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La hermana que desecharon
La hermana que desecharon
Author: Mira

Capítulo 1

Author: Mira
La destartalada vivienda que alquilaba tenía las paredes cubiertas de manchas de moho y las cortinas roídas por las ratas.

Todas mis pertenencias cabían en una maltrecha bolsa de viaje que había conseguido en el bar donde trabajaba.

De pronto, mi celular vibró. Era un mensaje de mis hermanos:

«Heather, vuelve a casa ahora. Tenemos que hablar de algo importante».

Me quedé mirando aquellas palabras «vuelve a casa» mientras las lágrimas caían sobre la pantalla. Una pequeña chispa de esperanza se encendió en mi interior.

Mis hermanos todavía se acordaban de mí.

Gasté la mitad de lo que ganaba en un día en un taxi y regresé a casa a toda prisa.

Empujé la puerta de entrada y me quedé paralizada ante lo que vi.

Todos estaban reunidos alrededor de Leah, celebrando su cumpleaños. Allí estaban Dominic, Julian y Darian Cross, mi amor de la infancia.

—Un año más. Feliz cumpleaños, Leah —dijo Dominic con una voz increíblemente tierna mientras le acariciaba el cabello.

—Aunque tengas ochenta años, seguirás siendo mi princesita favorita —añadió Julian con una sonrisa.

Darian se inclinó hacia ella con su cámara.

—Está claro que yo soy su favorito. De niños, hasta me dijo que se casaría conmigo.

Las risas llenaron la sala. Nadie notó que estaba de pie en la entrada.

Me quedé allí con mi camisa arrugada, muerta de vergüenza, hasta que se me entumecieron las piernas. Solo entonces Dominic me miró.

Su sonrisa se desvaneció y dio paso a aquella expresión fría que yo conocía tan bien.

—Heather. Llegaste rápido.

Leah me lanzó una mirada fugaz, recogió sus regalos y se retiró a su habitación.

Julian fue el primero en hablar, como si estuviera dándole órdenes a una sirvienta.

—¿Qué haces ahí parada? ¡Ven acá!

Estaba a punto de sentarme en el extremo más alejado del sofá cuando Darian me arrojó una manta.

—Siéntate sobre eso. No vayas a manchar el sofá favorito de Leah.

Bajé la mirada hacia mi ropa.

Mis jeans estaban casi blancos de tanto lavarlos. Tenían los dobladillos bastante deshilachados y varios parches en lugares muy visibles. Aun así, eran los mejores que tenía.

No discutí. Me limité a extender la manta en silencio y me senté.

Dominic deslizó un documento frente a mí.

—Revísalo y firma. Todavía tenemos que llevar a Leah a un bar para seguir celebrando su cumpleaños.

En la primera página se leía en negritas:

[Renuncia voluntaria a la herencia.]

La casa, las acciones y los ahorros que habían dejado mis padres: todo pasaría a manos de Leah, sin condición alguna.

Las manos empezaron a temblarme. Pasé a la segunda página:

[Revocación de la adopción y ruptura de los vínculos familiares.]

—Ah, se me olvidó mencionarlo —dijo Julian como si nada—. Nuestros padres te adoptaron.

Dominic se inclinó hacia mí y bajó la voz.

—El deseo de cumpleaños de Leah este año es tener una familia completa.

Sus largos dedos tamborilearon sobre la mesa con impaciencia.

—Firma de una vez. Tómalo como tu regalo de cumpleaños para Leah.
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