Compartir

Capítulo 2

Autor: Mira
Sentí como si algo me estallara dentro de la cabeza. Esbocé una sonrisa amarga, burlándome de mí misma por haberme hecho ilusiones.

Creí que mis hermanos me habían pedido que volviera porque recordaban que hoy era mi cumpleaños.

Aunque ya había decidido marcharme, todavía conservaba la esperanza de que me dieran una explicación y de poder celebrar por última vez mi cumpleaños con ellos.

Pero lo único que querían era darle a Leah una familia completa y deshacerse de mí, de ese estorbo, de una vez por todas.

Un año de trabajos ocasionales me habían dejado las manos cubiertas de pequeños cortes y raspones.

Me temblaban las manos cuando tomé el bolígrafo. Las heridas en los dedos hicieron que mi letra saliera irregular y temblorosa. Una sola lágrima cayó sobre mi firma y dejó un pequeño borrón de tinta.

Cuando terminé de firmar, alcé la mirada hacia Dominic con los ojos llenos de lágrimas.

Él giró el rostro, evitando mi mirada. Habló con voz baja y sombría.

—Ahora que ya firmaste, deberías irte. A Leah no le caes bien y hoy es su cumpleaños. No se lo arruines.

Cerré los ojos y asentí.

La pequeña chispa de esperanza que se había encendido hacía apenas unos momentos se extinguió en un instante.

Algo dentro de mí se quebró.

El mayordomo me acompañó a la salida como si fuera una invitada y no parte de la familia.

Permanecí un largo rato afuera, frente a las rejas de la mansión. La luz del sol me hería los ojos y parecía abrasarme en lo más profundo de mi pecho.

Desde el interior volvieron a oírse risas. Me limpié el rostro con el dorso de la mano y me alejé.

Era mi último día en mi empleo de medio tiempo. Tomé el metro hasta el bar donde trabajaba.

En el vagón, todos a mi alrededor parecían viajar en pareja. Yo era la única que estaba sola.

Me tragué la amargura que me subía por la garganta y empecé a revisar Instagram para distraerme.

La primera publicación que apareció era de Leah.

Llevaba un vestido de princesa hecho a la medida, con Dominic, Julian y Darian reunidos a su alrededor.

El texto de la publicación decía:

[Por fin se fue la que nadie quería. Ahora esta familia está completa.]

Tanto Dominic como Darian le habían dado «Me gusta».

En los comentarios, Julian había escrito:

[¡Felicidades por haber sido aceptada en la Academia de Artes Durand!]

Me tembló la mano.

La Academia Durand era una escuela privada de arte cuya matrícula ascendía a cien mil dólares al año como mínimo.

Siempre había soñado con estudiar allí, pero Dominic y Julian se habían negado a que me postulara debido al costo.

Dominic era un capo de la mafia; Julian se dedicaba al tráfico internacional de armas.

Para ellos, cien mil dólares no eran nada, apenas lo que ganaban en un minuto. Y el programa que yo quería cursar era el más barato que ofrecía Durand.

En aquel entonces, me decía a mí misma que no soportaban la idea de que me fuera tan lejos.

Solo ahora lo comprendía. El problema nunca había sido el dinero. Simplemente no creían que valiera la pena gastarlo en mí.

Una hermana adoptiva, sin lazos de sangre, jamás podría compararse con la hija de su difunto mentor.

Con eso en mente, bloqueé todos sus números.

No quería un hogar en el que no me quisieran. Ni una familia que no me amara.
Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • La hermana que desecharon   Capítulo 10

    Para que pudiera terminar mis estudios en paz, Enzo y Conrad no hicieron pública mi identidad. Solo anunciaron que la única princesa de la familia Karl había regresado.Enzo empezó a involucrarme en los negocios familiares. Ya fuera revisando las cuentas o abriéndome paso a tiros en un enfrentamiento, me desenvolvía a la perfección.—Enzo, ¿crees que soy demasiado competitiva? ¿Te molesta?Enzo se rio y me revolvió el cabello.—Una princesa de la familia Karl debe ser competitiva. Si no, ¿cómo vas a poner en su lugar a esos viejos de la familia?Sentí una cálida sensación en el pecho.Lo que otros habían considerado un defecto era un motivo de orgullo para mi verdadera familia.Mientras me ocupaba de los negocios, terminé mi posgrado en tiempo récord.Después de graduarme, aproveché los contactos que había hecho en la universidad para expandir rápidamente nuestras operaciones. La familia Karl se volvía más poderosa cada día y sus negocios terminaron extendiéndose al país que había dej

  • La hermana que desecharon   Capítulo 9

    Mientras ellos ponían el país de cabeza tratando de encontrarme, yo ya había aterrizado en Suiza.Pagué a gente del mercado negro para que borrara todo rastro de mi viaje a Suiza.Dejé atrás el dolor y comencé una nueva vida.La universidad me devolvió las ganas de vivir.Me convertí en presidenta del consejo estudiantil, asistí a conferencias internacionales e incluso obtuve una carta de recomendación de mi profesor para cursar un posgrado en Harvard.Nadie me decía que era demasiado competitiva.Mis amigos estaban orgullosos de mí. Mi asesor académico decía que yo era su mejor alumna.Ya no tenía que dejar una pregunta importante sin responder en un examen solo para evitar superar a Leah en la competencia por la beca.Ocupaba el primer lugar y me lo había ganado.Trabajaba para mantenerme mientras estudiaba y había hecho amigos de verdad.Aquí nadie sabía que yo era la hija adoptiva de la familia Weems, cuya influencia se extendía por medio país.Todos me trataban con amabilidad y, p

  • La hermana que desecharon   Capítulo 8

    Después de eso, por toda la ciudad se corrió la voz de que la familia Weems buscaba a su hija desaparecida.Ofrecieron una recompensa que nadie podía ignorar: medio millón de dólares para quien aportara información útil sobre Heather.Pero nadie tenía ninguna pista.En una bodega oscura y abandonada, Dominic y Julian estaban sentados en una plataforma elevada, observando con frialdad cómo sus hombres torturaban a los matones que la habían golpeado.Darian irrumpió y le gritó a Dominic:—¿Mandaste a Leah de vuelta con esos parientes? ¡Es tu hermana!—No lo es —respondió Dominic.—No merece serlo —añadió Julian.Darian apretó la mandíbula, haciendo un esfuerzo por contener la furia. Luego dirigió la mirada hacia los matones que estaban torturando. —¿Qué están haciendo? No son más que unos matones de barrio. ¿Por qué los castigan?Uno de ellos ya no pudo soportar más los azotes del látigo con púas de Dominic. Cubierto de sangre, se arrastró de rodillas y suplicó:—¡Don Weems, nos equivoc

  • La hermana que desecharon   Capítulo 7

    Dominic enfundó el arma y se volvió hacia Leah. La observaba como un depredador a su presa.Las piernas de Leah cedieron y cayó de rodillas.—Así que por eso... me pediste prestado el escudo familiar el otro día. Me mentiste. ¡Dijiste que era para una obra de teatro escolar!El rostro de Dominic no reflejaba emoción alguna. Avanzó hacia ella paso a paso hasta acorralarla contra la pared.—¿Por qué le hiciste esto a Heather?Leah nunca lo había visto tan aterrador.Negó con la cabeza, desesperada, y se aferró a la manga de Julian.—Ayúdame, por favor. No fue mi intención... Solo tenía miedo de que Heather volviera y te alejara de mí. Tenía miedo...Sus hombros se sacudían con los sollozos.Siempre le había funcionado. Pero esta vez Julian no le secó las lágrimas.La apartó de un empujón.—Me decepcionaste.—Encuentra a Heather. Puede que no haya llegado muy lejos.Julian asintió y salió con unos cuantos guardaespaldas.Dominic se acercó despacio a Leah.—Leah, a partir de hoy, ya no ere

  • La hermana que desecharon   Capítulo 6

    Dominic le indicó a su asistente que se comunicara con los organizadores de la gala para informarles que la familia Weems no asistiría.Leah se aferró a la manga de Dominic y tiró de ella, suplicante.—Pero Darian nos está esperando allá.Dominic la miró con tanta frialdad que parecía tener delante a una desconocida.Leah se mordió el labio, dolida, y bajó lentamente la cabeza.Julian salió de inmediato en su defensa.—Aunque estés preocupado por Heather, no deberías desquitarte con Leah.Dominic se aflojó la corbata con impaciencia.—¿Recuerdas cuando Leah quería ese collar de niña y le golpeaste las manos a Heather hasta dejárselas en carne viva porque se negó a dárselo?La expresión de Julian cambió al instante.—Incluso mientras la golpeabas, ella seguía aferrada a ese collar y se negaba a soltarlo. Pero ahora lo empeñó sin pensarlo dos veces. ¿De verdad sigues creyendo que solo está enojada?Antes de que Julian pudiera responder, Dominic abrió la puerta del coche.—Vamos a revisar

  • La hermana que desecharon   Capítulo 5

    Dominic llamó por séptima vez. La llamada volvió a ir directamente al buzón de voz. Murmuró, casi para sí:—Ya pasaron dos semanas. ¿Por qué no contesta?Abrió los mensajes que había dejado sin leer. Todos eran de Heather.La pantalla estaba llena de las mismas dos frases, repetidas una y otra vez: «Lo siento». «Por favor, ven a buscarme».El último mensaje había llegado hacía cuatro meses.Sintió un nudo en el pecho.—¿Fuimos demasiado duros con ella?Julian revolvía su café, aunque la mirada se le desviaba una y otra vez hacia la pantalla apagada de su celular.—Una hija de la familia Weems puede tener carácter, pero Heather es demasiado atrevida, demasiado competitiva. Si no la ayudamos a corregir esos defectos, tarde o temprano los viejos enemigos que nos hemos ganado irán tras ella. Darle una lección era una forma de protegerla.—Pero nosotros la criamos —dijo Dominic en voz baja—. La vimos crecer.—Precisamente por eso confío en que puede soportarlo —afirmó Julian—. Lo único que

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status