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La lluvia golpeaba sin piedad contra los ventanales del suelo al techo de la Mansión Sinclair, haciendo eco del nudo de ansiedad que retorcía el estómago de Ava Carter.
Miró el viejo reloj de la pared.
7:45 p. m.
Ethan llegaba tarde.
Otra vez.
Aun así, una pequeña sonrisa tiró de sus labios mientras ajustaba las velas sobre la mesa del comedor. La comida que había preparado durante toda la tarde empezaba a perder su calor, pero no se desanimaba. Esa noche era diferente.
Era su tercer aniversario de bodas.
Tres años atrás, había caminado hacia el altar creyendo que el amor podía cultivarse con paciencia. Ethan Sinclair nunca prometió amarla. Su matrimonio había sido arreglado por ambas familias para salvar una sociedad empresarial en dificultades, y él le había dejado dolorosamente claro que su corazón pertenecía a otra persona.
—Puedo darte mi nombre —le había dicho en su noche de bodas—, nada más.
Aun así, Ava había sonreído y lo había aceptado. Pensó que si lo amaba lo suficiente, algún día él la miraría como un marido mira a su esposa.
Se había equivocado.
El sonido de neumáticos sobre la grava del camino la sacó de sus pensamientos. Sus ojos se iluminaron.
—Ya está en casa.
Corrió hacia la entrada justo cuando la puerta principal se abría.
Ethan entró vestido con un traje negro a medida, su atractivo rostro tan inescrutable como siempre. Gotas de lluvia se aferraban a su cabello oscuro, haciéndolo lucir aún más imponente.
Detrás de él caminaba su asistente con un delgado sobre marrón en las manos.
La sonrisa de Ava se suavizó.
—Feliz aniversario.
Ethan la miró solo un segundo.
—Se me olvidó.
Las palabras cayeron como una bofetada.
Antes de que pudiera responder, él se aflojó la corbata y pasó a su lado sin mirarla de nuevo.
—Lo siento —dijo ella suavemente—. La cena está lista. Preparé tus platos favoritos.
—No tengo hambre.
Ella se obligó a sonreír.
—¿Quizá más tarde?
—No.
La única palabra silenció la habitación.
Su asistente dio un paso discreto hacia adelante.
—Señora Sinclair…
Ethan extendió la mano.
—El sobre.
El asistente lo colocó en su palma y se retiró de inmediato.
Ava frunció el ceño.
—¿Qué es?
Sin dudarlo, Ethan le entregó el sobre.
—Léelo.
Una extraña sensación la invadió al abrirlo. Sus dedos temblaron. Las palabras se volvieron borrosas por un segundo antes de enfocarse.
ACUERDO DE DIVORCIO
Su corazón se detuvo.
Miró el título con incredulidad.
—¿…Esto?
—Ya lo firmé —respondió él.
Ava levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa esto?
—Significa que nuestro matrimonio ha terminado.
El mundo a su alrededor se volvió inquietantemente silencioso. Soltó una risa débil.
—Esto no es gracioso.
—No estoy bromeando.
—Pero… hoy es nuestro aniversario.
—Exacto.
Mantuvo su mirada con fría indiferencia.
—He cumplido con mi obligación hacia ambas familias. No hay razón para que este matrimonio continúe.
Sus labios se separaron, pero no salieron palabras. Tres años. Tres años de intentos. Tres años de amar a un hombre que apenas reconocía su existencia. ¿Realmente iba a terminar así?
Tragó el nudo en su garganta.
—¿Hice algo mal?
—No.
—Entonces, ¿por qué?
Ethan suspiró, casi con impaciencia.
—Porque Amelia ha vuelto.
El nombre drenó todo el color del rostro de Ava.
Amelia Hart.
La mujer que Ethan había amado mucho antes de que se casaran. La mujer que todos creían que eventualmente se casaría con él.
—Regresó al país ayer —continuó él—. No voy a hacerla esperar más.
Cada palabra dolía más que la anterior.
—Entonces… —susurró Ava—, ¿has estado esperándola todo este tiempo?
—Sí.
—¿Y yo solo fui…?
—Una responsabilidad.
Silencio.
Un dolor como nunca antes había conocido se extendió por su pecho. Las lágrimas le quemaban los ojos, pero se negó a dejarlas caer.
—Te amé.
La confesión escapó antes de que pudiera detenerla.
Por primera vez, la expresión de Ethan cambió ligeramente. Solo por un segundo.
—Lo siento.
No. No lo sentía. Si lo sintiera, no estaría terminando tres años de matrimonio como si cancelara un contrato comercial.
Ava bajó la mirada hacia los papeles. Al final de la página estaba su elegante firma. Todo estaba decidido. No le pedían nada. La estaban despidiendo.
Su mano se posó instintivamente sobre su vientre bajo. Se había enterado esa misma mañana. Seis semanas de embarazo. Había planeado sorprenderlo durante la cena.
En cambio, él le había entregado los papeles del divorcio.
Una sonrisa amarga tocó sus labios. Él nunca lo sabría. Ni esa noche. Ni nunca.
Cerró el sobre en silencio y miró al hombre que había amado con todo su corazón.
—Si firmar estos papeles es lo que te hará feliz… —tomó una profunda respiración—, entonces los firmaré.
Ethan la observó en silencio, sin notar nunca las lágrimas que ella se negaba a dejar caer… ni la pequeña vida que crecía dentro de la mujer que él había elegido perder para siempre.
Ava no apartó la mirada de la fotografía.La imagen del documento seguía abierta en su teléfono.Cuatro firmas oficiales.Una quinta línea.El nombre de Nathaniel Voss.Y debajo, una frase que no dejaba espacio para interpretaciones:“Ahora sabes quién estuvo allí. La próxima pregunta es quién salió con la caja.”Nadie habló durante varios segundos.Lucas fue el primero en romper el silencio.—Necesito una copia de esa imagen.Ava se la envió.Nathaniel, sin embargo, seguía mirando la pantalla.—Esa firma no es mía.—Ya lo dijiste —respondió Ava—. Pero alguien quiso que pareciera tuya.Nathaniel levantó los ojos.—No entiendes lo que significa.—Entonces explícame.Nathaniel se acercó a la mesa y observó nuevamente el documento.—Si alguien falsificó mi firma en el acuerdo original, significa que no quería simplemente ocultar una modificación. Quería colocarme dentro del acuerdo.Lucas entendió inmediatamente.—Convertirte en responsable.—Exacto.Ethan tomó la fotografía.—¿Y si la f
La fotografía seguía sobre la mesa.Ava no podía apartar los ojos de ella.Evelyn estaba de pie frente a Carter Group, con una expresión seria que Ava conocía demasiado bien. A su lado estaba un Ethan mucho más joven, vestido con un traje oscuro que parecía demasiado grande para él.Detrás de ellos estaba William.Y unos pasos más atrás, casi oculto por la sombra del edificio, aparecía Edward Sinclair.Ava tomó la fotografía con cuidado.—¿Por qué estabas allí?La pregunta iba dirigida a Ethan.Él no respondió inmediatamente.No porque quisiera ocultarle algo.Porque estaba intentando recordar.—No lo sé —admitió finalmente—. Tenía diecisiete años.Ava levantó la mirada.—Eso no explica qué hacías en una reunión relacionada con mi madre.—No lo recuerdo como una reunión.Nathaniel Voss seguía de pie cerca de la ventana.—Porque probablemente no sabías que lo era.Ethan giró hacia él.—Entonces explícalo.Nathaniel observó la fotografía.—Tu padre te llevó aquel día. Dijo que quería qu
Ava no durmió aquella noche.La dirección seguía abierta en la pantalla de su teléfono.Había pasado horas intentando encontrar alguna conexión con el lugar, pero no aparecía en los registros habituales. Era un antiguo edificio de oficinas situado en una zona industrial de la ciudad, una propiedad que había cambiado de dueño varias veces durante la última década.Nathaniel Voss había elegido el lugar con cuidado.Eso era evidente.Lo que Ava no podía entender era la última frase.“Si quieres saber por qué tu madre murió, ven sola.”Hasta ese momento, la muerte de Evelyn siempre había sido tratada como una tragedia familiar.Un accidente.Una pérdida dolorosa que nadie había conseguido explicar completamente.Ahora parecía otra cosa.A las siete de la mañana, Ava estaba sentada frente a la ventana de su despacho cuando Ethan entró.Había dejado de insistirle en que descansara.—Lucas encontró información sobre el edificio.Ava levantó la mirada.—¿Qué clase de información?—Perteneció
Ava no se movió durante varios segundos.La puerta que acababa de cerrarse dentro de la casa había producido un sonido seco, definitivo.Lucas levantó inmediatamente la linterna.—La puerta estaba cerrada cuando salimos.—Lo sé —respondió Ava.Ethan ya había regresado al pasillo.No miró hacia las escaleras. Se dirigió directamente hacia la habitación donde habían encontrado la caja.Ava lo siguió.La habitación estaba vacía.El piano seguía en su lugar. El escritorio también.Pero algo había cambiado.La tapa de la caja de madera estaba abierta.Ava la había dejado cerrada después de sacar los documentos.—No fui yo —dijo Lucas.—Tampoco yo —respondió Ethan.Ava se acercó lentamente.El contenido seguía dentro, pero la carta de Evelyn había sido desplazada.Alguien había tocado los documentos.No para llevárselos.Para buscar algo.Ava revisó las fotografías una por una.Eran imágenes antiguas de reuniones familiares, inauguraciones de Carter Group y eventos privados. Algunas mostrab
Ava llegó a la antigua residencia de su madre poco después de las diez de la noche.La casa llevaba años vacía. El jardín estaba cubierto de maleza y las ventanas permanecían oscuras, pero la estructura seguía intacta. William había vendido la propiedad tras la muerte de Evelyn, aunque conservó algunos de sus muebles y documentos personales.Ava observó la fachada desde el automóvil.—¿Estás segura? —preguntó Ethan.—No. Pero tenemos que entrar.Lucas los acompañaba; Daniel se había quedado en Carter Group revisando los documentos recuperados.La casa estaba registrada a nombre de una sociedad inmobiliaria, pero Lucas aún investigaba quién la administraba. Antes de que Ava tocara la puerta, se detuvo. La cerradura no estaba oxidada ni cubierta de polvo.Alguien había entrado recientemente.Lucas encontró una entrada lateral. La cerradura cedió tras unos segundos.Dentro, el aire olía a madera vieja y humedad. Recorrieron el pasillo a oscuras hasta llegar al estudio. El escritorio segu
La fotografía permaneció sobre la mesa.Ava no necesitó verla otra vez.Conocía demasiado bien la puerta que aparecía en ella. Era la entrada de la casa donde había pasado los últimos meses intentando reconstruir su vida, la misma casa donde había empezado a imaginar un futuro para sus hijos lejos del caos de los Sinclair.Alguien la estaba observando.Eso era lo que realmente le preocupaba.—Tenemos que sacar a Ava de allí —dijo Ethan.—No —respondió ella.Lucas levantó la mirada.—Ava…—Si abandonamos la casa ahora, sabrán que el mensaje funcionó.Ethan se apoyó contra el escritorio.—Y si regresamos, podrían estar esperando.—Entonces cambiaremos el plan.Ava tomó el portátil.—No voy a permitir que una fotografía decida dónde puedo vivir.Ethan la observó durante unos segundos.—¿Qué propones?—Que crean que seguimos investigando la cuenta.Lucas entendió primero.—Quieres darles información falsa.—Exactamente.Daniel asintió lentamente.—Podría funcionar. Si están vigilando nues







