LOGINEl taxi se alejó de la Mansión Sinclair, desapareciendo en las calles empapadas por la lluvia.
Ava iba sentada en el asiento trasero, sujetando su maleta con una mano mientras la otra descansaba protectoramente sobre su vientre.
No lloró.
No porque no le doliera.
Simplemente ya no le quedaban lágrimas.
El conductor la miró a través del espejo retrovisor.
—¿Señorita, adónde vamos?
Ava dudó.
Ya no tenía un hogar.
El apartamento que había alquilado antes de su matrimonio había sido abandonado hacía tiempo, y la mayoría de sus amigos se habían alejado durante los últimos tres años.
Solo había una persona a quien podía recurrir.
—Al Hotel Grand Horizon.
—Sí, señora.
Mientras el taxi avanzaba por la ciudad, Ava apoyó la cabeza contra la ventana, observando cómo las luces borrosas pasaban.
Su teléfono vibró.
Papá.
Miró la pantalla hasta que dejó de sonar.
Un segundo después apareció un mensaje:
Tu madre y yo nos enteramos del divorcio. Ven a casa.
Ava cerró los ojos.
Sus padres se habían opuesto al matrimonio desde el principio.
Su padre la había advertido:
«Un hombre que te dice que no te ama no cambiará mágicamente después de la boda».
Ella no había escuchado.
Ahora no podía soportar ver la decepción en sus ojos.
El taxi se detuvo frente al hotel.
Después de pagar al conductor, Ava entró.
El cálido vestíbulo contrastaba fuertemente con la fría lluvia del exterior.
Se acercó al mostrador de recepción.
—Quisiera una habitación.
La recepcionista sonrió con cortesía.
—Por supuesto, señora.
Antes de que Ava pudiera entregar su tarjeta, una voz familiar sonó detrás de ella.
—Si no tiene reserva, dele la suite presidencial.
Ava se quedó helada.
Se volvió lentamente.
Un hombre alto, vestido con un traje gris carbón, se acercaba con una confianza natural.
Sus rasgos afilados se suavizaron en cuanto la reconoció.
—¿…Ava?
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Lucas?
Lucas Bennett sonrió.
—Eres tú de verdad.
No lo había visto en casi seis años.
En aquel entonces, habían hecho las prácticas juntos en una de las casas de moda más importantes del país.
Lucas siempre la había animado a perseguir su sueño de convertirse en diseñadora.
En cambio…
Ella se había casado con Ethan.
—Has cambiado —dijo Lucas con calidez.
—Tú también.
Él rio suavemente.
—Espero que sí. Dirigir una empresa internacional suele envejecer a un hombre.
Los ojos de la recepcionista se abrieron.
—¿El Lucas Bennett?
Uno de los empresarios multimillonarios más jóvenes del país.
Lucas restó importancia al comentario y miró de nuevo a Ava.
—¿Qué haces aquí sola?
Ella forzó una sonrisa.
—Solo necesitaba un lugar donde quedarme.
Su sonrisa se desvaneció cuando su mirada cayó sobre la maleta.
—¿Qué pasó?
Ava apartó la vista.
—Me divorcié.
Silencio.
La mandíbula de Lucas se tensó ligeramente.
—Entiendo.
No hizo más preguntas.
En cambio, tomó su maleta.
—Vamos.
—Lucas, puedo arreglármelas sola.
—Lo sé.
Él sonrió con gentileza.
—Pero esta noche, déjame ayudarte.
Algo en su voz tranquila alivió un poco el peso que sentía en el pecho.
—
Media hora después, estaban sentados frente a frente en el restaurante del hotel.
Un tazón de sopa caliente permanecía intacto delante de Ava.
—Deberías comer —dijo Lucas.
—No tengo mucho apetito.
—Lo necesitas.
Ella lo miró confundida.
La mirada de Lucas descendió brevemente hasta la mano que ella había colocado inconscientemente sobre su abdomen.
—Sigues protegiendo tu vientre.
Ava retiró la mano instintivamente.
Lucas suspiró con suavidad.
—Estás embarazada, ¿verdad?
Los ojos de Ava se llenaron de lágrimas.
Por primera vez esa noche…
Alguien lo había notado.
Asintió levemente.
—Seis semanas.
Lucas se recostó en la silla, asimilando la noticia.
—¿Ethan lo sabe?
—No.
—¿Vas a decírselo?
Ava bajó la mirada hacia la mesa.
—Iba a sorprenderlo esta noche.
Su voz se quebró.
—Pero él me sorprendió primero.
Lucas no habló.
No hubo clichés reconfortantes.
Ni promesas vacías de que todo estaría bien.
En cambio, empujó silenciosamente el tazón de sopa hacia ella.
—Entonces come.
Ella levantó la vista.
—Puede que tú no tengas hambre, pero tu bebé sí.
Ava se mordió el labio mientras nuevas lágrimas rodaban por sus mejillas.
Tomó la cuchara.
Por primera vez desde que salió de la Mansión Sinclair, dio un bocado.
No era mucho.
Pero era suficiente.
Suficiente para recordarle que ya no vivía solo para sí misma.
Vivía para el pequeño latido que crecía dentro de ella.
Al otro lado de la mesa, Lucas la observaba en silencio.
Recordaba a la joven ambiciosa que una vez dibujaba vestidos de novia y soñaba con crear su propia marca de moda.
Esa chispa había desaparecido el día que se casó con Ethan Sinclair.
Mientras miraba a la mujer exhausta frente a él, hizo un voto silencioso.
Quienquiera que hubiera roto a Ava Carter…
Nunca volvería a tener la oportunidad de hacerlo.
Sin saber la promesa que se hacía en su nombre, Ava miró por la ventana del restaurante.
La lluvia había cesado por fin.
Por primera vez en años, el amanecer ya no parecía imposiblemente lejano.
Ava no apartó la mirada de Edward.—¿Qué llave?Edward se sentó lentamente.—Martin tenía una oficina privada donde guardaba documentos que no podían incorporarse a los archivos generales de Hale & Sinclair. Cuando comenzó a trabajar con Robert, me pidió acceso a una parte de los registros de Carter Group. Le entregué una llave física y una credencial temporal.—¿Y nunca se las devolvió?—Me dijo que había destruido la credencial y que la llave había quedado guardada en sus archivos personales. No volví a preguntarle por ella.Lucas abrió el registro de acceso que había encontrado.—El pago para reactivar la oficina se realizó hace dos semanas. Si alguien utilizó una credencial antigua, tuvo que acceder también al sistema de seguridad del edificio.—¿La llave sigue siendo válida? —preguntó Ava.—No debería —respondió Edward—. Pero no puedo asegurarlo sin comprobarlo.Ava se volvió hacia él.—¿Por qué no mencionaste esto antes?Edward recibió la pregunta sin intentar defenderse.—Porqu
Ava amplió la fotografía.El documento llevaba el sello de la antigua oficina legal de Martin Hale. Debajo aparecía una referencia de archivo y, en la esquina inferior, el nombre de Thomas Avery.No era la primera vez que ese nombre aparecía relacionado con documentos cuestionables. Sin embargo, después de su declaración y de haber explicado por qué retiró la copia de Victoria, Ava había dejado de considerarlo el principal sospechoso.Ahora tenía que reconsiderarlo.—Lucas, necesito que revises esto.Le envió la imagen y el audio.Ethan se acercó cuando ella terminó.—¿Crees que Thomas falsificó la firma de Robert?—Creo que alguien quiere que lo crea. No voy a cometer el error de confundir una fotografía con una prueba.Marcó el número de Thomas.No contestó.Volvió a intentarlo unos minutos después. Esta vez, la llamada fue rechazada.—Está evitando hablar contigo —observó Ethan.—O está ocupado. De cualquier manera, lo encontraré.A la mañana siguiente, Lucas llegó con un informe p
—Necesito ver ese documento —dijo Ava.El abogado le entregó la copia que acababa de recibir del comité.Era una autorización de revocación fechada tres días después de la muerte de Robert. En ella, su padre supuestamente ordenaba cancelar la designación de Bennett Patrimonial Trust y devolver la administración de sus acciones a la estructura anterior.La firma parecía idéntica a la que aparecía en los documentos originales.Ava pasó el pulgar por el borde de la hoja.—¿Quién certificó esto?—Un notario cuyo registro profesional sigue activo —respondió el abogado—. El comité ha aceptado provisionalmente el documento como prueba, pero todavía no ha confirmado su autenticidad.Adrian extendió la mano.—Déjame verlo.Lo examinó con cuidado. Su expresión se volvió más seria cuando llegó a la última página.—Esto no salió de la oficina de Robert.—¿Cómo puedes estar seguro? —preguntó Ethan.—Porque la numeración corresponde a una versión anterior del acuerdo. Robert había ordenado retirar
Ava volvió a leer el mensaje de Adrian.No venga sola.Richard Mercer ya sabe que estoy vivo.Aquellas palabras habían cambiado el significado de todo lo que acababan de descubrir. Adrian no era simplemente un antiguo abogado que había reaparecido para entregar un documento olvidado. Era alguien que llevaba años evitando a Richard.—Quiero una reunión con él —dijo Ava.Lucas levantó la mirada de su ordenador.—Podemos organizarla a través de su dirección profesional. Pero antes debemos asegurarnos de que no sea una trampa.—Ya verificaste su identidad.—Su identidad, sí. Todavía no sabemos quién tiene acceso a sus comunicaciones.Ethan tomó asiento junto a Ava.—Tiene razón. Si Richard sabe que Adrian está vivo, podría estar intentando adelantarse a nosotros.Ava no discutió.—Entonces no le daremos tiempo para hacerlo.Lucas abrió el correo que Adrian había enviado al comité. La solicitud de suspensión estaba acompañada por una copia de la autorización final de Robert, aunque varias
El nombre permaneció en la pantalla.ADRIAN COLE.Ava lo leyó dos veces, intentando conectar aquella información con todo lo que habían descubierto durante las últimas semanas.Adrian había sido amigo y abogado de su madre. Había trabajado con Robert y, según los documentos que Evelyn dejó atrás, fue una de las primeras personas en sospechar que alguien estaba manipulando el patrimonio familiar.Después desapareció.—¿Estás seguro de que es el mismo Adrian Cole? —preguntó Ava.Lucas amplió el registro.—Coinciden el nombre completo, la identificación profesional y los documentos de constitución del fideicomiso. No parece una coincidencia.Ethan, que estaba junto a la ventana, se acercó a la mesa.—¿Qué significa exactamente que sea representante legal?—Que no necesariamente controla los bienes —respondió Lucas—. Pero puede tener autoridad para actuar en nombre del fideicomiso. Necesitamos conocer los términos de la autorización de Robert antes de sacar conclusiones.Ava apoyó las man
Ava no apartó los ojos de Thomas.—¿Qué quieres decir con que la segunda persona acaba de regresar?Thomas respiró profundamente.—Robert designó a un custodio principal y a un custodio alternativo. La primera designación quedó registrada en el documento que encontraste en los archivos de tu padre. La segunda estaba en el anexo que Victoria conservaba.—¿Y quién fue nombrado?—No lo sé. Nunca vi el nombre completo.—Pero acabas de decir que esa persona regresó.—Porque Victoria me llamó anoche. Me dijo que había recibido una visita de alguien que llevaba años desaparecido. Esa persona le exigió el documento y le advirtió que no debía entregártelo.Ava sintió que perdía la paciencia.—¿Y por eso entraste en su despacho y te llevaste el documento?Thomas no respondió inmediatamente.—Sí.—¿Sin avisarme?—Victoria me pidió que lo hiciera. Pensaba que alguien intentaría recuperarlo antes de que pudiera entregártelo. Acordamos que yo lo pondría bajo custodia segura mientras ella preparaba







