LOGINEstimadas lectoras y lectores ¿Qué creen que quiera la madre de Marina?
Paulina se lo quedó viendo con sorpresa, pero a la vez con indignación. Esta mujer no daba crédito a cómo era que este hombre le podía decir aquellas cosas.—¿Todas las mujeres caen con esa frase? —dijo Paulina con un dejo de ironía.Sebastián sonrió coquetamente y dijo:—Algunas, no todas, algunas me llevan tiempo… solo es cuestión de cuidar los detalles.—¿Cuestión de tiempo? ¿Cuidar los detalles?El hombre se acercó mucho más a Paulina, hizo a un lado un mechón de cabello que cubría el rostro de aquella mujer y le susurró muy cerca del oído.—Créeme, puedo ser muy convincente si me lo propongo.—¿Qué está queriendo insinuar?—No insinuó nada, yo tengo hambre, tú estás de muy mal humor, supongo que… Bien podríamos darnos una escapada; te puedo llevar a comer, porque en este momento no pienso en otra cosa que no sea en comida, en un buen trago y luego…Aquella voz gruesa y ronca provocaba una cierta vibración en el oído de Paulina; aquello generó que los vellos de su cuerpo se erizar
--- Horas antes ---—Marina, acomódate, debes reposar; ahora mismo voy a ver a Ofelia para ver qué hacemos de comer.—¿Paulina? ¿Tú haciendo de comer?—¡Claro! ¿De qué crees que me alimento? —dijo la mujer indignada.Marian se quedó sorprendida, no daba crédito. ¿Dónde rayos se había metido su hermana mayor? Esta definitivamente se la habían cambiado; sí, era verdad, no se habían visto en poco más de un año, pero, hasta la última vez, Paulina era Paulina, la misma de siempre. ¿Quién rayos era esta mujer?—Ya dime la verdad, ¿dónde dejaste a mi hermana?—Sigue de graciosa y te voy a dejar sin comer.—Ofelia es quien me alimenta.—Pues le voy a impedir que te sirva comida; anda, recuéstate, debes descansar. —dijo Paulina arropando a su hermana. —Papá, tú también te ves agotado; ven, te llevo a una habitación para que descanses.—¡No, hija! ¿Cómo creen? Yo solo vine a ver que estuvieran bien, no quiero darles molestias.—¡Papá! Más molestia me da si no te vas a descansar; esta casa es am
Marina fue dada de alta al día siguiente; su padre y Paulina la llevaron a casa y ahí, sus hijas se sintieron más tranquilas al ver llegar a su madre sana, con algunos golpes, pero sana.En casa, Ofelia hizo todo lo posible porque Marina pudiese descansar, aunque esta no se sentía ni tantito tranquila, pues quería ir a ver a sus hijos, los cuales este día eran visitados por su padre.Efraín, por su lado, al ver a sus pequeños, sintió algo que jamás había imaginado; eran tan pequeños, tan indefensos. El hombre jamás en la vida se hubiese imaginado que su propio tío podría poner en peligro sus vidas.—No cabe la menor duda de quiénes son hijos, son igualitos a su madre, ¿verdad? —dijo el hombre acariciándoles con ternura mientras dormían.—Señor Forcelledo, ¡qué agradable sorpresa! —dijo la médico que estaba a cargo de los pequeños.—Mi… Su mamá no pudo venir y vine yo.—Spi, supe que tuvo un accidente; espero que se encuentre bien.—Ella está bien, hoy la dieron de alta.—¡Qué bien! Es
Alessandro llegó a su oficina, se miró en el espejo que tenía en su baño; como pudo, se limpió la sangre del golpe que acababa de recibir. De solo recordarlo, su mente se llenaba de rabia; estaba a punto de llamar a seguridad para que sacaran a ese tal Patrik Stuart cuando alguien llamó en la puerta de su consultorio.—¿Doctor Alessandro Velez?—Sí, ¿quién… ¿Qué carajos? —intentó preguntar Alessandro cuando fue empujado hacia dentro de su oficina.—¡Shhh! ¡Calladito te ves más bonito, doctor!—¿Qué demonios? ¿Acaso no saben quién soy? —dijo Alessandro al ver que tres hombres entraban a su consultorio.—Mire, será mejor que no haga escándalo, venimos de parte del señor Stuart y, si es listo, sabrá que será mejor que se mantenga calladito. —dijo Rubén, viejo amigo de Patrik.—¿Qué demonios quieren? —preguntó Alessandro mientras era sostenido de los brazos.—Mire, el señor Stuart quiere que entienda una cosa, algo muy simple.—¿Qué demonios?—El señor Stuart, si bien quiere, lo puede bor
Lina descansaba plácidamente en la habitación que Patrik le había conseguido; el viaje había sido largo y pesado, pero ella no podía quedarse tranquila sabiendo que su hermana estaba pasando por serias dificultades. Al final, tal como siempre había sido, eran ella y Marina contra el mundo.Su sueño se vio interrumpido cuando alguien acarició su mejilla con suavidad; al sentir aquel toque, medio despertó y dijo:—Patrik, ¿por qué no dejas de trabajar y vienes a abrazarnos?La persona ahí se quedó congelada; él no era Patrik, él era alguien completamente diferente.—Adelina Salas…Lina, al escuchar aquella voz lejana, cayó en la cuenta de que no se trataba de Patrik, por lo que rápidamente abrió los ojos y se topó con aquel chileno que había conocido.—Alessandro… ¿Qué… ¿Qué haces aquí?Alessandro tomó asiento muy cerca de ella y dijo:—¡Hola, cariño! La verdad es que no sabes cuánto me agrada verte aquí…—¿Qué… ¿Qué rayos, Alessandro? ¡Sal de aquí! ¿Con permiso de quién entraste?—¿Se
—Marina, cariño… —dijo el hombre tomando su mano y colocando su frente en ella. —Tú eres la única que ha sufrido mi vida; yo permití que tu madre te llevara por un camino donde la única decisión que te dejamos fue huir, ¿verdad?El hombre tuvo que hacer una pausa al recordar muy bien lo que había sucedido después de que Marina se casó, pues para todo el mundo, Marina se había sacado la lotería, y sí, pero no era la manera en la que debía haberse ido.Rigoberto recordó cómo fue la primera, la segunda, la tercera semana; Eugenia ya había hecho planes con la alcoba de aquella niña; era como si festejara en secreto no tener que verla. En cambio, él asimilaba la vida sin esa hija de un modo totalmente diferente.Sin Marina en casa, honestamente, la ausencia era mucha; ya no estaba aquella jovencita subiendo escaleras a la carrera, o incluso bajándolas y brincando desde los últimos dos o tres escalones.Aunque Marina no lo recordara, el hombre estaba ahí, sí, ahí, no como un padre platicado







