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La mujer que nunca fui
La mujer que nunca fui
Autor: Alut

Capítulo 1: Aniversario…

Autor: Alut
last update Fecha de publicación: 2026-03-10 16:38:00

Marina Salas contemplaba su reflejo en el espejo mientras cepillaba su cabello y practicaba su mejor sonrisa, la misma que usaría cuando estuviera frente al amor de su vida.

Por un momento, se miró con más atención y sintió un tanto extraña, era más que evidente que el rostro que se veía en el espejo, ya no se parecía en nada al de la jovencita que era cuando se casó.

No lo decía abiertamente, pero en ocasiones, llegaba a sentirse un poco vieja, más cuando su hija Renata se lo había dicho en más de una ocasión.

Casi de inmediato hizo a un lado aquella terrible sensación y, posó sus ojos en la mesa del tocador, buscando la cajita que contenía un reloj que se había percatado que le gustaba a Esteban Montemayor, su amado esposo.

En su rostro se dibujó una bella sonrisa al recordar cómo fue que, en una noche de verano como hoy, Esteban llegó a casa de sus padres, tocó el timbre y, sin más preámbulo, le pidió que se casaran.

—¡Marina, es una 1ocura! —¿Cómo pudiste aceptar así de rápido? —le decían su madre y hermana mayor.

Definitivamente, les podía decir que no fue una 1ocura; tantos años de matrimonio no podían ser una locura. Sus muchos años de matrimonio demuestran su amor.

Cada que miraba la puerta de su habitación, sentía mariposas en la panza al pensar en que, en cualquier momento, su esposo entraría por ahí y continuarían con el festejo por su noveno aniversario.

Marina ya tenía todo preparado: el champán se estaba enfriando, fresas cubiertas de chocolate amargo y, claro, no podían faltar los pretzels, que eran los favoritos de Esteban.

Lina, su hermana menor, se había llevado a sus gemelas a una pijamada en su apartamento, según ella, para darles mayor privacidad, con lo que podían dejar salir sus más bajas pasiones.

Se sonrojaba al pensar en las 1ocuras que cruzaban por la mente de su pervert1da hermana.

Con aquel pensamiento miró su silueta, la cual se encontraba enfundada en un bello y sensua1 camisón color beige. Era obvio que ya no poseía el cuerpo de cuando se casó.

—¡Al menos ya no eres una tabla, Marina! —se dijo a sí misma, observándose con atención.

No podía ocultar que estaba nerviosa, esta era la primera vez que se vestía con algo así. Incluso tardó varios días en decidir si comprar o no, aquella prenda, ya que le preocupaba la reacción de Esteban.

Esperaba que al verla no la considerara ridícula, esa idea la calló de inmediato cuando una voz en su cabeza le dijo: “No todos los días es tu aniversario”.

Este fue también el comienzo de su discurso de aniversario, cuidadosamente preparado.

—No todos los días es tu aniversario… Esteban Montemayor, hoy en nuestro noveno aniversario, puedo decir que… El tiempo ha pasado como agua entre las manos, ha sido toda una vida llena de buenos momentos, retos, alegrías y dos grandes bendiciones…”

En el pasado, la verdad era que la familia de Marina, muchas veces, dudó de aquel repentino matrimonio, más cuando Esteban y ella no tenían una relación, además de que él llevaba viviendo fuera del pueblo varios años.

Sin embargo, Marina, ante la propuesta, se aferró a sus sentimientos y no hubo poder humano que la hiciera cambiar de opinión.

Marina hoy día se sentía orgullosa, podía presumir de un estable y feliz matrimonio, el cual se había complementado con sus gemelas. Renata y Diana, a las que amaba con todo su corazón.

De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos al ver que su atractivo esposo abría la puerta.

Al verlo, sintió una punzada en el estómago; todo el día había imaginado este momento y, ahora que sucedía, no podía evitar sentirse nerviosa, tal como en su primera noche de bodas.

—Esteban… —dijo Marina como un susurro.

El hombre se quedó pasmado en el umbral de la puerta; la recorrió con la mirada más de una vez, lo que provocó que Marina se pusiera más nerviosa de lo que ya estaba.

Esteban poseía un atractivo único, el cual, no había hecho más que perfeccionarse con el paso de los años.

La mirada de Esteban era penetrante y en algunas personas provocaba intimidación, no así en Marina, quien podía sentir cómo aquellos oscuros ojos la estaban desnudando, lo que provocó que su piel se erizara y su zona íntima se mojara sin antes ser tocada.

Tras lo que pareció una eternidad, que solo habían sido unos dos o tres minutos, Esteban finalmente entró, cerró la puerta y caminó directo a Marina.

Ella, al ver aquella acción, tomó la caja con su obsequio y dijo:

—Esteban, mi vida, mira, este es un pequeño detalle para ti… Es... Es algo que desde hace mucho he visto que querías, yo… Yo ahorré para poder comprarlo, no lo pagué con tu tarjeta, bueno, sí, pero… Pero fui ahorrando desde hace mucho…

Esteban se percató del delicioso aroma que se desprendía del cuerpo semidesnudo de Marina. Tomó la cajita, la tomó de la cintura, la atrajo hacia él y plasmó sus labios en los de ella en un beso lleno de deseo y pasión, pero, casi de inmediato, reaccionó, se apartó, miró la caja y dijo,

—Marina… Lo lamento, pero ¡quiero el divorcio!

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