LOGINEstimadas lectoras y lectores Marina tiene mucho que trabajar, pero si puede regresar ese reloj 🕰️ , uno de sus pendientes por el momento estará solucionado.
Con el paso de los días, Marina fue dada de alta, no así sus criaturas, por lo que todos los días iba a verlos; no se despegaba ni a sol ni a sombra; ella se sacaba leche para que pudieran ser alimentadas de la mejor manera. Aquella tarea se la tomaba tan en serio como se podía, pues era lo mínimo que podía hacer por ellos, ya que no los tenía cerquita de ellos.Al final, Esteban no había accedido a lo que Marian le había sugerido; él se había ido a casa, había contratado a una enfermera para que lo cuidase; sin embargo, ese lujoso penthouse se vio invadido por Florencia, Yorgos y Santiago, el nuevo integrante de la familia, pues muy en contra de lo que Esteban decía, Florencia se impuso y dijo que cuidaría de él hasta que al menos pudiera valerse por sí mismo o estuviera en muletas.—¿Cómo estás?—Bien, madre, cada día mejor…—Me da gusto…—¿Cómo está Santiago?—Bien, cada día más despierto.—¿Por qué elegiste ese nombre?—Ese es el nombre que quería ponerte, pero tu padre no me dejó
Por otro lado, luego de varios días, Lorena no pudo más; lo poco que había podido recuperar se había terminado. El estar pagando hoteles de lujo, el seguir dándose la vida de mujer rica y empoderada no le dio para muchos días.Ella pretendía seguir frecuentando aquellos lugares para encontrar algún incauto que pudiera sacarla de la miseria en la que silenciosamente ella misma se había dejado caer, pero nada, absolutamente nada había llegado a sus manos.Al final, en este preciso momento, el gerente del hotel le estaba comunicando que su tarjeta acababa de ser declinada y que ya no podía seguir hospedándose en aquel lugar, por lo que le daban unos minutos para desalojar la habitación.Ella ya había jugado con la carta de que tenía problemas con su banco, por lo que había ganado un día, pero esto ya no funcionaría el día de hoy.—Señorita Huesca, necesito que desaloje el hotel de una manera educada y hordenada.—¿Qué me está queriendo decir?—Señorita, hemos sido tolerantes, hemos sido
Era increíble; de toda la familia Montemayor, solo se encontraban ahí paradas Sofía y Florencia; observaban con calma cómo los supuestos “restos” del patriarca de aquel apellido estaban siendo sepultados.Las dos mujeres permanecían en completo silencio, cada una envuelta en sus propios pensamientos, envuelta en sus propios recuerdos.Por el lado de Sofí, ella no recordaba al hombre, pues nada bueno venía de él; en su mente, ella estaba dando cristiana sepultura a su niño, su bebé, esa criatura que solo Dios supo por qué solo él sobrevivió de todos sus demás embarazos.Aquel hijo fue suyo hasta los seis años, su bebé, su criatura; hasta esa edad había sido su hijo, su creación, la cual no tenía ni un hueso malo; al contrario, ella en su mente auguraba un buen futuro para su niño. Ahora se daba cuenta de que eso fue una total falacia; ahora mismo enterraba a Dante, el hombre, el monstruo.Florencia, por su parte, con cada pala llena de tierra, bien podía ver pasar frente a ella capítul
Florencia no pudo evitar sentir terror; volteó a ver a Yorgos y este le hizo una señal con la mano. Ella entendió que debía guardar la calma; no tenía opción, varios de los hombres ahí presentes estaban por el que tenía de frente.Si lo pensaba bien, era algo retorcido ir a dar constancia de sus actos, pero no tenía ni cómo refutar o reclamar por aquello; ella solo era una mujer viuda.—Lamento mucho lo que le ocurrió a su esposo; era un buen hombre y gran empresario. —dijo aquel imponente e intimidante hombre.Florencia, por su lado, solo se quedó callada y asintió con la cabeza, siguiéndole el juego a aquel hombre. Este hombre, este maldito hombre, ¿cómo se atrevía a estar ahí?—Conocí a su marido brevemente, pero supongo que fue un gran hombre. —dijo Margarito Juárez con un tono que hacía no llevarle la contraria.Florencia sabía perfecto que no podía gritar, no podía decir nada. ¿Qué clase de enfermo vendría al funeral del hombre que acabó con sus propias manos?—Gra… —¡Gracias po
Sofía miraba el ataúd, pidió que aquel permaneciera cerrado; su hijo había terminado completamente irreconocible, solo supieron que se trataba de él por pruebas de ADN y por las placas de la camioneta, la cual curiosamente no era la que normalmente conducía.Aquella mujer, aunque sabía que no era correcto, estaba tranquila; le dolía, pero estaba tranquila. ¿Cómo podría hacerlo? Su hijo había sido un completo desconsiderado con ella; él había sido suyo al menos hasta los 6 años; luego de ahí, el padre se había adueñado de él y lo había convertido en el monstruo que fue hasta su muerte.La mujer lloraba en silencio, no por la pérdida, sino más bien por los recuerdos, los dolorosos recuerdos de todo aquello que un día fue. Si bien Dante Montemayor ahora había sido todo un hijo de puta, él también había sido un bebé, uno que llevó en el vientre, uno que parió, uno que amamantó, que cuidó y que vio crecer.Hoy, luego de tantos años, había llegado a su fin; increíblemente, la vida se lo hab
Esteban escuchó aquello y por un momento dudó en preguntar, pero no quería quedarse con aquella espinita.—¿Irte? ¿A dónde?—Quiero irme a Italia; por muchos años quise conocer el pueblo del que venía mi familia y ahora que tu padre ya no está, eso haré. -dijo Florencia con firmeza.—Pero… ¿Que nosotros no somos tu familia? ¿Piensas dejarnos solos? —cuestionó Esteban como si fuesen cercanos.—Hijo, mira, yo he estado aquí por años, nunca les he hecho falta, ya están grandes, mira tan solo a Antonio y Tadeo, ellos ni siquiera se preocupan por lo que será de mí, tú mismo no te preocupas, así que el que esté aquí o en Italia no debería ser un inconveniente. -dijo aquella mujer en completa sinceridad.Esteban sabía que todas y cada una de las palabras que su madre decía eran verdad. Él desde hacía mucho tiempo había hecho a un lado a la mujer que le dio la vida; pocas eran las veces que este mostraba interés por ella; casi siempre eran favores, era lo que ella podía dar, pero jamás había







