LOGINBIANCAAprieto los labios con fuerza para contener el llanto, pero es inútil. Cada vez que mis ojos se desvían hacia el cuerpo de Kevin, siento que algo dentro de mí vuelve a romperse. Su imagen permanece grabada en mi cabeza y no consigo apartarla, por más que intente concentrarme en lo que está ocurriendo a mi alrededor.Todo se fue al carajo.En cuestión de minutos pasamos de estar bajo el control de Margaret a convertirnos en prisioneras del hombre que acaba de entrar en su fortaleza. Y lo peor es que ahora ni siquiera sé qué será de nosotras.Los hombres que hasta hacía unos minutos habían obedecido cada orden de Margaret ahora ni siquiera se atrevían a mirarla. Su autoridad se había evaporado en cuestión de segundos, como si nunca hubiera existido. Ninguno intentó defenderla, ninguno cuestionó las órdenes del Corvo. Simplemente le dieron la espalda y continuaron cumpliendo sus instrucciones.Margaret ya no era quien mandaba.Ahora no era más que otra prisionera.Y el contr
BIANCAEl disparo que impacta al hombre que se encuentra junto a Margaret hace que ella suelte el arma de inmediato. El estruendo todavía resuena en mis oídos cuando la puerta termina de abrirse y varios hombres ingresan detrás de quien acaba de disparar. No llevan simples pistolas. Algunos cargan armas de mayor calibre y la visión de todo aquel armamento hace que trague grueso.El hombre se detiene en medio de la sala y observa la escena con una tranquilidad que me resulta mucho más inquietante que cualquier grito. Primero me mira a mí, arrodillada en el suelo, con las manos atadas a la espalda. Después su mirada se desplaza hacia el cuerpo de Kevin y finalmente termina en Margaret.Es alto, fornido y camina con una seguridad que hace que todos a su alrededor parezcan apartarse de su camino. Los anillos que lleva en los dedos brillan bajo la luz mientras enciende tranquilamente un cigarrillo. Da una primera calada y comienza a avanzar, pasando junto a mí.Bajo la mirada de inmediato.
ADRIANMaldición, esto se está escapando de nuestras manos.Llevamos demasiado tiempo buscando y seguimos sin encontrar una sola pista que nos permita saber dónde están Bianca y Elena. Cada minuto que pasa hace que la desesperación se vuelva más difícil de controlar, y lo peor es que no puedo dejar de imaginar todo lo que podría estar ocurriendo mientras nosotros seguimos aquí, perdiendo el tiempo.Vladimir tampoco tolera más.Lleva haciendo llamadas, exigiendo respuestas e insultando a cualquiera que no consiga darle una ubicación concreta. Camina de un lado a otro con el teléfono en la mano, apretando la mandíbula cada vez que alguien le dice que no tienen información. Nunca lo había visto tan alterado. Ni siquiera intenta disimularlo.Larson tampoco ha conseguido resultados.Hemos revisado todos los lugares que Christian mencionó, cada propiedad, cada escondite que podría haber utilizado Margaret. Nada. Ni una pista. Ni un vehículo. Ni siquiera un trabajador que haya visto algo ext
NARRADOR OMNICIENTEA varios kilómetros de allí, en la finca Sinclair, el ambiente se encontraba completamente cargado de tensión.Vladimir caminaba de un lado a otro mientras maldecía e increpaba a Larson. El ruso estaba furioso y no hacía ningún esfuerzo por ocultarlo. Después de registrar la propiedad y descubrir que las cosas no eran como esperaban, la realidad resultaba imposible de ignorar: los habían engañado una vez más.Bianca no estaba allí.Elena tampoco.Y Margaret había desaparecido.Joseph permanecía unos metros más atrás, sin saber qué pensar. La desesperación comenzaba a reflejarse en su rostro al observar a Adrián cada vez más silencioso. Permanecía inmóvil, con la mandíbula tensa y la mirada perdida, como si en ese momento lo único que existiera para él fuera encontrar a Bianca. No hablaba, no preguntaba y apenas reaccionaba a lo que ocurría a su alrededor. Toda su atención estaba concentrada en una sola idea: encontrar a su esposa.Christian, por su parte, hablaba c
NARRADOR OMNICIETEElena permaneció inconsciente durante un tiempo que no habría sabido precisar. Lo último que recordaba era que la habían empujado dentro del calabozo y que su cabeza había golpeado con fuerza contra el suelo. Después, todo se había vuelto oscuro.Cuando recuperó el conocimiento, abrió los ojos lentamente. Durante unos segundos no supo dónde estaba ni cuánto tiempo había pasado. Un dolor punzante le atravesaba la cabeza y veía borroso. Intentó incorporarse, pero las sogas le sujetaban las muñecas y le ardían contra la piel.Entonces recordó a Bianca.El pensamiento la despejó de inmediato. Tiró de las manos, pero las tenía firmemente atadas a la espalda. Respiró hondo, tratando de aclarar la mente. No sabía cuánto tiempo llevaba allí. Podían haber sido minutos u horas. Lo único que tenía claro era que cada segundo contaba.Con dificultad, giró el cuerpo y buscó a tientas el pequeño puñal que siempre llevaba escondido en la bota. Sus dedos recorrieron la tela, per
BIANCAKevin no desaprovecha aquel segundo. No sé de dónde consigue sacar fuerzas después de todo lo que ha soportado, pero se lanza contra el hombre que está frente a mí y le propina un golpe tan contundente que este pierde el equilibrio y termina desplomándose sobre el suelo. Por suerte, no hay más guardias dentro del salón, aunque sé que eso no durará demasiado. El ruido de la pelea seguramente habrá alertado a quienes se encuentran fuera.Margaret vuelve a levantar el arma y apunta directamente hacia mí.—Cambié de opinión —dice con una frialdad aterradora—. Mejor te voy a mandar al otro mundo de una vez.Siento que la sangre se hiela en mis venas.—Déjame ir y no me volverás a ver nunca más —intento negociar, aferrándome a la única posibilidad que se me ocurre para mantenerla hablando.Pero basta con mirar su rostro para comprender que nada de lo que diga conseguirá hacerla cambiar de opinión. Margaret comienza a reír mientras niega lentamente con la cabeza.—No tendré paz mientr







