LOGINLa luz del sol se filtraba a través de las cortinas de la suite presidencial, despertando suavemente a Ava de un sueño inquieto.
Por un breve instante, lo olvidó todo.
Luego su mirada se posó en el anillo de boda que aún llevaba en el dedo.
Los recuerdos de la noche anterior regresaron como una avalancha.
El divorcio.
Amelia.
La mansión que había dejado atrás.
Ava cerró los ojos, respiró profundamente y se quitó el anillo. Lo sostuvo en la palma de su mano durante varios segundos.
Tres años.
Todo reducido a una pequeña banda de platino.
Un golpe sonó en la puerta.
—Adelante.
Lucas entró llevando dos tazas de té y una bolsa de papel de una panadería cercana.
—No estaba seguro de qué les gusta desayunar a las mujeres embarazadas —admitió con una sonrisa incómoda—. Así que compré un poco de todo.
A pesar de sí misma, Ava rio.
Era la primera risa genuina que tenía en mucho tiempo.
—Gracias.
—También hice algunas llamadas.
Ella levantó la vista.
—Contacté a una obstetra en la que confío. Puede atenderte esta tarde si quieres.
—No tenías que hacerlo.
—Lo sé.
Dejó la comida sobre la mesa.
—Pero alguien tiene que asegurarse de que te estás cuidando.
Ava apartó la mirada, parpadeando para contener las lágrimas que amenazaban con regresar.
Ya no estaba acostumbrada a que la cuidaran.
No después de años de aprender a no esperar nada.
—Mis padres llamaron —dijo en voz baja.
—Quieren que vuelva a casa.
—¿Y tú quieres?
Lo pensó.
—No lo sé.
Lucas asintió.
—Entonces no tomes una decisión apresurada.
Su teléfono vibró de nuevo.
Esta vez, en la pantalla aparecía un nombre familiar.
Abuelo Carter.
La expresión de Ava cambió de inmediato.
Contestó.
—Abuelo.
—Mi niña.
Su voz cálida y envejecida casi derrumbó la frágil compostura que había construido.
—Me enteré de lo que pasó.
—Estoy bien.
—No tienes que fingir conmigo.
Silencio.
Luego…
—Voy a casa.
Su voz era firme.
—No.
Ava se secó rápidamente los ojos.
—No deberías viajar. Los médicos te dijeron que descansaras.
—Soy tu abuelo.
—Y yo soy tu nieta.
Sonrió entre lágrimas.
—Yo iré a verte.
Hubo una larga pausa.
Finalmente, él suspiró.
—Te he extrañado, Ava.
—Yo también te he extrañado.
Después de terminar la llamada, Lucas notó la suavidad en su expresión.
—¿Están muy unidos?
—Prácticamente me crió.
—¿A qué se dedica?
Ava dudó.
—Es dueño de Carter Group.
Lucas casi dejó caer su taza de té.
—¿Carter Group?
Uno de los más antiguos e influyentes grupos de marcas de lujo en Europa.
Ella asintió.
—Mi madre dejó la empresa hace años para casarse con mi padre. El abuelo quería que yo la heredara algún día.
Lucas la miró fijamente.
—Entonces ¿por qué vivías como ama de casa?
Una sonrisa amarga cruzó sus labios.
—Porque pensé que ser la esposa de Ethan era suficiente.
Las palabras quedaron flotando pesadamente en el aire.
Lucas negó con la cabeza.
—No.
La miró directamente a los ojos.
—Renunciaste a tu sueño por alguien que nunca lo mereció.
Ava no discutió.
Porque tenía razón.
—
Al otro lado de la ciudad…
Ethan entró en Sinclair Corporation con Amelia a su lado.
Los empleados los saludaron con respeto, aunque los susurros curiosos los siguieron.
—Entonces esa es la señorita Amelia…
—Pensé que el señor Sinclair estaba casado.
—Se divorciaron ayer.
—Hacen una pareja perfecta.
Amelia sonrió con orgullo mientras deslizaba su brazo por el de Ethan.
Dentro del ascensor ejecutivo, se apoyó contra él.
—Ahora ya no tenemos que escondernos más.
Ethan asintió distraídamente.
Su mente regresó inesperadamente a la imagen de Ava caminando bajo la lluvia con una sola maleta.
—¿Me estás escuchando?
La voz de Amelia lo trajo de vuelta.
—Lo siento.
Ella hizo un mohín.
—Has estado distraído desde anoche.
—No es nada.
Ella besó su mejilla.
—Olvídate de ella.
Ethan no respondió.
En cambio, sus pensamientos volvieron a algo que no había notado hasta esa mañana.
El dormitorio principal.
Estaba… vacío.
No había ropa cuidadosamente doblada esperándolo.
No había flores frescas en la mesita de noche.
No había una nota manuscrita recordándole sus reuniones de la tarde.
No había desayuno preparado exactamente como a él le gustaba.
Era extraño.
Siempre había dado por sentado que esas cosas simplemente… ocurrían.
Solo después de que Ava se marchara se dio cuenta de que ella había estado cuidando silenciosamente cada detalle de su vida durante tres años.
Por razones que no podía explicar, el silencio en la mansión se sentía inquietante.
—
De pie en el balcón de la suite del hotel esa tarde, Ava contemplaba el skyline de la ciudad.
El viento rozaba su rostro.
Detrás de ella, Lucas salió.
—Los boletos están reservados.
Ella se giró.
—¿Boletos?
—Para París.
Sus ojos se abrieron.
—Tu abuelo quiere que vuelvas a casa.
Sonrió.
—Y creo que es hora de que recuerdes quién es realmente Ava Carter.
Ava miró la ciudad por última vez.
En algún lugar más allá de esas luces estaba el hombre al que una vez amó con todo su ser.
Tocó el anillo que aún guardaba en su bolsillo.
Luego, con tranquila determinación, caminó hasta el borde del balcón y lo dejó caer en el bote de basura de abajo.
No necesitaba un anillo para recordarle el pasado.
Mañana lo dejaría atrás por completo.
Ava no apartó la mirada de la fotografía.La imagen del documento seguía abierta en su teléfono.Cuatro firmas oficiales.Una quinta línea.El nombre de Nathaniel Voss.Y debajo, una frase que no dejaba espacio para interpretaciones:“Ahora sabes quién estuvo allí. La próxima pregunta es quién salió con la caja.”Nadie habló durante varios segundos.Lucas fue el primero en romper el silencio.—Necesito una copia de esa imagen.Ava se la envió.Nathaniel, sin embargo, seguía mirando la pantalla.—Esa firma no es mía.—Ya lo dijiste —respondió Ava—. Pero alguien quiso que pareciera tuya.Nathaniel levantó los ojos.—No entiendes lo que significa.—Entonces explícame.Nathaniel se acercó a la mesa y observó nuevamente el documento.—Si alguien falsificó mi firma en el acuerdo original, significa que no quería simplemente ocultar una modificación. Quería colocarme dentro del acuerdo.Lucas entendió inmediatamente.—Convertirte en responsable.—Exacto.Ethan tomó la fotografía.—¿Y si la f
La fotografía seguía sobre la mesa.Ava no podía apartar los ojos de ella.Evelyn estaba de pie frente a Carter Group, con una expresión seria que Ava conocía demasiado bien. A su lado estaba un Ethan mucho más joven, vestido con un traje oscuro que parecía demasiado grande para él.Detrás de ellos estaba William.Y unos pasos más atrás, casi oculto por la sombra del edificio, aparecía Edward Sinclair.Ava tomó la fotografía con cuidado.—¿Por qué estabas allí?La pregunta iba dirigida a Ethan.Él no respondió inmediatamente.No porque quisiera ocultarle algo.Porque estaba intentando recordar.—No lo sé —admitió finalmente—. Tenía diecisiete años.Ava levantó la mirada.—Eso no explica qué hacías en una reunión relacionada con mi madre.—No lo recuerdo como una reunión.Nathaniel Voss seguía de pie cerca de la ventana.—Porque probablemente no sabías que lo era.Ethan giró hacia él.—Entonces explícalo.Nathaniel observó la fotografía.—Tu padre te llevó aquel día. Dijo que quería qu
Ava no durmió aquella noche.La dirección seguía abierta en la pantalla de su teléfono.Había pasado horas intentando encontrar alguna conexión con el lugar, pero no aparecía en los registros habituales. Era un antiguo edificio de oficinas situado en una zona industrial de la ciudad, una propiedad que había cambiado de dueño varias veces durante la última década.Nathaniel Voss había elegido el lugar con cuidado.Eso era evidente.Lo que Ava no podía entender era la última frase.“Si quieres saber por qué tu madre murió, ven sola.”Hasta ese momento, la muerte de Evelyn siempre había sido tratada como una tragedia familiar.Un accidente.Una pérdida dolorosa que nadie había conseguido explicar completamente.Ahora parecía otra cosa.A las siete de la mañana, Ava estaba sentada frente a la ventana de su despacho cuando Ethan entró.Había dejado de insistirle en que descansara.—Lucas encontró información sobre el edificio.Ava levantó la mirada.—¿Qué clase de información?—Perteneció
Ava no se movió durante varios segundos.La puerta que acababa de cerrarse dentro de la casa había producido un sonido seco, definitivo.Lucas levantó inmediatamente la linterna.—La puerta estaba cerrada cuando salimos.—Lo sé —respondió Ava.Ethan ya había regresado al pasillo.No miró hacia las escaleras. Se dirigió directamente hacia la habitación donde habían encontrado la caja.Ava lo siguió.La habitación estaba vacía.El piano seguía en su lugar. El escritorio también.Pero algo había cambiado.La tapa de la caja de madera estaba abierta.Ava la había dejado cerrada después de sacar los documentos.—No fui yo —dijo Lucas.—Tampoco yo —respondió Ethan.Ava se acercó lentamente.El contenido seguía dentro, pero la carta de Evelyn había sido desplazada.Alguien había tocado los documentos.No para llevárselos.Para buscar algo.Ava revisó las fotografías una por una.Eran imágenes antiguas de reuniones familiares, inauguraciones de Carter Group y eventos privados. Algunas mostrab
Ava llegó a la antigua residencia de su madre poco después de las diez de la noche.La casa llevaba años vacía. El jardín estaba cubierto de maleza y las ventanas permanecían oscuras, pero la estructura seguía intacta. William había vendido la propiedad tras la muerte de Evelyn, aunque conservó algunos de sus muebles y documentos personales.Ava observó la fachada desde el automóvil.—¿Estás segura? —preguntó Ethan.—No. Pero tenemos que entrar.Lucas los acompañaba; Daniel se había quedado en Carter Group revisando los documentos recuperados.La casa estaba registrada a nombre de una sociedad inmobiliaria, pero Lucas aún investigaba quién la administraba. Antes de que Ava tocara la puerta, se detuvo. La cerradura no estaba oxidada ni cubierta de polvo.Alguien había entrado recientemente.Lucas encontró una entrada lateral. La cerradura cedió tras unos segundos.Dentro, el aire olía a madera vieja y humedad. Recorrieron el pasillo a oscuras hasta llegar al estudio. El escritorio segu
La fotografía permaneció sobre la mesa.Ava no necesitó verla otra vez.Conocía demasiado bien la puerta que aparecía en ella. Era la entrada de la casa donde había pasado los últimos meses intentando reconstruir su vida, la misma casa donde había empezado a imaginar un futuro para sus hijos lejos del caos de los Sinclair.Alguien la estaba observando.Eso era lo que realmente le preocupaba.—Tenemos que sacar a Ava de allí —dijo Ethan.—No —respondió ella.Lucas levantó la mirada.—Ava…—Si abandonamos la casa ahora, sabrán que el mensaje funcionó.Ethan se apoyó contra el escritorio.—Y si regresamos, podrían estar esperando.—Entonces cambiaremos el plan.Ava tomó el portátil.—No voy a permitir que una fotografía decida dónde puedo vivir.Ethan la observó durante unos segundos.—¿Qué propones?—Que crean que seguimos investigando la cuenta.Lucas entendió primero.—Quieres darles información falsa.—Exactamente.Daniel asintió lentamente.—Podría funcionar. Si están vigilando nues







