.

Después Amelia le tocó la cara y lo miró con sus ojos llenos de amor.

—No sé cómo me enamoré de ti.

—Creo que nuestras almas necesitaban estar juntas, y el destino nos unió de una manera un poco peculiar.

Amelia sonrió y le dio otro beso.

***

Lucrecia miró el reloj, vio que eran casi las once de la noche; como Ignacio y Silvia no habían regresado se preocupó, entonces fue a la habitación de Jimena, ella aún seguía despierta, Adrián estaba viendo tv.

—¿Qué sucede mamá?

—Mire la hora que es, Ignacio y Silvia no han llegado, ¿por si acaso él te llamó para avisar que no vendrían?

—No, pero seguramente la arpía lo entretuvo, a lo mejor Ignacio se puso a beber licor, ya sabes como se pone cuando se deja influenciar por ella.

—Silvia ya no hace esas cosas.

—Como sea, andan los dos, no deberías preocuparte.

—Por qué no le marcas a su celular.

—Está bien, si eso hace  que te tranquilices.

Jimena le marcó a Ignacio, él ya había subido a la habitación, cuando oyó el celular contestó.

—Aló. —Jimena puso el altavoz para que Lucrecia escuchara.

—¿Ignacio dónde andas? Mamá se está muriendo de preocupación porque no han regresado.

—Dile a tía que no se preocupe, Silvia y yo estamos bien, esta noche no vamos a regresar. 

—Al menos dinos en dónde estás para que mamá se quede tranquila.

—Estoy en San Pedro.

—¡San Pedro! ¿Y qué haces tan lejos?

—Estamos con unos amigos, mañana regreso.

—Está bien.

 Jimena cortó la llamada y le dijo a Lucrecia:

—Vio mamá, están bien, se quedaron con unos amigos.

—Bueno, ya podré dormir tranquila.

Amelia acompañó a Pedro un rato y lo ayudó a ponerse la manta.

—Hija no hace falta, deberías ir a descansar.

—No te preocupes papá. —Hubo silencio, Amelia acomodó la jarra de agua y el vaso en la mesa de noche. Después Pedro le dijo:

—¿Qué piensas hacer?

—¿A qué te refieres papá?

—¿Hasta cuándo seguirás castigando a Mario? tu hijo está a punto de nacer, Mario ya tiene lista la casa que compró para los dos, la cuna del bebé; ha estado esperando tu regreso.

—Papá yo no estoy castigando a Mario, pero no voy a regresar con él ya te lo he dicho reiteradas veces.

—¿Acaso piensas tener a tu hijo sin su padre?

—Mario es su padre, pero él y yo no vamos a estar juntos.

—No estoy de acuerdo contigo, mi nieto merece nacer en su hogar, con sus padres juntos.

—Papá…

—Cuando tú naciste tu madre y yo estábamos legalmente casados y con un hogar constituido, Mario quiere hacer lo mismo, casarse contigo, darte un hogar.

—Papá no me casaré con Mario.

—A mi me queda poco tiempo de vida, quiero verte felizmente casada con el padre de tu hijo, cómo debe ser, casada por la iglesia como Dios manda.

Amelia cabizbaja no supo contradecir a su padre.

—Mejor duerme tranquilo papá.

—Cuando te vea casada con Mario podré estar tranquilo.

Amelia subió a la habitación sintiéndose confrontada, bebió un vaso de agua y pensó dentro de sí:

—No puedo contarle a mi papá nada acerca de Ignacio, jamás aprobaría que yo tenga una relación con él, menos si se entera que está casado con Silvia.

***

Ignacio debía regresar temprano a la capital, aún no había amanecido, Amelia le consiguió transporte con un amigo que hacía viajes, el auto de Flavio se quedó en el pueblo, Serafín se iba a hacer cargo de llevarlo al taller.

Amelia lo acompañó hasta el porche, allí lo abrazó y se dieron un beso.

—Te llamaré en cuanto llegue a la casa.

—Esperaré que lo hagas. —Volvió a besarla, luego le dijo:

—Ven conmigo, no quiero que estemos separados.

—Ten paciencia mi amor. —Agachó el rostro.

—¿Sucede algo?

—No sé cómo le diré a papá.

—Puedo venir esta tarde a hablar con él.

—No, papá está esperando que me case con Mario, no puede concebir en su mente que yo ande con otro.

—Debe entender que ya no amas a Mario.

—Papá no aceptará que tú y yo estemos juntos mientras estés casado con Silvia.

—¿Entonces cómo debemos manejar las cosas?

—Primero debes divorciarte, luego si les diremos a todos de nuestra relación.

—¿Entonces cómo hago para verte? 

—Tengo una tía que puede recibirte en su casa cuando vengas al pueblo, y cuando nazca mi bebé podré viajar a la capital de vez en cuando. Si somos pacientes todo saldrá bien.

—No me agrada la idea, tendré que mudarme a San Pedro. —Amelia se carcajeó.

—¿Te parece gracioso?

—No me imagino a Ignacio Alcázar viviendo en este pueblo, ¿en que trabajarías?

—Me pondría mis botas de caucho y le pediría a tu padrino que me dé empleo en su finca. 

—No inventes.

—No podré soportar por mucho tiempo estar lejos de ti.

***

Ignacio fue a la casa a cambiarse de ropa, cuando bajó todos los demás estaban desayunando. Lucrecia vio que llegó sin Silvia.

—¿Y Silvia?

—Se quedó con unos amigos.

—¿La dejaste en San Pedro?

—Si, vendrá luego. —Diego lo miró a los ojos preguntándose qué habría sucedido.

Lucrecia agregó:

—Pero cómo se quedó en San Pedro cuando su hijo está a punto de nacer.

—Sabes como es Salvia, ella está tranquila, le gustó el pueblo y decidió quedarse.

—No estoy de acuerdo. —Adrian le dijo a Ignacio:

—Es extraño  que Silvia le haya gustado ese pueblo, ella detesta todo lo que huele a monte.

—Tienes razón Adrián, pero Silvia suele hacer cosas impredecibles, y esta vez quiso quedarse algunos días en ese lugar.

90

Amelia bajó a desayunar, Pedro ya estaba en la mesa con Romelia y Rosalia.

—Buenos días. —Dijo con el rostro serio y se acercó a darle un beso a Pedro.

—¿Dormiste bien papá?

—Si hija, ¿pudiste descansar?

—Si.

—¿Y Flavio?

—Se fue en la madrugada, tenía que trabajar. —Se sentó a desayunar.

Rosalía con sarcasmo agregó:

—Supongo que el pobre chofer tiene que llevar a los hijos de su jefe millonario al cole. 

Pedro preguntó:

—¿Cuándo regresará por el auto?

—El fin de semana. —Respondió Amelia.

—Estoy avergonzado con ese muchacho, me gustaría que cuando regrese venga y almuerce aquí con nosotros.

—Está bien papá, le diré.

 Rosalía miró a Amelia y le dijo:

—¿Por qué eres tan hipócrita Amelia? Dile la verdad a Pedro. —Amelia la miró con reproche, pero ignoraba que Rosalía sabía la verdad acerca de Ignacio.

Pedro puso el semblante serio.

—¿Cuál verdad?

—Flavio no es el chofer de la familia para la que supuestamente Amelia trabaja, él es en realidad el jefe de la casa, está casado con una tal Silvia, y Amelia es su amante, anoche los escuché hablando, él quiere que ella ocupe el lugar de su esposa hasta que se divorcien, mejor dicho, todo este tiempo ha estado ocupando su lugar.

Amelia se quedó catatónica con la mirada pérdida sintiéndose descubierta, Rosalía agregó:

—¿De dónde sacas eso?

—Anoche los escuché hablando en la sala, y se estaban besando.

—Pedro y observó a Amelia por varios segundos, ella sabía que lo estaba haciendo, pero no se atrevió a mirarlo. Él con la voz ronca le dijo:

—¿Es cierto lo que dice Rosalía?

Amelia no contestó nada, Pedro comprendió que su silencio confirmaba las palabras de su hijastra, le dio un golpe a la mesa y furioso gritó:

—¿Respóndeme Amelia? 

Ella se puso a llorar.

—No es lo que parece papá te lo juro. 

Pedro furioso respiraba con rapidez, se veía como su pecho se inflaba y perdía tamaño a cada segundo.

—¿Si no es lo que parece, entonces qué es? ¿Quién es Flavio? —Amelia no se atrevía a mirar a su padre a los ojos.

—¡Respóndeme Amelia!

Amelia miró con rabia a Rosalía.

—Por qué tenías que decírselo, ni siquiera sabes bien la verdad. —Rosalía sonrió cínicamente y bebió de su taza.

—No me has respondido Amelia. —Ella se levantó de la mesa.

—Te lo diré todo, pero no delante de ellas.

Se marchó del comedor enojada, Pedro cargado de indignación dejó el desayuno, movió su silla y salió.

Romelia miró con reproche a Rosalía.

—¿Por qué no me habías dicho nada de lo que descubriste anoche?

—Te lo iba a decir mamá, pero no me pude contener las ganas que tenía de fastidiar a Amelia.

—¿Exactamente qué fue lo que escuchaste?

—Él no se llama Flavio, tampoco es el chofer de la familia ricachona, él es en realidad el jefe; oí que es dueño de una gran empresa.

—¡O sea que es un millonario!

—Si mamá, y está casado. Amelia es su amante, él quiere divorciarse para casarse con ella, Amelia aparte de resbalosa es una roba maridos. No veo la hora de ir a contárselo a Mario.

—Pero qué idiota eres, no debiste decir nada, si Amelia se casa con un millonario tú podrías a través de ella casarte con otro ricachon, tal vez con algun hermano o algun primo que él, 6pero tenías que meter la pata, ahora Pedro obligará a Amelia a dejarlo, y tú no tendrás oportunidad de nada por estúpida.

—Ay mamá.

—Mamá nada.'

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (1)
goodnovel comment avatar
Rosa Martinez
uy que bruta es Rosalia
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • La esposa suplente del millonario   140 Final feliz.

    Llegaron a un lindo restaurant. Esa noche Amelia se sintió como una reina, Ignacio se encargó de que todo fuera perfecto. Pidió una copa de vino para él, y para Amelia desde antes había ordenado un cóctel de copa sin alcohol. El mozo sirvió ambas copas, primero le acercó a Amelia la suya, ella la recibió y le dio las gracias con una gran sonrisa, después le entregó a Ignacio la otra. Cuando el mozo se retiró, Ignacio le dijo: —Quiero brindar porque ya soy un hombre libre y porque pronto serás mi esposa. —Con una sonrisa ambos brindaron y bebieron el primer sorbo; luego Amelia le agarró la mano y le dijo: —Yo quiero brindar por ti y por nuestra felicidad. Ahora me siento segura, sin miedos, y sin ninguna duda. Te amo y le doy gracias al cielo porque te pude recuperar —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Creí que nunca estaríamos juntos de nuevo, pero estás aquí, conmigo. —Nunca nos volveremos a separar. —Brindemos. Brindaron y bebieron de sus copas; de pronto Amelia sintió que un

  • La esposa suplente del millonario   139 Comerte a besos

    Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.—No esperaba verte llegar.—¿Cómo estás? —Fatal.—Siento mucho lo de tu embarazo. Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al respecto. Estaba triste, a la vez avergonzada. Amelia agregó:—Mi tía me contó que Mario era su padre.—Supongo que debes estar muy enojada por eso.—No.—Es tu esposo al fin y al cabo.—Él no me importa, pero tampoco me gustaría que siguieras con él después de lo que te hizo, casi te mata, y mató a su propio hijo antes que naciera… Mario es una mala persona.—Siempre les dije a ti y a Pedro quién era Mario en realidad, y no me creyeron; claro, delante de ti y de tu papá mostraba una cara, y delan

  • La esposa suplente del millonario   138 Lágrimas de esperanza.

    Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.—No quiero que volvamos a separarnos jamás.—Quiero estar contigo el resto de mi vida. —Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte. Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hicieron esperar, sus corazones estaban palpitantes de amor y la emoción de estar juntos de nuevo; aunque ahora estaban aún más unidos, porque no había mentiras o verdades ocultas de por medio; ahora eran un par de seres que se amaban a pesar de los problemas que habían atravesado, y se habían perdonado sus errores, porque su amor era aún más grande que la duda y la desconfianza que reinó por un tiempo. Descubrieron que no podían ser felices el uno sin el otro.***Ignacio expuso el caso de Amelia y Pe

  • La esposa suplente del millonario   137 En la sala de espera

    Ignacio suspendió la agenda del día y viajó a Houston lo antes que le fue posible. Cuando el avión aterrizó y pasó todos los controles del aeropuerto, salió a buscar un taxi que lo condujera al apartamento. Observó el cielo y pensó:"¿De dónde le salió tanta valentía para venir sola a está ciudad tan inmensa; yo jamás lo habría hecho estando en su lugar. Pero Amelia es así, tan frágil y anal vez tan fuerte coló un roble; tal vez por eso jamás podré dejar de amarla. Solo espero que me perdone y me dé otra oportunidad."Tomó un taxi y le dio la dirección al chofer, para que lo llevara al edificio donde sabía que iba a encontrarla.Cuando llegó sacó la llave para abrir la puerta. Iba a introducirla pero se detuvo."No puedo invadirla así de repente, mejor tocó el timbre."Tocó el timbre y esperó un momento, como no hubo respuesta volvió a tocar, pero nadie salió. Se preguntó si tal vez ella no estaba o si no quería abrirle la puerta a nadie; entonces introdujo la llave y abrió la puerta,

  • La esposa suplente del millonario   136 LLamada

    Ignacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.—¿Para qué te citó el detective?—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.—¿Por qué escapó?—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.—Según el detective todos están muy preocupados por ella.—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.***Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió

  • La esposa suplente del millonario   135 Desaparecida

    Amelia buscó un hotel en dónde hospedarse durante el resto de la noche.Ya era de madrugada cuando Mario despertó, vio en su reloj de muñeca que habían pasado varias horas. Por alguna razón sintió curiosidad por saber de Amelia y su hijo durmiendo, entonces fue a la otra habitación, cuando entró se percató que ella y el niño no estaban. Puso una expresión de consternación y asombro, sintió rabia y a la vez se rehusó a creer que ella se había marchado. Buscó el bolso de Amelia en el perchero pero este no estaba allí.—¡Amelia! Gritó y salió al pasillo, continuó gritando su nombre y abrió todas las puertas de las demás habitaciones esperanzado con encontrarla en alguna de estas, pero ella no estaba. Bajó las escaleras, la buscó hasta en la cocina, como no la encontró, salió al patio trasero y comenzó a gritar como loco:—¡Maldita seas Amelia! ¿Dónde te metiste? A donde sea que hayas ido te voy a encontrar.***Ignacio despertó de forma repentina en la madrugada, estaba profundamente d

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status