로그인El jet privado surcaba las nubes, dejando la ciudad atrás.
Ava estaba sentada junto a la ventana, observando la interminable extensión blanca bajo ella. Por primera vez en tres años, sentía que podía respirar.
Apoyó una mano sobre su vientre.
—Vamos a un lugar nuevo —susurró con una leve sonrisa—. Solo tú y yo.
Lucas, sentado frente a ella, fingió no escuchar. Le dio la privacidad que merecía.
En cambio, se concentró en su laptop.
—Ya le informé a tu abuelo que aterrizaremos en París en aproximadamente una hora.
Ava lo miró.
—Lucas… gracias.
Él cerró la laptop.
—Me has dado las gracias suficiente.
—No, no lo he hecho.
Ella sonrió con suavidad.
—No tenías que dejar tu empresa solo para acompañarme.
Él se encogió de hombros.
—De todos modos tenía reuniones en París.
Ella levantó una ceja.
—Estás mintiendo.
—Quizá un poco.
Por primera vez en días, Ava rio.
Lucas también se encontró sonriendo.
Casi había olvidado lo luminosa que podía ser su sonrisa.
De vuelta en la ciudad…
Ethan llegó a casa mucho después del atardecer.
La mansión estaba en silencio.
No había luces esperándolo.
Ningún aroma a cena provenía de la cocina.
Se aflojó la corbata e instintivamente llamó:
—¿Ava?
Solo el silencio respondió.
Frunció el ceño.
Viejos hábitos.
Entró en la cocina y abrió el refrigerador.
Vacío.
Al menos, vacío según los estándares de Ava.
Solo había agua embotellada, un cartón de leche y unas cuantas frutas.
Frunció el ceño aún más.
—¿Dónde está la cena?
La ama de llaves, la señora Green, lo miró confundida.
—La señora Sinclair siempre planeaba las comidas semanales ella misma, señor. Despedía al chef de la noche cuando quería cocinar para usted.
Ethan la miró fijamente.
—¿Ella cocinaba todas las noches?
La señora Green parpadeó.
—¿Usted… no lo sabía?
Él no dijo nada.
La ama de llaves dudó antes de continuar.
—También elegía sus corbatas cada mañana, recordaba a su secretaria sus citas, preparaba su café antes de que despertara y se aseguraba de que nunca olvidara su medicación.
Ethan frunció las cejas.
—¿Mi medicación?
—Las vitaminas que le recetó el médico después de su úlcera estomacal.
Su expresión se congeló.
Siempre había asumido que su asistente se encargaba de eso.
La señora Green bajó la mirada.
—La señora Sinclair lo hacía todo ella misma.
Cuando se marchó, Ethan se quedó solo en la cocina.
Su mirada se posó en la cafetera.
Junto a ella había una nota manuscrita.
De alguna manera había escapado de ser tirada.
No te saltes el desayuno. Tu estómago no soporta el café solo. — Ava
La tomó.
Sus dedos se apretaron alrededor del pequeño papel.
Por razones que no podía explicar, un peso incómodo se instaló en su pecho.
Mientras tanto, en París…
Un elegante auto negro atravesó las puertas de la Mansión Carter.
La residencia parecía más un palacio que un hogar, rodeada de jardines impecables y árboles centenarios.
Ava bajó del vehículo.
Antes de que pudiera subir los escalones principales, un anciano de cabello plateado salió apresuradamente.
—Mi niña.
—¡Abuelo!
Ava corrió a sus brazos.
El anciano la abrazó con fuerza, con los ojos ya brillando por las lágrimas.
—Te has puesto tan delgada.
Ella rio suavemente.
—Siempre dices lo mismo.
Él tomó su rostro entre las manos.
—Y tú has estado ocultándome tu dolor.
Eso fue todo lo que hizo falta.
Las lágrimas que Ava había contenido durante días finalmente escaparon.
—Lo siento, abuelo.
Él la abrazó de nuevo.
—No tienes nada por lo que disculparte.
Lucas entró discretamente con la maleta, dando un momento a solas a la familia.
Después de varios minutos, su abuelo se apartó con gentileza.
—Me enteré de todo.
—Estoy bien.
Él sonrió con complicidad.
—No.
Sus ojos se suavizaron al bajar brevemente hasta su vientre.
—Pero lo estarás.
Ava cubrió instintivamente su abdomen.
—¿Lo sabes?
Él rio entre dientes.
—Eres mi nieta. ¿Creíste que no lo notaría?
Ella asintió con timidez.
—Voy a tener un bebé.
—Una bendición preciosa.
Besó su frente.
—Y ese niño nunca carecerá de amor.
Tomándola de la mano, la condujo al interior de la mansión.
—Esta casa se ha sentido vacía desde que te fuiste hace años.
La miró con tranquila determinación.
—Es hora de que vuelvas a casa.
Mientras las grandes puertas se cerraban detrás de ella, Ava sintió algo que no había experimentado en años.
Seguridad.
Por primera vez desde que firmó los papeles del divorcio, no estaba pensando en Ethan Sinclair.
Estaba pensando en el futuro.
Un futuro que construiría con sus propias manos.
Sin saber que, a miles de kilómetros de distancia, el hombre que la había dejado ir acababa de comenzar a comprender el verdadero costo de perderla.
Ava no apartó la mirada de la fotografía.La imagen del documento seguía abierta en su teléfono.Cuatro firmas oficiales.Una quinta línea.El nombre de Nathaniel Voss.Y debajo, una frase que no dejaba espacio para interpretaciones:“Ahora sabes quién estuvo allí. La próxima pregunta es quién salió con la caja.”Nadie habló durante varios segundos.Lucas fue el primero en romper el silencio.—Necesito una copia de esa imagen.Ava se la envió.Nathaniel, sin embargo, seguía mirando la pantalla.—Esa firma no es mía.—Ya lo dijiste —respondió Ava—. Pero alguien quiso que pareciera tuya.Nathaniel levantó los ojos.—No entiendes lo que significa.—Entonces explícame.Nathaniel se acercó a la mesa y observó nuevamente el documento.—Si alguien falsificó mi firma en el acuerdo original, significa que no quería simplemente ocultar una modificación. Quería colocarme dentro del acuerdo.Lucas entendió inmediatamente.—Convertirte en responsable.—Exacto.Ethan tomó la fotografía.—¿Y si la f
La fotografía seguía sobre la mesa.Ava no podía apartar los ojos de ella.Evelyn estaba de pie frente a Carter Group, con una expresión seria que Ava conocía demasiado bien. A su lado estaba un Ethan mucho más joven, vestido con un traje oscuro que parecía demasiado grande para él.Detrás de ellos estaba William.Y unos pasos más atrás, casi oculto por la sombra del edificio, aparecía Edward Sinclair.Ava tomó la fotografía con cuidado.—¿Por qué estabas allí?La pregunta iba dirigida a Ethan.Él no respondió inmediatamente.No porque quisiera ocultarle algo.Porque estaba intentando recordar.—No lo sé —admitió finalmente—. Tenía diecisiete años.Ava levantó la mirada.—Eso no explica qué hacías en una reunión relacionada con mi madre.—No lo recuerdo como una reunión.Nathaniel Voss seguía de pie cerca de la ventana.—Porque probablemente no sabías que lo era.Ethan giró hacia él.—Entonces explícalo.Nathaniel observó la fotografía.—Tu padre te llevó aquel día. Dijo que quería qu
Ava no durmió aquella noche.La dirección seguía abierta en la pantalla de su teléfono.Había pasado horas intentando encontrar alguna conexión con el lugar, pero no aparecía en los registros habituales. Era un antiguo edificio de oficinas situado en una zona industrial de la ciudad, una propiedad que había cambiado de dueño varias veces durante la última década.Nathaniel Voss había elegido el lugar con cuidado.Eso era evidente.Lo que Ava no podía entender era la última frase.“Si quieres saber por qué tu madre murió, ven sola.”Hasta ese momento, la muerte de Evelyn siempre había sido tratada como una tragedia familiar.Un accidente.Una pérdida dolorosa que nadie había conseguido explicar completamente.Ahora parecía otra cosa.A las siete de la mañana, Ava estaba sentada frente a la ventana de su despacho cuando Ethan entró.Había dejado de insistirle en que descansara.—Lucas encontró información sobre el edificio.Ava levantó la mirada.—¿Qué clase de información?—Perteneció
Ava no se movió durante varios segundos.La puerta que acababa de cerrarse dentro de la casa había producido un sonido seco, definitivo.Lucas levantó inmediatamente la linterna.—La puerta estaba cerrada cuando salimos.—Lo sé —respondió Ava.Ethan ya había regresado al pasillo.No miró hacia las escaleras. Se dirigió directamente hacia la habitación donde habían encontrado la caja.Ava lo siguió.La habitación estaba vacía.El piano seguía en su lugar. El escritorio también.Pero algo había cambiado.La tapa de la caja de madera estaba abierta.Ava la había dejado cerrada después de sacar los documentos.—No fui yo —dijo Lucas.—Tampoco yo —respondió Ethan.Ava se acercó lentamente.El contenido seguía dentro, pero la carta de Evelyn había sido desplazada.Alguien había tocado los documentos.No para llevárselos.Para buscar algo.Ava revisó las fotografías una por una.Eran imágenes antiguas de reuniones familiares, inauguraciones de Carter Group y eventos privados. Algunas mostrab
Ava llegó a la antigua residencia de su madre poco después de las diez de la noche.La casa llevaba años vacía. El jardín estaba cubierto de maleza y las ventanas permanecían oscuras, pero la estructura seguía intacta. William había vendido la propiedad tras la muerte de Evelyn, aunque conservó algunos de sus muebles y documentos personales.Ava observó la fachada desde el automóvil.—¿Estás segura? —preguntó Ethan.—No. Pero tenemos que entrar.Lucas los acompañaba; Daniel se había quedado en Carter Group revisando los documentos recuperados.La casa estaba registrada a nombre de una sociedad inmobiliaria, pero Lucas aún investigaba quién la administraba. Antes de que Ava tocara la puerta, se detuvo. La cerradura no estaba oxidada ni cubierta de polvo.Alguien había entrado recientemente.Lucas encontró una entrada lateral. La cerradura cedió tras unos segundos.Dentro, el aire olía a madera vieja y humedad. Recorrieron el pasillo a oscuras hasta llegar al estudio. El escritorio segu
La fotografía permaneció sobre la mesa.Ava no necesitó verla otra vez.Conocía demasiado bien la puerta que aparecía en ella. Era la entrada de la casa donde había pasado los últimos meses intentando reconstruir su vida, la misma casa donde había empezado a imaginar un futuro para sus hijos lejos del caos de los Sinclair.Alguien la estaba observando.Eso era lo que realmente le preocupaba.—Tenemos que sacar a Ava de allí —dijo Ethan.—No —respondió ella.Lucas levantó la mirada.—Ava…—Si abandonamos la casa ahora, sabrán que el mensaje funcionó.Ethan se apoyó contra el escritorio.—Y si regresamos, podrían estar esperando.—Entonces cambiaremos el plan.Ava tomó el portátil.—No voy a permitir que una fotografía decida dónde puedo vivir.Ethan la observó durante unos segundos.—¿Qué propones?—Que crean que seguimos investigando la cuenta.Lucas entendió primero.—Quieres darles información falsa.—Exactamente.Daniel asintió lentamente.—Podría funcionar. Si están vigilando nues







